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| 9/10/1984 12:00:00 AM

HOGAR Y DECORACION

HOGAR DULCE HOGAR
No todas las familias son como las pintan.
Dice el diccionario que el hogares el sitio donde se prende el fuego. En torno a él se reunían los primitivos para calentarse y conciliar la calma después de la caza, la guerra o el cultivo.
En forma de metáfora, la palabra hogar se ha perpetuado para designar un grupo de familia, hasta nuestros días, donde no hay ni fuego, ni caza, ni nada, pero la romántica metáfora se defiende culturalmente a capa y espada.
En la actualidad, se habla en términos antropológicos de familia, y se reconoce como el núcleo económico sobre el que se desarrolla la sociedad y por el cual se genera el capital privado.
Sin embargo las creencias y costumbres particulares de los grupos humanos diferencian en último término la cotidianidad.

NO TODOS SOMOS DE LOS MISMOS
En Colombia, para el almuerzo, en una casa se está comiendo arroz con coco y pescado, y es una familia colombiana pero costeña. Y hay donde se reparten jerárquicamente las bandejas de papas y verduras, y es una familia, pero rola. Y hay donde comen diez, y todos en abundancia, con seguridad son paisas.
Virginia Gutiérrez de Pineda es una antropóloga colombiana que ha realizado estudios minuciosos sobre las distintas formas que asume la familia en Colombia de acuerdo a la zona, ésta es, a grandes rasgos, su clasificación:

LOS MACHISTAS SANTADEREANOS
Llamados Neohispánicos, por la marcada incidencia colonialista que aún hoy perdura en estas familias que viven en la parte alta de la Cordillera Oriental. Agricultores por excelencia y con tierras no muy ricas, los santandereanos comen mute y son tradicionalistas hasta la médula, la herencia hispánica los marcó de tal manera que el rasgo fundamental que Virginia Gutiérrez señala en este grupo es el machismo. Padres de personalidades fuertes y madres sumisas encargadas del hogar sin llegar a ser matronas, son el prototipo de cualquier unión. La familia es estable relativamente, puesto que representa la virilidad del padre y su proyección de poder.

LOS CORRONCHOS
En términos de la antropología son llamados el complejo cultural fluvio minero, por incluir los habitantes de las dos costas y de los valles de Magdalena y el Cauca.
Hay un elemento fundamental en este grupo y es que el predominante étnico es el africano. Esas fueron zonas de refugio para la raza esclava que se mezcló con los indios y en un porcentaje menor con españoles. No tan libertino como fácilmente se rotula, el hogar del litoral se aferra al tronco materno que es el que permanece estable. El hombre machista y nómada en su producción y en sus amoríos, tiene varias mujeres durante su vida, y con todas tiene hijos.
La religión no logró entrar en la costa con todo su puritanismo, más bien se mezcló con ritos africanos y populares. Aunque la organización familiar es machista por constitución, la mujer tiene varios maridos sin ser repudiada socialmente. Pero es ella quien conforma el hogar y lo sostiene. Las abuelas costeñas son símbolo de sabiduría y los hijos buscan en sus esposas a sus própias madres.

GENTE DE TRADICIONES
Entre Antioquia y el antiguo Caldas viven los paisas, según Virginia Gutiérrez de Pineda, una subcultura nacional.
La religión ha sido la gran moldeadora de la estructura familiar y la moral tradicional. Se han creado enormes familias en torno al cultivo del café y a las minas. Lo más importante para los paisas es el dinero, la valoración última del individuo se da por su capacidad para generar riquezas, esto ha contribuído con la gran industrialización de la zona. Machistas por creencia y godos de actitud, los paisas dividen sus roles familiares de una manera tajante: el padre multiplica el dinero, la madre administra la casa y manda "de puertas pa' dentro". Las matronas paisas, con diez hijos, gordas y regañonas no son ni mucho menos una invención de Carrasquilla.

LOS ROLOS
En términos antropológicos se llaman complejo cultural andino o americano, son los boyacenses, cundinamarqueses, y los de la parte alta de Cauca y Nariño. Habitantes de clima frío son recatados y conservadores, con una marcada herencia indígena que les da un aire de humildad. Agricultores y comerciantes, los habitantes de la montaña conservan unidas sus familias. Los apellidos tienen mucho que ver con las uniones sociales y económicas que se dan. Sin escaparse del síndrome machista, los hogares son cerrados y la mujer ha tenido algo de participación en la economía.
El individualismo familiar produce una gran diferenciación de clases a tal punto que en algunas zonas entre un "Ala mi rey" y un "Sí sumercesita" se puede decir quién es quien.

YA NO ES TAN DULCE
Costeños o cachacos, los hogares en Colombia y en el mundo están experimentando un cambio, esto se demuestra con una estadística de Bienestar Familiar según la cual de mil familias que van a pedir información 165 de ellas se separan. En 1983, según la misma fuente, se separaron 6.535 familias. (Estos son sólo los que consultan a Profamilia). Las madres solteras se convirtieron en un grupo representativo: 16.900 en 1983. Además las ciudades grandes generan maneras particulares de agrupación que no necesariamente es la familia monogámica tradicional.
No obstante no hay que reducir este fenómeno al rótulo moralista de que "la familia está en crisis". Sociológicamente se está viviendo un cambio determinado por las condiciones económicas que ya no exigen grandes descendencias ni soportan brazos cesantes.
Finalmente toca reconocer que todo está determinado por la economía hasta las formas de agrupación de los pueblos, o sea la familia.
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