Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1986/09/08 00:00

HOGAR Y DECORACION

HOGAR Y DECORACION

LA BUENA MESA
La mesa, la buena mesa, es uno de los elementos claves en la decoración moderna, con todos los misterios y placeres que un buen plato genera, con esa satisfacción que le queda al ama de casa cuando descubre que en su hogar, además de la decoración lograda con otros objetos, esa función aparentemente mecánica que es el comer, se convierte en fuente de inspiración para decorar ciertas zonas de la casa, el comedor y la cocina, por ejemplo.
En numerosos hogares se implanta cada vez más la sana costumbre de mantener la mesa puesta, es decir, el mantel y los platos y las servilletas y los cubiertos y las copas para el agua y el vino y la canasta del pan en el sitio de cada comensal, como si estuvieran esperando la llegada de alguien muy especial, pero en el fondo el ama de casa sabe que no hay nadie más especial que los miembros de su familia.
Con los ajetreos cotidianos, con la costumbre y también la necesidad actual de que tanto el padre como la madre trabajen, con los hijos en el colegio y la universidad y la casa sola o en manos de la doméstica, la comida diaria no encierra en la mayoría de las ocasiones sorpresa alguna. Generalmente los jóvenes, cuando llegan del colegio a media tarde, se conforman con un yogur o un sándwich con gaseosa mientras miran televisión, hacen sus tareas y esperan la cena, a la cual tampoco es frecuente que asistan ambos padres.
Por eso el almuerzo o la cena del sábado y el domingo se convierte en la ocasión ideal para que el ama de casa ponga a prueba todo su poder de imaginación en la preparación y presentación de los alimentos.
El pan, en una panera de paja o metálica cubierta con una servilleta bordada: el pan que ha sido horneado, ojalá con ajo, crujiente y apetitoso. Una buena entrada puede ser arreglada con elementos simples como queso mozzarella, tomates maduros pero no tanto, orégano, aceite, vinagre, el aceite si es de mesa mejor, sal, pimienta y otros ingredientes al gusto. Es un espectáculo reconfortante contemplar el rojo del tomate sobre la cama de queso, brillante por el aceite y con los pequeños puntos negros de la pimienta. Eso como entrada, colocado sobre una bandeja y que cada comensal se vaya sirviendo con unas pinzas o una cuchara grande y metálica. Enseguida una crema, que puede ser de espárragos o de tomate o de champiñones con pedacitos de pan fritos, nadando en la espesura del rojo o el crema o el blanco. Después, para quienes gustan del arroz, una fuente bien colmada con su respectivo cubierto y en otra bandeja, la carne o el pescado con la salsa en otro recipiente para servirse al gusto. Todo esto acompañado de los licores favoritos de la familia. Unas papas hervidas o una verdura puede complementar y servir de prólogo a ese postre que ya se insinúa amenazadoramente. Un buen café, servido en la mesa, es el complemento ideal.
En cada detalle, en los platos, los cubiertos, las bandejas para el arroz y los otros alimentos, en los vasos, que en ocasiones llevan sus canasticas de paja o de tela muy llamativas, en las cucharas para servir, en las copas para el vino, en esos utensilios aparentemente modestos que sirven para el momento adecuado, en todos esos detalles el ama de casa puede desplegar su imaginación para la decoración.
Por supuesto que no todas las mamás trabajan y no todos los papás llegan tarde por la noche, de modo que también el ama de casa puede organizarse de manera que cada día, a la hora de la cena cuando están casi todos, desplieguen el apetito y el buen gusto en la comida cotidiana: platos sencillos pero servidos y presentados en la mesa con gusto, que la monotonía no acabe con las ganas de comer, que un simple pescado sea rescatado por una salsa blanca y que un pollo al horno quede en la mesa, como el mayor de los regalos al gusto y al paladar.

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