Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/10/28 00:00

Indostaníes

Al igual que los árabes, jugaron un papel relevante en la manera de comercializar productos en la región.

Indostaníes

En los años 20, aprovechando la ruta de los barcos británicos que arribaron a Trinidad y Panamá, jóvenes indostaníes salieron de Calcuta hacia las Indias occidentales. Entraron a Colombia legalmente, gracias al pasaporte británico. La mayoría arribó al valle del río Cauca por la vía de Buenaventura hasta Cali y desde esta ciudad se trasladaron a pueblos y ciudades intermedias. Otros grupos llegaron a Puerto Colombia en el Caribe colombiano y entraron por la ruta del río Magdalena hasta Cartago y otras poblaciones vallecaucanas.

Los ciudadanos de India que se radicaron en el valle del río Cauca se llamaban a sí mismos indostaníes. El Indostán es la región del norte de India, en la llanura situada entre el Himalaya y el Decán. Indostán también hace referencia al Estado que antiguamente comprendía los actuales Pakistán, India y Bangladesh.

Estos jóvenes salieron de India en busca de mejores oportunidades e inconformes con la dominación inglesa que les coartaba la libertad comercial. Principalmente, a los musulmanes dedicados a la agricultura y la artesanía en la región de Bengala.

Se estima que medio millón llegaron al valle del río Cauca, mientras otro grupo tomaba permanencia definitiva en la región Caribe, en el norte del territorio colombiano.

Estos comerciantes sirvieron de intermediarios entre los productos del campo y la ciudad, suplían al campo de las necesidades de vestido, calzado y productos manufacturados. De regreso, trasladaban los productos del campo a las poblaciones intermedias. Así mismo, asistían a los mercados de los pueblos, y se instalaban en toldas a vender los productos de uso cotidiano.

Muchos de estos extranjeros lograron fundar almacenes en poblaciones como Cartago, Zarzal, Tuluá, Buga, Florida, Puerto Tejada y Santander. Sin lugar a dudas, las condiciones económicas propicias del Valle los indujeron a permanecer en la región. Junto con los árabes transformaron el comercio de las poblaciones en donde se establecieron. Dieron vida al comercio regional, innovando con el expendio puerta a puerta, el desplazamiento al sector rural a poblaciones menores, el sistema de crédito para quienes no contaban con metálico y el establecimiento de almacenes en varias ciudades. Muchos de los productos que vendían eran desconocidos por parte de la población.

Para evitar el proceso de 'desculturación' y asimilación a la cultura dominante, su mundo se dividió en dos zonas: la constituida por su vida familiar y la de su colectividad étnica, y la de la comunidad receptora. En la primera trataron de mantener los modos de pensar y sentir la cultura; en la segunda adoptaron los modelos de conducta que les exigía la vida pública.

A pesar de los años y de las imposiciones de la época, una de las características más importantes de los descendientes radica en la importancia que le siguen otorgando al sentido de comunidad, entendida como gran familia y reuniéndose de la manera como lo hacían sus antecesores. Los ingredientes y la preparación de las comidas, entre otros, hacen parte del sumario de sus recuerdos.

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