Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2000/01/03 00:00

JAIME GARZON

HUMORISTA ASESINADO (1960 - 1999) RETRATO DEL MAESTRO ANTONIO RODADO

JAIME GARZON

"Nos mataron el humor". Esa frase la repitieron millones de colombianos cuando se enteraron
del vil asesinato de Jaime Garzón, ocurrido en la madrugada del viernes 13 de agosto. No era una frase más.
Era el sentimiento unánime de un país acostumbrado a la muerte y a la violencia en todas sus formas, pero
que no pudo asimilar esta vez que los violentos se llevaran por delante al máximo símbolo del humor
colombiano de los últimos 10 años y a quien se había constituido en el fiscal ético de los poderosos. A ellos
los desnudó a través de los diversos personajes que creó para los programas de televisión Zoociedad, Quac,
Lechuza y Cambio de tercio, y en especial con Heriberto de la Calle, su última creación, un
embolador-entrevistador que jamás tuvo pelos en la lengua para poner en evidencia a sus encopetados
entrevistados. Varios de estos personajes también llegaron a la radio a través de Radionet, la emisora donde
Garzón se desempeñó como periodista.
Nadie imaginó que Garzón tuviera una sintonía tan grande con la gente. Durante la velación del cadáver en el
Capitolio Nacional y el entierro miles de ciudadanos se acercaron para acompañarlo por última vez.
Espontáneamente sus amigos y admiradores improvisaron peregrinajes al lugar del crimen, en el barrio Quinta
Paredes de Bogotá; en el largo mural del Colegio Mayor de Cundinamarca, frente a su casa, y en el
restaurante El Patio, en el barrio La Macarena, donde Garzón solía reunirse y atender a sus amigos. Allí
depositaron dibujos, ramos de flores y mensajes que reflejaban el inmenso cariño que sentían por Garzón y la
impotencia y la rabia que produjo su muerte.
Pero el alcance de Garzón iba mucho más allá. Paralelas a su carrera como humorista Jaime desempeñó
diversas tareas políticas muy en su estilo. Su estrategia de fondo era propiciar espacios de diálogo en un país
desvertebrado por la violencia y la intolerancia.
Con su muerte quedó trunca una carrera artística que tenía para rato y, lo más grave, una manera civilizada y
crítica de enfrentar los problemas del país y de buscarles solución a través del diálogo y la negociación.

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