Lunes, 16 de enero de 2017

| 2005/12/03 00:00

Juanita Lascarro

Poco conocida en Colombia, en Europa es considerada una de las cantantes de ópera más importantes de la última década.

Fue un placer muy especial escuchar a Juanita Lascarro, quien al regresar al escenario de su debut inglés hace 10 años, cantó con brío la condesa Adela, tejiendo con sensualidad su modulación", afirmó en su reciente edición de agosto la prestigiosa revista británica Opera, al referirse a la presentación de El Conde Ory, de Rossini, en los festivales británicos de Garsington. La bella voz le venía en la sangre a Juanita Lascarro. Su madre es Marina Tafur, la consagrada cantante colombiana, quien durante mucho tiempo residió en el exterior. Se dio cuenta de cómo cantaba su hija cuando la voz de Juanita, a los 18 años, se desprendía segura y clara como solista del Coro de la Universidad de los Andes, que fundara y dirigiera Amalia Samper. Juanita cambió la biología que estudiaba con aplicación en los Andes y se marchó al Musikhochschule de Colonia, gracias a la iniciativa y la ayuda de los cantantes colombianos Francisco Vergara y Lía Montoya, activos en la vida musical de la ciudad alemana desde hacía años. Un agente de la firma inglesa Harrison Parrot la escuchó en un concurso juvenil, se interesaron en ella y así comenzó su brillante carrera internacional; la misma agencia que aún la promueve y organiza sus numerosos compromisos de ópera y conciertos. Ha cantado en las grandes salas de Europa los papeles protagónicos de Lulú, de Alban Berg; Manon, de Massenet; doña Elvira en el Don Giovanni de Mozart; Popea, de Monteverdi; Violeta en La Traviata. Dafne, de Richard Strauss, ha sido uno de sus éxitos más brillantes, pero también es una encantadora Mimí en La Bohemia de Puccini, una enigmática y medieval Melisande en el Pelléas de Debussy y, una misteriosa Euridice en el Orfeo de Monteverdi. Sus grabaciones para RCA, Opus 111, Erato, Decca, EMI, Deutsche Grammophon y Virgin, registran algunas de las óperas que ha interpretado en la escena, entre ellas joyas del siglo XX como La zorrita astuta, de Janácek, y El compromiso en sueños, de Krasa. Tiene un disco notable de melodías españolas, entre ellas las Siete canciones populares de don Manuel de Falla, y un CD muy elogiado, Arcadian Duets, al lado de Emannuelle Haïm, la directora del grupo Astrée que ofreció con Juanita Lascarro un concierto memorable en la Sala Arango hace tres años. "Frankfurt es ahora mi casa permanente", dice con su bella y seductora voz de soprano que abandona el halo trágico o expansivo de sus grandes heroínas y sobresale a través de la línea telefónica sobre el armonioso y asordinado murmullo de Audis y Mercedes en un aparcadero de la ciudad alemana. "Tengo una hija de 3 años, un esposo y un hogar. Y mi segunda casa, que es la Ópera de Frankfurt, donde soy ahora cantante permanente del elenco. Sin abandonar mis compromisos internacionales". La biología colombiana perdió de seguro la disciplina y el propósito de una Juanita Lascarro, pero el canto internacional ganó una estrella en ascenso continuo. *Periodista cultural

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