Domingo, 22 de enero de 2017

| 1982/09/20 00:00

JUEGO DE ALTURA

Una tropa de gigantes invadió los hoteles colombianos; llegaban los 156 mejores basquetbolistas aficionados del mundo.

JUEGO DE ALTURA

Con ciento ochenta centímetros desde su calva incipiente hasta sus normales pies, Juan Antonio Corbalán es el jugador más pequeño del Mundial. Ello no obsta, sin embargo, para que se le considere como uno de los dos mejores jugadores del torneo, junto con el "pivot" norteamericano Jim Thomas.
Ello demuestra que para ser un excelente jugador de básquet no es imprescindible tener más de dos metros. Ese no es el caso, claro, de Vladimir Tkatchenko, jugador ruso de 2.20 metros, el más alto del Mundial y uno de los mejores encestadores de todo el campeonato.
Hang Penshang, el jugador chino de 2.17, es un ejemplo claro de por qué ser muy alto no implica necesariamente jugar bien. El gigantesco "poste" chino, moviéndose desgarbadamente por la cancha, apenas logra obstaculizar las jugadas de sus contrarios.
También es un ejemplo claro de un hombre alto convertido en basquetbolista por razón de su estatura y no por su habilidad en el juego.
¿Por qué los jugadores más altos no son necesariamente los mejores, pero son imprescindibles en un equipo? El básquet moderno gira alrededor de uno o dos centros de juego ("pivots", tal como se les llama en el argot) que son los mas hábiles y no necesariamente los más altos.
Además, hay dos "aleros" y dos "postes" que trabajan para conseguir pelotas bajo su propia canasta, encestar desde posiciones dificiles en la canasta contraria o avanzar hacia el campo contrario por los extremos de la cancha. Ellos deben medir siempre dos metros.
LOS MAS ALTOS
Los centros o "pivots" del equipo yugoslavo, actual campeón del mundo, distan mucho de ser pequeños. El de menor estatura Radovic, tiene 1.90. Un equipo puede tener "pivots" grandes. Lo que no puede tener es "postes" pequeños. Por ello, las organizaciones basqueteras de cada país cumplen largas búsquedas, tratando de encontrar los hombres más altos, que muchas veces no han tenido nada que ver con el básquet en su vida.
El libro "Guinness" de marcas registra como el basquetbolista más alto de la historia a Suleiman Alí Nashush, un libio de 2.45 que jugó con el equipo de su país en 1962. Sin embargo, Suleiman aparece registrado también en la lista de los nueve hombres más grandes nacidos en este siglo. Suleiman fue operado exitosamente a los 18 años, con el fin de detener su crecimiento anormal.
El hombre más alto del mundo, de existencia comprobada, fue el norteamericano Robert Pershing Wadlow, que a pesar de los 2.72 metros que llegó a tener, nunca tuvo nada que ver con el básquet. Murió en 1940.
Tkatchenko es actualmente el jugador aficionado más alto del mundo. Le sigue (a dos centímetros, con 2.18 de estatura) su compatriota Iuliana Semenova, que también estuvo en Colombia durante el reciente Mundobásquet femenino. Pero el "Guinness" trae una curiosa referencia basquetera: el caso de los hermanos gemelos Ronnie y Donnie Creamer, de 24 años, que miden 2.09 centímetros, cada uno, con una diferencia de tres milímetros. Son exactamente iguales, y se han convertido en las estrellas del equipo de básquet del Wintroph College.
El crecimiento anormal es llamado "acromegalia", o exceso de largo en las extremidades. Cuando todos los miembros guardan una proporción, por ejemplo, con la cabeza, las personas de más de dos metros no pueden considerarse anormales, sino, simplemente, producto de grupos étnicos peculiares. Es el caso del ruso Tkatchenko, y de todos los jugadores altos de este Mundial.
ALARGANDO CAMAS
Lo que no previeron los organizadores de Mundobásquet 82 fue que reunirían en Colombia al grupo de hombres más altos del mundo. Ello creó notables problemas a los hoteles donde se alojaron, pues sólo tres días antes de empezar el campeonato se dieron cuenta de que el 90% de sus nuevos huéspedes no cabrían en ninguna de las camas.
Ninguno de ellos era Charles de Gaulle, quien necesitó una cama nueva, de dos metros y medio, durante su visita a Colombia. El Hotel Tequendama, enfrentado a la realidad de tener 48 huéspedes sin cama, tomó una resolución de emergencia: unir los dos maleteros de cada habitación al pie de las camas, sacar los colchones cincuenta centímetros y rellenar el resto con almohadas. Todo para encontrarse con la sorpresa de que que los jugadores, la gente más tranquila del mundo, ya estaba acostumbrada a tal tipo de problemas, y simplemente tiró los colchones en el piso, como lo ha hecho en todos los campeonatos alrededor del mundo.
El Intercontinental de Medellín asumió el problema en forma diferente: mandó hacer cincuenta bancos de madera, de medio metro de altura, para adosar a las camas. Pero ni esa solución le sirvió a Tkatchenko para poder dormir en paz. Los reporteros anduvieron tras sus gigantescos zapatos, colocándole gente pequeña al lado para establecer proporción en sus fotografías, y el ruso respondió airadamente.
Sin embargo, el hecho de que en el Mundial de Colombia estuvieran los más grande, no significa que estuvieran los mejores. Se trata de un torneo para jugadores aficionados, la mayoría de los cuales son profesionales en sus países. Corbalán, el español, es médico, y Rolando Frazier, la estrella panameña de dos metros, es administrador de empresas. Lo mismo ocurre con los jugadores de los demás equipos, con excepción de los norteamericanos. Estados Unidos envió un equipo relativamente débil, integrado exclusivamente por estudiantes universitarios, que ha tenido notables problemas para defenderse frente a España.
El torneo basquetero de mayor trascendencia en el mundo es el que tiene lugar durante los olímpicos, al cual se envían los mejores jugadores.
Le siguen en importancia este mundial, que ha producido encuentros extraordinarios, altas canastadas y una calidad de juego tan grandes como los jugadores que participaron, un mundial que tiene la emoción del deporte puro, del enfrentamiento por el enfrentamiento mismo, de la medición de la propia capacidad en una de las disciplinas más difíciles y exactas que existen; el básquet, un deporte en donde no se puede demorar el juego, no se puede retroceder la pelota, no se puede esperar más de tres segundos para lanzarla dentro de la pequeña área contraria llamada "bomba,"; un deporte donde los competidores conviven, compartiendo el mismo piso del mismo hotel, la misma comida a horas diferentes, y esa misma fraternidad de los zapatos grandes, los colchones en el piso y las camisetas húmedas colgadas en las cortinas de un hotel de cinco estrellas.

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