Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1994/11/28 00:00

JUEGO DE MANOS

Un video secreto revela que la fiscal Cruz Helena Aguilar, quien según la ley debía ocultar su cara ante los narcoterroristas, no solo no lo hacía sino que los trataba con sorprendente familiaridad. Hoy está bajo investigación...

JUEGO DE MANOS

EN MARZO DE 1992, DOS MESES DESPUES DE haber sido desterrada de Medellín por las continuas amenazas de muerte en contra de ella y de su familia, la fiscal Cruz Helena Aguilar asumió las riendas de la Unidad de Narcotráfico de la Fiscalía Regional de Bogotá, la que prometía, en aquellos días iniciales de la Fiscalía General, ser la más movida de todas las unidades. Desde allí comenzó a abrir el camino que la llevaría a convertirse, a la vuelta de unos meses, en uno de los funcionarios con mayor poder dentro del ente acusador y en uno de los de mayor confianza del entonces fiscal general de la Nación, Gustavo de Greiff. Ella no solo tenía las puertas abiertas del despacho general, sino línea directa que le permitía comunicarse con su jefe sin importar la hora o el día.

Esta joven abogada de 31 años, de caracter recio y arrollador, se había ganado la confianza de De Greiff por una mezcla de personalidad y franqueza. Aparte de ser una mujer echada para adelante que no parecía ceder ante las amenazas, le hablaba al Fiscal General con una franqueza que este -enemigo acérrimo de la lambonería y los rodeos- apreció desde el primer momento. Pero a la vez, esta actitud le trajo más de una enemistad entre sus compañeros de trabajo, quienes comenzaron a cuestionar sus procedimientos. La mayoría de ellos no compartía la forma como la doctora Aguilar manejaba la Unidad de Narcotráfico, ni mucho menos la familiaridad con la que trataba a los sindicados.

Pero el hecho que más les inquietaba era que siendo una fiscal sin rostro, había decidido mostrarles la cara a los hombres de la organización terrorista de Medellín a quienes estaba indagando. "Su familiaridad con esos hombres rayaba en el exceso de confianza e intimidad. En los interrogatorios que adelantaba, la doctora Aguilar dejaba a un lado su investidura de fiscal y trataba al sindicado como si fueran viejos amigos hablando de todo un poco", dijo a SEMANA una de sus compañeras de trabajo.

A la directora de la Unidad Regional de Narcotráfico poco o nada le interesaban "esos chismes de pasillo", como ella misma los llamaba. Tenía muy en claro que a la única persona a quien debía rendirle cuentas era al fiscal De Greiff. Por eso tuvo serios y repetidos enfrentamientos con sus compañeros, a quienes increpaba cada vez que se enteraba de un rumor sobre su proceder. La situación llegó a tal punto que muchos de ellos decidieron romper con ella relaciones de trabajo. "No era sólo la forma como manejaba la Unidad -explicó otra fuente de la Fiscalía-. era la recurrencia al insulto, a la agresión verbal, incluso a la amenaza velada en el trato con quienes nos atrevíamos a criticarla".

Pero esos días de gloria y de poder hoy hacen parte del pasado. Dos hechos, la revelación de un video hasta ahora secreto y los resultados de la evaluación de algunas de sus más delicadas tareas, han acabado con el reinado de la fiscal Aguilar. La nueva administración del ente acusador decidió relevarla de la jefatura de la Unidad de Narcotráfico. Fue, además, separada del conocimiento de los principales procesos contra los hombres de la organización terrorista de Medellín en los cuales ella adelantó las correspondientes indagaciones. Igualmente, desde la llegada a la cabeza de la Fiscalía de Alfonso Valdivieso, perdió la comunicación directa y de puertas abiertas que tenía con el despacho del Fiscal General.


CORTE DE CUENTAS

Estos dos hechos tienen hoy a Cruz Helena Aguilar al borde de la renuncia. El proceso de deterioro de su estatus en la Fiscalía se inició cuando el nuevo Fiscal General designó una comisión de fiscales para revisar los procesos en los que están involucrados delincuentes de la talla de Carlos Mario Alzate Urquijo, alias 'Arete'; Sergio Alfonso Ramírez Ortiz, alias 'El Pájaro'; José Fernando Posada Fierro, alias 'Chepe Nando' y Gustavo Gutierrez Arrubla, alias 'Maxwell'. El concepto emitido por la comisión señaló que la colaboración entregada por ellos por medio de su confesión, no había sido tan eficaz y presentaba serios vacios. Eso le cayó como una bofetada en pleno rostro a la fiscal Aguilar, responsable de las confesiones en esos casos.

Ella había defendido a capa y espada la colaboración de ese grupo de sindicados con la Justicia, al extremo de que De Greiff, unos días antes de abandonar su cargo, y después de consultar entre otros a su admirada subalterna, firmó una serie de actas en las que certificó que las confesiones y delaciones realizadas por esos hombres de la organización del cartel de Medellín permitían esclarecer numerosos magnicidios, actos terroristas y otros crimenes de la narcoguerra.

El segundo episodio que puso a la fiscal Aguilar a tambalear fue la revelación de un video que las autoridades habían mantenido en secreto hasta ahora y al que SEMANA tuvo acceso exclusivo. En él se confirma la sorprendente familiaridad con que la fiscal Aguilar trataba a hombres tan peligrosos como 'Arete', autor ni más menos -según las propias confesiones que él le hiciera a la fiscal- de la voladura del avión de Avianca, uno de los más aterradores actos criminales del brazo militar del cartel de Medellín.

La grabación es una cinta en video-8, obtenida de manera secreta por agentes de inteligencia a quienes les había sido encomendada la misión de vigilar las tareas de algunos fiscales sin rostro. La iniciativa de las autoridades se explicaba en la necesidad de hacerle contrainteligencia a estos funcionarios, debido a la delicada misión que desarrollaban y al poder de negociación que habían adquirido en el marco de la política de sometimiento a la Justicia, y en especial por cuenta de las normas sobre rebaja de penas con base en colaboración. "Estos casi anónimos funcionarios judiciales tenían en sus manos el futuro de los más peligrosos delincuentes de la historia de Colombia, famosos entre otras cosas por su poder corruptor. De ahí que los organismos de inteligencia hayan decidido vigilar su trabajo", explicó a SEMANA una fuente de esas entidades.

La vigilancia a la doctora Aguilar comenzó a darse desde un principio, pues tenía como misión interrogar y obtener las confesiones de narcoterroristas como 'Arete'. Pero sólo despues de que se conocieron las quejas de algunos de sus compañeros de la Fiscalía por el hecho de que ella hubiera renunciado al ocultamiento de su rostro, las autoridades ordenaron proceder con algunos sistemas de vigilancia electrónica.

Muchos funcionarios vinculados a la lucha anticarteles dentro y fuera de la Fiscalía, sostenían entonces que la fiscal Aguilar mantenía "amistades peligrosas" con sus interrogados. En varias oportunidades sus compañeros de trabajo se quejaron ante los superiores de que ese manejo era nocivo para la imagen y eficacia de la justicia sin rostro y solicitaron que a Cruz Helena Aguilar se le exigiera mesura y un mejor comportamiento. Además, en por lo menos cinco diligencias de indagatoria, los agentes especiales de la Procuraduría General de la Nación se retiraron del recinto donde se desarrollaban las indagaciones en protesta por el trato tan familiar que ella les daba a los presos. "Era muy difícil entender que una fiscal tuviera tanta confianza con los presos cuando uno sabía que estaba ante los peores criminales. Siempre consideramos que se arriesgaba demasiado con esos delincuentes porque podía llegarse a unos compromisos que se volverían inmanejables", dijo una alta fuente del Ministerio Público.

Las inquietudes sobre el comportamiento de la fiscal Aguilar crecieron a principios de este año. Por aquellos días se produjo la 'gran comilona', un episodio que trascendió a los medios y en el cual la fiscal Aguilar sirvió de anfitriona en su propio despacho de una reunión entre 'Arete', Luis Carlos Aguilar Gallego, alias 'El Mugre', sus abogados y un emisario del cartel de Cali llamado Luis Guillermo Angel Restrepo, más conocido en esos medios como 'Guillo Angel'. La cumbre, que se celebró el 16 de febrero de este año y en la cual los asistentes consumieron 40 cajas de pollos y 40 gaseosas, pretendía frenar la ola de asesinatos de familiares de los narcoterroristas de Medellín, supuestamente a manos de enviados de la organización de Cali.


EL VIDEO

Este tipo de actuaciones de la fiscal Aguilar terminó de impulsar a los agentes secretos a llegar más lejos en su vigilancia. Justamente al día siguiente de la 'gran comilona', o sea el 17 de febrero, los agentes secretos grabaron el video. Son ocho minutos de cinta. Las primeras imagenes muestran a Cruz Helena Aguilar y a 'Arete' departiendo amistosamente mientras almuerzan. Luego, dejan a un lado las cajas de comida y mientras toman un tinto, reanudan la indagatoria.

Esta se lleva a cabo en un estrecho cuarto con tres asientos de madera y una pequeña mesa donde hay una máquina de escribir, utilizada por una mujer que hace las veces de secretaria.

Por lo incómodo del lugar, las sillas que ocupan la fiscal y el detenido estan prácticamente unidas. En varias ocasiones la cámara enfoca a Cruz Helena Aguilar y a Carlos Mario Alzate envueltos en una especie de juego de manos más propio de un par de amigos que de una funcionaria judicial con un sindicado. En la siguiente escena se observa que 'Arete' se inclina sobre el asiento de Cruz Helena y pasa su brazo derecho sobre el espaldar. En otro instante, 'Arete' coloca sobre el espaldar de la silla de la fiscal, su boina. El video se corta abruptamente cuando la indagatoria apenas comienza. Para los investigadores la cercanía de la fiscal y el sindicado es mucho más inquietante porque los dos fueron compañeros de curso en el Inem de Medellín donde estudiaron primero de bachillerato.

Pocos días después, el material fue analizado por los superiores de los agentes, quienes prepararon un informe detallado de este hecho. Sin embargo, mientras Gustavo de Greiff permaneció al frente de la Fiscalía, el asunto se mantuvo congelado, pues según fuentes de los organismos secretos "sabíamos del apoyo y la confianza del Fiscal General en su subalterna y eramos conscientes de que de nada serviría mostrarle la cinta".


Pero con la llegada de Alfonso Valdivieso, y los resultados de la comisión de fiscales que éste designó para revisar los procesos de colaboración con la justicia de los narcoterroristas, la fiscal Aguilar pasó al banquillo. Es así como la divulgación que ahora se hace del video puede significar la estocada final en la carrera de Cruz Helena Aguilar en el ente acusador. La controvertida funcionaria tiene su propia versión de los hechos. En una entrevista con SEMANA, que se prolongó por más de cinco horas, explicó las razones de su comportamiento. (Ver entrevista).

CON LICENCIA

La versión de la fiscal Aguilar deja en claro que ella siempre actuó autorizada por el fiscal general de la Nación, Gustavo de Greiff. Ambos parecían coincidir en que la única manera de lograr que los sindicados del cartel de Medellín confesaran sus crímenes era por medio de un contacto personal con ellos en las indagatorias. El camino fue abierto por la fiscal Aguilar en julio de 1993, cuando indagó a Dairo Cardozo Matute, alias 'Comanche', en la carcel de Itaguí. La fiscal realizó el interrogatorio desde una cabina que ocultaba su identidad y por medio de un micrófono que distorsionaba su voz. Según la fiscal Aguilar, la diligencia fracasó pues 'Comanche' se limitó a contestar con monosílabos.

A su regreso a Bogotá, la funcionaria informó a De Greiff de todo lo ocurrido. Le dijo que, en su opinión, la única forma de lograr que los sindicados hablaran con ella de manera productiva era si lo hacían cara a cara. Acto seguido, le solicitó a su jefe autorización para dar su rostro a los sindicados y dejar a un lado las normas de la justicia sin rostro. "También le propuse que fueramos los dos a Medellín y que habláramos con los muchachos porque yo estaba segura de que ese era el camino de conseguir las confesiones que necesitabamos. El me dijo que me fuera adelante y que el sábado siguiente llegaba allá", le contó a SEMANA la fiscal Aguilar. Efectivamente, el Fiscal y su subalterna se entrevistaron en la cárcel de Itaguí con 'Arete' y compañía. De Greiff les habló sobre las ventajas de confesar sus delitos y les pidió colaboración. Al final de la reunión hubo un pacto de caballeros en el cual los presos se comprometieron a colaborar.

A partir de entonces, la fiscal nunca volvió a interrogar a estos hombres con su rostro oculto. Fue así como echó por la borda, al menos en algunos de los más delicados casos de narcoterrorismo, la legislación especialmente creada por el gobierno para proteger a los funcionarios de la rama judicial. Se trata del decreto 2271 del 4 de octubre de 1991 que convirtió en legislación permanente una docena de decretos expedidos al amparo del Estado de Sitio, y que entre otras cosas institucionalizó la justicia sin rostro. En desarrollo de esta política el gobierno había invertido más de 2.000 millones de pesos en la adecuación de instalaciones apropiadas para preservar la identidad -y con ello la vida de fiscales y jueces- además de evitar el contacto directo con los procesados.

Algunos juristas consideran que la fiscal Aguilar podía, previa autorización de su superior, renunciar al uso de las normas de ocultamiento de su identidad. Pero otros aseguran que ello no era optativo, pues lo que se buscaba no era sólo proteger a cada fiscal, sino defender de la intimidación al conjunto de la justicia. "Es como el alto dignatario que caprichosamente renuncia a sus escoltas -explicó un funcionario judicial- sin darse cuenta que no es solo por el que el Estado le da protección, sino para evitar que lo maten y se cause con ello una gran conmoción y un gran perjuicio al conjunto de la sociedad. En el caso de los fiscales sin rostro, es lo mismo: no es tanto por ellos que se les dice que oculten su identidad, sino para evitar que los criminales decidan un día que se acabo el pacto de caballeros, y que como no les gustaron las decisiones de la Fiscalía, entonces van a atentar contra quien los interrogó, causando con ello también una gran conmoción y un gran daño a la sociedad".

Ella se defiende tras alegar que el proceso dió resultados, ya que sus interrogados confesaron los más atroces crímenes, entre ellos la voladura del avión de Avianca. Pero quienes no comparten su proceder argumentan que la clave no está en lo que esos criminales confesaron, sino en las penas que les serían impuestas. El caso más dramático es sin duda el de la voladura del jet de Avianca, uno de los crímenes más atroces de la historia de la humanidad, cuya autoría como organizador del operativo fue reconocida por 'Arete', y quien por ese delito y otros 32 asesinatos apenas recibiría una condena de ocho años y medio, si el juez del caso confirma la negociación entre el narcoterrorista y la Fiscalía.

Este es finalmente el meollo del asunto. Más allá de si la fiscal Aguilar actuaba o no con gran familiaridad en sus reuniones con los acusados; más allá de si se extralimitó en sus funciones al patrocinar la cumbre de la comilona de pollos; más allá de si pasó o no por encima de las normas de la justicia sin rostro al mostrarles la cara a los más peligrosos narcoterroristas; más allá incluso de si consiguió o no confesiones ciertas, el problema radica en las penas que la Fiscalía ha propuesto para estos hombres. La justicia en general y la Fiscalía en particular, deben alcanzar dos grandes propósitos: el primero, aclarar los crímenes, y el segundo, tanto o más importante, que los autores de estos paguen penas correspondientes al tamaño de su acción.

Un funcionario de la Procuraduría que conoció de cerca los procesos en los que intervino la fiscal Aguilar señaló que su excesiva cercanía con los hombres del cartel de Medellín resultó nefasta, porque se les crearon falsas expectativas a los detenidos y se perdió objetividad en la evaluación del contenido de las confesiones. "Estos problemas en cuanto a su imparcialidad fueron los que nos obligaron a revisar minuciosamente los procesos y a marginar a la doctora Aguilar de los mismos", declaró a SEMANA el fiscal general de la Nación, Alfonso Valdivieso.

Pero aparte de los cuestionamientos al proceder de la fiscal Aguilar, también hay dudas sobre el poder que adquirió al interior de la Fiscalía. "El poder de la doctora Cruz Helena creció de manera desmesurada. Ella llegó a tener la facultad de designar fiscales, ordenar pruebas, trasladar procesos y revisar las actuaciones de los demás fiscales. Su poder llegó a tal punto que De Greiff la nombró en una comisón nacional, integrada por otros tres funcionarios, que tenía conocimiento de todo lo que ocurría en el país en materia de investigaciones por narcotráfico", dijo a SEMANA una alta fuente de la Fiscalía.

En el marco de ese poder, algunos creen que, por ejemplo, a partir de la cumbre entre representantes de los carteles de Cali y Medellín que ella patrocinó en su despacho, se habría abierto un boquete en los procesos anticarteles, que puede llevar muchos casos a la impunidad. Según una fuente judicial que ha conocido de cerca muchos de los procesos, "lo que terminaron pactando días después los hombres de uno y otro cartel fue la repartición de culpas, y en especial, que quienes ya estaban detenidos y siendo procesados, asumieran la mayoría de los crímenes, pues igual entre más delitos confesaran, más crimenes supuestamente aclararían y más rebaja de pena lograrían".

Es muy posible, sin embargo, que la fiscal Cruz Helena Aguilar haya actuado en todos estos asuntos con la mavor buena fe y movida sobre todo por el deseo de producir resultados. A pesar de lo ocurrido con ella, los criterios e interpretaciones que aplicó y el poder que adquirió, ilustran que son aún muchos los ajustes que hay que introducir a la legislación de sometimiento, colaboración y rebaja de penas, pues desde ya se corre el riesgo de que un mecanismo que fue visto hace poco tiempo como la salvación de la justicia penal colombiana, se deslegitime y desprestigie tanto como el resto de los instrumentos con que cuentan las autoridades nacionales para la lucha contra el delito. Y ese sería quizas el apaga-y-vámonos de la crisis de la justicia en el país.



'PARA MI NO EXISTE LA JUSTICIA SIN ROSTRO'

LA FISCAL Cruz Helena Aguilar es una paisa que nació hace 31 años en el municipio de Alejandría. Esta joven abogada, de un metro con 50, es una mujer temperamental, vehemente y desabrochada. SEMANA la entrevistó por espacio de cinco horas y estos son los apartes principales de sus explicaciones sobre el video y sus actuaciones al frente de las indagatorias de los hombres de la organizacion terrorista de Medellín.


SEMANA: En el video que fue grabado durante la indagatoria que usted realizaba a Carlos Mario Alzate Urquijo quedó demostrado el exceso de familiaridad con el que trataba a uno de los hombres dela organización terrorista de Medellín. ¿Cuál es su explicación?

CRUZ HELENA AGUILAR: Mi éxito en el trabajo es por la cordialidad con que trato a la gente. Todos merecen respeto y yo cuando realizo una indagatoria no me siento con el delincuente, sino con la persona. Hay que creer en la gente y darle oportunidades, así sea el más raso de los delincuentes.


SEMANA: ¿Pero luego usted no es amiga de 'Arete'?

C.H.A: No. Cuando lo interrogue por primera vez él me dijo que habíamos estudiado juntos en el Inem de Medellín en primero de bachillerato. Dijo que habíamos hecho tareas en mi casa, pero yo no me acuerdo. Lo cierto es que la confesión de Carlos Mario ha sido fundamental. Además, él tiene mucha ascendencia sobre los demás muchachos y logro convencerlos de que debían colaborar.

SEMANA: Siendo usted una fiscal sin rostro ¿por qué decidió darles la cara a los delincuentes?

C.H.A.: Siempre he tratado a la gente de frente. Yo le pedí al doctor De Greiff que me dejara acercarme a ellos porque estaba segura de que podía lograr que confesaran todo. Nunca acepté hacer mis indagatorias detrás de un vidrio y hablando por un micrófono porque para mí no existe la justicia sin rostro.

SEMANA. ¿Qué logró con esta táctica?

C.H.A.: Logré aclarar los principales crímenes ocurridos en este país. Los muchachos creyeron en una persona que les habló de frente y por eso confesaron.

SEMANA: ¿No cree que el exceso de familiaridad y de compenetración con los presos permitió la manipulación de las confesiones?

C.H.A.: No. Yo creo en ellos y sé que nunca me van a fallar ni me van a manipular. Hay que creer en la gente. Ellos tienen la palabra empeñada, y yo tengo la mía como fiscal. Por eso creo ciegamente en que no me van a engañar.

SEMANA: Entonces, ¿por qué razón el fiscal Alfonso Valdivieso creó una comisión para revisar esos procesos?

C.H.A.: A mí no me perdonan el haber llegado tan lejos y que después de dos meses de estar en Bogotá me nombraran coordinadora de la Unidad de Narcotráfico. Por eso hay gente que me tiene mucha envidia. Yo si creo que hubo colaboración eficaz y que esas confesiones son ciertas.

SEMANA: ¿Por qué razón la apartaron a usted de la revisión de esos procesos?

C.H.A.: Jamás me lo explicaron.

SEMANA Usted era la coordinadora de la Unidad de Narcotráfico. ¿Por qué la relevaron de ese cargo?

C.H.A.: Porque a todos los coordinadores nos pidieron la renuncia protocolaria. Pero yo sé que eso tiene nombre propio: Cruz Helena Aguilar. Ahora soy una fiscal que no maneja ningún proceso importante. Me metieron en el cajón del olvido. Pero lo que si tengo en claro es que yo hice mucho por el país.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.