Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/10/10 00:00

Kamusuchiwo'u, la última frontera

Los Wayuus encontraron en la etnoducación la prolongación de su cultura.

Reynaldo recorre todos los días en su bicicleta nueve kilómetros que separan su casa de su escuela. Las bicicletas han sido el último vehículo que han adoptado los wayuus de la alta Guajira para estimular a los niños para que asistan a este sitio recóndito en el sector de la Media Luna, cerca de Puerto Bolívar, el principal muelle exportador de carbón del país.

No fue fácil que los indígenas aceptaran que sus hijos dejaran sus oficios tradicionales para ir a la escuela. Incluso para Jazmín Uriana, una de las matronas que maneja las relaciones con la comunidad de El Cerrejón, que montó hace 20 años este proyecto para dar albergue a más de 200 niños de la región y que ha sido ejemplo de la reorganización del sector educativo, que hoy cuenta con 139 aulas con ocho unidades educativas, en las que estudian 6.465 niños.

La profesora Mirza Vanegas Uriana explica que el programa de etnoeducación se consolidó gracias a la Constitución de 1991. "Fue un reto para los mismos wayuus, porque a los guajiros no les gustaba y había discriminación, ya que se les prohibía hablar wayunaiqui en público", recuerda. Para lograr mantener la tradición oral se editaron libros y cartillas en wayunaiki y español, y se publicó un libro de Historias míticas en nuestro territorio wayuu.

La esencia de la escuela -explica Mirza- es que les enseñamos a concientizarse de lo que tienen. "Tratamos de no romper con las costumbres, se trabajan las clases de biología en la playa, para que los niños entiendan la biodiversidad y lo que tienen que cuidar".

Ella misma es el ejemplo de la barrera que se quebró. "Empecé a estudiar contra la voluntad de mi madre, no entendía el significado de aprender". Ahora los padres entienden que si los niños dejan de hablar la lengua perderían una generación de wayuus frente al empuje del mundo occidental que los rodea.

A pesar de las voluntades, la tasa de deserción sigue siendo alta. Las caminatas y el hambre hacen que muchos niños no regresen; solo 5 por ciento salen a continuar sus estudios de bachillerato en Uribia o Manaure -Kamusuchiwo'u sólo atiende primaria-, y un pequeñísimo porcentaje continúa a la universidad. La tarea aún está sin terminar.

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