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| 11/10/1997 12:00:00 AM

LA AUTORIDAD MORAL DE LA MUJER

Cuando llegue a Colombia en julio de 1994 me sorprendí al ver la cantidad de mujeres que ocupaban puestos normalmente destinados exclusivamente a los hombres. Esto debido a la presencia de mujeres en casi cada campo laboral y por la cantidad de mujeres en posiciones de liderazgo en los sectores de finanzas, economía, banca y relaciones internacionales, con frecuencia dominados por hombres. Al comienzo pensé en publicar artículos individuales sobre algunas de estas mujeres colombianas, pidiéndoles que explicaran su éxito y narraran cómo y por qué esto ocurre en Colombia. Pero luego de hablar con varios colombianos influyentes acerca de las experiencias positivas de estas líderes femeninas, su interés y apoyo me llevaron a escribir el libro titulado Power Sharing (Compartiendo el poder), el cual espero será publicado en inglés y en español este año. Hubo tres características que llaman la atención en cuanto al desarrollo inusual de las líderes femeninas en Colombia. Primero, el hecho de que haya sucedido con tanta rapidez. A las mujeres colombianas les tomó sólo 40 años alcanzar el liderazgo luego de adquirir el derecho de votar y el derecho a ser elegidas en 1957. Segundo, las mujeres colombianas llegaron al éxito sin sembrar rencores. Mis entrevistados me dijeron que muchos hombres colombianos hoy en día prefieren trabajar con mujeres igualmente capaces que ellos. La desigualdad numérica entre hombres y mujeres con poder en la rama legislativa todavía existe, pero aún allí, y en todos los otros campos laborales, la animosidad de género y el machismo reaccionario contra el feminismo se ven con frecuencia menos en Colombia que en Estados Unidos, Europa y varios países de Latinoamérica. Una tercera característica del progreso de las mujeres colombianas hacia el liderazgo fue su decidida perseverancia en la feminidad. Las mujeres colombianas no emularon los modelos de liderazgo masculinos cuando asumieron las posiciones de poder. Por el contrario, expresaron su feminidad en su forma de vestir, con sus gestos personales y a través de su estilo menos combativo, pero no menos efectivo, de liderazgo. El que mantuvieran con determinación ídolos y ejemplos por seguir que eran mujeres también puede explicar tres fenómenos adicionales que son positivos en Colombia. Primero, los roles maternales y de ama de casa no se rebajaron ni se convirtieron en papeles 'de segunda' en Colombia. Por otra parte, parientes mujeres, amigas y empleadas de confianza en el hogar estuvieron dispuestas a ayudar a otras mujeres a lograr y mantener posiciones de liderazgo. (Esto es tan prevalente, que casi que se puede decir que "detrás de cada mujer colombiana exitosa, hay otra mujer colombiana ayudándole".) Un tercer aspecto positivo sobre cómo se retuvo la feminidad, es que se ha conservado el valor del trabajo voluntario para el desarrollo de la comunidad y el trabajo en obras de caridad. Cuando su situación económica se los permite, las mujeres colombianas todavía hacen este tipo de labores sin recibir remuneración.Es irónico que sin contar con un movimiento de protesta feminista ni con un programa de acción afirmativa (exigir por ley igualdad en los cargos públicos entre hombres y mujeres), muchas mujeres colombianas hayan logrado metas feministas de igualdad de oportunidades basadas en mérito. Los libros Movimientos de mujeres y participación política en Colombia, 1930-1991, por Norma Villarreal, y Women in the history of Colombia (Mujeres en la historia de Colombia), por Magdala Velásquez Toro, documentan un verdadero movimiento feminista en Colombia en los años 50, liderado por la liberal Esmeralda Arboleda y la conservadora Josefina Valencia de Hubach. Sin embargo, el feminismo colombiano difiere de otros movimientos feministas mundiales porque fue conducido en gran parte por folletos, volantes y peticiones nacionales. Surgió durante el régimen restrictivo del presidente Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957), cuando las protestas públicas estaban prohibidas y cuando las restricciones severas sobre la libertad de prensa no permitían que se hicieran críticas abiertas en publicaciones de circulación nacional.Las líderes femeninas seleccionadas para el libro Compartiendo el poder fueron escogidas de listas que me dieron muchos colombianos, y también de las sugerencias de los líderes que entrevisté. Pronto tuve más candidatas que espacio, y tuve que establecer parámetros para limitar el tamaño y el propósito del libro. El tema del libro será liderazgo, no feminismo. Se incluirán mujeres que fueron las primeras en puestos antes ocupados exclusivamente por hombres. También las que se convirtieron en líderes después de 1957 y las que escogieron hacer su trabajo en Colombia. El libro estará conformado por una serie de biografías organizadas en tres períodos temporales _precursoras, presentes y futuras_. El libro no será ni un estudio sociológico ni una 'lista de las ocho mejores' mujeres líderes colombianas. Por el contrario, será una muestra representativa de líderes femeninas correspondientes a los tres períodos. Las opiniones presentadas serán, en su mayor parte, de colombianos o de las mujeres entrevistadas, no las mías. Las mujeres entrevistadas contestaron las mismas tres preguntas: ¿Por qué cree usted que se convirtió en líder? ¿Colombia por qué ha producido tantas mujeres líderes? y ¿Qué efecto tendrán tantas mujeres líderes en el futuro de Colombia? Cada pregunta tenía varias partes, y las entrevistadas contestaron las preguntas completa y francamente. Ciertos rasgos comunes en la personalidad y similitudes de la experiencia de sus vidas emergieron de estas entrevistas. Todas las mujeres escogidas son extremadamente inteligentes, son trabajadoras prodigiosas y tienen personalidades altamente enérgicas. Todas parecen ser personas altruistas trabajando en favor de su país, y no para lograr metas personales de poder, posición o dinero. Todas se destacaron en sus estudios universitarios. La mayoría ha tenido que enfrentar la adversidad en sus vidas. Muchas tenían madres y padres quienes les dijeron que podían hacer lo que quisieran con su vida si estaban dispuestas a trabajar lo suficientemente duro. Lo más interesante es que ninguna tuvo un padre machista, y varias de ellas tuvieron padres que les brindaron más apoyo que sus propias madres en cuanto al desarrollo de sus carreras. Estas mujeres no se molestan por el machismo en sus vidas profesionales, y de hecho creen que el machismo ya no existe a nivel institucional en Colombia. También creen que cambios estructurales en la familia colombiana, en mayor parte por el hecho de que las mujeres se han convertido en cabeza del hogar, acabaron con el patriarcado en Colombia. Las mujeres entrevistadas para Compartiendo el poder dijeron que el progreso de la mujer hacia el liderazgo comenzó en 1933, cuando se permitió que las mujeres entraran a las universidades nacionales y demostraran su igualdad intelectual con los hombres. Dada la oportunidad de estudiar sus carreras, las mujeres obtuvieron las credenciales educativas necesarias para competir por las posiciones de liderazgo. El progreso hacia el liderazgo se aceleró luego de 1957, cuando se otorgó a las mujeres colombianas el derecho de votar y de ser elegidas. La teoría moderna del liderazgo le da a las mujeres una ventaja competitiva, ya que valora sus habilidades en la comunicación y en las relaciones personales. El liderazgo moderno se define como la capacidad de administrar las habilidades que permitan iniciar, fomentar y mantener la labor y los recursos necesarios para lograr un objetivo común compartido por seguidores. Su 'poder' se define como la maestría de las habilidades, no el dominio de una persona débil por una más fuerte. Enfatiza las estrategias en las cuales todos ganan, no competencias de suma cero en la cual los ganadores se llevan todo y los perdedores salen sin nada. Como dijo Bertrand Russell, "el concepto fundamental en las ciencias sociales es el poder, en el mismo sentido en que la energía es el concepto fundamental de la física". En las definiciones actuales no hay liderazgo ni 'femenino' ni 'masculino'. Antes los hombres disfrutaban de una ventaja sociológica enorme porque ocupaban la mayoría de los puestos de mando en las sociedades occidentales. Es por eso que ellos se sienten 'naturales' en roles en los cuales mandan. Las mujeres, que hasta hace poco se mantuvieron al margen del poder, fueron forzadas a convertirse en constructoras hábiles de autoridad para lograr afectar el cambio en las Jerarquías masculinas desde sus puestos 'externos'. La mujeres aprendieron a formar grupos, construir el poder del consenso y hablar con una sola voz. El liderazgo moderno mezcla los estilos de autoridad y construcción de liderazgo, así que las mujeres ahora deben dominar esas habilidades de ejercicio del poder, y los hombres deben aprender las habilidades constructivas de poder promoviendo ideas, creando y manteniendo apoyo e inspirando seguidores. Muy pocos de los líderes actuales, tanto hombres como mujeres, tratan de ejercer su poder por medio de la fuerza o manipulación, y muy pocas disputas con trabajadores hoy terminan en "yo soy el jefe. Haga lo que le digo".A las hijas de los colombianos se les enseña a ser el norte moral para futuros niños, a ellas se les habla de su responsabilidad de ser honestas y de responder por sus actos, mientras que a sus hermanos todavía se les enseña el honor, los derechos y los privilegios de ser macho. A las hijas se les socializa para cooperar en lugar de competir, para compartir el poder en lugar de utilizarlo para dominar a otros. La importancia del liderazgo de la mujeres en Colombia hoy recae en la esperanza de que su voz se oiga en la esfera pública, en que compartan su liderazgo no combatiente y cooperativo para librar a Colombia del narcotráfico, la violencia, la corrupción y la subversión que hoy siguen destruyendo las instituciones democráticas del país. Con la ventaja del liderazgo de hoy, que se basa en habilidades con un mandato cultural articulado, y que se expresa en grupos, las mujeres líderes son el eje central que puede cambiar radicalmente el diálogo público colombiano. Hasta que los hombres colombianos se permitan a sí mismos usar esas habilidades antes vistas como 'femeninas', tales como las concesiones recíprocas, la cooperación y la responsabilidad por los actos propios, las mujeres seguirán teniendo enormes oportunidades de sobresalir como líderes y podrán gestar un cambio dramático, tanto político como moral, en su país. nBarbara Frechette es esposa del embajador de Estados Unidos en Colombia, Myles Frechette. Desde su llegada se ha interesado por estudiar la historia y el desarrollo de las principales líderes femeninas de Colombia. Para finales de este año espera tener publicado un libro que trata estos temas, Power Sharing (Compartiendo el poder).
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