Jueves, 19 de enero de 2017

| 2006/06/24 00:00

La Bandera

Los colombianos se las han ingeniado para llevarla siempre consigo ya sea en pulseras, camisetas y hasta en tazas de café. En esta elección fue el símbolo patrio con mayor aceptación.

La Bandera

Un poeta anónimo de Aguascalientes, territorio mexicano, describió la bandera como el pecho generoso de la madre patria, de la cual sus hijos maman dignidad, orgullo, gloria, sentimiento de ser alguien. Los diccionarios, más prosaicos, la definen "tafetán u otra tela, de figura comúnmente cuadrada o cuadrilonga, que se asegura por uno de sus lados a un asta o una driza, y se emplea como insignia o señal de dominio, o para identificar los bandos en la batalla". Dicho así o en otras palabras.

Heredera de aquella marca que en la antigüedad expresaba pertenencia anudando un fragmento textil de determinado color a un árbol, o una pica en las fronteras del territorio tomado, la bandera es una señal que connota "aquí yo, esto es mío", y por eso despierta el sentimiento primario que despiertan el dominar, el poseer y, a través de estos, el ser. Lo anterior se comprende de inmediato al observar cualquier pueblo o ciudad de Estados Unidos, donde sin necesidad de decretos que obliguen a izarla en fecha patria, todos los días ondean y ondean estrellas y barras en parques, edificios, colegios, tiendas, bancos, armerías, licoreras, supermercados, carros…

Como es un símbolo tan del ser distinto, alguien, único, se la asume a tal extremo que se jura por ella en los términos más altos: "Juro por Dios fidelidad a mi bandera y a mi patria Colombia, de la cual es símbolo", agregándose después, como rezando para que sea y nunca deje de serlo, "una Nación soberana e indivisible, regida por principios de libertad, orden y justicia para todos".

Esas características son las que vuelven la bandera de los colores primarios, para muchos y muchas, símbolo número uno del ser colombianos. Pero no siempre fue así. Antes de ella, en la Colonia, el territorio colombiano se marcaba con el escudo del Rey por un lado del estandarte y por el otro el apóstol Santiago o la mismísima Virgen Inmaculada. Luego, declarada independiente, Colombia asumió la de Miranda y Bolívar, y el 20 de febrero de 1821 Manuel Torres, encargado de negocios en Estados Unidos, la presenta al secretario de Estado norteamericano, John Quincy Adams, quien luego de apreciar el diseño, acepta que esa bandera tricolor, desde este momento, sea el distintivo de Colombia. Es su carta internacional de bautismo.

En marzo de 1924, el gobierno del presidente Pedro Nel Ospina oficializa el símbolo, expidiendo el aún vigente Decreto 861, por el cual se establece que se compone de amarillo en la parte superior, con un ancho igual a la mitad de la bandera, y en la otra mitad dos franjas iguales, azul la del centro y roja la inferior. Esta bandera, según unos, simboliza en su amarillo el rico pueblo de Colombia separado por el azul de los mares del sangriento yugo español; según otros, amarillo es la riqueza natural, humana, cultural del territorio; azul son los mares, los ríos, el cielo, y rojo es aquella sangre patria derramada que jamás será negociada.

Originalmente, esta bandera fue pensada por el conspirador independentista Manuel Gual, que en 1797, posiblemente influido por la simbología de la masonería, habló de ella atribuyendo al amarillo la representación del sol como símbolo de la igualdad de todos los hombres en la ley.

Tres años después evolucionó a la "bandera del general Francisco de Miranda para su proyecto colombiano", en la que tres franjas: negra, roja y amarilla representan a negros, pardos, indios como pueblo independiente del opresor blanco español. En 1806, Miranda cambia el negro por el azul, y la iza en la proa del buque Leander en una rada haitiana. Al marcar territorio en el desierto de Coro la oficializa, y a partir de ahí la tricolor identificará la independencia venezolana en 1811, será respaldada por Bolívar en Valencia, 1813, y el Congreso de Angostura, en 1819, y luego el de la Gran Colombia, en Cúcuta, 1821, la asumirán como bandera para Colombia.

Y así llegamos a esta bandera que cuando ondea en un estadio ajeno, o un 20 de julio en Queens, o la ves en el buque Gloria entrando a una bahía extranjera, hace que algo se encoja en tu alma y luego otro algo se expanda en tu mirada, con esa especie de seguridad o sentimiento de revancha que da el tener lo tuyo.

Pero, al margen de la tradición, la inercia patria, en los últimos años ha surgido una duda: ¿sigue siendo esta bandera compartida con otros dos Estados, salvo detalles, el símbolo que nos hace vibrar más allá de un 5-0 en el fútbol o un premio de ciclismo en la montaña? ¿O sería mejor otra, que actualizara lo que hoy sentimos y somos? Algunos lapidan la propuesta como una herejía, otros observan que Suráfrica liberada del apartheid convocó un concurso de diseño de sus símbolos patrios, para que reflejaran el nuevo tiempo que se inauguraba. O que en abril de 2004 Eslovenia resolvió con otro concurso, la crisis de identidad originada en que su bandera de franjas horizontales (blanca, azul y roja) se asemejaba a la de Eslovaquia, tanto como se asemejan las banderas colombiana, venezolana y ecuatoriana.

Mientras llegue el día en que se debata un cambio, esta es la que es, y como tal es el primer símbolo patrio.

* Escritor, fotógrafo y publicista.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.