Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1997/04/14 00:00

LA CABINA DEL TERROR

Por primera vez los fiscales sin rostro contaron intimidades sobre los interrogatorios a los protagonistas del 8.000.

LA CABINA DEL TERROR

En el último piso de un viejo edificio, localizado en pleno corazón de Bogotá, está ubicado el bunker donde trabajan, desde hace tres años, los fiscales sin rostro que tienen bajo sus hombros la gigantesca investigación conocida como el proceso 8.000.Tres pisos más abajo, un largo corredor de paredes cuarteadaspor el paso del tiempo, que siempre está en penumbra, conduce al sitio más temido por los políticos y narcotraficantes que hoy se encuentran tras las rejas por el mayor escándalo de corrupción política en la historia de Colombia.Al fondo del corredor fueron construidos tres módulos de escasos dos metros cuadrados cada uno. Una pesada puerta de hierro se abre lentamente para dejar al descubierto una destartalada máquina de escribir y tres asientos negros. No hay ventanas y una tenue luz apenas alcanza a iluminar el recinto. Cada habitáculo está dividido en dos por un enorme vidrio de seguridad que no permite ver quién se encuentra al otro lado. En la otra mitad del módulo fue instalada una mesa en madera sobre la que reposan un micrófono y una consola de sonido que tiene la particularidad de mezclar la voz para distorsionarla. Está equipada con varios botones que, al girarlos, permiten producir sonidos que parecieran venidos del más allá. En un rincón de la mesa están colocados un computador y un antiguo reloj de cuerda. Ese es el sitio de trabajo de los fiscales sin rostro. Desde ese lugar ellos pueden observar a través del vidrio de seguridad todo lo que ocurre al otro lado del cubículo, donde ocupan asiento el detenido, el defensor y una secretaria.La escena es dramática. Cuando los fiscales inician su trabajo, su voz deja literalmente paralizados a quienes se aprestan a rendir cuentas a la justicia. Una vez comienza la diligencia las puertas se cierran y el ambiente se torna pesado por la falta de ventilación y el bochorno es insoportable. Por esta amarga experiencia han pasado los protagonistas del proceso 8.000. La mayoría de ellos han llorado, otros se han salido de sus casillas, unos más no aguantan la presión y caen en profundas crisis nerviosas. En esos pequeños e incómodos cuartos han pasado las duras y las maduras personajes como Fernando Botero, Eduardo Mestre, Manuel Francisco Becerra, Santiago Medina, Jaime Lara Arjona, entre otros.Esta difícil prueba también la han tenido los cabecillas del cartel de Cali, como Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, el extinto José Santacruz Londoño, Phanor Arizabaleta. Aliados del cartel, como los hermanos Julián, Luis Fernando y Tulio Murcillo.Ahora, tres años después de haberse conformado la comisión de fiscales del 8.000, empieza a descorrerse el velo de lo que ocurrió en las denominadas cabinas del terror. SEMANA logró tener acceso a las entrañas del proceso y conoció de boca de varios de los fiscales sin rostro algunos de los secretos de lo que ocurrió durante las desgastadoras indagatorias que rindieron la mayoría de los acusados del narcoescándalo.
Santiago Medina
El ex tesorero de la campaña Samper Presidente rindió indagatoria el 28 de julio de 1995, dos días después de haber sido detenido por el CTI de la Fiscalía.
"Cuando entró a la cabina tenía los ojos llorosos. Estaba muy nervioso. Segundos antes, una de las personas que lo acompañó hasta la entrada del octavo piso le había gritado: 'Santiago, cuenta la verdad. No olvides que estamos contigo hasta la muerte'. A nosotros nos sorprendió el esquema que empleó Medina en esa primera indagatoria, donde contó lo que había ocurrido en la campaña electoral. Fue muy pedagógico, con una excelente claridad mental. Muy preciso en recordar fechas, documentos y reuniones. Esa diligencia se prolongó durante nueve horas, y a medida que él iba relatando lo que había ocurrido en la campaña notamos que estaba muy tranquilo, como si se estuviera quitando un peso de encima. Cuando finalizamos oficialmente el interrogatorio, Medina nos dijo: 'Si yo no hubiera contado esto, el espíritu de Luis Carlos Galán nunca me habría dejado en paz".
Fernando Botero Zea
El 15 de agosto de 1995 el ex ministro de Defensa rindió su primera indagatoria ante la comisión de fiscales sin rostro.
"Cuando entró por primera vez a la cabina lo hizo con paso firme, mirando fijamente hacia el vidrio de seguridad como tratando de buscar las caras de sus verdugos. Permaneció de pie durante varios minutos. Siempre con la frente levantada y con el firme propósito de hacernos saber que él todavía era uno de los hombres más importantes de este país. Traía consigo dos teléfonos celulares y varios beepers que no paraban de sonar. Luego tomó asiento y comenzó su primer interrogatorio, que se prolongó durante ocho horas. A medida que iba conociendo las pruebas que teníamos empezó a ponerse muy nervioso. Hubo momentos de gran tensión, que se reflejaron en su rostro desencajado y sudoroso. No paraba de tomar agua y de mirar los mensajes que entraban a sus beepers. En una de esas interrupciones, uno de nosotros le habló en tono fuerte y le dijo: 'Doctor Botero, estamos en una diligencia judicial, le pido el favor que apague sus aparatos electrónicos porque así no podemos continuar este procedimiento'. Lo hizo de inmediato, sin decir una sola palabra. Al finalizar ese primer día de indagatoria el doctor Botero se puso de pie y en tono pausado nos dijo: 'Este ha sido el peor día de mi vida".
Eduardo Mestre
El parlamentario liberal rindió su primera indagatoria en abril 22 de 1995.
"Es una persona muy inteligente. Fría y calculadora. Cuando las preguntas de la indagatoria eran comprometedoras siempre asumía el papel de orador y fácilmente podía demorarse entre 20 y 40 minutos en cada respuesta. Cuando lo concretábamos, aceptaba a regañadientes nuestra petición, pero rápidamente volvía a desviarse del tema. Cuando le mostramos los cheques que lo comprometían se limitó a responder que todo esto no era más que una persecución política. Sus indagatorias fueron muy hábiles y hubo momentos en que logró sacarnos de casillas, pero afortunadamente logramos consolidar un buen expediente para contraatacar".
Alberto Giraldo
El 26 de mayo de 1995 rindió su primera indagatoria.
"Llegó muy tranquilo a la diligencia. Hablaba y preguntaba mucho. Siempre lo vimos como una persona muy tramadora y muy dicharachera. Pero su estado de ánimo cambió cuando le pasamos por debajo del vidrio de seguridad una serie de cheques girados a su nombre que sumaban cerca de 1.400 millones de pesos. En ese momento se descontroló. Se puso de pie y se descamisó. Luego trató de pegarle un puño al vidrio, pero su abogado lo cogió a tiempo. Entonces asumió una actitud de bravucón. Cuando le preguntamos sobre la financiación de la campaña del doctor Samper guardó silencio. Lloró en varias oportunidades, pero unos minutos después comenzaba a reírse y a tratar de entablar conversación con nosotros".
Manuel Francisco Becerra
El ex congresista y ex ministro vallecaucano tuvo su primer encuentro con la unidad de fiscales el 29 de enero de 1996.
"Al principio su indagatoria se desarrolló de una manera tranquila. Respondió las preguntas muy serenamente. Pero las cosas comenzaron a cambiar cuando el interrogatorio se centró en las pruebas que tenía la Fiscalía. Comenzó a agitarse, estaba muy nervioso y sudaba copiosamente. La diligencia tuvimos que suspenderla para que un médico lo atendiera, pues estaba muy alterado y no podía concentrarse en sus respuestas. Sufrió mucho cada vez que tuvo que enfrentar a los fiscales en la
Juan Manuel Avella
El gerente administrativo de la campaña samperista rindió su primera indagatoria el 14 de septiembre de 1995.
"Una persona muy nerviosa. Muy preocupado por su familia. Cada vez que apretábamos el acelerador en el interrogatorio el doctor Avella no podía controlar su nerviosismo y se salía de casillas. Fue la persona que más lloró en la cabina. Fue una situación muy difícil de manejar, pero no teníamos otra alternativa que la de concretar sus respuestas. Siempre nos respondió que él era inocente y que se había cometido una gran injusticia. Pero nosotros teníamos pruebas y necesitábamos que nos aclarara la situación".
Jaime Lara Arjona
El ex congresista costeño fue llamado el 30 de julio de 1996 a rendir su primera indagatoria.
"Estas diligencias las asumió con mucha tranquilidad. Siempre estuvo muy convencido de su versión. Pero a medida que las pruebas fueron apareciendo cambió de actitud y en un momento determinado nos dijo que estaba muy preocupado por su situación jurídica. Sin embargo aceptó que la investigación de la Fiscalía era acertada y respondió todas las preguntas que le hicimos durante más de siete horas".
Miguel Rodriguez Orejuela
Uno de los jefes del cartel de Cali, rindió su primera indagatoria el primero de septiembre de 1995.
"Una persona muy hosca, cortante y prepotente. Desde el comienzo quiso dejarnos en claro que tenía el suficiente poder para intimidar. Por esa razón decidimos apretar desde un comienzo el interrogatorio. Pero nos sorprendió. Cuando la situación estaba muy tensa él decidió asumir una posición de simpatía. Echaba chistes. Se reía de ellos y nos preguntaba de otros temas. Eso sí, siempre tratando de ser dueño de la situación. En los recesos, especialmente a la hora del almuerzo, nos decía: 'Por qué no se hacen de este lado para atenderlos como ustedes se merecen'. No necesitamos darle la cara porque sabíamos que él conocía nuestros nombres. Habían aparecido en una agenda que encontró el Bloque de Búsqueda en un allanamiento".
Gilberto Rodriguez Orejuela
Otro de los jefes del cartel de Cali, rindió su primera indagatoria el 12 de junio de 1995.
"El polo opuesto de su hermano. Una persona muy tranquila y respetuosa de la justicia. Lloró en varias oportunidades, especialmente cuando hablaba de su familia, que era lo que más lo preocupaba. Sin embargo nunca se salió de sus casillas. En varias oportunidades nos dijo, de manera muy cortés, que si le dábamos la cara las cosas no serían tan difíciles y se podría hablar con confianza de algunos temas. Cada respuesta a nuestras preguntas las meditaba y las analizaba en detalle y siempre demostraba que tenía los pies bien puestos sobre la tierra. A lo largo del interrogatorio nos quedó claro porqué razón le dicen 'El Ajedrecista".
Julian Murcillo
Una de las personas más cercanas a los hermanos Rodríguez Orejuela, rindió indagatoria el 17 de julio de 1995.
"Siempre fue muy amable. Antes de empezar las diligencias le gustaba hablar informalmente de muchas cosas. Descubrimos que nunca estuvo convencido de las respuestas que nos daba cada vez que le mostrábamos pruebas que lo relacionaban como la persona que les dio dinero a los políticos regionales y a la campaña del doctor Samper. Lloró en muchas oportunidades, preocupado por la situación jurídica de sus hermanos y su compañera, detenidos también por la Fiscalía. El también nos pidió que le diéramos la cara y que si lo hacíamos nos contaba la verdad de todo lo que había ocurrido. Pero inmediatamente reaccionaba y nos decía que no lo tomáramos en serio. Como las diligencias se prolongaron por varias horas, tuvo problemas de salud y a veces teníamos que realizar largos recesos para que se recuperara".

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