Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/06/21 00:00

"La confianza es algo que se gana, no se regala"

El filósofo Fernando Savater cuenta cómo las pequeñas acciones diarias son el pegamento que sostiene a una sociedad, sobre todo en estos tiempos de crisis.

Savater insiste en que la seguridad depende del grado de justicia que haya en la sociedad

SEMANA: ¿En que consiste el contrato social en el siglo XXI?

FERNANDO SAVATER: Simplemente que somos socios, personas que tenemos intereses en común. Que en una comunidad nadie obtenga más ventajas por transgredir las leyes que por cumplirlas. Si la normas están hechas para beneficiar a unos pocos, todo el mundo se apresura a transgredirlas, se crea el caos y es un perjuicio para todos. La sociedad tiene que ordenar eso de una manera no predatoria sino positiva. Nuestro destino son los otros seres humanos. Estamos obligados a los otros, condenados a los otros.

SEMANA: Si uno no está de acuerdo con ese contrato social, ¿qué puede hacer?

F.S.: Las cosas son todo lo buenas o todo lo malas que nosotros permitimos. Una persona libre nunca se pregunta qué va a pasar. Yo he vivido 30 años de mi vida bajo una dictadura de la que todo el mundo hablaba mal y todo el mundo cumplía y obedecía como cordero, porque la gente creía que ya había cumplido su cuota de rebelión en el bar. Pero si Franco hubiera vivido 10 años más, otros 10 años hubiera estado todo el mundo cumpliendo las órdenes. No se trata de enfadarse sino de lo que tú vas a hacer, buscar personas que de alguna manera compartan la idea que tú tienes de que hay que rechazar las cosas en un sentido para que mejoren en otro. El problema de la política es que es como un barco que tienes que ir reparando mientras vas navegando.

SEMANA: ¿Uno no se puede escapar de ese contrato, tan condicionado por la cultura?

F.S.: En cada sitio hay hábitos diferentes porque son decantación histórica del pasado y cambian mucho las apreciaciones entre una época y otra. En el siglo XVII Francia era el prototipo del país ordenado. A partir del finales del XVIII, se convirtió en el prototipo de la revolución, del radicalismo, de cortar la cabeza a los reyes, etcétera. En la época del XVII y buena parte del XVIII, los alemanes tenían fama de ser unos soldados malísimos, de gente que se dedicaba a la ensoñación o al comercio, pero que luego no servía para una batalla, porque les ganaba todo el mundo y a partir del XIX se convierten en los prusianos, con toda esa cosa militarizada. En cada sitio, la base del contrato está matizado por las experiencias personales.

SEMANA: ¿También importa el aspecto generacional, no sólo el cultural?

F.S.: Sí. Con los años, ves que tienes más cosas en común con quienes discrepan contigo, que con jóvenes que piensan como tú, pero que han vivido en un mundo diferente.

SEMANA: Venimos de una cultura latina cristiana en la que la confianza en Dios es fundamental. ¿Por qué es la misma cultura donde las notarías y los contratos superan la palabra de honor?

F.S.: Hay que pensar que las sociedades latinas son en el fondo menos contractuales que las protestantes. Tú vas a Italia, España o a Hispanoamérica, y todo lo que necesitas es tener un amigo en un sitio. Si tienes un amigo, tienes mucho recorrido porque las cosas se basan en relaciones personales y no en contratos. A la administración de un país riguroso como los escandinavos o algunos países sajones les da lo mismo que seas primo o no del que está en la oficina. Tienes que tener todo en regla. En otros países nos dejamos llevar más por lo personal. Es más cálido, pero también más propenso a la corrupción. Por eso los contratos son mejores. Los contratos son confianza cristalizada.

SEMANA: ¿Ese sentido de la cercanía no puede resultar siendo beneficioso?

F.S.: El atraso político siempre viene de esa gente que dice "es que la sociedad es una gran familia". No señor, la familia está regida por cuestiones afectivas. La sociedad no tiene por qué quererte y yo no tengo por qué tener cariño por todo el que me cruzo por la calle, pero sí debo tener respeto.

SEMANA: ¿Qué hace que una sociedad funcione? Los suizos, por ejemplo, están muy divididos pero viven en paz.

F.S.: Los suizos son un modelo muy pequeñito, pero que también ha conocido sus vaivenes. Son una sociedad de abundancia económica por mil razones, no todas ellas limpias, y han creado un modelo de laboratorio. Hay países que tienen más extensión, más complejidad y una historia más difícil. Colombia es un país objetivamente más rico que Holanda, pero Holanda es un país más estable y más seguro. No siempre el país, por tener más riqueza, es mejor. Un país es más seguro cuanto más justo es. La injusticia es un reclamo para la inseguridad. Si en un país dominan la corrupción y el privilegio, como es injusto, se irá volviendo inseguro.

SEMANA: ¿Cómo se construye la confianza?

F.S.: La rutina de que las cosas funcionan bien suscita la confianza. La confianza se gana. No es una cosa que se regala, no es un don como el amor. Te tienes que ganar la confianza, sobre todo en las instituciones. Aquí hay muchos recelos y es difícil que una persona confíe en las autoridades. La confianza se gana cuando en un período extenso se ve que las cosas funcionan como deben funcionar.

SEMANA: ¿Somos muy paranoicos o desconfiados?

F.S.: Todas las sociedades están basadas en que confiemos unos en otros. Normalmente sólo vemos los aspectos disfuncionales de la sociedad, pero en el 90 por ciento de las sociedades, incluso en las peor organizadas, todo funciona normalmente, porque si no, no durarían. Si todas las madres se negaran a vestir a sus hijos para enviarlos al colegio o darles de comer, o si todos los jefes estafaran a sus subordinados, simplemente las cosas no funcionarían. Eso ocurre, pero también está compensado porque mucha más gente hace lo que se espera. También hay perversiones, por historia, o por enquistamiento de la injusticia. Una persona tratada con injusticia, rara vez se convierte en el ser más justo del mundo. El deseo de venganza es también bastante lógico.

SEMANA: ¿Cómo repartiría las culpas de todo lo que está pasando en la crisis económica?

F.S.: Para eso tendría que saber más. Me asombra que tanta gente que entiende de esos asuntos y que cobra sueldos fabulosos por dirigir bancos y hacer consultorías no previera una cosa de esta magnitud. Que el señor Madoff me estafe a mí no tiene ningún mérito, pero que haya estafado a algunos de los más astutos tiburones de las finanzas es lo que me sorprende. El capitalismo puede gustarle a uno mucho, poco o nada, pero el capitalismo es para producir bienes y repartirlos, con ganancias para unos y otros, a partir de cosas que necesita la gente. Pero lo que el capitalismo no puede permitirse es especular sólo con ficciones muy rentables, pero que trabajan en el vacío.

SEMANA: ¿Como sociedad hemos sido muy permisivos?

F.S.: Reconozco que eso de que nosotros tengamos que prestar plata a los bancos para que el banco no se hunda es una cosa paradójica. El banco que tiene mi dinero me dice que si no quiero perderlo, le preste más dinero. No puede haber un juego en el que haya alguien que gane siempre, pase lo que pase. El banquero gana siempre. Si le va bien, se hincha. Si le va mal, tiene un contrato blindado y además le tenemos que prestar, entonces también gana. No es por razones morales. Es que las cosas que son excesivamente injustas, terminan por quebrar.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.