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| 4/25/2004 12:00:00 AM

La cruda realidad

La suerte del país en materia de hidrocarburos está echada. Si los ajustes en el sector petrolero colombiano no dan resultados, el país se verá obligado a importar. crudo en 2007.

El 26 de junio de 2003 fue una fecha crucial para Ecopetrol. No porque la empresa haya descubierto un gran yacimiento de petróleo ni porque sus problemas con el sindicato se hayan resuelto. Lo que cambió ese día fue la forma como la petrolera estatal debe ganarse la vida a partir del primero de enero de 2004.

Desde este año, Ecopetrol no es, como en el pasado, la encargada de decidir qué compañías buscan petróleo en el país ni el socio obligado de las otras petroleras en los nuevos proyectos de producción de crudo. Ahora la entidad que administra las reservas colombianas de petróleo y gas es la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), creada por el gobierno a mediados de 2003.

Así, Ecopetrol pasó a ser, como dice su presidente Isaac Yanovich, "una compañía más en el campo petrolero colombiano". Deberá competir con las multinacionales por encontrar y extraer petróleo o convencerlas de hacerlo en compañía. Por eso la historia de la empresa más grande de Colombia y de todo el sector de hidrocarburos puede dividirse en antes y después de la ANH. Y a juzgar por sus resultados en 2003, la tarea pendiente no es nada fácil.

Los balances

El balance de Ecopetrol el año pasado tiene dos caras: mientras la empresa obtuvo las utilidades más altas de su historia, la producción de petróleo en el país siguió cayendo.

El volumen de crudo exportado disminuyó 37 por ciento. La caída en los ingresos en dólares por este concepto fue menor (26 por ciento) debido a que los precios internacionales se mantuvieron altos. El conflicto en Irak, la mayor demanda de petróleo por la recuperación económica mundial y los recortes de producción que han ordenado los países petroleros hicieron que, en promedio, la cotización del crudo pasara de 26 dólares por barril en 2002 a 31 dólares en 2003. Las ventas al exterior de productos refinados como gasolinas y naftas, que el año pasado crecieron 29 por ciento, también ayudaron a soportar el golpe que sufrió Ecopetrol por las menores exportaciones de petróleo crudo.

En el ámbito nacional, las ventas crecieron 23 por ciento, resultado de los mayores volúmenes vendidos de Acpm y de la subida que han tenido los precios de los combustibles en el país. La política de desmonte de los subsidios que viene ejecutando el gobierno hizo que, por ejemplo, el galón de gasolina corriente en Bogotá aumentara 743 pesos en 2003, lo que representa un incremento de 21 por ciento.

Al entorno favorable de precios se sumaron los recortes en los gastos operativos de Ecopetrol. "Es necesario reconocer, dice Isaac Yanovich, que la compañía ha perdido 30 por ciento de su nivel de producción en los últimos años y que por lo tanto hay que hacer ajustes". Uno de ellos fue la salida de casi 800 empleados durante 2003, es decir, la décima parte de su nómina.

Todo esto llevó a que las ganancias netas de Ecopetrol el año pasado aumentaran 19 por ciento y alcanzaran la cifra récord de 1,5 billones de pesos. Pero si la situación financiera de la petrolera estatal es hasta el momento sólida, las cifras de explotación y reservas de crudo son preocupantes.

El año pasado la producción de petróleo en el país volvió a caer. Pasó de 578.000 barriles diarios en 2002 a 541.000, con lo que se completan cuatro años de caída. Desde 1999, la producción de crudo en Colombia cayó en 50 por ciento. Mientras hace algún tiempo los presidentes de Ecopetrol daban declaraciones esperanzadoras sobre la autosuficiencia petrolera del país, hoy Yanovich reconoce que la situación es crítica.

Las reservas de petróleo que tiene actualmente Colombia le alcanzan para los próximos tres años. Esto quiere decir que si durante ese período no se descubren suficientes yacimientos nuevos, el país debería comenzar a importar crudo en 2007.

Aunque en 2003 la actividad exploratoria repuntó, el panorama está lejos de despejarse. Ecopetrol firmó 21 nuevos contratos de asociación

-frente a 14 en 2002-, que es el primer paso para que las compañías petroleras comiencen a buscar hidrocarburos en una zona. Se perforaron 28 pozos exploratorios, 18 más que el año anterior, con inversiones por 189 millones de dólares. El problema está, según los expertos, en que es necesario perforar por lo menos 60 pozos al año para encontrar petróleo en las cantidades que requiere el país, con el fin de ahuyentar el fantasma de la importación.

El reto es convencer a las compañías petroleras de que es un buen negocio invertir en exploración en el país, y lograrlo se dificulta por varias razones. De un lado, las condiciones geológicas no son las mejores. En Colombia, la probabilidad de encontrar petróleo en un pozo es del 15 por ciento, mientras en Venezuela, por ejemplo, es del 75 por ciento. Además, históricamente el tamaño de los yacimientos descubiertos ha sido pequeño, inferior a los 20 millones de barriles anuales.

Aparte del riesgo geológico, los inversionistas deben enfrentar problemas como la inseguridad y la falta de estabilidad en las normas jurídicas y tributarias. Estos riesgos exigen una mayor rentabilidad a la hora de decidir si invierten en un proyecto en Colombia o en cualquier otra parte del mundo. Atraer a las compañías petroleras e impulsar así la búsqueda de crudo en el país fue justamente lo que llevó al gobierno a crear la Agencia Nacional de Hidrocarburos y dar un vuelco al esquema de contratación petrolera.

¿Qué sigue?

Con el nuevo contrato, el Estado ya no participa como socio a través de Ecopetrol cuando se descubre petróleo en un campo. El ciento por ciento de la producción, después de pagar regalías, es del contratista, que ahora cuenta con mayor autonomía operativa. Adicionalmente, el contrato contempla unos derechos económicos a favor del Estado cuando un proyecto resulte más rentable de lo previsto. Y aunque este último punto ha despertado críticas, pues le pone un límite a la recompensa que recibe un inversionista en caso de que suban los precios internacionales del crudo, en general la nueva modalidad de contratación fue bien recibida.

Ecopetrol continúa por su parte como socio en los contratos firmados antes del 31 diciembre de 2003 y de sus posibles extensiones. Esto le da un período relativamente amplio para ajustarse, pues ahora debe invertir y arriesgar más para hacer sus propios hallazgos de petróleo. Aunque la empresa cuenta con la experiencia y el conocimiento necesarios para hacerlo, sus restricciones presupuestales y la inflexibilidad en materia laboral y de contratación constituyen dos fuertes limitantes.

Ecopetrol, al hacer parte de las cuentas fiscales del país, no es libre de decidir cuánto invierte o si se endeuda para emprender un proyecto. Para 2004, por ejemplo, presentó propuestas de inversión por 1.000 millones de dólares y el gobierno le aprobó 660 millones. La independencia financiera es, según Yanovich, una de las herramientas que necesita Ecopetrol para poder competir en el nuevo escenario.

Además requiere mayor flexibilidad para manejar su negocio. Esa fue una de las razones que llevó a la empresa a denunciar la convención colectiva con los trabajadores, a finales de 2002, en un proceso que todavía no ha terminado. Las negociaciones directas con la USO fracasaron, por eso se conformó un tribunal de arbitramento que resolviera el conflicto. Éste se pronunció en diciembre de 2003, pero el sindicato rechazó el fallo en puntos como los aumentos salariales y las condiciones de estabilidad laboral y de ascensos. Todo, en medio de constantes amenazas de huelga.

Los resultados del ajuste en el sector petrolero colombiano están por verse. Para Ecopetrol implica convertirse, como dijo a SEMANA un alto funcionario del gobierno, "en una verdadera empresa". Para el país representa la oportunidad de evitar que en tres años sea necesario importar petróleo, con las graves consecuencias que esto traería en términos de divisas y de ingresos fiscales. El temor que persiste, sin embargo, es que el 'revolcón' se esté haciendo demasiado tarde.

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