Miércoles, 3 de septiembre de 2014

LA DANZA DE LOS "BUSCAPIES"

| 1988/12/12 00:00

LA DANZA DE LOS "BUSCAPIES"

Los vestidos del desfile de carrozas se caracterizaron por su audacia y colorido. Se destacaba también el aspecto "tipico" en algunas de las candidatas. La señorita Meta, lucía un traje que prácticamente le cubría lo que cubre un bikini, llamado "llanera", diseñado por Donace Shop, cuyo color plateado lo convirtió en uno de los más atractivos. Su sombrero típico llanero bordado en pedrería, se complementaba armoniosamente con botas adornadas con flecos en strass negro y una fusta que le daba un aire de reina coronada porque parecía un cetro de color plateado.
La señorita Cundinamarca llevaba un vestido de "Divina diosa de la laguna de Guatavita", elaborado también en color plateado, rebordado en pedrería del mismo tono, y con un arreglo de plumas en la espalda y una capa de velo ligero. Con sus extraordinarios ojos verdes que contrastan con su pelo negro y piel trigueña, se convirtió en la mejor representación de la belleza del interior. La candidata del Chocó, que nunca dejó de recibir aplausos de los cartageneros, llevaba un traje llamado "La exuberante Chocó". Con una serpiente en los hombros, de la cual se desprendían cerca de 60 metros de velo en variados tonos verdes, y con pájaros de su región sobre cada hombro, se deleitó con los piropos y con las bromas que le hizo el pueblo cartagenero. En un momento determinado fue alcanzada por una poderosa bomba de agua y ella sólo atinó a decir: "El agua cartagenera es muy rica", lo que hizo que le arrojaran por lo menos 10 bombas de agua más.
En este desfile el premio lo da el pueblo. Pero aquí no hay tanto aplauso como en los otros. Lo que hay es una verdadera "montada"
como llaman los costeños cuando cogen a alguien por su cuenta. Y esta vez le tocó a la señorita Guajira, una de las candidatas que junto con la del Atlántico, despertaba mayor admiración por su cuerpo. En este desfile no se quedó atrás la señorita Cesar, quien desde que arrancó su carroza tuvo que soportar varios grupos musicales que en medio de la marcha le sacaban coplas vallenatas, unas simpáticas otras desagradables y hasta groseras... pero ella todo el tiempo sonrió, a pesar de que uno de los buscapiés le alcanzó la espalda.
Todas las candidatas querían robarse el show, pero todas le tenían miedo al desfile de carrozas. Esta es la fiesta verdaderamente popular y es donde se manifiestan todo tipo de celebraciones carnestoléndicas. La lluvia de pólvora y de maizena, las bombas de agua y los talegados de harina, estaban listos desde dos y tres días antes. Los guantes de electricista con los que se disparan los buscapiés, para protegerse si se estallan en las manos, estaban preparados desde la mañana del jueves. Los 12 kilómetros que habrían de recorrer las reinas en sus carrozas constituían una verdadera calle de honor compuesta por francotiradores de todos los elementos que suelen aparecer en medio de este carnaval.
Pero les tocaba asistir y así lo hicieron las candidatas. "Totiadas del susto" como confesáron algunas, porque a lo que más le tienen miedo estas delicaditas damas es a la pólvora. Curiosamente, los cartageneros también le tienen miedo; pero en una encuesta realizada por el periódico El Universal de esta ciudad, los habitantes de la Ciudad Heroica se manifestaron a favor del uso de ese pequeño explosivo.
Las carrozas salieron de la base naval y esta vez el desfile no fue encabezado por la reina popular. En medio de la caravana los cartageneros bailaban, las reinas bailaban y todo el mundo terminaba bailando obligado por los buscapiés.
Como todos los años hubo comparsas, como la "Danza de los Goleros", un grupo ya tradicional de muchachos se disfrazan de gallinazos, se pintan la cara, se ponen sombreros y horribles máscaras. Hubo grupos musicales compuestos por niños y jóvenes que bailaban descalzos. No faltaron los que se embadurnaron de aceite quemado y se divertían con sólo acercarse a las personas que desprevenidas contemplaban el desfile. Negros y negras, morenos y ennegrecidos, bailaban mapalé y hubo hasta una reina, la del Tolima, que no tuvo inconveniente en bajarse de su carroza y ponerse a bailar con los danzarines pintados con aceite quemado. Este gesto de sencillez le salió caro a la candidata porque, mientras tanto, le robaron el complemento del traje, que llevaba para ese día.
En medio del jolgorio y del frenesi popular, se destacaban los gritos a las reinas. "Estás muy bajita"; "Quítate el maquillaje para ver como quedas"; "Ven a bailar cachaca, bájate a ver qué tal lo haces"; "Oye, a que no eres capaz de darme un beso" y todo cuanto se les ocurría a los cartageneros, que se inspiraban al ver pasar las comparsas y se ayudaban un poco con el infalible ron.

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