Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1984/05/28 00:00

LA DECADENCIA DE LOS KENNEDY

Después de una generación de gloria, una generación de droga en la familia de los kennedy

LA DECADENCIA DE LOS KENNEDY

El 5 de junio de 1968, un muchacho pecoso de 12 años, David Anthony Kennedy, decidió quedarse despierto hasta tarde, para ver en la TV a su padre, el senador Robert Kennedy. Iba a celebrar el triunfo de las elecciones primarias de California. Después de unas palabras emocionadas a sus seguidores, el candidato salió por una puerta de la cocina del hotel Ambassador de Los Angeles. De pronto, sin saber de dónde, surgió un joven árabe de 28 años, Sirhan Sirhan quien le disparó a quemarropa, hiriendo de muerte a quien probablemente hubiera sido Presidente de los Estados Unidos.
Esta escena habría de cambiar para siempre la vida de una familia privilegiada de 11 hijos que constituían la tercera generación de la dinastía política más famosa de Norteamérica. De los 29 nietos del patriarca Joseph Kennedy y de su esposa Rose, ninguno habría de quedar tan afectado como David, el cuarto hijo del fallecido senador.
Horas después de la noche de la tragedia, alguien preocupado preguntó por él. Theodoro White, biógrafo de John Kennedy y amigo de la familia, se ofreció buscarlo. Lo encontró prácticamente hipnotizado frente a la TV, viendo una y otra vez la escena del asesinato de su padre. Su vida no volvería a ser la misma. Profundamente traumatizado, la droga le abrió un camino de pesadilla que culminó con su muerte el miércoles de la semana pasada. Curiosamente la última edición de la revista Playboy publicó avances de un libro, "Los jóvenes Kennedy: la decadencia de una dinastía americana", escrito por Peter Collier y David Horowitz, en donde aparece la historia tormentosa de David, un joven de 28 años que había tenido el privilegio de pertenecer a una de las familias política y económicamente más poderosas de los Estados Unidos. Su vida, sin embargo, parecía haber corrido en contravía de lo que su familia había soñado para él. La muerte de su padre le dejó una sensación de abandono. "¿Qué nos pasará? ¿Qué viene ahora?" Eran las preguntas que se hacía.

ROTO EN PEDAZOS
Si John representaba la gloria de la familia -"el Presidente": todos crecieron llamándolo así, como si no hubiera habido otro-, Robert era quien, en alguna oportunidad, les había dicho a algunos de ellos cuando leían comics tendidos en un sofá: "¡ Tira esa basura ya, sal y haz algo!". Era él quien atendía bautismos, confirmaciones y grados. Con la abuela Rose repetía la frase favorita de San Lucas: "A quienes mucho se les ha dado. mucho se les exigirá". Bobby traducía la admonición en términos que todos podían entender: "América ha sido muy buena para los Kennedy. Todos tenemos una deuda de gratitud y de servicio público". Era la figura que les exigía ser mejores de lo que eran.
Y así, 1968, el año en que murió, se convirtió en el primer verano de descontento. "Fue muy diferente de la muerte de John, dijo Bobby, el mayor de los hijos de Eunice. "En una cierta forma, nos sentimos más Kennedy que nunca, orgullosos de lo que John había sido, seguros de que nuestro tiempo volvería otra vez. Pero una vez que se murió el tío Bobby, hubo una sensación como si algo se hubiera roto en pedazos".
El impacto fue mayor en los hijos de Bobby, a quien su magnetismo había convertido en el centro del clan. Cuando David cumplió 13 años (15 de julio), la tensión era creciente en la casa, aunque los pequeños la experimentaban menos. Ethel los regañaba con frecuencia y caprichosamente, como si los maldijera por estarle recordando la muerte de su esposo.
Pocos días después del cumpleaños de David, viajaron todos con Teddy a Connecticut. En un momento dado, Ethel llamó aparte a Bobby y a David y les pegó insistemente con un cepillo del pelo. Fue el primer castigo que ellos recuerdan que los hiciera llorar, a pesar de su decisión de adolescentes de ser más fuertes que su madre. "No resisto más", dijo Ethel cuando llegaron. "Ustedes, chicos tienen que irse de aquí". Entonces empezó una diáspora que ha continuado durante años, un proceso de ir y venir que simbolizó la perdición de la nueva generación. Un cambio que todos observaron rápidamente es que, después de la muerte de su padre Bobby Jr. se volvió enigmático y solitario por decisión más que por necesidad.
Impresionado por el omnívoro interés del niño en las cosas, Robert había dicho alguna vez que Bobby era como su tío John, el Presidente. El mayor y mejor amigo de éste, Lemoyne "Lem" Billings, pensaba lo mismo y tomó a Bobby bajo su protección, Lem quien habría de convertirse en los próximos años en padre adoptivo, se llevó a Bobby Jr. para Africa a una expedición de observación, cumpliendo una promesa que John Kennedy le había hecho poco antes de su muerte. Así, mientras Joe, el hermano mayor, presenciaba corridas de toros en España, Bobby se paseaba por la llanura de Serengeti.

UNA BOMBA QUE SE DESINFLA
David fue más consciente del golpe de suerte que para su hermano había sido tener un adulto que se dedicara a él y que le ayudara a superar la tragedia. "Lem pudo haber escogido a cualquiera de nosotros" dijo alguna vez. "Me acuerdo del día cuando pasó. Lem apareció y los dos dieron una caminada juntos. Pensé para mí mismo, Bobby tiene suerte. Quisiera haber tenido alguna". Si la muerte de su padre lo golpeó más fuertemente que a los otros, fue porque había un especial vínculo entre ellos y porque había sido una especie de "niño dorado" para la familia, con su cara pecosa y el pelo rubio que sus padres alborotaban cuando pasaban junto, como si estuvieran frotando un talismán ("Si alguna vez nos quebráramos, dijo Ethel, haríamos de David un actor de cine y viviríamos con sus ganancias").
David era el único de la familia que no sentía entusiasmo por la carrera de Presidente. Durante semanas, después de la muerte de su padre, tuvo pesadillas que se centraban en ese suceso. El día anterior a las primarias de California, se reunió con él en Los Angeles. Con ese sentido adolescente para el drama, David había decidido que le debía a su padre una vida, y buscaba la oportunidad para pagarsela en el futuro. Esa noche, sentado frente a la TV en el hotel Ambassador viendo las imágenes del nuevo mártir Kennedy sangrando en el piso de la cocina del hotel, uno de los pensamientos que tuvo fue el de que la deuda nunca había sido pagada. Ya que Joe y Bobby Jr. estaban fuera del país y Ethel decidió enviar a David a Austria con Chris Lawford, hijo de Patricia Kennedy y el actor Peter Lawford, como compañía. Fueron a Mayrhof, un campo de tenis y ski dirigido por el ex tenista Bill Talbert. Allí él y Chris se volaban de su cuarto por la noche y penetraban en los cuartos de las niñas, haciéndoles lanzadas proposiciones. Sabían que estaba mal hecho, pero también sabían que era parte de un gran cambio en sus actitudes hacia todo lo que tuviera que ver con ser Kennedy. "Era como ver una bomba inmensa desinflándose" dijo Chris más tarde. "Las cosas ya no tenían sentido".
Cuando volvieron a casa al final del verano, las cosas estaban saliéndose de control. Michael, de 10 años, había resuelto contestar el teléfono con las palabras: "Confusión aquí". Al final del verano, muchos amigos empezaron a visitar con frecuencia a la familia. David siempre esperaba a alguien con quien poder hablar de la muerte de su padre. Un día, en medio de la compulsiva actividad de su madre, la arrinconó en la cocina y le preguntó sobre las razones de ello "Es una cuestión que no quiero discutir", le dijo haciéndolo a un lado.
Sus hermanos volvieron, pero llevaban vidas independientes: Joe buscaba la compañía de amigos mayores y Bobby Jr. pasaba la mayoría del tiempo en los bosques con Morgan Le Fay, el halcón de cola roja que había capturado y domesticado hacía pocos años. Una tarde, delante de David, un amigo de Bobby le preguntó a éste qué había hecho con el LSD que le habían vendido. Bobby trató de cambiar el tema, para evitar que David entendiera. Pero no pudo hacerlo. Más tarde, después de que David había reclamado a Bobby por guardarle secretos, éste sacó mescalina y la compartió con él.
Aunque no eran capaces de comprender, ese día sintieron que habían traspasado la línea que nunca habían esperado cruzar, esa línea entre el bien y el mal que John Kennedy mismo había trazado. Pero se encontraron a sí mismos en la otra orilla.

FAVOR NO MOLESTAR
El único Kennedy varón que sobrevivio en su generación fue Teddy, quien apareció tratando de encontrar una posición política. Se lanzó al Senado. Pero las presiones fueron creciendo y empezaron a conocérsele lo que fuera calificado como conductas erráticas. Empezó a tomar más de la cuenta y le encantaba manejar a gran velocidad. Su matrimonio entró en crisis y vino luego, en julio del 72, el accidente en Chappaquiddick, en el cual se mató Mary Jo Kopechne. En la familia esto se discutió poco, pero en el fondo todos sentían hacia él cierta amargura, porque no creían que podía reemplazar la figura de Robert.
Las diferencias empezaron a notarse. En las reuniones familiares de siempre en el verano, Teddy intentó repetir el ritual, pero pronto se dieron cuenta de que algo había cambiado. Mientras en las épocas anteriores, jóvenes y adultos se mezclaban en igualdad de condiciones, en esta oportunidad Teddy, demasiado preocupado por sus propios problemas, no puso demasiada atención a los jóvenes que venían de un año difícil de desorientación personal y experiencia con las drogas. En palabras de Chris: "los adultos querían ir por ahí solos con sus daiquirís helados y no querían ser molestados". Los chicos se sintieron molestos y se aislaron. Se dedicaron a criticar los cambios en la familia y a comparar los buenos tiempos cuando Robert existía. "Teníamos la sensación de que nadie se preocupaba lo suficiente por nosotros, como para hacernos parte de la familia".
Después de la muerte de Robert, Lem Billings había visto el vacío que ésta había dejado en los niños, pero decidió que, en lugar de intentar extender su atención a todos, se concentraría en Bobby. El viaje a Africa solidificó la relación. Bobby Jr. se alejó más y más de los de su casa. Su único lazo con el mundo adulto de los Kennedy era Lem.
En marzo de 1969, Bobby fue expulsado del colegio y su madre rehusó hacer algo por él. Llamó a Lem y se quejó de que su madre parecía "una avestruz, siempre con la cabeza hundida en la arena". En julio del 70, después de otro difícil año en el colegio, volvió a casa. Evitaba el contacto con su madre, pero encontró compañía en una chica, Kim Kelley, su hermano y otros amigos, entre los cuales estaba Bobby Shriver, hijo de Eunice Kennedy y Sargent Shriver, quien había tratado de andar a la par con los más aventureros de sus primos Kennedy. Uno de los amigos del círculo era Andy Moes, un viejo taxista que les daba vueltas gratis alrededor de la manzana. Un día, sentados en la verja de la casa de Kelley, llego Moes y les dijo que estaba buscando marihuana. Finalmente le ofreció 10 dolares a Bobby Shriver que él aceptó para comprar la yerba. Unos días más tarde, golpearon en la puerta de los Shriver. Ethel había ido a comer con sus hijos. Eran policías, varias patrullas esperaban afuera. La familia fue informada de que Moes era agente secreto de la división antinarcóticos y que los dos Bobbys, Kennedy y Shriver, eran buscados por posesión de Cannabis sativa.
Después de una presentación en la Corte que terminó en un año de prueba, Ethel seguía teniendo problemas con Bobby. Este terminó viajando de un lado a otro e internándose en el mundo de las drogas.
De regreso en Hyannis Port, los hijos de Ethel se vieron aislados. E] mismo proceso lo vivieron los Shriver. Sargent le dijo a su hijo que pensara bien lo que hacía, que sus primos estaban llegando a caminos errados y que él tenía que escoger entre las drogas, problemas con la policía, tal vez cárcel, o una vida normal. Bobby Shriver diría más tarde "Entendí el sentido de las consecuencias, me dí cuenta que debía seguir adelante con mi vida y comprendí que la familia de Bobby Kennedy era peligrosa".
Mientras Bobby Jr. era el dolor de cabeza para Ethel durante los primeros años después de la muerte de Robert, David recibió agua sucia casi por reflejo. El diría más tarde: "Mi madre pensaba que no importaba que yo hubiera o no hubiera hecho algo" Según ella, lo hubiera hecho tarde o temprano y "por eso me anduvo duro desde antes. Lo recuerdo claramente fue cuando en mi vida todo empezó a voltearse en mi contra".

HEROINA: LA PRIMERA VEZ
Su único amigo en la familia era Chris Lawford, aún más huérfano que él, ya que su madre había decidido vivir en París con sus hermanas Sabiendo que Bobby Jr., se había ido al oeste, David y Chris, ambos de 15 años, resolvieron viajar a dedo hasta Nueva York. Se sentían estupendamente bien siendo comunes y corrientes y no Kennedy. Pedían plata en la Estación Central y David contaba que se hacian cerca de 40 dólares la hora Con ellos compraban drogas en Central Park. Una dosis de heroina costaba dos dólares; fue entonces cuando la ensayaron por primera vez Invitaron amigos y gente de toda clase al apartamento de Pat Lawford en la Quinta Avenida. Pronto se hicieron famosas las fiestas alli, se llenaban de hippies, negros y gente de la calle. Cuando los vecinos intentaba llamar a la Policía, David y Chris las arreglaban para sacar a la gente del apartamento.
Cuando volvieron a su casa, Ethel no parecía darse cuenta siquiera de que se hubieran ido. David, que había sido el que lo había intentado todo en la familia, ahora había experimentado con las drogas. Hizo fama en el colegio, porque se fumaba religiosamente todas las mañanas un "cacho" de marihuana con su taza de café y porque "metía" ácido por lo menos una vez a la semana. Imitando a Bobby Jr., él y Chris se dejaron crecer el pelo y se convirtieron en miembros de la facción hippie rebelde del colegio, mezclándose con frecuencia en peleas callejeras.
En 1971, Bobby fue expulsado del tercer colegio en cuatro años. Pero Lem intervino y lo matriculó en un colegio en Watertown, Massachysetts. Allí se convirtió en una especie de lider sobre los otros miembros de la familia, principalmente David y Chris. En 1972, Bobby le vendió a David una libra de marihuana, que llevó a Middlesex -el lugar donde estudiaba- y escondió en una maleta. Se la robaron. Bobby apareció en el colegio, y les dijo a los estudiantes que era un traficante de drogas y que quería "tostar" a quien hubiera estafado a su cliente. Acorraló al ladrón y éste quedó tan aterrorizado que lo denunció a las autoridades del colegio. Cuando le preguntaron a David quién era el proveedor, dijo que no lo conocía, pero alguien identificó por un retrato en el TIME a Bobby, y David fue suspendido. Poco tiempo después fue aceptado nuevamente en Middlesex. Sabía que era su última oportunidad. Pero la vida y el colegio mismo se le hicieron dificiles.

EL FONDO DEL ABISMO
Cada verano, Ethel intentaba mantener a David ocupado y le organizaba viajes fuera de su casa. Durante uno de ellos, lo mandó a un rancho en Colorado. Antes de viajar, David habló con Pam Kelley, la hermana menor de Kim, una joven que había estado envuelta emocionalmente con Bobby. Ella le dijo que tenía problemas con sus padres y le preguntó si podia ir con él y una amiga. David dijo que si y del viaje resultó un romance con la chica. Después de varias semanas resolvieron regresar. Se instalaron a escondidas en una casa de muñecas que el abuelo Joseph había construido en el jardín, Pam dijo entonces que tenía miedo de Ethel:"siempre estaba histérica aún cuando no estaba furiosa. Pensé que si me cogía, me colgaba".
Días después fueron invitados por Joe a una casa que tenía arrendada en Nantucket. Una mañana resolvieron ir a nadar. Joe se puso al timón del jeep de un amigo. Empezaron a hacer locuras y no pudieron evitar un accidente que tuvo trágicos resultados: Joe tuvo que presentarse ante la Corte y le fue retirada su licencia de conducción; David se fracturó la espalda y Pam quedó paralítica. Ethel portó como un ángel en esa oportunidad. Pero cuando David se enteró del estado en que había quedado Pam reaccionó en forma violenta e insulto a su madre, acusándola de prostituta ante la actitud impasible de su familia que no le dijo nada.
Después de que David salió del hospital, las drogas le siguieron señalando la ruta. Para colmo de males, como tratamiento para aliviarle el dolor en el hospital, había recibido considerables dosis de morfina, lo cual no hizo más que ponerlo en contacto con drogas cada vez más peligrosas. Entre éstas estaba la heroína, la droga que había ensayado por primera vez con Chris en Nueva York. Usó droga durante el otoño del 73, aunque decía que podía dejarla o tomarla cuando quisiera. Luego decidió ir a Nashville, en donde le habían ofrecido un puesto como reportero en The Nashville Tennessean. Un viejo amigo le mostró fotos con su padre. Las miraba como si fuera un extraño y hacía preguntas sin ocultar un tremendo deseo de saber cómo había sido realmente.

Tiempo después, se unió a un grupo encabezado por su hermano Bobby y Lem Billings. Increíble como pudiera parecer, el padre adoptivo de antes, pasó a ser compañero de experiencias a tal punto que el amigo de John Kennedy, a los 60 años, se volvió drogadicto. Todos viajaron al Apurimac, donde tuvieron que superar una serie de dificultades.
En el otoño de 1974, había logrado ser admitido en Harvard. Allí colaboró con el Boston Globe. Sus amigos le detectaron profundos problemas psicológicos. Estos se hacían evidentes especialmente cuando iba a su casa, en donde se aislaba, recordándoles a todos su pena y desorientación. En 1976 unos amigos lo encontraron un día prácticamente en estado de coma. Después de seis semanas en el hospital, con el diagnóstico de una inflamación de los tejidos del corazón por el uso de jeringas infectadas, David se hundió más y más en un mundo de pesadilla. Se salió de la universidad y se dedicó a la heroína. En una oportunidad, durante una transacción que realizaba en un baño con un traficante negro, fue apuñalado en el estómago. Una vez curado, se quejaba de que la cicatriz no se le notaba mucho: "Estaba haciéndome a imagen y semejanza de James Caan en "El Jugador". Ví la película muchas veces, me encantaba la última escena, donde Caan había llevado tan lejos las cosas que un tipo negro le cortó la cara y luego él corría hacia el espejo y miraba la herida y se reía".
Después de su ataque de endocarditis, la familia le consiguió un psiquiatra. Consciente de la adicción compulsiva asociada con la heroína, le prescribió Percodan, para alejarlo de los lugares peligrosos. La reacción de David fue consumir más y más droga. En abril del 78 casi muere de una sobredosis de cocaína y Dilaudid. Durante su recuperación, un grupo de amigos quiso persuadirlo de que ensayara un tratamiento para curarse de la drogadicción. Estuvo en un lugar de tratamiento y luego fue enviado a Sussex, Inglaterra, para someterlo a una terapia neuroeléctrica. Aunque su familia quiso que permaneciera en Inglaterra, regresó a los dos meses.
En el otoño de 1978, él y su hermano Bobby conocieron a la starlet Rachel Ward. David tuvo con ella el primer romance serio, desde el accidente de Pam. Se puso intensamente celoso una noche cuando fue a recogerla y encontró que Philip Junot, recientemente casado con la Princesa Carolina, estaba en su apartamento. Los tres fueron a la discoteca Xenon. Cuando se sentaron y David vio que Junot le echaba el brazo a Rachel, lo golpeó. Junot, que había sido entrenado en artes marciales, saltó y tuvieron una pelea que terminó con David en el piso, sangrando por la nariz.
"Rachel quiso conseguir un apartamento para que viviéramos juntos. Pero yo sabía que yo estaba muy mal. Ella no tenía idea en lo que estaba yo. No sé qué pensaba de todas esas pequeñas marcas en los brazos que se me veían cuando estaba desnudo. Pienso que creía que era Una especie de brote raro de los Kennedy. Nunca hablamos de eso. Suplía mi dosis de heroína -cinco veces la dosis letal para cualquiera que no estuviera acostumbrado a su uso- con 40 Percodanes diarios. Iba a Boston y conseguía del psiquiatra cinco prescripciones de 40 percodanes cada una. Luego iba a las droguerías para comprar los frascos y regresaba a Nueva York esa tarde con 200 pildoras. Era el ritual una vez a la semana".
Un día la temperatura empezó a subirle. Tenía nuevamente endocarditis. Llamó al médico para que lo internara en el hospital, pero antes de viajar a Boston resolvió ir a Harlem en busca de droga. Era un cliente regular y lo conocían en algunos sectores. Había dicho que se llamaba James (por Caan en "El jugador") y como había varios negros con el mismo nombre le decían Jaime el blanco. Esta vez tuvo problémas, fue golpeado y una mujer negra que presenció la escena llamó a la Policía. Fue arrestado y al día siguiente la noticia salió en todos los periódicos.
David fue puesto después en tratamiento en un centro de rehabilitación en Sacramento, dentro de un programa llamado Aquarian Effort.
El miércoles 25, a las 11:32 de la mañana, David Kennedy fue encontrado muerto en el Hotel Brazilian Court, de Palm Beach. Estaba tirado en el piso, entre dos camas, cuando entró a la habitación una de las empleadas del hotel.
Se había registrado una semana antes con un nombre falso -David Kilroy- y había tomado una suite de $ 250 dólares diarios.
Según testimonio de los empleados del hotel, los últimos días de su vida los había pasado sumido en una especie de letargo alcohólico. Diariamente se lo veía entrar en el bar del hotel hacia las 8 de la mañana, y allí pedía vodka con jugo de toronja. Según relató un barman, un día estuvo tomando, sin interrupción hasta la medianoche.
El día de su muerte, el médico terminó de hacer la autopsia a las 6:30 de la tarde y, según el informe que firmó, "no fue hallada ninguna causa anatómica para la muerte". Los médicos descartaron la posibilidad de suicidio, aduciendo que el "perfil psicológico" del joven Kennedy no mostraba tendencias en ese sentido.
David Kennedy, nieto de Joseph Kennedy, uno de los hombres más ricos de los Estados Unidos, sobrino de John Kennedy e hijo de Robert, había muerto a los 28 años, consumido lentamente por una década de abusos de droga.

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