08 enero 1990

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LA ESPERANZA TRUNCA

LUIS CARLOS GALAN


En 1982 no parecía ser más que un afiche, un dibujo en plumilla de un hombre de pelo alborotado, camiseta roja y actitud rebelde. En su hoja de vida, sin embargo, ya había serios indicios de hasta dónde podía llegar: editorialista de El Tiempo a los 22 años, ministro de Educación a los 27, em
bajador en Roma a los 28, senador por las listas lleristas de Santander a los 35. Pero, además, con la creación en 1980 de un movimiento político propio, el Nuevo Liberalismo, que puso 28 mil votos en su primera medición en las urnas y dos escaños en el Concejo de Bogotá, uno de ellos en cabeza suya, Luis Carlos Galán dio su primera sorpresa política.

Nacido en 1943 en una familia santandereana de pura cepa, creció y se educó en Bogotá. Incubó su pasión por la política desde la infancia, cuando gritaba "Que llueva, que llueva, que Laureano está en la cueva". Pero la fue tamizando y moderando con el paso del tiempo, a través de su trabajo en el periodismo y del contacto con tres ex presidentes de la República que fueron definitivos en su vertiginosa y corta carrera política: Carlos Lleras, Eduardo Santos y Misael Pastrana .

Sin embargo, no todo fue golpes de suerte y buena estrella en la vida pública de Galán. Un extraordinario carisma, inteligencia y tenacidad, más un incuestionable don de liderazgo, le aportaron un perfil político excepcionalmente completo. De ahi que su candidatura presidencial de 1982, aunque suicida en términos electorales, lo proyectara como figura nacional y lo convirtiera en el símbolo del rechazo a los vicios de la política tradicional y de la esperanza de una modernización del país.

Fue entonces cuando Galán pasó a las "grandes ligas" y su movimiento llegó a la mayoría de edad. Los 750 mil votos que puso en las urnas lo convirtieron en la disidencia más seria que ha tenido el bipartidismo desde que Alfonso López Michelsen encabezara el MRL o el general Gustavo Rojas Pinilla diera vuelo a la Anapo. Pero su reto al clientelismo derivado del Frente Nacional siempre enfrentó la cruda realidad de los obstáculos para hacer política sin ese poderoso ingrediente. Por eso su fuerza en las urnas se fue deteriorando, pese a que las encuestas invariablemente le auguraban la posibilidad del triúnfo. Sin duda alguna ha sido el politico más popular desde Gaitán.

Espartano en sus costumbres, analítico hasta niveles desesperantes y en muchas ocasiones monotemático, quebró su filosofía de buscar siempre el justo medio aristotélico en un solo tema: el narcotráfico.

Aun cuando su cruzada le dio firmeza a sus aspiraciones presidenciales del 82, en 1986 sufrió un descalabro que significó una reducción del 50% de su votación anterior, y en 1988 la pérdida de la Alcaldía de Bogotá por parte del candidato a quien, junto con Ernesto Samper, apoyaba Galán. A pesar de todo, su prestigio no sufrió mella alguna.
Pero su movimiento politico se diluyó como fuerza, tal vez más por problemas de mecánica electoral que de respaldo popular. De ahi que, dadas las circunstancias, diseñara una estrategia que le permitiera liquidar los restos del Nuevo Liberalismo y entrar de nuevo al Partido Liberal.
La fórmula, la consulta popular, que defendió hasta en el día en que fue asesinado en agosto de este año, le permitió regresar a su partido por la puerta grande. Así fue como la oveja negra regresó al redil, como volvió a casa el hijo pródigo.

Pero su paso de la disidencia al oficialismo no estuvo exento de contradicciones y de incongruencias. Y no se salvó de los implacables puristas que lo acusaron de pasar de crítico del Virgilio Barco candidato a exégeta y defensor del Virgilio Barco presidente, de enemigo acérrimo de Julio César Turbay a la condición de mejor aliado; de defensor del suprapartidismo a defensor del esquema gobierno-oposición.
Pero, sobre todo, de agresor del clientelismo a seductor exitoso de caciques y barones electorales. Sin embargo, nada de esto periudicó su imagen de estadista. El pais con sus problemas y cifras le cabia en la cabeza.

Cerebral, tozudo hasta la terquedad y hasta frio, Galán creia que estaba llamado a cumplir una misión histórica: dirigir y cambiar a Colombia. Por ello, muchas veces pasó por encima de sus deseos personales y de sus intereses familiares. Su mujer, Gloria Pachón, y sus tres hijos asi lo entendieron y lo acompañaron sin reservas hasta el final.

Extraña paradoja: la única vez que realmente podia ganar las elecciones, cuando por fin se iban a hacer realidad los resultados de las encuestas, Galán fue vilmente asesinado. El narcotráfico cumplió uno de sus objetivos: impedirle llegar a la Presidencia de la República. Y el pais perdió mucho con su muerte. Galán no era el hombre para una coyuntura. Era el hombre para una era. Nunca se sabrá cuánto habria evolucionado el pais si Galán hubiera sido Presidente. Pero cuatro meses después de su asesinato es evidente que el país cambió con su muerte.-
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