Lunes, 16 de enero de 2017

| 1999/07/12 00:00

LA ETERNA LUCHA

Estudios prueban que el estrés genera más problemas de salud de lo imaginado.

LA ETERNA LUCHA

El estres no es asunto de poca monta: los médicos lo están relacionando con
enfermedades cardíacas, inmunodeficiencia y pérdida de la memoria. Se ha aprendido que
hombres y mujeres procesan el estrés de modo diferentey que éste, experimentado durante la infancia,
puede conducir a problemas de salud en la edad adulta. Lo peor de todo es que nos lo infligimos a
nosotros mismos. En los albores de la especie fue vital para la supervivencia, pues era una
respuesta innata al peligro; lamentablemente pasó directamente de la prehistoria hasta nuestra época,
en la cual no causa más que problemas. Algunas personas le atribuyen méritos al estrés. Dicen: "El
estrés que no me mata me fortalece". Sin embargo la ciencia ha demostrado que eso es falso: una
nueva línea de investigación ha probado que el estrés no causa solamente problemas cardíacos y
úlcera, sino que también produce pérdidas de memoria y disminuye la función inmunológica y hasta
engorda. El dicho debería entonces rezar: "Estrés que no mata, engorda".Los maestros del zen, por
supuesto, saben estas cosas desde hace mucho tiempo y las técnicas como el yoga son eficaces
remedios contra el estrés. Pero la medicina occidental ortodoxa se ha resistido por mucho tiempo a
creer que una condición puramente mental pueda tener efectos medibles en las arterias y órganos.
"Cuando comencé a estudiar el estrés hace 30 años, me dijeron que estaba poniendo en peligro mi
carrera de médico", dice el doctor Herbert Benson, fundador del Instituto Médico para la Mente y el
Cuerpo en Harvard. Es tan solo en los últimos años que los investigadores han logrado medir el estrés,
basándose en la concentración de determinadas hormonas en la saliva. También han logrado visualizar
la compleja cadena de eventos neurológicos y químicos que conducen de un trancón de tráfico en la
autopista a la sala de cuidados intensivos del hospital. La investigación ha revelado que hombres y
mujeres procesan el estrés de manera diferente y ha recolectado evidencia preocupante acerca de
su influencia en el desarrollo del niño en las primeras semanas de vida. Ha nacido así una disciplina
enteramente nueva, la siconeuroinmunología. Esta, según Bruce Rabin, de la Universidad de
Pittsburgh, ha alcanzado el punto en que se encontraba la investigación sobre el cigarrillo y el
cáncer en los años 60. "Se sabía que había una relación entre ambas cosas gracias a la epidemiología
pero no se conocía el mecanismo. Ahora se tiene suficiente evidencia epidemiológica para establecer la
relación entre estrés y enfermedad. Pero aún estamos tratando de entender cómo operan los
mecanismos".
Un viejo enemigo
El concepto de estrés fue formulado apenas en los años 30 por el pionero endocrinólogo Hans
Selye. La genialidad de Selye fue comprender que todos los organismos muestran una respuesta
biológica común ante una amplia variedad de experiencias sicológicas o sensoriales. Dichas
experiencias generadoras de estrés se conocen como 'estresadores' y consisten en cualquier cosa
que el organismo esté interesado en evitar: un choque eléctrico en el caso del ratón de
laboratorio, un depredador en el caso de la presa y una caída de 500 puntos en el Dow Jones en el
caso de un yuppie. Todos los eventos anteriores son generadores de estrés agudo: toda persona
reconoce la descarga de adrenalina que los anuncia (palpitaciones, sequedad de la boca, mariposas en
el estómago). Los seres humanos están equipados para manejarlo siempre y cuando no ocurra
con demasiada frecuencia. Pero cuando se repite una y otra vez los efectos se multiplican en
cascada y se van acumulando y amplificando durante toda la vida. El estudio clásico que relaciona
estrés con disfunción inmunológica se efectuó en el año 1991 cuando Sheldon Cohen y sus colegas
de la Fundación Carnegie Mellon demostraron que las personas que registraban elevados puntajes
de estrés, percibido vía tests sicológicos, tenían más probabilidades de contraer resfriados cuando se
les exponía intencionalmente al virus. El experimento fue repetido en 1998 y esta vez los resultados
fueron más finos: un solo evento, por estresante que fuera, que se presente aislado en el plazo de
un año, no afecta las probabilidades de contagio de un sujeto. Por el contrario, el estrés crónico,
producido por continuos conflictos con los compañeros de trabajo o los miembros de la familia,
incrementa las probabilidades de enfermar en tres a cinco veces.Por su parte el inmunólogo Ronald
Glasser encontró que, al medir la función inmunológica a través de la respuesta del cuerpo a la vacuna
estándar contra la influenza, se observa que la producción de anticuerpos es reducida por el estrés. En
el experimento se comparó un grupo de personas que tenían que cuidar de un cónyuge con demencia
con un grupo de control conformado por individuos de la misma edad que no estaban expuestos a un
estrés tan prolongado y constante. "El cuerpo humano no ha sido diseñado para enfrentar el estrés
crónico y prolongado. No estamos equipados para arrastrar con nosotros malos recuerdos, ansiedades
y frustraciones", dice la doctora Pamela Peeke, de la Universidad de Maryland.Mecanismo de
defensaOtros estudios han relacionado el estrés constante y los problemas cardíacos. Sin embargo la
reacción de estrés tiene propósitos defensivos. Es, esencialmente, una respuesta ante el peligro que
se presenta en dos fases. La primera de ellas involucra el eje SAM (simpático-adrenalino-medular) y
consiste en la descarga que incita a la huida o a la lucha. Tan pronto el cerebro percibe un peligro (un
león al acecho, por ejemplo) envía un mensaje a través de la espina dorsal a las glándulas
productoras de adrenalina. En cosa de segundos el cuerpo se transforma, alistándose para una
reacción drástica: el ritmo cardíaco y la presión sanguínea se disparan; el hígado inunda el organismo
de glucosa y comienza a procesar reservas para obtener triglicéridos que brinden energía adicional.
El sistema circulatorio suspende las funciones no esenciales, como la digestión, para dedicar la
sangre excedente al trabajo del cerebro y los músculos. Todo eso es exactamente lo que se
requiere cuando la vida está en juego durante los siguientes 10 minutos.La civilización, por otra
parte, le genera una descarga de adrenalina cada vez que se encuentra un semáforo en rojo y como
usted se mantiene sentado en su carro todo el tiempo, las complejas preparaciones de su cuerpo se
desperdician. Peor aún, cada latido del corazón que ocurre con elevada presión en la sangre maltrata
las arterias. El exceso de grasas y de glucosa no son metabolizados de inmediato y, por consiguiente,
permanecen en la sangre. Las grasas contribuyen a formar placas sobre la pared interna de las
venas. Dichas placas son factores potenciales de enfermedad o ataques, en tanto que los elevados
niveles de glucosa constituyen un paso en dirección a la diabetes. "Si su cuerpo se moviliza debido a
un factor sicológico de estrés, por definición su reacción defensiva se torna más dañina aún que el
peligro imaginario que la ha motivado", dice Robert Sapolsky, de Stanford.La segunda fase de la
reacción de estrés aparece 10 minutos más tarde. Ocurre sobre el eje HPA
(hipotalámico-pituitario-adrenocortical) y está especialmente asociada con el estrés emocional e
intelectual. Un ejemplo: se les pregunta a unos sujetos el nombre del color de la tinta en que está
escrito el nombre de un color diferente (la palabra 'rojo' escrita en color azul). En esas circunstancias el
hipotálamo, ubicado en la mitad de la base del cerebro, le ordena a la pituitaria que produzca una
sustancia llamada ACTH, la cual promueve la producción de un grupo de Hormonas denominado
glucocorticoides: cortisona, cortisol y corticosterona.
La acción de estas tres hormonas es compleja porque las hormonas casi siempre combinan efectos
positivos y negativos. Los glucocorticoides estimulan el hipocampo, que es una parte vital en el
aprendizaje y la memoria. Pero un exceso de las mismas es tóxico para el hipocampo. Las personas
con niveles elevados de glucocorticoides tienden a sufrir problemas de memoria y de cognición. Con
frecuencia sus hipocampos aparecen deprimidos en una escanografía. Los glucocorticoides
también suprimen parte del sistema inmune. Los investigadores no entienden todavía por qué el
sistema inmunológico es suprimido en períodos de estrés cuando lo contrario parecería ser más
lógico. Pero los efectos negativos están claros: el estrés crónico lo deja a uno más vulnerable a las
infecciones.Lo más sorprendente es que el estrés puede cambiarle a una persona la forma del cuerpo.
Puesto que la reacción de estrés implica movilización de las reservas energéticas del cuerpo
(grasas), parece lógico almacenar dichas grasas cerca del hígado para que las procese y puedan ser
metabolizadas por los músculos. Las personas con altas concentraciones de glucocorticoides
tienen tendencia a acumular grasas y formar barriga aunque el resto de su cuerpo siga estando flaco.
Los investigadores piensan que la relación de las circunferencias de pecho y cintura pueden ser una
manera de identificar personas con riesgo de enfermedad relacionada con estrés. No todo el mundo
contrae estas enfermedades como consecuencia del estrés. Unas personas contraen algunas, otras
ninguna. Hay quienes son muy sensibles al estrés y otros relativamente indiferentes. En 1995, 20
hombres fueron sometidos a cinco días de ejercicios de aritmética realizados en público ante un
auditorio. Todos comenzaron en la misma base medida en términos de concentración de cortisol en la
saliva. Un primer grupo de los hombres vio cuadruplicar su concentración de cortisol desde el
primer día, en tanto que un segundo grupo la duplicó. Los miembros del primer grupo se percibían
como menos atractivos que otros, tenían menor autoestima y se deprimían con más frecuencia,
según los investigadores. Como era de esperarse, también reportaban mayor cantidad de problemas
de salud.Estres para todosLas diferencias en el estrés también son notables entre hombres y mujeres.
La presión sanguínea de las mujeres sube menos que la de los hombres como consecuencia del
estrés (parece ser que el estrógeno amortigua estos efectos). Pero a la vez las mujeres reaccionan
a una gama más amplia de estímulos estresantes. Un estudio de 166 parejas hecho por la
Universidad de Harvard mostró que las mujeres experimentan estrés con mayor frecuencia porque
tienen una visión más globalizante de la vida. Mientras que un hombre se estresa porque alguien de su
familia cercana está enfermo, una mujer tiende a llevar sobre sus hombros las cargas de todo el
vecindario. Aparte del género, las experiencias de la infancia temprana parecen tener una importante
influencia acerca de la manera en que las personas manejan el estrés en su etapa madura. Los niños
criados en orfanatos o en hogares negligentes pueden tener elevados niveles de glucocorticoides y
respuestas fuertes ante el estrés en su vida adulta. Frank Treiber, del Colegio Médico de Georgia,
declara que "si usted viene de una familia más bien caótica, inestable, mal cohesionada, en la cual se
manejan rencillas, tendrá tendencia a mayor reactividad en la tensión arterial frente a numerosas
variedades de estrés". Hasta la edad de ocho años los cerebros de los niños están aún en pleno
desarrollo y responden mucho ante el medio ambiente. El estado normal de un niño puede ser el de
manejo de grandes cantidades de adrenalina. Cuando este tipo de niños llega a la etapa adulta se
siente vacío o aburrido si no se encuentra presionado. Por el contrario, los niños criados en
hogares muy apacibles, seguros y llenos de afecto tienden a modular las reacciones de estrés. Todos
los varoncitos recién nacidos muestran una descarga de cortisol en el momento de la circuncisión,
pero desde los tres meses los niños cuidados adecuadamente pueden afrontar situaciones
incómodas sin generar respuestas estresantes. Puede que lloren durante el examen médico pero sus
niveles de corticoides no subirán apreciablemente. Los niños que tienen relaciones estables y sólidas
construyen defensas contra el estrés.Numerosos expertos consideran que el estrés infantil está en
ascenso. Entre ellos varios pediatras argumentan que un porcentaje creciente de sus pacientes les
está siendo llevado por los padres por síntomas que no son de origen médico sino consecuencia de
estrés. Con frecuencia los padres se equivocan acerca de las causas del estrés de sus hijos. Piensan
que los niños se preocupan sobre todo por las amistades y la popularidad cuando en realidad los
inquietan los adultos. La principal prevención se refiere a si los padres se enojarán o si se enfermarán
o si se divorciarán. Lo otro que sorprende es que permanentemente los pequeños tienen
preocupaciones de orden global: guerras, problemas del medio ambiente, criminalidad, es decir, el
mismo tipo de cosas que aterra a los adultos.Finalmente está la pregunta que ningún investigador se
atreve a responder: ¿Es el estrés un problema creciente e inevitable de la vida moderna? En
muchos sentidos significativos la vida era mucho más estresante hace 200 años cuando una fuerte
proporción de niños fallecía antes de llegar a la edad adulta. Pero también es cierto que la vida era
más simple entonces. La ansiedad no era parte del núcleo de nuestros sentimientos. La gente sabía
cuál era su lugar en la sociedad y vivía con el apoyo de la familia extendida, de la tribu y de la
comunidad. Lo único cierto es que en ese entonces, como ahora, las personas nacían preparadas
por millones de años de evolución para enfrentar problemas que ya no existen más en sus vidas. El
reto no consiste en eliminar las amenazas mismas sino en manejar apropiadamente nuestras muy
humanas respuestas ante ellas.
El estrés produce pérdidas de memoria y hasta engordaHombres y mujeres viven de diferente manera el
estrésCómo manejar el estrésEl estrés puede ser mortal pero eso no significa que todos estén
condenados. Según David Spiegel, siquiatra de Stanford, "vivir una vida sin estrés no es un objetivo
razonable. El objetivo es manejarlo activa y eficazmente". Aunque eso es más fácil para unos que
para otros los estudios sugieren que todos pueden aprender a lidiar con este problema.Una
posibilidad es emular a las personas que son por naturaleza resistentes al estrés. Algunos capotean
las más devastadoras situaciones con una serenidad asombrosa. Al estudiarlos, los investigadores
han encontrado que tienden a concentrarse en temas inmediatos (el confort de un niño que se muere)
más que en temas globales (el prospecto de la muerte). Y ellos encuentran la manera de racionalizar
la situación interpretando su tragedia como una misión especial de Dios. En su libro Por qué a las
cebras no les dan úlceras, Robert Sapolsky, investigador de Stanford, anota: "Si usted puede ver el
cáncer, el holocausto o la limpieza étnica... en el contexto de un plan de amor, eso se constituye en la
más grande fuente de apoyo imaginable".Los resistentes al estrés también tienden a compartir lo que
expertos llaman optimismo 'explicativo'. Según el sicólogo Martin Seligman, de la Universidad de
Pennsylvania, ellos asumen los problemas como temporales ("Estoy cansado hoy") más que de
forma permanente ("estoy acabado") y específico ("tengo un mal hábito") más que universal ("soy
una persona mala"). Adicionalmente se dan crédito a sí mismos cuando las cosas salen bien,
mientras que exteriorizan sus fracasos ("esa era una audiencia difícil" dicen y no "di un pésimo
discurso").Los especialistas han gastado dos décadas enseñando a la gente a manejar el estrés a
través de meditación y otros ejercicios de relajación. En la Universidad de Massachusetts los
participantes del programa de estrés del Center for Mindfulness in Medicine se concentran en la
respiración para aplacar las incursiones de la mente en el pasado y el futuro. Luego se recuestan y
escanean sus cuerpos, relajando músculo por músculo. Los estudios sugieren que este tipo de
ejercicio puede detener el flujo de las hormonas de estrés, lo que ayuda a bajar tanto el ritmo cardíaco
como la presión arterial.
El masaje es otro antídoto probado contra el estrés. Durante 23 años la sicóloga Tiffany Field, del
Instituto de Investigación del Tacto de la Universidad de Miami, ha publicado estudios que sugieren
que el masaje promueve el aumento de peso en niños prematuros, ayuda la función pulmonar en
asmáticos y mejora la respuesta inmune en hombres con VIH. La gente saludable también se
beneficia. En un estudio de 1996 los trabajadores médicos que tenían 10 masajes dos veces a la
semana superaron a quienes no los habían tenido en pruebas de matemáticas.El ejercicio también
puede ser una buena medicina. Los investigadores han encontrado que después de media hora en
una banda trotadora unos jóvenes marcaron 25 por ciento más bajo en pruebas de ansiedad y
exhibieron cambios favorables en la actividad cerebral. El ejercicio parece mejorar el suministro de
oxígeno al cerebro y quitar la tensión de los músculos.Hay muchas otras opciones, desde el yoga
hasta la terapia musical y ninguna excluye a las otras. Pero lo más importante es encontrar la manera
de desahogar los sentimientos. Los estudios sugieren que los grupos de apoyo pueden prolongar la
vida de las personas con cáncer de seno o de piel. Y los investigadores hallaron recientemente
que la gente con asma y artritis reumatoidea podría aliviar sus síntomas al escribir acerca de los
eventos más estresantes de su vida. Sin duda estas estrategias combaten los sentimientos de
desesperanza. Y al parecer cualquier cosa que albergue un sentimiento de control le ayuda a la
persona a dejar de sentirse como víctima. Y cuando esto sucede su cuerpo deja de tratarlo de la
misma manera.

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