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| 8/4/2012 12:00:00 AM

La fiebre de los olímpicos

Los Juegos Olímpicos tienen paralizado a un mundo que logra olvidarse de la crisis por unos pocos días. Colombia hace historia.

El mundo está hipnotizado por el esplendor de los Juegos Olímpicos. La crisis europea, la elecciones en Estados Unidos y Venezuela o el conflicto en Siria pasaron a un segundo plano frente a las discusiones sobre natación, halterofilia, atletismo o clavados sincronizados. Los personajes del momento ya no son Angela Merkel, Hugo Chávez o Barack Obama: ahora la gente quiere saber todo sobre Michael Phelps, Shiwen Ye o Usain Bolt.

Colombia no ha sido la excepción. Las oficinas se paralizan todos los días a la hora de las competencias, en las reuniones solo se habla de récords y los televidentes han dejado de lado las telenovelas para ver horas enteras de transmisiones olímpicas. En medio de una situación política y de orden público tan tensas, los colombianos han encontrado un escape perfecto en las hazañas deportivas. Desde el día de la inauguración, se abrió un paréntesis necesario para el país, después de momentos tan amargos como la reforma a la Justicia y el conflicto indígena en Cauca. Además, las medallas obtenidas por los deportistas colombianos -y las que vendrán en las próximas jornadas- han sido un motivo de orgullo general.

Es evidente que, además de emocionantes, estos Juegos Olímpicos han sido especialmente interesantes. En Londres se dieron cita los mejores deportistas del planeta (menos los futbolistas, quienes no pueden participar por restricciones). Pero los juegos no solo han tenido muchos héroes carismáticos y varias actuaciones memorables, sino que han sido una muestra de cómo el mundo está cambiando en materia de comunicación, tecnología e, incluso, jerarquía. Por primera vez las competencias se pueden ver en simultánea, las 24 horas del día y desde diferentes plataformas. Los espectadores pueden seguir los Olímpicos en 3D, en alta definición o desde su teléfono. Las redes sociales son protagonistas y la información está presente todo el tiempo y en cualquier momento.

También han sido una prueba de cómo el orden mundial se está subvirtiendo. Los deportistas europeos y estadounidenses, que antes dominaban sin muchos problemas, han tenido que competir con países emergentes. China como lo mostró en Beijing (2008) ha ratificado, desde luego, que es la nueva potencia indiscutible. El día de la inauguración, su enorme delegación se esparcía por la pista olímpica como una amenazante mancha roja -por el color de su uniforme, no por otra cosa- que envolvía poco a poco a sus competidores. Su actitud dejaba claro que no estaban ahí para divertirse: los chinos llegaron a demostrar su lugar, como la nadadora Shiwen Ye que dijo tras sus impresionantes registros en natación: "Yo vine a ganar, no a competir". Y, a medida que han pasado los días y ganado medallas, lo confirman. Así mismo, los otros tigres asiáticos -como Corea del Sur- han dado mucho de qué hablar.

Los latinoamericanos han tenido una actuación muy decorosa. Históricamente, la región había obtenido un 2 por ciento de la medallería total, pero, tal parece por la actuación de Brasil, Venezuela, Colombia y México, que en Londres se romperán todos los récords.

No cabe duda de que los 4.800 millones de espectadores en más de 200 países necesitaban esta pausa deportiva frente a la dura realidad cotidiana.
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