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| 3/27/1995 12:00:00 AM

LA GORDURA: ¿UN MAL QUE NO TIENE CURA?

Malas noticias: todo parece indicar que, para la gran mayoría de los seguidores de dietas, la guerra contra el exceso de peso está perdida.

QUIEN LEA ESTE ARTICULO ES PORQUE ALguna vez en su vida ha hecho dieta. Y, lo más seguro es que hoy pese unos kilos más que en aquel lejano día en que empezó su batalla contra el exceso de peso. Eso lo saben no sólo los dolientes de la grasa sino los expertos en sobrepeso. Y así como cada día aparece una nueva dieta, también quedan en el campo de batalla miles de gordos que sueñan con tener una figura ideal que ni la naturaleza ni los avances médicos han podido otorgarles.
Ellos viven ensayando dietas, contando calorías, comprando alimentos light, consumiendo lechugas y tomates, sufriendo cada vez que claudican y dándose ánimos cada vez que el fiel de la balanza desciende unos gramos. Pero a la hora de la verdad todo ese esfuerzo y esa vida de privaciones no cuenta. Esa es quizás la única empresa en la que, por desgracia, es más lo que se gana que lo que se pierde. Sin embargo cada primero de enero, cada cumpleaños, cada lunes se arman de valor para seguir intentándolo.

UNO DE CADA CUATRO COLOMBIANOS HA HECHO DIETA
Una encuesta realizada por Gallup Colombia para SEMANA encontró que uno de cada cuatro colombianos se ha sometido alguna vez en su vida a una dieta para rebajar de peso y que las mujeres duplican a los hombres en este propósito (ver recuadro). Pero los resultados no son muy alentadores: dos de cada tres personas que hacen dieta no logran bajar de peso y una de cada tres personas está más gorda hoy que el primer día que empezó a hacer dieta.
La encuesta -realizada la semana anterior a través de entrevista telefónica en las ciudades de Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla- consultó a 400 personas, hombres y mujeres mayores de 18 años, y el desalentador balance es que dos de cada tres personas que se han sometido a una dieta hoy pesan lo mismo o más que el día que decidieron bajar de peso. Como quien dice, para la mayoría de la gente las dietas son un elemento más de frustración.

EN BUSCA DEL PESO PERDIDO
La pregunta de todos aquellos que se han sometido a un régimen es: ¿por qué cuando dejo la dieta gano el peso que he perdido? Y, la respuesta de los especialistas -endocrinólogos o dietistas- es siempre la misma: hacer dieta no garantiza lograr una figura delgada. Los regímenes pasajeros a lo único que conducen es a que se caiga en lo que se conoce como el fenómeno del yo-yo. "Esto hace que se desarrolle cierta avidez del organismo por acumular grasa después de que ha tenido un período de privación", dice el endocrinólogo Efraín Otero. El organismo humano reacciona contra los períodos de escasez alimenticia de la misma forma hoy que hace miles de años. A su cuerpo no le interesa si usted está a dieta o que la tribu esté viviendo una etapa de hambruna. Cuando usted vuelve a comer su organismo registra que hay épocas de vacas flacas y lo que hace es aprovechar la época de las vacas gordas para almacenar toda la grasa que le sea posible y así poder sobrevivir cuando venga otra crisis.
En otras palabras, cuando usted baja drásticamente el consumo de calorías su cuerpo reacciona reservando más que antes para poder conservar energía. ¿El resultado? Usted termina más gordo que antes. Esta es la razón por la cual el 95 por ciento de las dietas fallan. Lo que sucede es que bajar de peso tiene mucho más de biología que de voluntad. Y la herencia, el sexo y la edad son, según los expertos, los principales saboteadores de las dietas.

Lo QUE SE HEREDA, NO SE ADELGAZA
Si su apodo en el colegio era 'el gordo' o 'la gorda' y si sus padres y parientes están clasificados entre los 'pesos pesados', usted pertenece al grupo de los gordos genéticos. Cerca del 10 por ciento de los obesos -aquellos que están un 20 por ciento por encima del peso ideal- deben culpar a la herencia por su talla. "Los hijos de padres obesos tienen el 85 por ciento de probabilidades de serlo también. Esto ha sido demostrado en numerosos estudios con gemelos idénticos que han sido adoptados. Aunque han crecido en hogares diferentes y tenido hábitos alimenticios distintos, de todas maneras son obesos", explica el doctor Otero. Hace poco los científicos descubrieron el gen culpable de que algunas personas, hagan las dietas que hagan, estén destinadas a ser obesas. Se trata de una mutación genética que interfiere la comunicación entre el metabolismo y el centro de control del apetito en el cerebro, lo cual hace que coman más de la cuenta sin sentirse nunca satisfechos.
Claro que además de los genes también se 'heredan' los hábitos alimenticios. Esos bebés rozagantes que son sobrealimentados por sus madres tienen marcado el destino: "Están creando un número de células grasas en tamaño y cantidad que les va a llevar a tener una gran capacidad de almacenar grasa", explica el endocrinólogo Antonio Ucrós. De manera que una persona que tiene propensión genética a la gordura debe, desde la infancia, tener una dieta balanceada. Pero no con la esperanza de pasar de ser 'el gordo' a ser 'el flaco'. Estos pacientes, con un régimen balanceado, lo máximo que lograrán es evitar el doloroso tránsito del sobrepeso a la obesidad.

UN AÑO MAS, UNA LIBRA MAS
La edad es otro factor en contra. Los expertos señalan que a partir de los 30 años una persona aumenta una libra cada año. A partir de los 27 o 28 años la rata de metabolismo desciende en un 3 por ciento cada cinco años. Esto significa que se gana peso más fácilmente y se pierde con menos facilidad. Es decir, que en los 30 usted puede ganar peso consumiendo la misma cantidad de alimentos con los que se mantenía en su peso ideal a los 20... y así sucesivamente. "Los cambios hormonales y el decrecimiento de la actividad hacen que se pierda masa muscular magra y se gane grasa", dice la dietista Lía Patricia Orozco.
Hablando en términos de calorías las cosas son de este orden: si a los 27 años se consumían 1.800 calorías al día y se siguen consumiendo a los 47 años (cuando sólo necesita 1.700) le sobran cerca de 100 calorías diarias. En un mes representarán una libra más de grasa en su cuerpo. iY en un año 12 libras de flaccidez!
Además hay que tener en cuenta que el mito de que las calorías más dañinas son las provenientes de la grasa ha sido derribado. Una caloría es una caloría, no importa de donde provenga. Así que la solución no es -como comúnmente se cree- eliminar las grasas de la dieta. Eso ayuda, pero no da licencia para consumir exceso de carbohidratos. Tomar 3.000 calorías aumenta una libra, sin importar si las consume en siete hamburguesas o en 500 tallos de apio.
Aunque esto cuenta tanto para los hombres como para las mujeres, la verdad es que en materia de peso la biología no le juega limpio al sexo femenino. Para ellas, no sólo es más fácil ganar peso sino que también es mucho más difícil perderlo. -


NO HAY IGUALDAD DE SEXOS
En materia de peso no existe la igualdad de sexos. Biológicamente el cuerpo de la mujer está diseñado para almacenar grasa y el del hombre para quemarla. Y todo es culpa de las hormonas. "El cuerpo de la mujer está hecho para la maternidad, y eso hace que almacene más grasa. A eso contribuyen también los altos níveles de estrógenos durante el embarazo", explica el doctor Efraín Otero. En promedio, la mujer gana cinco kilos por cada hijo.
Y justo cuando la mujer está pasando la etapa de la maternidad llega a la edad en que el metabolismo se hace más lento. Y aun los esfuerzos para romper ese círculo vicioso pueden empeorar el problema. Por ejemplo, algunos estudios muestran que ciertas dietas muy bajas en calorías pueden disminuir el ritmo metabólico de manera permanente.
Además, hombres y mujeres ganan peso en forma diferente. En las mujeres la grasa tiende a acumularse en las cadenas y los muslos, dándoles la forma de pera; mientras que en los hombres los kilos se instalan en el estómago, adquiriendo la figura de manzana. Pero este tipo de gordura no es exclusivamente masculina. Los cambios hormonales durante la menopausia tienden a causar que la grasa se suba de las caderas al abdomen.
Por razones que aún son tema de investigación, la gordura de manzana representa más riesgos médicos que la de pera. Los expertos señalan que en la segunda la grasa es subcutánea, es decir, está en la superficie, y aunque la piel se ve fofa no representa un alto riesgo para la salud. En cambio en la de manzana es grasa visceral, el cuerpo se ve más firme pero esta grasa rodea los órganos internos e involucra la presencia de colesterol en el sistema circulatorio.

COMER Y GASTAR ES EMPATAR
Si bien los genes juegan un papel importante, ser gordo puede ser una tendencia pero no una sentencia. La causa más común de la gordura no está relacionada con los genes ni con el género. Se debe simplemente a comer mucho y moverse poco. "El peso está dado por dos factores: lo que uno come y lo que gasta. Cuando eso está equilibrado el peso se mantiene estable. Si se desequilibra y se come más, se engorda;si se come menos de lo que se gasta, se adelgaza. Así de simple", dice el endocrinólogo Antonio Ucrós. Es una cuestión de termodinámica.
Y si un régimen alimenticio balanceado es el secreto para perder peso, el ejercicio es indispensable para mantenerlo. La actividad física no sólo quema calorías y reemplaza la grasa por músculo, sino que incrementa el metabolismo. En esto es bien conocido un estudio realizado por investigadores en tres grupos de obesos. El primero fue sometido a un régimen alimenticio de 1.200 calorías diarias. El segundo tuvo una dieta menos rígida y una rutina diaria de ejercicio. El tercero se dedicó sólo al ejercicio. Los que más peso perdieron fueron los que siguieron la dieta estricta. Los que menos peso perdieron fueron aquellos que solamente hacían ejercicio. Pero luego de dos años los resultados eran opuestos: los que estaban sometidos únicamente a dieta recuperaron todo el peso que habían perdido. Pero aquellos que llevaban un régimen alimenticio y una rutina de ejercicio seguían perdiendo peso gradualmente.
Y en este tema sí hay buenas noticias. Estudios recientes han demostrado que sesiones de 30 minutos de ejercicio, tres veces por semana, son suficiente . "Sin ejercicio no hay dieta que valga" dice el endocrinólogo Efraín Otero, quien lleva cuatro años trotando. "Pero no se trata de jugar tenis una vez por semana, lo importante es quemar cierto número de calorías todos los días".
Lo que sucede es que la vida moderna no exige demasiado esfuerzo. Unos cuantos escalones es todo lo que se necesita para llegar al garaje y caminar del parqueadero al ascensor no es suficiente. Pero no son el automóvil y el ascensor los principales culpables de la obesidad, sino el televisor. Esta actividad, a la cual se le dedican entre 20 y 25 horas a la semana, está relacionada con las más altas tasas de obesidad en los niños y los altos niveles de colesterol en los adultos. Sentarse frente a un televisor es, metabólicamente hablando, un estado similar al dormir. Con el agravante de que durmiendo no se comen papas fritas.

EL PESO IDEAL
Otro factor que influye en el sentimiento de fracaso en el intento de bajar de peso es que la mayoría de las personas que hacen dieta van en busca de un peso irreal. "El peso ideal al terminar la adolescencia es 10 menos de lo que exceden al metro en centímetros" -explica el doctor Otero-. Es decir, que alguien que mida 1.65 debe pesar 55 kilos. Pero si los médicos tienen un peso estándar en relación con la estatura, los cánones de belleza tienen otro. Y cada día la discrepancia entre los dos es mayor. En la última década el promedio de peso de una modelo descendió del 93 por ciento al 86 por ciento. Y eso es algo así como si el ideal de estatura fuera el de un enano. Hoy el ideal de belleza para las mujeres está cinco kilos por debajo de la tabla médica estándar.
Pero el peso es también una cuestión individual, establecida por los genes desde el momento de la concepción y por la disponibilidad de alimento desde el nacimiento. "La naturaleza le adjudica a uno un peso de acuerdo con el sexo, la talla y la actividad física", sostiene el doctor Ucrós. Y ese, como los parientes pobres, es el que siempre nos visita. Esta teoría asegura que el cuerpo tiende a mantener el peso natural. "Y uno debe conformarse con el peso que la naturaleza le ha asignado, no con el que dicte la moda. Sin embargo uno de los problemas más difíciles para un médico es el trabajo sicológico para lograr del paciente ese convencimiento ".
De ahí que no todas las dietas sean para todo el mundo. "El régimen alimenticio es algo más laborioso y personal", señala el doctor Ucrós. Por eso lo que hay que hacer para bajar de peso es seguir el consejo de Mockus: hay que cambiar. Sólo con dieta y ejercicio continuo se puede superar el problema del sobrepeso. "Se debe comer con base en la demanda y no en la oferta", -dice el médico endocrinólogo Pablo Ashner-. "El que hace dieta debe hacer un aprendizaje, debe comer distinto". Y quien no está dispuesto a cambiar costumbres está destinado a fracasar.-

LOS QUE TIRARON LA TOALLA...
FABIOLA POSADA (138 KILOS)
"SOY UNA GORDA FELIZ"
LOS COLOMBIANOS se han familiarizado con el personaje de la gorda Fabiola en Sábados Felices. Y esa misma mujer que hace reír a los televidentes es capaz de reírse de su gordura. Desde el rotundo fracaso con su primera dieta se dio cuenta de que valía más aceptarse tal como era que tratar de bajar todos esos kilos que le sobraban. Ahora ni siquiera está a régimen. Por el contrario, está tratando de reivindicarlos para que la industria los tenga en cuenta a la hora de fabricar sus productos.
Fabiola cuenta porqué dejó de creer en las dietas: "Lo único que conseguí después de mi primer tratamiento para adelgazar es ganar y ganar kilos lentamente. Claro que he hecho dieta por pedido de mis familiares, nunca porque yo quiera. En total he estado bajo 13 tratamientos. El primero fue en un centro de adelgazamiento, después de mi primer embarazo. La dieta me prohibía las harinas, el dulce y debía aplicarme una inyección diaria. Pesaba 90 kilos y logré bajar 14, pero me sentía tan angustiada que el médico me aconsejó dejarla. Entonces empecé a engordar de una manera impresionante. Después me puse a hacer todo lo que recomendaban, como ponerme un ajo en el ombligo, tomar agua de manzanilla al amanecer. Pero le perdí confianza a las dietas porque cada vez que hago una, en el instante en que la dejo, empiezo a ganar mucho más peso. En el único momento en que me provoca adelgazar es cuando voy a la piscina, porque sé que concentro todas las miradas. Cuando me resigné, empecé una campaña para que la gente me aceptara como soy: una gorda feliz".
ROBERTO POSADA GARCIA-PEÑA
(90 KILOS)
"SOY EL VERDADERO ANTIDIETA"
EL COLUMNISTA del diario El Tiempo, Roberto Posada, más conocido como D'Artagnan, se define como un glotón incapaz de ponerse limitaciones. Y asegura que todo lo que ha intentado no le ha hecho perder sino tiempo y dinero. Hoy, más resignado a su condición de gordo, ha decidido inventarse una dieta a su acomodo: comer de todo en el día y en la noche, sólo una sopita. El cuenta lo que ha sido su paso por el mundo de los regímenes para adelgazar: "En una ocasión me puse bandas de gelatina heladas y no resultó. He intentado masaje pero lo único que conseguí fue relajarme y, por tanto, tener más apetito. Resultado: terminé con más grasa. El último tratamiento que intenté fue el de la mesoterapia, que son inyecciones en la barriga con un líquido que quema la grasa, pero ya tiré la toalla. Aunque tuve resultados estéticos porque se disminuyó el volumen del abdomen, no logré bajar de peso.
Me desesperan las limitaciones, las balanzas y estar contando calorías. Yo quisiera hacer dieta pero no las resisto por mucho tiempo porque yo soy glotón. Disfruto no solo comiendo sino con toda la parafernalia que hay alrededor de la comida. Cuando se me va acabando la comida del plato me empiezo a angustiar porque me parece que me serví muy poco. Entonces me vuelvo a servir. Y un principio básico de una dieta es evitar, a toda costa, repetir. Además, me gusta acompañar la comida con vino y eso es, según los expertos, mortal para el peso.
Aunque me gustaría tener por lo menos 10 kilos menos, lo mío es un problema de adicción a la comida. Soy el verdadero antidieta".


LOS QUE GANARON LA BATALLA...
JUAN GOSSAIN (BAJO E 103 A 80 KILOS):
"El secreto? Dieta de por vida"
JUAN GOSSAIN siempre había hecho dietas caseras y se había inventado teorías sobre la comida con el único propósito de evitar lo inevitable: dejar de comer. Obviamente, nunca tuvo buenos resultados. "En 1993, cuando llegué a 103 kilos, decidí que era tiempo de ponerle seriedad al asunto y recurrí a un tratamiento controlado para bajar de peso. Durante un año logré perder, lentamente, 23 kilos. Pero el sacrificio fue grande. Tuve que restringir la cantidad de comida y eliminar las harinas y los azúcares. Pero me volví disciplinado para comer y aprendí buenos hábitos alimenticios. Aunque hoy no estoy bajo régimen, me mantengo en el mismo peso a punta de compensación o lo que él denomina la dieta prepagada: adelgazar previamente los kilos que sé que voy a ganar en vacaciones o en los compromisos sociales.
Un médico que no es especialista en el tema me dijo que mi dieta debía ser controlada y pausada. Las dietas en las que se bajan 20 kilos en un mes son absurdas. La idea básica es la sabia racionalización de la comida, tanto en calidad como en cantidad.
La dieta fue complementada con ejercicio. En ese año logré llegar a 80 kilos. Aunque me sobran cuatro o cinco kilos, que son los más difíciles de bajar, continúo aplicando la teoría de la cometa. Cuando me desbordo en el fin de semana, como solo frutas un par de días para compensar".

ALVARO GARCIA ROMERO
(BAJO DE 193 A 93 KILOS)
"ESTOY VACUNADO COANTRA LA GORDURA"
EL REPRESENTANTE a la Cámara Alvaro García Romero era considerado como uno de los personajes más pesados del país. Alcanzó a pesar 198 kilos. "Hice todo tipo de dietas y tratamientos, unos dirigidos científicamente y otros caseros, pero ninguno me dio resultado principalmente por falta de disciplina. Yo siempre he sido gordo, pero mi problema no era glandular. Era simplemente un problema de comida. Cuando llegué a 198 kilos me sentí incómodo. Entonces me sometí a un tratamiento quirúrgico en Estados Unidos, y comencé a bajar progresivamente de peso, algo que antes no había logrado con ninguna dieta. En un año bajé 100 kilos. El tratamiento no requiere dietas estrictas ni ejercicio".
García Romero explica: "La cirugía consiste en conectar el estómago con la ultima parte de intestino, haciendo un puente en la zona del intestino delgado que más absorbe alimentos. Así mismo se reduce el tamaño del estómago. Cuando me sometí a la cirugía pesaba 192 kilos. Al año, pesaba 100 kilos menos, es decir 92, que es mi peso actual. Pasé de talla 64 a la talla 34.
Mientras no se tenga disciplina las dietas no sirven para nada. Ese era mi problema. En este momento no hago ningún tipo de ejercicio ni estoy bajo régimen alimenticio. Simplemente dejé de comer en grandes cantidades porque ya no tengo la capacidad de hacerlo. En cierta forma estoy vacunado contra la gordura".-
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