Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1994/08/29 00:00

LA GRAN AVENTURA

La apertura económica puso a Colombia a tono con el concierto mundial, pero despertó grandes interrogantes sobre concentración de la riqueza y equidad.

LA GRAN AVENTURA

En 1990, Cesar Gaviria estaba convencido de que había que hacer la apertura económica, pero le asustaban los costos políticos y sociales que pudiera tener. "Yo me preparé mentalmente -le confesó a SEMANA- para una política impopular, para uno o dos años malos, como había sucedido en Chile y en México ". La sorpresa fue que, en términos generales y si bien hubo grandes sustos en especial en lo referente al tema agropecuario, las vacas flacas no aparecieron.
Los amigos de una apertura más gradual que la que Gaviria hizo se pasaron los dos primeros años del gobierno anunciando que el desempleo iba a aumentar, y aunque no decreció, lo cierto es que se mantuvo en márgenes de entre el 9 por ciento y el 10 por ciento, una cifra que sigue siendo deseable reducir, pero que está tejos de ser alarmante. Esas mismas personas predijeron recesión y quiebra general de empresas. Y aunque hubo crisis en algunos sectores, las cosas al final salieron bien. El crecimiento económico de 1993, para muchos el año que debía marcar el período oscuro de la apertura, terminó siendo del 5.2 por ciento, muy por encima de los promedios de 3 por ciento y 3.5 por ciento de la década pasada. Incluso Fedesarrollo, fundación privada que siempre ha sido mas bien prudente en sus proyecciones, revisó la semana pasada sus cálculos para 1994 y 1995, y dijo que este año se mantendrá el crecimiento por encima del 5 por ciento y que en el próximo se acercará al 6 por ciento por ciento, algo que hace apenas unos pocos años parecía inalcanzable.
El gobierno explica buena parte de este crecimiento por un aumento sostenido de la inversión privada. En 1992, el crecimiento real (por encima de la inflación) de esa inversión fue del 28 por ciento, y en 1993 del 34 por ciento. Según Planeación Nacional, este aumento se confirma con la forma como crecieron las importaciones de equipos y maquinarias para la industria nacional, un aumento que llegó a ser del 80 por ciento el año pasado.
Los gremios económicos, en general, reconocen las bondades de la decisión de Gaviria de abrir la economía colombiana. Según César González, presidente de Asobancaria, "como estrategia de largo plazo, fue una verdadera revolución". El desacuerdo con el gobierno radica en general en el manejo de otros temas, como el de la revaluación del peso frente al dólar que según la dirigencia empresarial puede causar en el futuro el daño a la industria nacional y a los exportadores, que no le causó en primera instancia la apertura misma.
Gaviria tiene sus propias opiniones: "No hay que equivocarse, pues la revaluación puede ser muy impopular entre los gremios y empresarios y sin duda es un asunto que no se debe descuidar, pero sus efectos resultan bastante populares entre la gente, ya que es la revaluación la que le permite a amplios sectores de clase media tener acceso a más bienes más baratos. Y en todo caso nuestra revaluación ha sido muy inferior a la de otros países que han hecho ajustes y aperturas, como México y Argentina. Es un asunto de cuidado, pero hay que verle todos los lados". De alguna manera, eso puede explicar que la apertura sea hoy popular en las encuestas, a diferencia de lo que sucedía en 1990 cuando ni siquiera Gaviria se atrevía a llamarla por su nombre y prefería usar la expresión "internacionalización de la economía ".
La verdad es que a Gaviria parece preocuparle más otro indicador, el de la tasa de ahorro. "Si la economía sigue creciendo como lo ha hecho recientemente y la inversión privada continua aumentando, podemos correr graves peligros si la tasa de ahorro sigue siendo tan baja". En efecto, si la tasa de ahorro no crece a buen ritmo, la inversión privada que necesita financiación no la va a encontrar en Colombia, va a tener que salir a buscarla afuera y eso va a disparar el endeudamiento externo del sector privado. Además, un buen nivel de ahorro permite evitar que se desborde el consumo y con él, la inflación. Pero hay otros elementos de preocupación en el horizonte de la economía colombiana. Uno de ellas es, según Javier Fernández, presidente de Anif, "el aumento desbordado del gasto público, que hizo que el gobierno literalmente se comiera dos reformas tributarias, en algo que sin duda le impidió bajar la inflación al grado que había prometido". En efecto, aunque la política antiinflacionaria logró trancar la curva ascendente con que culminó el gobierno de Barco y que hizo temer que se llegara a tasas del 40 por ciento y más, la verdad es que nunca fue posible bajar del 23 por ciento.
Más allá de estos análisis de tipo macroeconómico, hay otra discusión que está cobrando fuerza en cuanto al nuevo modelo económico. En los años 30, cuando el péndulo ideológico del mundo estaba girando hacia la centroizquierda e incluso en Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt ponía el énfasis en el papel social del Estado, Alfonso López Pumarejo reformó la Constitución y la economía colombianas y las puso a tono con esa tendencia. En los 90. cuando el péndulo regresó hacia la centroderecha tras las reformas de Ronald Reagan en Estados Unidos y de Margareth Thatcher en Inglaterra, Gaviria hizo lo mismo, aunque parezca haber hecho lo contrario. Gracias a ello, ser de derecha en Colombia dejó de ser mal visto.
De cualquier manera, y como toda acción trae su reacción, esa derechización de la política económica ha generado una corriente crítica del capitalismo salvaje, que de alguna manera produjo la elección de Ernesto Samper, al igual que había producido la de Bill Clinton en Estados Unidos el año pasado. La razón de esa contracorriente son las grandes preocupaciones que existen en cuanto a que el modelo neoliberal. incluso si se reconocen sus bondades en materia de apertura económica, tiene graves deficiencias en materia de equidad social y puede contribuir a una mayor concentración de la riqueza en un país que de por sí la tiene bastante concentrada. En ese terreno, sin duda, se librarán en los años por venir las batallas ideológicas sobre la reforma económica, y de lo que suceda dependerá también el juicio definitivo que la historia haga de la obra de César Gaviria. -

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