Miércoles, 1 de octubre de 2014

| 1988/11/14 00:00

LA GRAN LAVANDERIA

Espectacular golpe al BCCI al descubrirse red internacional de lavado de dólares.

LA GRAN LAVANDERIA

Pocas veces los cazadores habían atrapado presas tan especiales. Tal vez fue esa la razón de la cara de júbilo del director de aduanas de los Estados Unidos, William von Raab, cuando el martes pasado anunció en Tampa, Florida, los resultados de una investigación que se prolongó durante dos años, bajo el código secreto de "Operación Caza". Gracias a la colaboración de los gobiernos de Francia y Gran Bretaña, al igual que a las pesquisas del gobierno federal, la justicia norteamericana acumuló suficientes pruebas para acusar a unos 85 individuos por una operación de lavado de dólares (ver recuadro) con la supuesta complicidad del Bank of Commerce and Credit International, una entidad de origen paquistaní con activos por más de 20 mil millones de dólares y unas 400 oficinas en 73 países, incluído Colombia.
La noticia conmocionó al mundillo financiero internacional y dejó en claro cuál es el nuevo frente de lucha contra los narcotraficantes. "El golpe es mucho más duro si atacamos las utilidades del negocio", le dijo un agente norteamericano al diario The Wall Street Journal.
Aunque desde hace rato las autoridades especializadas habían tratado de hacer más difícil la vida de los "blanqueadores" de dólares, sólo la semana pasada se tuvo evidencia sobre el esfuerzo coordinado entre diferentes gobiernos. La operación fue comenzada en julio de 1986 en Tampa y comprendió la infiltración de un agente secreto dentro de toda la operación de lavado de divisas, así como la incautación de documentos en cinco ciudades del globo, incluyendo París y Londres.
EL BANQUERO AMIGO
El resultado se concretó en los arrestos y acusaciones que involucran al BCCI, al igual que a unas 85 personas. Según los documentos, por lo menos la casa matriz del banco, ubicada en Luxemburgo, así como dos subsidiarias más y nueve empleados del mismo, intervinieron en por lo menos 16 transacciones llevadas a cabo entre agosto de 1987 y septiembre de 1988 por un total de 14 millones de dólares. De la misma manera, los documentos del servicio de aduanas norteamericano sostienen que funcionarios del BCCI en Panamá (el cual supuestamente le proveía recursos a los capos colombianos del narcotráfico), contactaron al agente secreto en diciembre de 1987 para sugerirle métodos alternativos con los cuales evitaría ser detectado. Según la acusación, los funcionarios en cuestión sabían que el dinero que iba a ser reciclado venía del narcotráfico y ello habría quedado grabado al cabo de varias reuniones que tuvieron lugar en Miami, París y Londres.
Una vez acordada la operación, varios agentes más fueron involucrados y se abrieron cuentas en varias ciudades, incluyendo a Tampa, donde se utilizaron nombres de negocios "respetables" como fachada. Los investigadores llegaron a establecer una corporación en Panamá, con lo cual pudieron absorber más de 20 millones de dólares al mes.
En una primera etapa, los agentes se encargaron de recibir dinero de los narcotraficantes, para consignarlo en diferentes cuentas o bien llevarlo hasta Tampa. Segun los documentos, un personaje colombiano llamado Gonzalo Mora Junior (no asociado con el BCCI) recibía cheques en blanco firmados por los "correos". Cada vez que el dinero se consignaba, Mora llenaba la cantidad exacta y se encargaba de vender el documento a una tercera persona o en el mercado negro.
Una vez completado el negocio, Mora cobraba una comisión y le entregaba el resto del dinero a personas supuestamente asociadas con el Cartel de Medellín.
Con el pasar del tiempo -sostiene la aduana norteamericana-, se comenzaron a utilizar métodos más sofisticados, con la complicidad de funcionarios del BCCI. Fondos salidos de la cuenta abierta en la regional de Tampa se transferían por cable a cuentas en otros países, utilizando certificados de depósito a término y préstamos, mientras el propio banco hacía esfuerzos para borrar las huellas de la operación.
El ejemplo más reciente, afirman los investigadores norteamericanos tuvo lugar cuando una buena suma de dinero fue transferida de Tampa a Nueva York, de allí al BCCI en Luxemburgo y de ahí al BCCI en Londres, donde fueron depositados y se abrió un certificado de depósito a 90 días. Acto seguido, el certificado se utilizó como garantía para obtener un préstamo de la subsidiaria del BCCI en Nassau (Bahamas), dinero que fue transferido a la cuenta de Tampa. A los tres meses, el préstamo se pagó con la redención del certificado de depósito. La etapa final consistió en enviar los fondos -ya absolutamente reciclados- a una cuenta bancaria en Uruguay nombre de un narcotraficante.
Según la acusación, las transacciones incluyeron filiales y subsidiarias del BCCI en Francia, Panamá, Uruguay, Bahamas, Luxemburgo e Inglaterra, pero siempre fueron manejadas de forma diferente para evitar crear un patrón de operación.
Gracias al sistema, grandes cantidades de dinero escaparon al control del Tesoro de los Estados Unidos, que investiga cualquier consignación en efectivo, por encima de 10 mil dólares.
El servicio de aduanas afirma que en toda la operación, por lo menos seis de nueve funcionarios del BCCI acusados, tenían "conocimiento documentado" de que el dinero provenía del tráfico de drogas. Estos ejecutivos incluyen directores locales, nacionales y continentales del banco, basados en varias ciudades de los Estados Unidos, al igual que en Panamá, Londres y París.
En todo ese esquema, el mayor beneficio era para el BCCI. Según los documentos de acusación: "Las transacciones han sido conducidas con el claro propósito de incrementar los activos y las utilidades del banco. Ninguna remuneración directa le ha sido pagada a los funcionarios envueltos en los actos criminales. El banco gana por lo menos 1.5% sobre los fondos lavados".
Con todas esas pruebas, lo único que faltaba era capturar a los culpables. Para evitar cualquier sospecha, los agentes federales organizaron una boda falsa en Tampa el segundo fin de semana de octubre, cuando fueron arrestados once individuos envueltos en la red de blanqueo de dólares. Los demás fueron atrapados en Miami, Londres y París. Hasta ese momento la cantidad involucrada era de 32 millones de dólares en Estados Unidos y 1.2 millones más en Gran Bretaña. No obstante, las sumas podrían aumentar, teniendo en cuenta que la semana pasada se decomisaron cantidades de documentos que pueden aportar nuevas pruebas en todo el proceso.
INOCENCIA PAQUISTANI
La noticia, como es de suponer, cayó como un baldado de agua fría. En Estados Unidos, los noticieros abrieron sus informes con las revelaciones hechas en Tampa, mientras que en Europa los periódicos especializados destacaron la información. A pesar de que ya se habían presentado casos de lavado masivo de dólares nunca antes una institución financiera había sido acusada de cooperación.
Los cargos, como es de suponerlo, fueron negados de plano por el BCCI. En un primer comunicado, el banco sostuvo que todo era parte de una "campaña maliciosa" contra la institución. John Hillbery, portavoz de la entidad, insistió en que sólo nueve de los 85 implicados estaban vinculados al BCCI y los describió como "funcionarios jóvenes". Días más tarde, un segundo comunicado volvió a insistir en que el banco "niega categóricamente que su administración, directores y accionistas hayan tenido algún conocimiento (...) o hayan violado concientemente alguna ley a este respecto".
Eso va a ser difícil de probar. Según parece, la evidencia de la justicia norteamericana es lo suficientemente fuerte para probar que el banco colaboró abiertamente en el lavado de dólares. Por ahora el funcionario más alto en el banquillo de los acusados es el director de la regional africana, suficientemente importante (aunque no del todo, dicen algunos) para condenar a la entidad.
Si un veredicto condenatorio se confirma, es indudable que éste influirá sobe la solidez futura de la institución. Fundado en 1972 por un grupo de banqueros paquistaníes, orientados por Agha Hasan Abedi, el BCCI ha tenido un ritmo impresionante de crecimiento. En un comienzo sus accionistas fueron el Bank of America (conocido hoy en día como BankAmerica Corporation), así como la familia del Jeque Zayed BinNahyan, quien gobierna Abu Dhabi, y la familia Malfouz, de Arabia Saudita. Hoy en día, los principales propietarios son los árabes, pues el banco norteamericano vendió su participación a comienzos de esta década.
A pesar de tener sólo 16 años, el BCCI se encuentra ya en la mitad de países del mundo. Su cliente principal es la comunidad paquistaní y el fuerte de sus negocios se concentra en Gran Bretaña, sitio donde tiene 45 oficinas y 1.500 empleados, de un total mundial de 13.500. El año pasado las utilidades antes de impuestos alcanzaron la suma de 115 millones de dólares.
Aparte de tener filiales en países tan disímiles como Botswana, Camerún, Canadá, Hong Kong o Suiza, hasta la crisis de la semana pasada el BCCI había estado exento de grandes problemas. Más aún, fue uno de los primeros bancos privados en recibir autorización para abrir una oficina en China.
Buena parte de ese récord le corresponde a Abedi, quien maneja el banco como si fuera suyo. Reputado como el banquero más astuto de Paquistán, Abedi insiste en que una de las razones de la creación del banco fue ayudar a que el Tercer Mundo entre por la puerta grande de las finanzas internacionales.
Todas esas capacidades deben ser, sin embargo, escasas para hacerle frente a la nueva crisis. A pesar de que la semana pasada el banco no tuvo problemas con sus depósitos ("Tenemos la confianza del público ", dijo un comunicado), la noticia no debió caer nada bien. Para colmo de males, Abedi todavía sigue recuperándose de un trasplante de corazón que le fue hecho hace cuatro meses en el hospital Harefield de Londres. Por ahora quien esta aguantando el chaparrón es el segundo de a bordo, Swaleh Naqvi.

RABO DE PAJA
La supuesta complicidad del BCCI va a ser, según se cree, la primera de una larga lista. La semana pasada se estaba anunciando que otros bancos grandes están siendo objeto de investigaciones similares.
Ese convencimiento se basa en el hecho de que el blanqueo de dólares sigue boyante, a pesar de las apariencias. Según el gobierno norteamericano, el negocio se debe acercar a los 100 mil millones de dólares al año, cifra que hace aparecer como diminuta los 32 millones de dólares en que está implicado el BCCI. Más aún, existe el convencimiento de que buena parte de esa suma se encuentra depositada en las grandes entidades bancarias internacionales. Hace un par de semanas la revista inglesa The Economist, sostenía que las utilidades de los zares de la cocaína se acercaban a los 3 mil millones de dólares al año y que la mitad de esa suma se quedaba por fuera de Colombia, Perú y Bolivia, los tres países más involucrados en la actividad. De esos 1.500 millones de dólares, se estima que una parte se invierte en finca raíz, pero que la mayoría se deja en depósitos a término en los principales bancos.
Esa circunstancia, obviamente, no implica que los directivos de las grandes entidades cortejen a los narcotraficantes. No obstante, en el pasado varias entidades norteamericanas han sido penalizadas por violar diferentes regulaciones.
Por ejemplo, entre 1985 y 1986 el Banco de Boston -el número 20 en los Estados Unidos- tuvo que pagar una multa de medio millón de dólares al no hacer el reporte de transacciones en efectivo por 1.200 millones de dólares a nueve bancos extranjeros. El banco negó que hubiera nexos entre las transferencias y el crimen organizado, pero aceptó haber incurrido en un error de juicio.
Algo similar le pasó al Crocker National Bank, que tuvo que pagar 2.25 millones de dólares de multa por no informar sobre transacciones por 4 mil millones de dólares, hechas entre 1980 y 1984. En esa oportunidad las investigaciones revelaron que había traficantes de heroína implicados.
Sin embargo, el caso más grave fue el del Bank of America que "olvidó" hacer el reporte sobre unas 17 mil consignaciones en efectivo por encima de 10 mil dólares. Esa falla -que el banco explicó como un "error honesto"- costó la nada despreciable suma de 4.7 millones de dólares en multas.
Tales problemas condujeron a la administración a apretar las tuercas. La situación parece haberse mejorado ahora, pero el hecho de que los narcotraficantes siguen más o menos impunes, indica claramente que están ganando la partida.
Una apreciación similar ha llevado a varios congresistas norteamericanos -particularmente al senador John Kerry- a proponer un proyecto de ley que obligaría a los bancos que operan fuera de los Estados Unidos, a informarle a la administración sobre grandes transferencias de efectivo, a cambio de conservar el derecho de hacer negocios en el país del norte. La ley -que en teoría es bien intencionada- ha encontrado grandes enemigos debido a que le colocaría grandes trabas al comercio internacional, aparte de crear una cantidad de complicaciones legales.
Esas limitaciones prácticas le hacen pensar a los pesimistas que va a ser imposible dominar a los blanqueadores de dólares. A menos que en el futuro se expidan billetes con certificado de origen, es indudable que los lavadores tienen la partida ganada en este mundo donde en 24 horas una suma fuerte de dinero puede pasar por decenas de plazas financieras. Y si a todo eso se le suma el hecho de que siempre habrá banqueros dispuestos a hacerse "los de las gafas", las perspectivas no son nada alentadoras. Es por esa razón que a pesar de la sonrisa del director de aduanas William von Raab, más de un lavador debía estar pensando la semana pasada en ese refrán que dice que él que rie de último...
EL BCCI EN COLOMBIA
Los tentáculos del enigmático banquero paquistaní, Agha Hasan Abedi, quien controla el Banco de Crédito y Comercio Internacional, se extienden hasta Colombia. Efectivamente, el banco sentó bases en el país desde 1982, cuando compró el antiguo Banco Mercantil. Este último era controlado por el empresario Luis Eduardo Caicedo, y en una negociación que fue objeto de alguna controversia, el Departamento de Planeación, bajo la administración Betancur, autorizó que la entidad financiera fuera adquirida en un 80% por el BCCI. Esta decisión, para algunos, contrariaba el espíritu de la ley 55 de la administración López Michelsen sobre la nacionalización de la banca, según la cual ninguna entidad internacional podría tener en adelante, más del 49% del capital de un banco colombiano.
La autorización al Banco Mercantil para sobrepasar el límite de capital extranjero fue el resultado de una fórmula que echaba mano a la decisión 24 del Grupo Andino. Según ésta, si una entidad está en un estado de inminente quiebra, la participación extranjera puede superar el 49% y llegar, inclusive, hasta el 100%. Luego de un estudio financiero realizado por la Superintendencia Bancaria y por Planeación Nacional, se llegó a la conclusión de que el banco estaba ad portas de una quiebra. De esta manera se les abrieron las puertas a los paquistaníes.
Una vez bajo el control de los paquistaníes, fue nombrado como presidente del banco el financista Eduardo Zárate, quien desempeñó el cargo durante tres años. El otro hombre clave en todo este proceso fue el ex ministro conservador, Rodrigo Llorente, quien desde un comienzo había sido el principal asesor de los nuevos dueños.
El banco abrió una sucursal en las Bahamas autorizado por la Superintendencia Bancaria y el Departamento de Planeación. Hace dos años, la Superintendencia de Control de Cambios ordenó una investigación a ésta, sobre la base de unas informaciones según las cuales había ciudadanos colombianos con cuentas ilegales en dólares en esa filial.
El banco y el gobierno suscribieron recientemente un acuerdo según el cual, el primero se comprometió a convertirse en una entidad mixta en un plazo de tres años. Esto significaría que los paquistaníes bajarían su participación al 49% y el capital colombiano ascendería al 51%. Aunque la idea original era la de que esta operación se llevara a cabo en tres años, la Secretaría Jurídica de la Presidencia de la República permitió que se ampliara hasta doce.
A pesar de la investigación de la Superintendencia de Control de Cambios en la filial de las Bahamas, las autoridades colombianas no han encontrado ninguna evidencia de que el banco en Colombia esté metido en lavado de dólares. El funcionamiento hasta ahora es considerado ortodoxo y el concepto que se tiene del Banco de Crédito y Comercio, por parte de los directivos de la Superintendencia Bancaria, es favorable.

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