Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1989/10/09 00:00

LA GUERRA Y LOS NIÑOS

A pesar de las hondas repercusiones de la violencia en los niños, no necesariamente su futuro esta perdido.

LA GUERRA Y LOS NIÑOS

La semana pasada, el miedo llegó a los colegios. Niños asustados, profesores nerviosos y padres al borde de un ataque de nervios han sido la pauta general que durante los últimos días dejó ojos llorosos y muchos pupitres vacíos. Para los pequeños habitantes del mundo escolar, la violencia se salió de la televisión. A los simulacros de evacuación organizados por muchos planteles como una medida preventiva, acorde con la situación de guerra que vive el país, se sumó la alarma de los padres, el terrorismo telefónico y la avalancha de rumores que alimentan el miedo.
A tal punto llegó la situación que al Ministerio de Educación acudieron confundidos las directivas de la Asociación de Colegios Privados. En el despacho del ministro, Manuel Francisco Becerra, contaron las historias que desde hace dos semanas se repiten y que hablan de bombas en los colegios, llamadas de alerta y evacuaciones precipitadas de los planteles. Los educadores exigieron protección de las autoridades y anunciaron que, de llegarse a presentar un atentado contra un establecimiento educativo, suspenderán de inmediato la actividad escolar. Una medida que ya aplicaron algunos establecimientos pero que no es compartida por todos.
Incluso el viceministro de Educación, Adolfo Polo, afirmó que "los rectores le han echado tiza al asunto".
Independientemente de la ola de violencia que sacude al pais, y que llevó a registrar casi una docena de bombas en los últimos siete días, la verdad es que a nivel general han sido los rumores los que han estado atizando una especie de pánico colectivo que le hace el juego a la campaña desestabilizadora iniciada por el narcotráfico, como respuesta a las medidas tomadas por el gobierno. Más alla de los cruentos sucesos de las últimas semanas, lo cierto es que 8 millones de niños colombianos viven hoy en un ambiente de zozobra, temor e inseguridad y no son pocos los expertos en educación y sicología infantil que se preguntan sobre los efectos que esta situación puede tener en la formación de la generación que deberá hacerse cargo del pais durante e próximo siglo.
Pero no es fácil determinar con claridad la forma como los niños de hoy están resultando afectados. SEMANA conoció un trabajo realizado por los alumnos de quinto de primaria de un colegio de clase media alta del norte de Bogotá, en el cual los niños muestran a traves de sus dibujos el país en que viven y el país en el que les gustaria vivir. El resultado es estremecedor. En ellos se percibe el impacto ocasionado por el asesinato de precandidato liberal Luis Carlos Galán, una escena recurrente en los trabajos infantiles. Impresiona también la fidelidad de los dibujos a las imágenes que se transmitieron en los noticieros sobre el atentado y lo sucedido en los dias siguientes. Imágenes tan fielmente grabadas en la mente infantil que han sido reproducidas en detalle en sus dibujos. El mundo que hoy viven los niños colombianos está dominado por la inseguridad y la desconfianza, y no es exagerado decir que las figuras del coco, el ogro y el deshollinador, que asustaban a los niños en otros tiempos, han sido desplazados por capos y sicarios. (Ver recuadro).
Una conclusión que salta a la vista es la influencia de la televisión como canal de transmisión de los elementos generadores del miedo. Vale la pena recordar que lo que los niños colombianos vivieron, al presenciar en la pantalla chica las imágenes del asesinato de Luis Carlos Galán ante el estupor y la congoja de sus padres y mayores, se asemeja a lo que vió toda una generación de norteamericanos al contemplar, una y mil veces, la escena del asesinato del presidente John F. Kennedy y, cinco años más tarde, de su hermano Robert. Veinte o más años después, los norteamericanos aun los que entonces eran niños, las tienen vividamente grabadas en su memoria. Son escenas tan -violentas como dolorosas que no pueden ser fácilmente digeridas por un menor. Sin embargo, es importante aclarar que la reacción no es igual en todos los menores. Aunque el destino de los hijos de John y de Robert Kennedy estuvo marcado por estas tragedias, mientras John-John, el hijo del presidente, pudo superarlas, el cuarto de los hijos de Robert, David, encontró la muerte en un oscuro motel, victima de una sobredosis en marzo de 1984.
El 5 de junio de 1968, David Anthony Kennedy, de 12 años, observaba en la televisión a su padre mientras celebraba el triunfo en las elecciones primarias de California.
De pronto, sin saber de dónde, surgió un hombre armado quien le disparó a quemarropa. Esta escena habría de cambiar para siempre la vida de una familia privilegiada, de 11 hijos que constituían la tercera generación de la dinastia politica más famosa de Norteamerica. Pero de los 29 nietos de Joseph Kennedy ninguno habría de quedar tan afectado como David.
Profundamente traumatizado, la droga le abrió un camino de pesadilla que culminó con su muerte. El biógrafo de John Kennedy, Theodoro White, cuenta que esa noche encontró a David sólo prácticamente hipnotizado frente al televisor y señala: "Fue muy diferente a la muerte de John. Mientras la familia Kennedy, después de ese noviembre del 63, se mostró más unida que nunca, cuando murió Robert hubo una sensación de que la familia se habia roto en pedazos". Y la verdad es que mientras John-John se convirtió en el hijo que los Kennedy deseaban, el camino de David corrió en contravía. Como dicen los sicólogos, no son las cosas que suceden lo que afecta a los niños, sino la actitud que los adultos asumen frente a ellos.
Pero volviendo a la Colombia de hoy, los expertos estan de acuerdo en que existen varios elementos, aparte de la televisión, que han acentuado el impacto del asesinato de Galán entre la infancia. Para empezar, esta la imagen juvenil que siempre tuvo el dirigente y que hacía que muchos niños vieran en él a algo muy distinto de un viejo y distante político tradicional.
Pero además de esto está la imagen de Juan Manuel Galán Pachón, el hijo mayor del líder asesinado, que tambien fue repetidamente transmitida por la T.V. y dejó una honda huella entre los menores de edad. Por eso, no es de extrañar que en las cartas que los niños de otro colegio escribieron a sus padres, como un ejercicio para desahogar su tristeza, Felipe, un pequeño de 10 años, afirmara: "Mamá, la muerte de Galán me ha hecho madurar". A pesar del impacto que puede representar para un niño crecer en un medio violento, y aunque es innegable que Colombia cuenta ya con un gran sector de la población infantil afectado directamente, ya sea como seres indefensos que habitan comunidades donde se vive a diario la violencia o como víctimas del abandono o la orfandad (ver recuadro) tambien es cierto que el manejo que los adultos den a la situación puede representar la diferencia entre un David y un John-John. "Es responsabilidad de los adultos ofrecer al niño un mundo en el cual pueda crecer fisica y mentalmente sano. Y nada más lejos de ello que la situación que se vive actualmente en el pais. Le estamos mostrando al niño solo la faceta de violencia", comentó a esta revista una profesora de primaria.
Todos los especialistas consultados por SEMANA coincidieron en afirmar que si bien no se puede aislar al niño de la situación que vive el país, sí ha habido un mal manejo por parte de los padres, educadores y medios de comunicación que ha llevado a un alto nivel de angustia e inseguridad generalizado en la población infantil.
El siquiatra infantil Francisco Cobos señala que actualmente en la consulta se aprecia un alto índice de ansiedad en los niños, originada por la situación de violencia. Pero advierte: Además del daño que la violencia produce en un niño, hay que hablar del daño que la comunicación sobre la violencia produce. El mensaje que le estamos transmitiendo a los niños es el de un mundo de inseguridad, alarma y peligrosidad extrema. A nivel general, lo que más esta afectando a los pequeños no es la violencia en sí misma, sino la actitud de los adultos ante la situación actual. Ellos saben lo que está pasando, porque es -imposible sustraerse a las informaciones de la prensa, la radio y la televisión, pero no tienen por que estar sometidos a ese torrente casi que enfermizo de información al que hemos llegado. Les hemos creado una realidad en la cual se está a punto de morir o de matar.
Padres que ante las imágenes de violencia que contemplan con sus hijos en los noticieros, sólo hablan de irse de este país donde no se puede vivir y comentan delante de los niños rumores que alimentan sus miedos. Educadores que como una medida preventiva someten a los niños a un simulacro antes del cual se les dice que cuando suene la alarma no sabran si esta es real o ficticia, sin pensar en la carga emocional que esto representa para un pequeño que por primera vez en su vida es sometido a medidas de este tipo. Y medios de comunicación que parecen estar exagerando en la cantidad de información y de detalles sobre la violencia sin dejar espacio para otras facetas positivas que también hacen al país.

Según el sicólogo Miguel de Zubiría, director del Instituto Alberto Merani "se ha forzado a los niños a meterse en el mundo de los adultos y se le están entregando al niño exclusivamente elementos negativos". Y advierte que el peligro de esta situación, que es confusa, es que los convierte "en seres desarraigados e individualistas". Señala que es necesario equilibrar la situación negativa de violencia con un impulso a nuestros valores positivos y tradiciones que se han perdido. Por su parte, el sicólogo e investigador Ruben Ardila señala que cuando los períodos de violencia son prolongados, el ser humano puede llegar a percibirlo como un estado natural: "El niño debe tener muy claro que la muerte no es algo a lo que nos hemos acostumbrado, sino algo por lo cual sentimos verguenza y consternación. Hay que enseñarle que el mundo que vivimos no siempre ha sido asi y que no tiene por que ser asi.
Que si bien es una situación real, no es algo normal".
Pero es que para los adultos la cosa tampoco parece estar muy fácil. Con una violencia que ha superado su etapa selectiva, cuando las víctimas eran casi exclusivamente los miembros de determinados grupos políticos o sociales (sindicatos, Unión Patriótica, campesinos de zonas de guerra), practicamente cualquier colombiano es una víctima potencial, que puede caer en medio del azar de los carro bombas y el fuego cruzado. Y aunque hay quienes creen con cierta razón que este nuevo estadio, el de la violencia indiscriminada, ha determinado que la gran mayoría de la gente se vea obligada a sentir la guerra como propia, lo cierto es que casi todos los colombianos están sufriendo procesos agudos de ansiedad.
El doctor Alonso Ojeda, médico de un Centro de Atención Básica del Seguro Social, señala que desde el día del asesinato de Luis Carlos Galán se ha vuelto costumbre atender en el servicio de urgencias una especie de "síndrome de angustia". Hay un claro aumento en la consulta de personas que sufren dolores de cabeza, taquicardias, adormecimientos de las manos o piernas, gastritis como una manifestación de los altos niveles de ansiedad y temor que les produce el sentir que están en peligro de muerte.
Esa misma apreciación tiene el sicólogo e investigador Ruben Ardila, quien señala que si bien la situación actual ha acelerado los procesos de estres en las personas, "la gente debe aprender a ver cuales son los riesgos reales, y tomar medidas para evitarlos, pero tambien debe dejar de ver riesgos donde no los hay y tratar de seguir su vida normalmente". Una situación de estres alto no sólo lleva a sufrir trastornos sicosomaticos, sino que puede paralizar la actividad de una persona o llevarla a tomar decisiones equivocadas. Esa sensación de angustia e inseguridad produce un sentimiento de desconfianza y unas tensiones que pueden ser terribles para un individuo o para una población porque llevan a un concepto que en sicología se conoce como "desesperanza aprendida", en el que la persona considera que no tiene ningún control sobre su mundo y por consiguiente no hace nada para cambiarlo. "Esto hace que se anule el sentimiento de solidaridad, de altruismo y cooperación, que es lo que conforma la vida civilizada", agrega Ardila.
Otro factor que influye en la situación de pánico que se ha vivido en los últimos días y que acentúa los efectos de la cruenta realidad es la rienda suelta que se ha dado a los rumores. El doctor Meluk Castro señala: "Desde el punto de vista sicológico el rumor es el intento de quebrar la confianza en el otro. Lo que está sucediendo con esto es que se esta quebrando la moral a la sociedad.
Todos estos factores están convirtiendo a los colombianos en seres vulnerables que nada tienen que ver con los combatientes que el gobierno ha llamado para que lo acompañen en esta guerra contra el narcotrafico.
Pero volviendo a los niños, la verdad es que los expertos no se limitan a señalar las consecuencias negativas del proceso que se está viviendo en Colombia. Algunos investigadores consideran que hay elementos rescatables y que, definitivamente, el reto consiste en tornar lo malo en bueno.
Para demostrarlo, utilizan el ejemplo de la generación que pasó de la infancia a la adolescencia en la última década. En un país con expectativas de ascenso social muy altas y con pocas facilidades para lograrlo, se generalizó la idea de buscar el lucro fácil y el dinero fue colocado a un nivel muy alto en la escala de valores. Los niños que crecieron bajo la influencia de John Travolta, lo hicieron con una actitud casi despreciativa hacia la realidad nacional y mundial, en evidente contraste con lo sucedido con la generación de los años sesenta, cuyo compromiso llegó a adquirir manifestaciones tan extremas como el hippismo o la guerrilla.
Para los menores de la segunda mitad de los setenta y de la primera de los ochenta, los modelos ya no fueron el pacifismo o la búsqueda de la igualdad de clases, sino la rapida emergencia social, fenómeno para el cual la aparición de la nueva clase de los narcotraficantes era un ejemplo que estaba a la vista de todos. "Los hijos de quienes comenzaron a hacer mucho dinero y muy rápido, ya fuera por que estaban vinculados directamente al negocio o porque tenían negocios con quienes lo estaban --explicó a SEMANA un sociólogo de Medellín--se fueron convirtiendo en los idolos de los demas niños. Para ellos todo resultaba facil: un viaje a Miami o a Europa, los mas costosos y sofisticados juguetes, los mejores caballos e incluso una moto o un carro último modelo". El resultado fue que la escala de valores que la sociedad colombiana debía transmitir a esa nueva generación, escala que por demás ya estaba haciendo crisis desde tiempo atras, fue dramáticamente trastocada.
Pero entonces, ¿que puede suceder en este campo con la siguiente generación, la de quienes hoy tienen menos de 15 años? Son testigos--de excepción gracias a los medios--de una guerra particularmente terrorífica, en la cual la vida no vale nada y los enemigos de la sociedad se muestran dispuestos a volar en pedazos un restaurante de comida rápida --como sucedió la semana pasada--sin importarles en lo más mínimo la vida de muchos inocentes, ni siquiera de los niños. "No deja de ser positivo que si se le da un manejo educativo y de formación a este asunto, los niños de hoy ya no vean en los mafiosos a sus modelos, sino que comprendan que son los enemigos numero uno del pais en el que ellos estan creciendo", agrega el sociólogo antioqueño.
De ahí que muchos investigadores esten dedicados a tratar de rescatar lo positivo que pueda haber en medio de la tragedia que está viviendo Colombia. Se busca recuperar valores y principios y explicar a los menores que las batallas que hoy estan librando el Estado y la sociedad colombianos tienen un sentido. Clara Gutierrez, pedagoga y directora del centro de enseñanza avanzada Ciede, ha diseñado un programa de estimulación a traves de un foro en el cual participan varios colegios de Bogotá y en el que intervienen personalidades de tan diversas áreas como expertos en derechos humanos, folcloristas, sicólogos y escritores. Se trata de que los estudiantes expresen sus inquietudes y opiniones frente a la situación que se esta viviendo.
En fin, lo único que no se puede decir es que las nuevas generaciones esten creciendo de espaldas al país. Pero para que ello tengan realmente efectos regeneradores, es importante que en la agenda de la educación recuperen su lugar conceptos como valores, principios y paz. "Y esto--como señala el especialista Francisco Cobos--solo es posible transmitirlo al niño a traves de la actitud y el ejemplo de los mayores, no con palabras, sino con modelos actuantes".
Muchos creen que si esto se logra, a pesar de lo doloroso que resulte el proceso, habrá valido la pena librar esta guerra.

PINTANDO A COLOMBIA
SEMANA solicitó al psicólogo Emilio Meluk Castro una interpretación de los dibujos realizados por niños entre 7 y 9 años sobre el mundo en que viven. El niño pinta lo que vive pasivamente porque son hechos que pertenecen al mundo de los adultos sobre los cuales el no tiene control. El dibujo es la forma como el niño se deshace de las angustias, las ansiedades y los temores que le produce esta situación que ellos están viendo. Son niños conscientes de la realidad del pais pero como no pueden hacer nada, la unica forma de expresarlo es a traves del dibujo.
"Uno se da cuenta de la falta de seguridad que están sintiendo. La estabilidad del ser humano depende de la seguridad y confianza que le brinde el medio en que crece. En el primer nivel de interpretación uno puede apreciar el impacto de una realidad inmediata --la muerte de Galán-, que es una constante en todos los trabajos. Pero detrás de eso hay otra realidad: un mundo inestable, inseguro, un medio que no les brinda confianza. El niño adquiere confianza a través de la seguridad que le da el adulto. Y lo que mas desconfianza crea es el hecho de que su rutina se altere y su capacidad de jugar desaparece. Por ejemplo, clases que se interrumpen por una alarma, niños que ya no pueden ir al parque por miedo. Más que la violencia real, son las decisiones de los adultos lo que lo está afectando. Y este clima de desconfianza, en si mismo, en los demas y en las instituciones crea seres inestables y dependientes. Aunque cada persona tiene una reacción diferente, lo que es innegable es que un clima de violencia e inseguridad deja graves secuelas en el normal desarrollo del individuo. Toda situación, por terrible que sea, puede ser conocida por el niño siempre que le llegue a través del amor, el cariño, la ternura y la comprensión de los adultos; pero donde ademas de violencia hay inestabilidad y agresividad, se estan creando candidatos a enfermos mentales. Y esa es la responsabilidad de los adultos que se han limitado a informar pero no a formar a las nuevas generaciones".

LOS HIJOS DE LA GUERRA
Curiosamente, mientras Colombia es un pais que ha creado la "violentología" como una disciplina que estudia los parametros sociales y económicos de la violencia y sus repercusiones, aun los expertos se sorprenden por la poca atención que se ha puesto en la defensa y protección del niño en todo este proceso. Hay que tener en cuenta que Colombia es un país con un alto indice de violencia intrafamiliar y de trasgresión de los derechos de la infancia.
En una investigación adelantada por la antropologa Maria Victoria Uribe sobre la violencia de los años 50 se encontró que ninguna entidad se responsabilizo de atender las secuelas sicológicas y que muchos de esos niños repitieron despues el ciclo de violencia y entraron a formar parte de los grupos de "bandoleros". Y era una época en que los medios de comunicación no lograban recoger los hechos con la inmediatez de hoy.
Hace dos años una investigación publicada en el diario El Mundo sobre la violencia en la comuna nororiental de Medellin, considerada semillero de los sicarios, señalaba que ese mundo Cotidiano y violento estaba plasmado en las vivencias de los niños. En un concurso de cuentos, organizado en los Hogares Infantiles de Bienestar Familiar entre niños menores de seis años, gran parte de sus relatos se caracterizó por los niveles de violencia que manejaban y la agresividad verbal.
Este es uno de los cuentos, "La lombriz traviesa" inventado por un niño de sies años: "Lombricita no sabía que allí el gusano tenía una trampa, ella muy contenta empieza a jugar, no se da cuenta y pisa una baldosa que era la trampa y lombricita queda encerrada en una jaula. Lloraba y pedía auxilio, pero como el gusano era malo se reia y le decia: yo quería que te cayeras en la trampa...
Armemosle una trampa a ese gusano malo. Cogieron una lombriz y dentro de ella le pusieron una bomba. El gusano al coger la falsa lombriz, esta explota y hace volar la casa y todo.
Cuando lombricita y su mamá escucharon el ruido de la explosión van a la casa del gusano y ven que la mamita y el gusano habian muerto".

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