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| 7/12/1982 12:00:00 AM

LA MISTERIOSA MUJER DE PORT LLIGAT

Muere Gala, la mujer que Dalí amó más que a su madre y al dinero...

"Gracias sean dadas por el día en que, en una plaza de Cadaqués (Gerona), Dalí encontro a Gala".
Así comienza Max Gerard, su espléndido trabajo sobre Gala. En la no menos espléndida obra "Dalí", editada en París hace ya casi veinticinco años, y reeditada en sucesivas ocasiones.
A partir de aquel momento, dice, supo Dalí que poseía el medio preciso para realizar su compleja labor daliniana. "Desde mi más tierna infancia -reconoció un día- me he acostumbrado al vicio de considerarme y de conducirme al revés que la inmensa mayoría de los mortales, lo cual no ha dejado de beneficiarme".
Se olvidaba Dalí de advertir que sin Gala, hasta de eso se habría cansado. No vale siquiera que anuncie años más tarde: " Yo bruñí a Gala para hacerla brillar, haciéndola lo más feliz posible, y la cuidé aun mejor que a mí mismo, pues sin ella todo se hubiese acabado".
¿Otra exageración delirante de Dalí? Escribe Gerard: "Gala es el escudo, la concha, el huevo intrauterino que le protege del mundo circundante".
Helena Deluvina Dianaroff, llegó a, Cadaqués con su marido el poeta Eluard, y se quedó. Eluard regresó solo a París, se quedaba Gala en la costa última catalana para convertirse en la musa.
Difícilmente mujer alguna habrá sido tan pintada. Picasso repartió su pincel entre cuatro, cinco bellas mujeres. Dalí lo gastó para Gala. Gala fue cincelada, dorada, arcillada, dibujada -resumida- por Dalí.
Joven, muy joven, madura, esbelta de años, callada. Dejada caer en el alféizar de la ventana abierta al Mediterráneo, sumida en rosas, volando sobre el mundo, Gala fue finalmente divinizada.
No otra cosa quiere decir esa "Santa Elena de Port Lligat", o la descubridora de la cruz y la Biblia del cuadro "Asumpta Corpuscularia". Los momentos estelares de creación daliniana coinciden con la presencia máxima de Gala.
Un día Dalí recorta cuatro trozos de fotografías los pega sobre una cartulina y los titula "Imagen Mediumnica Paranoica". Ese collage extraño era la referencia a su encuentro con Gala. Ella, sobre una barquichuela, simbolizada en una niña casi. El paseante por la playa.
Poco después pinta ya el primer "Retrato de Gala" sobre un cartón de aquellos calados que tanto agradaban a nuestras abuelas. Está fechado en 1931, sale Gala como de las volutas de un cigarrillo encendido.
La tercera referencia pictórica sería el cuadro "Pareja con las cabezas llenas de nubes", cuadro en el que Dalí introduce ya en el cuerpo de sus personajes el mar, una mesa, el paisaje, la fruta, el vaso, la tarde el amanecer.
El "Ovocípedo" o el "Comienzo automático de un retrato de Gala", dicen hasta dónde puede llegar la fantasía potenciada por la musa. Gala es entonces todo flores, árboles nacientes, la ruptura natural.
En Gala, sobre todo, es donde hay que descubrir a ese maravilloso dibujante que ha sido Salvador Dalí. "Desnudo de espaldas", de 1945, o "Galarina", "Estudio para Leda atómica" o "Gala apoyada en la ventana", dibujo sin duda previo al cuadro del mismo tema. Son otras tantas muestras de un artista del lápiz y la pluma, maestro consumado. Gala parecía hecha solo para estar.
Gala era el tema, todo el tema. Aunque la obra adquiera títulos estrambóticos como el de "Gala mirando al Cristo Hypercubicus".
Quizá por ello no sea exagerada la frase de Dalí: "Un solo ser ha logrado una forma de vida en que la imagen sea comparable a las serenas perfecciones del Renacimiento: Gala, mi mujer, a la que yo he tenido la milagrosa dicha de elegir".
O aquella otra manifestacion de ardor hacia la musa, recogida también de la obra de Gerard: "Corazón ¿qué quieres? Corazón ¿qué deseas?' me decía mi madre cada vez que se inclinaba sobre mí. Para Gala yo he repetido: 'Corazón ¿qué quieres? Corazón ¿qué deseas..? 'y ella ha respondido: 'Un corazón de rubíes que palpite: Y Dalí diseñó, mandó tallar, aquel. 'Corazón Real' de perlas y rubíes presos".
Era un exagerado Dalí, era un loco, un fatuo, un egocéntrico. Se hace difícil pensarlo cuando se lee en las frases con semejante ardor: "Amo a Gala más que a mi madre, más que a mi padre, más que a Picasso y más, inclusive, que al dinero".
Ha muerto Gala... contemplada por Dalí.
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