Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2006/06/24 00:00

La mochila arhuaca

Para los indígenas es uno de los símbolos de la creación de la vida. Su uso ha sido adoptado en todas las regiones y por diferentes generaciones.

La mochila arhuaca

Serankwa, el primer hijo que tuvo la Madre Universal, fue creando el mundo al moverse por todo el territorio ancestral en espiral, al igual que el caracol, regando sus hijos por todos los sitios por donde transitó, igual a la dispersión o el crecimiento de la mata de auyama, símbolo fundamental del esparcimiento o siembra de la vida para los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Así mismo, las mujeres arhuacas, y en general todas las mujeres de los cuatro pueblos indígenas de la Sierra, van tejiendo sus tutu (mochilas), todos los días y a toda hora, sin descanso, pues el tejer mochilas es una actividad netamente femenina, y se podría afirmar que es la labor que identifica a las mujeres: así como el poporear (el consumo de hojas de coca mezcladas con cal extraída de un calabazo sobre cuya superficie se frota esta mezcla) es el símbolo definitorio del género masculino, tejer mochilas es el del género femenino. Desde muy temprana edad, las gaysenu (niñas) se ven con su madeja y sus agujas ensayando sus primeras puntadas y elaborando sus primeras mochilas de la mano de sus madres o de sus hermanas mayores.

Los materiales utilizados para su elaboración son el algodón, la lana y el fique. El algodón y el fique son los materiales usados desde los remotos tiempos de los orígenes, mientras que la lana es introducida por los misioneros católicos llegados a la Sierra, sobre todo a finales del siglo XVIII, cuando se funda en pleno territorio arhuaco, el asentamiento de San Sebastián de Rábago, hoy renombrado por los indígenas como Nabusímake. Incluso, hoy día es común el uso de lana industrial adquirida en los centros urbanos que rodean la Sierra (Valledupar o Santa Marta), por las facilidades que representa al no tener que cortar, limpiar y escarmenar la lana extraída de las crías de ovejas que deambulan por los páramos de la Sierra.

Los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, son, tal vez y sin detrimento de los demás, los que más dan cuenta de la importancia de las naciones prehispánicas en la construcción de nuestro país. Pues la existencia y el conocimiento por parte de los mamu (profundos conocedores de la cultura y de la vida, y máximas autoridades de sus pueblos) de la continuidad histórica entre los antiguos tayrona y los actuales pueblos, hace de los arhuacos, koguis, wiwas y kankwamos, sociedades respetadas. De aquellos antiguos tayrona, de quienes descienden los arhuacos, destacaban los cronistas españoles, entre otras cosas, sus notables dotes de tejedores y el uso de mochilas terciadas elaboradas por las mujeres. Incluso, en muchas piezas de cerámica u orfebrería tayrona, es fácil distinguir el uso de las mochilas.

Cada hombre debe llevar por lo menos tres mochilas terciadas sobre su pecho: una de vivos diseños y colores llamada chigekwanu, en cuyo interior se guardan los objetos personales. Una mochila un poco más pequeña tejida en lana o algodón con los mismos diseños de la anterior, conocida como zizhu, en cuyo interior se guardan las hojas de ayo (coca), siempre va colgada de un hombro o guardada en la anterior. Una tercera mochila hecha en fique donde se guardan los alimentos o el equipaje para los viajes. Es común observar una cuarta mochila colgada de los brazos o en el interior de la chigekwanu, llamada yo 'buro masi, y que se usa para guardar el poporo. Las mujeres por tradición llevan mochilas principalmente de fique llamadas tutugavu colgadas de sus frentes.

Para el profundo pensamiento elaborado por siglos de estudio de su entorno, la mochila es uno de los símbolos más libres de la creación de la vida, es decir, el útero de la madre universal. Por ello, la imagen de una mujer tejiendo mochilas está dotada de la fuerza y del espíritu de la fertilidad. Además, la manera de tejer la mochila se desarrolla en forma espiral, según el símbolo de la creación del mundo hecha por Kaku Serankwa. Cuando una muchacha termina de tejer su primera mochila, debe llevarla ante el Mamu para que sea usada en los diversos rituales de iniciación que la insertan en la vida comunitaria; al momento de tener su primera menstruación.

A su vez, la mochila a través de los colores y dibujos, identifica ante los demás miembros de la comunidad el tana o linaje familiar de aquel que la lleva. Es decir, es uno de los mecanismos de pertenencia a la sociedad arhuaca de cada individuo. Entre esos diseños se destacan el gamako, que es una estilización de la rana, símbolo de la fertilidad entre las culturas indígenas de la Sierra. El zikamu, representación del ciempiés; el aku, a semejanza de los grabados en la piel de la serpiente cascabel, símbolo del tiempo y del espacio. En los últimos años, la creatividad de las gwati (mujeres arhuacas) ha incorporado una extensa gama de diseños, algunos son variaciones de los diseños tradicionales o novedosos como flores, el uso de nombres en los tejidos o representaciones tomadas de los motivos de la orfebrería tayrona.

En los años 60, época de gran transformación en el país, el despertar de las luchas indígenas hizo que muchos sectores de la juventud colombiana miraran su pasado. Y qué pueblo más representativo de ello que el pueblo arhuaco, el cual logró en los años recientes expulsar de su territorio la ya larga molesta presencia de las misiones capuchinas. En esos años, muchos de nosotros adoptamos en nuestra indumentaria el uso de la mochila arhuaca, bella y cargada de símbolos, donde, a semejanza de cualquier arhuaco, guardábamos nuestros más queridos tesoros. Es la hora en que la mochila arhuaca es aderezo fundamental en la vestimenta de cualquier habitante mestizo de los departamentos de Cesar, Magdalena o La Guajira, en nuestras calles o en los caminos, siempre veremos al hombre o la mujer llevar terciada sobre sus hombros una mochila arhuaca que conserva durante años como uno de sus objetos más preciados.

* Antropólogo

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