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| 10/24/1988 12:00:00 AM

LA NUEVA COLOMBIA

Aunque usted no lo crea, el pueblo colombiano es uno de los que más ha mejorado su nivel de vida en el Tercer Mundo en los últimos 30 años.

"Estoy en la olla", "Cada vez estamos peor" y "este país se lo llevo e diablo", son frases que la mayoría de los colombianos repite cotidianamente. En un país en el que resulta casi imposible poner a todo el mundo de acuerdo en algo, existe un consenso alrededor de que todo tiempo pasado fue mejor. Son muy pocos los que ponen en duda que el deterioro social ha alcanzado su punto máximo, que el país esta al borde del abismo y que la única actitud a asumir es la de "sálvese quien pueda".
Pero curiosamente, y aunque esto desafía en forma dramática la credibilidad, la verdad es prácticamente la contraria. Colombia es, hoy por hoy, uno de los países del Tercer Mundo en el que los habitantes han mejorado más su estandar de vida en los últimos 30 años. Su dinámica de progreso social es la más acelerada de América Latina, y solo es comparable al desarrollo que está viviendo Chile, el único país del área que está creciendo a la par con Colombia.
Sin embargo, en el caso de Chile es necesario hacer algunas salvedades, que demuestran que el fenomeno colombiano es aun más impactante. Mientras en el país austral, son muchos los indicadores que hoy muestran una situación social de franca mejoría, para llegar a ella los chilenos han vivido por lo menos dos grandes crisis: la que derrumbó al gobierno de Salvador Allende en 1973, y la que vivió la administración del general Augusto Pinochet a principios de la década. En esas dos ocasiones la población debio soportar descensos netos del nivel de vida, recuperando y comenzando a superar solo ahora el estandar de principios de los 70.
Mientras tanto en Colombia, donde siempre se vive en ambiente de crisis, no se ha presentado ninguna crisis económica real en los últimos 30 años. Tampoco ha habido bajonazos del poder adquisitivo del salario mínimo, y si bien algunos años han sido mejores que otros, el país ha ido siempre para arriba y nunca para abajo en estas materias.
De ningún otro país latinoamericano se podría decir lo mismo. En el ámbito continental, Colombia se encuentra en la mitad, no solo en términos geográficos, sino en lo referente al estado de su desarrollo econámico. De lo que pocos se acuerdan es de que, hasta hace algunos años, el país era uno de los más pobres, al lado de Bolivia, Ecuador, Perú, Haití, Paraguay y, en general, los de Centroamérica. Hoy, en cambio, esta a punto de pasar al lado de los más ricos, donde se encuentran Argentina, Brasil, Chile, México, Venezuela, Uruguay y Panamá. A principios de siglo, Colombia era más pobre que todos los pobres, y su situación de entonces solo era comparable a la de Haití.
Ochenta años después, no solo ha rebasado a los más pobres para ubicarse en medio del pelotón, sino que de seguir las cosas como van, con las tasas de crecimiento en los niveles de los últimos años, pronto estara entre los primeros del grupo, pasando a algunos de los ricos.
LA DANZA DE LAS CIFRAS
Las estadísticas siempre aburren, pero a veces son apabullantes. Este es el caso de las cifras que demuestran lo que bien podría llamarse "el milagro colombiano". Hay que empezar por recordar que hace treinta años, los servicios de luz, agua potable y teléfonos casi no se prestaban, y estaban reservados a la élite de algunas de las principales ciudades. Según el censo de 1985, el 62.8% de los hogares colombianos tenía acceso al agua potable, el 66.7% de quienes habitan en centros urbanos estaba conectado a la red de alcantarillado, la tasa de analfabetismo había descendido a 15.1% la de escolaridad había aumentado a 73.8% y el nivel alcanzado en educación se situaba en 42.8% con instrucción primaria, 22.1% con secundaria y 2.9% con universitaria.
Un estudioso del tema del desarrollo social como lo es Enrique Peñalosa Camargo, anotaba en una conferencia dictada recientemente sobre los adelantos sociales alcanzados, que hace 30 años Colombia se caracterizaba "por ser un país rural de campesinos analfabetos y desnutridos. La miseria dominaba el escenario de la nación, que no contaba con la infraestructura física o humana para superarla, mientras que ahora sí tenemos las bases que permiten sostener un crecimiento económico acelerado, y las condiciones de vida de lo ciudadanos mejoran día a día".
Este planteamiento se confirma con las estadísticas oficiales que se tienen en distintas materias. En la cuestión vivienda, ya que en 1950 había 1.6 millones de unidades habitacionales construídas, con un promedio de 6.6 personas por cada una, y en la actualidad hay 6.4 millones de unidades con un promedio de 4.2 personas por cada una. Y hay algo aún más sorprendente: según el censo de 1985, el 68% de los habitantes son o hacen parte de grupos que son propietarios. Un reciente estudio del Centro Nacional de Consultoría da cuenta de que el 92% de los colombianos manifiesta estar "satisfecho" o "muy satisfecho" de la casa en que habita.
En otro indicador social, el educativo, se presenta también una sorprendente evolución. Siete de cada 10 bachilleres colombianos son hoy hijos de padres que no terminaron la secundaria, y 5 de cada 10 bachilleres son hijos de padres que ni siquiera pudieron iniciar los estudios del ciclo secundario. Mientras en 1950 había 808 mil alumnos inscritos en primaria, en 1986 la cantidad de matriculados en este nivel ascendía ya a 4.3 millones, en un país que, en el mismo período, no alcanzó a triplicar su población.
En 1950, los estudiantes de secundaria sumaban la ridícula cifra de 71 mil. Para 1986, esa cifra se había elevado a 2.2 millones, creciendo así más de 31 veces. En cuanto a los estudiantes universitarios, se paso en ese mismo lapso de 10.300 alumnos a 434 mil, sin contar con los 660 mil que reciben en el Sena y otras instituciones similares, una formación superior.
Y hay más cifras. La esperanza de vida al nacer en 1950 era de 46 años, mientras hoy es de 67 años. En 1950, las personas que no habían recibido instrucción conformaban un 37% de la población, una proporción que hoy se ha reducido al 11%. En 1950, de cada mil niños que nacían, 163 morían antes de cumplir un año de vida, una cifra que hoy ha descendido a 33.
En cuanto a la calidad alimentaria, el cuadro también es alentador. En 1965, la franja de niños entre los 12 y los 35 meses de nacidos, tenía un porcentaje del 29% de desnutridos. En 1986, ese porcentaje se redujo a 13, mientras que para la franja entre los 6 y los 11 meses, la disminución fue del 22% al 9% en el mismo período.
En cuanto a otros servicios, que también pueden indicar la evolución del desarrollo social, resulta igualmente interesante echar un vistazo. En 1965, había 68 mil líneas telefónicas para 14 millones de habitantes. Hoy hay más de 3 millones de líneas, para menos de 30 millones de habitantes. En lo referente a la energía eléctrica, servicio casi inexistente en zonas rurales y muy escaso en las urbanas hace 30 años, hoy en día más del 80% de los hogares cuenta con él. La capacidad instalada de generación paso de 20 a 942 vatios en el mismo lapso.
CRECER Y CRECER
Paralelo al mejoramiento de los indicadores sociales, es importante tener en cuenta que la economía también ha evolucionado en forma favorable. Colombia ha tenido cifras positivas de crecimiento económico durante todos y cada uno de los últimos 30 años. En la decada presente, la economía nacional ha experimentado un crecimiento del 24.7%, el más alto de América Latina, y que contrasta con el promedio regional del 10.7. En Colombia, ese mismo promedio medido por habitante alcanzó el 7%, mientras este índice regionalmente fue negativo (-5.5%).
Pero, ¿a qué se debe este avance, que evidentemente va más alla del desarrollo normal, que puede tener un país subdesarrollado? El gerente del Banco de la República, Francisco Ortega, señaló lo que puede ser una de las claves, en un reciente editorial de la revista de esa entidad: que en los últimos 30 años, el país dejó de depender en un 90% de los reintegros cafeteros en lo referente a los ingresos externos. Hoy en día, la proporción se ha reducido a alrededor de un 30%, mediante un esfuerzo sostenido por consolidar la exportación de otros productos, lo que ha significado diversificar el sector real con efectos positivos en los niveles de empleo y salarios. En general, las exportaciones del país han crecido en lo que va corrido de esta década, en un 40.4%, que contrasta con el promedio regional de solo un 10.1%.
Queda claro pues que, a juzgar por la evolución de estos indicadores económicos y sociales y a pesar de que subsisten grandes dificultades en el país, durante las últimas tres decadas se ha logrado un avance neto. Es importante como, no obstante la etapa recesiva que experimento el planeta a comienzos de la década y que motivó drásticas medidas fiscales y estancamiento temporal en lo referente al desarrollo social, Colombia mantuvo un aceptable nivel de desarrollo económico y social y, aunque sintió los efectos de la recesión, estos apenas alcanzaron a rasguiñar su economía, mientras las de otros países del continente y del Tercer Mundo rodaban por la pendiente de los crecimientos económicos negativos. Todo esto hace pensar, como lo sostienen muchos inversionistas extranjeros, que existen las bases para mejoras aún mayores durante la década de los noventa.
EN BUSCA DE LA EXCELENCIA
Claro que no todo es color de rosa. De todos modos, en Colombia cerca de 10 millones de personas continúan soportando un nivel de vida tan bajo, que se ha definido como de pobreza absoluta. Hay además cifras que siguen siendo inquietantes, como la inflación que este año puede alcanzar un 26%, o el desempleo, que a pesar de haber descendido en los últimos dos años, sigue por encima del 11%, una cifra nada tranquilizadora.
Sin embargo y a pesar de esto último, es un hecho indiscutible que Colombia está hoy mucho mejor que antes en materia social y económica. Juan Lozano y Lozano escribía en 1934 que en Colombia, de 10 millones de habitantes que era la población de ese entonces, un millón usaba zapatos y los 9 millones restantes, alpargatas. Hoy, sin que casi nadie se haya dado cuenta, las alpargatas prácticamente han desaparecido, o las usan algunos intelectuales urbanos más bien pasados de moda, y casi no existe colombiano que no pueda hacerse a su par de Croydon.
Y si todo esto es asi, ¿por qué los colombianos se sienten cada día más insatisfechos? Cualquier encuesta reciente desmuestra que la mayoría de la gente del país considera que ahora, las cosas estan peor que antes, e inclusive peor que nunca. ¿Qué explicación tiene todo esto cuando las estadístícas confirman exactamente lo contrario? En primer lugar, como ya se dijo, que con el aumento del nivel de vida, aumentan las expectativas.
Los 9 millones de campesinos descalzos a que hacía referencia Juan Lozano, no tenían entonces ninguna meta distinta en la vida, de asegurarse la mazamorra diaria. Hoy, con todo derecho claro está, los que siguen siendo campesinos exigen tierra para trabajarla, asesoría del ICA, préstamos de la Caja Agraria, distritos de riego, control a inundaciones, etc. Los nuevos colombianos, los de zapatos, quieren en resumen, casa, carro y beca. Y cuando tienen Renault 4, quieren Renault 9. Y cuando tienen Renault 9, quieren Renault 21. Sus padres probablemente fueron arrieros, pero eso ya se les olvidó. Lo importante para ellos no es de dónde vinieron, sino para dónde van y qué tan lejos pueden llegar. Esa es la naturaleza humana y esa es, realmente, la causa principal de las frustraciones, aunque a la larga, sea también la causa y el motor del progreso mismo.
Una explicación adicional tiene que ver sin duda con el sistema político. En Colombia, con una tradición de libertad de expresión de vieja data, existe una propensión a quejarse de todo y a reconocer muy pocas veces que algo está funcionando bien. Y esta costumbre no es ajena a los dirigentes políticos, que saben que no conseguirían votos si, en contra de lo que opina el grueso de los electores dijeran que las cosas cada día está mejor. Y en lo que se refiere a los presidentes, ellos también tienen su cuota de responsabilidad. Cada un llega al día de su posesión, dispuesto a echarle, velada o abiertamente, el agua sucia a su antecesor, dejando la impresión de que éste estuvo a punto de acabar con el país. Y finalmente la prensa contribuye a generar todo este clíma, ateniéndose a la regla de oro del periodismo contemporáneo según la cual, "las buenas noticias no son noticia".
Pero la realidad es que casi ningún país del Tercer Mundo ha manejado con tanta responsabilidad, con tanta continuidad administrativa de personajes y polítícas, su desarrollo económico como Colombia. Y sobre todo ninguno lo ha hecho manteniendo el sistema democrático, con todo y lo imperfecto que pueda ser el colombiano.
¿Se puede acaso hablar de un "milagro colombiano" como se habla de un milagro alemán o de uno japonés? Tal vez sea exagerado hacerlo. En Colombia más que milagro lo que ha habido es sensatez, para que ninguna administración se haya excedido en desarrollismo o en populismo, sacrificando con ello las finanzas del estado. Claro que esa sensatez ininterrumpida durante 30 años es de por sí un milagro en estas latitudes. Pero el verdadero milagro colombiano puede ser más bien el que está por comenzar. Si algo se puede decir del país es que, en materia económica, ha llegado al punto de despegue.
Segun numerosos analístas internacionales, el año clave será 1992. Para entonces, se habrán llenado en Colombia todos los requisitos para dar el gran salto hacia el desarrollo. Un desarrollo comparable al de la Europa de postguerra o al del sudeste asiático de los sesenta. Un desarrollo que, sin duda, podría ser mucho más acelerado sí no hubíera los problemas de violencia política, guerrilla y paramilitares, los únicos realmente que pueden ensombrecer este prometedor futuro. Hoy, Colombia se encuentra a unos 30 años de alcanzar al grado de desarrollo que tiene España en la actualidad, de vivir todo ese boom económico y de bienestar que han hecho de ese país, el más apetecible de la Europa de hoy. Un niño que nazca en Colombia, vivirá sin duda a los 30 años en un país desarrollado.
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