Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2001/01/08 00:00

La nueva identidad Caribe

Los académicos e investigadores han permitido que el Caribe colombiano se conozca más a sí mismo y siente las bases para desarrollarse como región.

La nueva identidad Caribe

Rara vez se percibe a los académicos como líderes y aún menos si éstos son ‘costeños’ nacidos en una región más conocida por otras manifestaciones de la cultura. Pero así como muchos organismos trabajaron desde la década de los 80 por la integración regional (Sipur, Corpes, Telecaribe, entre otros), ahora son sus estudiosos, algunos vinculados a las universidades y centros de investigación, quienes le han permitido a la ‘Costa’ ser líder en el querer entenderse y asumirse como región, pero región Caribe y no Atlántica.

Aunque el camino hacia la integración regional enfrente las amenazas del actual predominio de lo local sobre lo regional, en concordancia con la globalización, que obliga a cada entidad territorial a competir con las demás para sobrevivir antes que pensar en la cooperación y el esfuerzo mancomunado entre ellas. Y aunque no exista acuerdo sobre la forma institucional y administrativa que resultará de esa integración, todo el esfuerzo que se hace desde la academia y los centros de pensamiento ofrece elementos para cambiar la suerte de esta región. He ahí la importancia de lo que está ocurriendo.

Porque aunque este nuevo conocimiento no se haya socializado masivamente, aunque muchos trabajos no superen el momento descriptivo y aunque haya todavía mucho trecho por andar (en nada este escrito contribuye a la falacia de ser una región sobreestudiada), los aportes a la respuesta sobre el ‘qué somos en el Caribe colombiano’ son ejemplares.

Están sentadas las bases, los elementos que deberán ser aportados para el desarrollo futuro de la región. Empiezan a quedar claras muchas cosas como, por ejemplo, que las causas del atraso social y económico no están en sus gentes. La región estudiada se enfrenta a la persistente utilización del falso estereotipo de la costeñidad: “Costeño tenía que ser”, además de usarse en su acepción peyorativa, suena a montonera informe, y quienes han estudiado la región muestran que lo que hay en esta región es precisamente diversidad. Esa unidad regional lo es por la diversidad.

La riqueza intelectual y cultural, así como el talento de sus gentes para la empresa, la ciencia, las letras, las artes, la música y el deporte ponen en tela de juicio el ‘sambenito’ de que la flojera de sus gentes es la causa de su débil desarrollo económico. Que las causas del actual estado de cosas (pobreza, rezago en las coberturas de servicios públicos frente a los promedios nacionales, disminución de la actividad productiva y el desempleo, tanto en el campo como en las ciudades, falta de oportunidades para sus habitantes), están también por fuera de los límites geográficos de la región. Que a la región no le ha ido bien con ‘viejos’ y ‘nuevos’ modelos de desarrollo, lo que hace más exigente la búsqueda de ‘fórmulas’ para el futuro. Que el desarrollo de la región está íntimamente ligado al desarrollo nacional y por lo tanto un nuevo proyecto de nación deberá romper los frenos a la prosperidad del Caribe colombiano son ideas que empiezan a quedar claras.

A pesar de las diferencias ideológicas, políticas o de simples enfoques, pues los hay de todas las corrientes, la intelectualidad de la región tiene puntos de encuentro alrededor de la pertenencia al Caribe y esta identificación empieza a aparecer entre empresarios y la dirigencia gremial e institucional. El acercamiento que debería profundizarse entre el sector productivo y la academia alrededor de los asuntos regionales ya tiene muestras evidentes: desde el sector privado se auspician seminarios y centros de estudio regionales. Pero sectores del empresariado y la dirigencia igualmente empiezan a pensar como región y a actuar entendiéndose como caribeños.

Desde la Nación, aunque se mantiene la inequidad en la asignación de recursos hacia esta región y el centralismo se endurece a pesar de casi dos décadas de descentralización, hay síntomas de simpatía por esta revaloración. La Universidad Nacional de Colombia ha abierto en San Andrés el Instituto de Estudios Caribeños; desde el gobierno nacional se buscan más y mejores relaciones con los países hermanos del Gran Caribe (desde la vicepresidencia de la República y la embajada en Jamaica se ha ejercido este liderazgo); y en la torre del Departamento Nacional de Planeación ha sobrevivido una dependencia especializada en los asuntos de la región. Estos son apenas tres ejemplos de ello.

Además de los pioneros del nuevo conocimiento, como Luis Eduardo Nieto Arteta, Orlando Fals Borda, Gerardo Reichel-Dolmatoff, Manuel Zapata Olivella, Héctor Rojas Herazo, sin olvidar a Gabriel García Márquez como líder de líderes en la reinterpretación de la realidad regional, hay en la región liderazgos que no se conocen porque en estos tiempos se resaltan otros. Hay una ciudad que de lejos sobresale entre todas las demás, hay instituciones ambientales reconocidas por hacer bien su trabajo, hay empresas, universidades, fundaciones y las más variadas formas de asociación y de organización popular, cívica y gremial que sirven de ventanas desde donde se divisa la claridad.

Hay en el Caribe colombiano muchas muestras del saber hacer que se requiere para el futuro. La región cuenta con los gérmenes de la nueva sociedad que deberá abrirse paso cuando Colombia salga del actual y desesperante atolladero. Cuenta con empresarios del campo y la ciudad que a costa de golpes han asumido los riesgos que trae cada momento; están los trabajadores, que han sabido brindar su cuota de sacrificio a lo largo de la historia; sus universidades en afán de mejorar con grupos y centros de investigación que buscan la excelencia; sus artistas y creadores, que superan las vicisitudes de la cotidianidad y la recrean; pequeñas organizaciones que hacen maravillas con lo que tienen a mano. Y está su gente, que siempre ha aguantado, que sobrevive a cada angustia, que está que explota.

Tendrá entonces la región que aprender a manejar mejor su importancia electoral; la bancada parlamentaria —que se ha sabido unirse cuando ha querido— tendrá que hacerlo por esos temas sentidos de la integración y la superación de la pobreza. La región donde brillan las individualidades tendrá que aprender a trabajar en equipo.

Con el liderazgo en el conocimiento de su realidad, de su historia y de sus potencialidades, la región Caribe de Colombia tendrá que formar líderes con amplia capacidad de convocatoria, que se orienten por programas y principios renovadores, interesados en lo público y en lo colectivo, con capacidad de crear y también de transgredir. Líderes para el siglo XXI es lo que se requiere, en últimas, para complementar la tarea de conocimiento, valoración e identificación.

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