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| 11/10/2003 12:00:00 AM

La religión es la que manda

Dentro de las múltiples expresiones que se dieron en este período los temas religiosos fueron los que predominaron en el llamado arte colonial.

La mayor parte de las expresiones artísticas de la época colonial estuvieron relacionadas con el propósito de evangelizar a los indígenas y mantener la fe en los colonos. Además de la palabra hablada, los religiosos acudieron al extraordinario poder de la imagen para difundir la doctrina católica, apoyados por la corona española a través del control de otros temas que no estuvieran relacionados con el propósito evangélico. Esta es la razón por la cual observamos que las obras coloniales de pintura, escultura y aun de decoración se relacionan de un modo tan estrecho con los temas religiosos.

En un comienzo se acudió naturalmente a la importación de imágenes pintadas, grabadas o talladas para establecer el culto en templos doctrineros, iglesias y conventos. Pero para atender la creciente demanda de obras se establecieron en nuestro territorio algunos maestros, quienes con sus hijos y con otros jóvenes formaron talleres a la manera de los que tradicionalmente existían en España para trabajar y enseñar su arte. Tales fueron los casos del maestro sevillano Baltasar de Figueroa, quien organizó, a comienzos del siglo XVII con sus hijos, un taller en Santa Fe, el cual luego trasladó a Mariquita y posteriormente a Turmequé. En el taller de su hijo Gaspar se formó, con otros artistas, el más conocido de nuestros pintores coloniales: el maestro santafereño Gregorio Vázquez de Arce y Ceballos (1638-1711).

Otros casos fueron los de las familias de Antonio Acero de la Cruz y de los hermanos Fernández de Heredia, Tomás, Alonso y Pedro. Temporalmente también vivieron y trabajaron en nuestro país algunos artistas italianos, entre ellos Angelino de Medoro y Francisco del Pozo.

De igual manera, se establecieron talleres de platería en Santa Fe, Tunja, Santa Fe de Antioquia y Popayán, entre los más destacados. Aún no se han estudiado los talleres de los escultores, que fueron muy importantes a juzgar por las extraordinarias obras de talla e imaginería que aún se conservan. Quizás el maestro más ilustre y reconocido es el andaluz Pedro Laboria, quien vivió y produjo una excelente obra en Santa Fe hasta su muerte, acaecida probablemente a fines del siglo XVIII.

La forma de aprendizaje en esa época era muy particular. Se acudía a los modelos ya establecidos, copiando las obras que inicialmente importaron las comunidades religiosas para sus templos y conventos.

Muy pronto se estableció la utilización de las estampas grabadas que provenían de Amberes como modelos, tanto para la pintura como para la escultura, el mueble, la platería y otras artes decorativas. Como puede apreciarse hoy, mediante la comparación, en el caso de la pintura algunas de estas estampas se reproducían fielmente mediante el dibujo y luego se les aplicaba el color, siguiendo las indicaciones de los tratadistas de arte. En otros casos se escogían secciones de los mismos grabados, que eran hábilmente combinadas, recreadas o adecuadas para lograr la composición deseada.

En algunas oportunidades el mismo grabado era coloreado y adosado a un retablo, generalmente portátil, o simplemente enmarcado como si se tratara de una pintura. Los libros ilustrados con estampas, los mapas, los devocionarios, las biblias, que se editaban en las imprentas europeas en grandes proporciones, difundían modelos que en buena medida eran imitados por nuestros artistas.

Pintores, talladores, carpinteros, alarifes y plateros se dedicaron a atender las demandas tanto de las comunidades religiosas como del resto de los habitantes, pues la religión católica penetró todos los aspectos de la vida en forma que los particulares también demandaban imágenes de culto para practicar sus devociones en los hogares.

El legado artístico de aquella época no se limita a ciudades como Bogotá, Tunja, Cartagena, Mompox, Popayán, Pamplona o Santa Fe de Antioquia, sino que abarca también pequeños poblados que aún conservan ejemplos de obras trabajadas por nuestros primeros artistas y que tienen el mérito de ser las iniciadoras en la formación de un arte que gradualmente fue adquiriendo desarrollos propios.

*Historiadora. Ex directora del Museo de Arte Colonial
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