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| 6/2/2012 12:00:00 AM

La revolución masculina

A pesar de ser menos conocida, la lucha de los hombres por la igualdad de género también existe.

Estereotipos como el machismo, la rudeza, la virilidad, asociados a la condición masculina, también afectan a los hombres, que no quieren ser encasillados por su culpa. Así como las mujeres han sido escuchadas, ellos también quieren serlo.

Rechazan la tendencia a ser definidos con frases como ‘todos están cortados con la misma tijera’, ‘los hombres no lloran’ o ‘todos los hombres son infieles’. Psicólogos y expertos en estudios de género coinciden en que las generalizaciones son peligrosas: de hecho no hay un hombre igual a otro.

¿De qué se quejan? Según el psicólogo clínico Miguel Rueda, un ejemplo clásico es que si un hombre le pega a una mujer ella puede denunciar, pero si sucede lo contrario, probablemente será ridiculizado. Culturalmente se espera que el hombre sea el que mande en la relación y que permita que una mujer lo maltrate es visto como un gesto de debilidad.

Otra muestra de desigualdad masculina es la licencia de paternidad, llamada en Colombia Ley María, la cual tiene una duración de ocho días hábiles, mientras que la de maternidad es de 14 semanas. “Se exige una paternidad presente y cariñosa, pero no dan el espacio para eso”, afirma Rueda.

Carolina Herrera y Juliana Torres, psicólogas clínicas de Liberarte, coinciden en que muchos hombres creen que si no le demuestran a la sociedad lo ‘machos’ que son pueden ser percibidos como afeminados. Y una forma de demostrarlo es ganar más que su pareja o destacarse en su desempeño profesional.

Para Yolanda Puyana, docente e investigadora de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional, ser hombre en un país machista como Colombia lo obliga a pisar fuerte, a ser un conquistador y, ante todo, heterosexual, pues existe la falsa creencia de que los homosexuales fallaron en la actitud varonil requerida para ser hombres de verdad.
En muchas culturas, además, la paternidad viene de la mano de una actitud de proteger y de correr con todos los gastos del hogar, así como también del control de los hijos a través del castigo y, de manera paralela, de la inhibición de los afectos.

El asunto, por lo general, empieza desde la crianza, cuando a niños y niñas se les hace énfasis en que tienen capacidades y expectativas distintas. Y muchas veces las condiciones de masculinidad impuestas someten a los hombres a unos roles de competencia muy fuertes. “En los estratos altos, por ejemplo, un buen hombre es aquel que gana millones y dirige empresas”, dice Puyana.

Lo más grave de todo es que, según las especialistas de Liberarte, vivir en un país en el que los géneros están atados a comportamientos limita la experiencia del hombre en su paternidad, su estética y en el desempeño de actividades señaladas como femeninas.

La otra cara de la moneda son las teorías actualmente en boga de las nuevas masculinidades, que buscan ir más allá de todos esos estereotipos y revelar que no hay una única manera de ser hombre, sino tantas como hombres existen en el mundo. Un número cada vez mayor de ellos se sale de los mandatos establecidos para construir su identidad como mejor le parezca.
 
Más estereotipos
 
Otro de los paradigmas que los hombres llevan a cuestas es tener que tomar la iniciativa y pagar la cuenta a la hora de salir con una mujer. Esto porque el manejo de las finanzas está muy ligado con el poder que el hombre debe tener en la relación. Socialmente, aunque cada vez menos, sigue existiendo la concepción de que en esos temas él es el que manda. También se les ha encasillado en que deben reprimir sus emociones porque esos son, supuestamente, asuntos femeninos.
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