Lunes, 24 de noviembre de 2014

| 1987/08/03 00:00

LA REVOLUCION MINERA

La Colombia cafetera está siendo remplazada por una nueva Colombia minera

LA REVOLUCION MINERA

Ha pasado ya casi un año desde aquella noche del 7 de agosto de 1986, cuando Guillermo Perry -por entonces el nuevo ministro de Minas y Energía de la administración Barco- fue saludado como cualquier hijo de vecino por el Presidente de la República. En esa ocasión, Perry, perdido entre la larga cola de lagartos y personalidades que estaban en el interior del Palacio de Nariño, escasamente tuvo tiempo de estrecharle la mano al nuevo jefe del Estado y de escuchar de éste una corta frase protocolaria. Pero ahora, esos tiempos han cambiado. El técnico poco conocido de hace 11 meses es hoy en día el funcionario estrella del gobierno. Mas aún, Perry está en el epicentro del gran vuelco minero que le está cambiando la cara a la economía colombiana. La bonanza petrolera, los líos del carbón y del níquel, las posibilidades del oro, las perspectivas del gas natural y la debacle del sector eléctrico, son temas que diariamente tiene que lidiar este economista de 40 años que no abandona su pipa y que vino a redescubrir las corbatas al volver al sector público.
Y es que el manejo del área requiere de todo: desde el guante de seda, hasta el de boxeo. No es para menos. Tal como están las cosas, a la vuelta de dos años casi uno de cada dos dólares que le ingresen al país por exportaciones provendrá del sector minero.
LOS POZOS DE LA DICHA
Primero, las buenas noticias. Después de todas las angustias de la década pasada cuando Colombia pasó de importador a exportador de petróleo, llegó la época de las vacas gordas. Sin llegar a ser Arabia Saudita, el país ha entrado de nuevo en el mercado internacional del crudo gracias a una serie de yacimientos importantes que han hecho olvidar las angustias de épocas pasadas.
Las cifras son llamativas. De una producción de 167 mil barriles de petróleo diarios en 1984, Ecopetrol estima que se pasará a una de 514 mil barriles diarios para 1989. Debido a que este volumen supera ampliamente las posibilidades de consumo nacional, el país comenzó a exportar petróleo en 1986 (86 mil barriles diarios) y aspira a vender unos 272 mil por día para 1989.
Es esa la razón que ha llevado a los especialistas a decir que el petroleo ha pasado al café como el mayor generador de divisas. En 1987, por ejemplo, el valor de las exportaciones de crudo y derivados se estima en 1.379 millones de dólares -más del doble de las de 1986- lo cual equivale al valor total estimado de las exportaciones de café. Si a eso se le agrega que las proyecciones en el caso del petróleo se hicieron con base en un escenario pesimista de 17 dólares por barril de crudo, hay que concluir que al país le van a entrar más dólares. La semana pasada, un acuerdo de los países miembros de la Opep para limitar su producción llevó los precios internacionales del petróleo por encima de los 19 dólares el barril para entrega inmediata y a más de 20 en el mercado de futuros. Si esa situación se mantiene, el país estaría recibiendo durante este semestre más de 300 mil dólares diarios por encima de lo estimado.
Semejante situación contrasta con la de hace un año, cuando el petróleo se cotizaba apenas por encima de la barrera de los 11 dólares. Esa es la razón por la cual, aunque las exportaciones en volumen aumentarán un 73% en 1987, los ingresos en dólares deben crecer en, por lo menos, un 112% .
Gracias a esta circunstancia, el país está amortiguando el golpe de la baja en los precios internacionales del café. Los 1.400 millones de dólares que Colombia "pierde" este año como consecuencia de los problemas del grano, son compensados en buena parte por los 800 millones de dólares de más que se ganan con las exportaciones de petróleo.
Pero si los números para 1987 son llamativos, lo son todavía más para los siguientes años de esta década. Las proyecciones oficiales indican que los ingresos por exportaciones de crudo y derivados deberán acercarse a 1.600 millones de dólares en 1988 y a 2.200 millones en 1989.
Esa fiesta empezaría a apagarse en 1991, si no hay nuevos descubrimientos. Aunque con las reservas actuales se cree que el país podría continuar siendo autosuficiente hasta poco antes del próximo siglo, los excedentes para exportación tendrían que reducirse paulatinamente.
Frente a esa posibilidad, el gobierno ha insistido en que se debe aumentar el ritmo de exploración de pozos. La experiencia indica que las angustias que tuvo Colombia en materia petrolera se debieron a que en un momento dado nadie estaba buscando crudo. Ahora, el Ministerio de Minas está empeñado en lograr que se perforen 60 pozos al año con el fin de asegurar el descubrimiento de nuevos yacimientos. Esa meta no se logró en 1985 cuando solamente se completaron 45 pozos. En 1986 la situación estuvo todavía peor debido a que, en respuesta a los bajos precios internacionales del crudo y a una serie de disposiciones tomadas por el gobierno colombiano, las compañías extranjeras disminuyeron su ritmo exploratorio, con lo cual el total de pozos
perforados llegó a unos 30.
Afortunadamente esas circunstancias parecen haber cambiado. Este año, Ecopetrol aumentó su nivel de exploración de 4 a unos 23 pozos. Al mismo tiempo, se abrieron áreas para búsqueda bajo la nueva modalidad de contratos de participación de riesgo, un sistema que le ha llamado mucho la atención a las multinacionales.
Con esos cambios el gobierno confía en rebasar el objetivo de los 60 pozos. En lo que va del año, Ecopetrol ya ha perforado 8, está perforando 5 y va a adelantar otros 10. Por su parte, las multinacionales han perforado 16, están perforando 12 y van a adelantar otros 12 pozos.
Los resultados son alentadores. En el caso de Ecopetrol los 5 pozos que han resultado "fértiles" han dado unos 17 millones de barriles de reservas, cifra que equivale a lo encontrado durante todo el año pasado. A su vez, las compañías extranjeras llevan ya 69 millones de barriles de reservas, volumen que equivale a más de la mitad del encontrado en 1986.
Esos hallazgos son los que le hacen pensar a los especialistas que la bonanza petrolera de Colombia va a durar más tiempo. Con los descubrimientos de este año, el país tiene asegurada la autosuficiencia hasta 1996 y se calcula que con un poco de suerte se hallen yacimientos que permitan seguir exportando hasta bien entrado el siglo XXI. A pesar de los escándalos que surgen de vez en cuando (ver recuadro) y de inconvenientes tales como la guerrilla y las difíciles condiciones de trabajo, los expertos insisten en que el país puede estar tranquilo sobre su futuro petrolero.
FE DE CARBONERO
Sin embargo, el parte de calma no se da tan fácil cuando se mira lo que pasa con el carbón. En efecto, el mineral que alguna vez fuera la supuesta tabla de salvación de la economía colombiana no está resultando. Los precios del carbón que, según los cálculos hechos por los expertos al comienzo de la década, debían estar en cercanías de los 70 dólares por tonelada, hoy se encuentran en 27 dólares.
Esa situación, como es de suponer, ha trastornado muchos planes y, en particular, los que se tenían con el Cerrejón Zona Norte, la mina a cielo abierto ubicada en el departamento de la Guajira. El proyecto de 2.850 millones de dólares realizado en asocio de Carbocol e Intercor (filial de la multinacional Exxon) está en pleno desarrollo de producción y debe alcanzar su meta de 15 millones de toneladas para 1989.
Hasta ahora los socios del Cerrejón han podido sobreaguar sin grandes angustias. No obstante, las jaquecas están comenzando. Por el lado de Carbocol, los 1.400 millones de dólares largos que invirtió la empresa fueron financiados en cerca de un 85% con crédito externo de bancos y de proveedores que se comienzan a vencer pronto. Debido a los malos precios del mineral, el proyecto está dando escasamente para pagar costos operativos y no hay plata para los financieros. Aun el próximo año cuando el costo operativo promedio por tonelada debe bajar a 21 dólares, eso no es suficiente para hacer rentable al Cerrejón.
Por lo tanto, Carbocol necesita urgentemente nuevos créditos externos por 260 millones de dólares, así como más recapitalizaciones de sus socios nacionales (IFI, Proexpo y Ecopetrol entre otros), si desea pagar sus deudas a tiempo. Aunque el gobierno y los observadores independientes están seguros de que llegará el día en el cual el Cerrejón se vuelva negocio, por ahora hay que aguantar las pérdidas.
Claro que eso no impide que la mini bonanza del carbón se vea en las cifras. Tomando como base un precio promedio de unos 28 dólares por tonelada, el país debe recibir cerca de 270 millones de dólares en 1987 por concepto de exportaciones del mineral. Esa cifra debe subir año a año hasta llegar a 416 millones de dólares en 1989 y a 483 millones en 1990. Lógicamente si por fin el precio del carbón comienza a repuntar, los ingresos del país serán sustancialmente mayores.

FIEBRE DE 40
Pero si en el caso del carbón hay esperanza, en el del oro hay fe. La tan mentada tradición aurífera del país se está comprobando y aunque lo sucedido no equivale, ni mucho menos, a la leyenda de Eldorado, es, por lo menos, satisfactorio. Así es. Casi cinco siglos después de que los conquistadores españoles comenzaran a explotar el oro de la Nueva Granada, todavía queda en el país lo suficiente como para generarle cerca de 400 millones de dólares al año. Las minas de Antioquia y el Chocó, al igual que unos nuevos yacimientos, dan alga más de 30 toneladas del metal, que pasan a las arcas del Banco de la República.
Ese resurgimiento del oro es relativamente reciente. Hace unos tres años cuando Colombia parecía irremediablemente destinada a una crisis cambiaria se le impuso un sobreprecio de compra al metal, hecho que -aparte de algo de contrabando- estimuló la producción nacional. Aún hoy que el sobreprecio se redujo a su mínima expresión (apenas la suficiente para compensar los impuestos que se le cobran al minero) las compras de oro no han caído abruptamente. Aunque ha habido una merma, se cree que ésta obedece a problemas de orden público en las zonas auríferas. Esa disminución se ha disimulado gracias a que, en lo que va de este año, el oro ha subido casi un 15% en los mercados internacionales.
Tal como están las cosas, el gobierno estima que las compras de oro llegarán este año a 380 millones de dólares, cifra menor en 80 millones de dólares a la de 1986.
Ese menor valor no es preocupante, en opinión de los expertos. Por ahora se estima que la producción puede repuntar gracias a una serie de nuevos mecanismos de ayuda a los mineros, tales como más puntos de compra (lo cual evita que el oro se vaya a otros países donde hay un sobreprecio más alto), líneas de crédito y asistencia técnica. Con esa estrategia, se piensa que a la vuelta de dos o tres años se volverá a alcanzar el nivel de 1986.
Claro que eso es sin tener en cuenta ni grandes variaciones en los precios ni nuevos descubrimientos. Es precisamente este punto el que llama la atención. Desde hace muchos meses se ha venido mencionando insistentemente el tema de las posibilidades auríferas de la zona conocida como el escudo de Guyana, en el Guainía. Algunas pruebas preliminares hacen pensar que en ese caso el país -valga la redundancia- está sobre una mina de oro.
Un análisis más certero de las posibilidades del área se sabrá en unos meses. Ecominas ya contrató los primeros estudios y el gobierno está mirando desde ya las posibles formas de contrato para la explotación y el desarrollo de la zona. Aunque es muy aventurado hacer un cálculo, desde ya se sabe que la región es apta tan sólo para una explotación a gran escala y con altos niveles de inversión inicial. Si todo sale como está planeado, antes de un año deben estarse adjudicando los primeros bloques de terreno para que los colombianos puedan comprobar si la leyenda de Eldorado tenía más de Guainia que de ficción.
EMBRUJO VERDE
Una incógnita similar es la que se tiene con las esmeraldas. En efecto, las piedras que han hecho famoso al país por su belleza y por causar tantas véndettas mortales en la Avenida Jiménez de Bogotá, deberían empezar a dar dólares. A pesar de que se sabe de la gran producción esmeraldífera del país, lo cierto es que ésta sale por fuera de los canales debidos. Los estimativos oficiales sobre el valor del comercio de esmeraldas se ubican entre los 150 y los 200 millones de dólares. Sin embargo, tan sólo se registran 36 millones.
Frente a esa situación, se desea adelantar una campaña de "institucionalización" del mercado. Según el Ministerio de Minas, se requiere tan sólo un empujón para que el comercio de esmeraldas se haga por las vías legales. Dicho impulso consistiría en una promoción de imagen a nivel internacional, comercialización directa con otros países y esfuerzos de capacitación. Si eso se cumple, el gobierno confía en que el verde esmeralda se convierta en el verde dólar.
Claro que aquí por lo menos se tienen ilusiones. En cambio si se mira el último gran mineral de la lista colombiana -el níquel- la cosa se ve bastante triste. Tal como sucedió con el carbón, al níquel de Montelíbano (Córdoba) lo cogió el huracán de los bajos precios internacionales. Como resultado, Cerromatoso, la empresa que lo explota, vive en continuo saldo en rojo y a la espera de que un día de estos al níquel se le aparezca la Virgen. No obstante los malos precios, eso es suficiente para que las ventas del mineral le generen al país algo más de 70 millones de dólares al año.
LAS OTRAS GANANCIAS
Esa es la relación de la bonanza minera que le está cambiando la cara al país. Sin detenerse sobre los problemas específicos de uno u otro sector lo cierto es que los millones de dólares que le van a entrar en el futuro a Colombia son suficientes para asegurale algo de tranquilidad en los años venideros. A diferencia de lo que sucedía antes, cuando la suerte del país de pendía de la del café, ahora el país no va a tener todos sus huevos en la misma canasta. Mientras en los primeros años de esta década las exportaciones del grano constituían un 45% del total, para 1990 se estima que éstas serán de apenas un 25%. Tal como dirían los especialistas, Colombia está dejando de ser un país monoexportador.
Pero los ingresos del sector externo no son los únicos beneficios que recibe el país con la bonanza minera. En el caso del petróleo, la buena situación le ha permitido a Ecopetrol recuperarse de angustias pasadas. La empresa estatal -que dio pérdidas por 25 mil millones de pesos en 1985- pasó a ganarse 2.300 millones en 1986 y se espera que este año dé utilidades por 60 mil millones. Esta situación le permite a Ecopetrol adelantar un plan de inversiones por más de 100 mil millones de pesos y adicionalmente hacerle transferencias a la economía por unos 80 mil millones más. Por ejemplo, por anticipos y regalías la empresa deberá girar unos 35 mil millones de pesos, contra 17.600 millones entregados en 1986. Adicionalmente se le darán 15.500 millones al presupuesto nacional, 9 mil millones al Fondo Vial Nacional (para las carreteras del Plan de Rehabilitación), 5.500 millones a Resurgir, 18 mil millones en préstamos puente al sector eléctrico, 1.200 millones para la exploración del oro del Guainia y 10 mil millones para capitalizar a Carbocol.
Semejante rosario de aportes funciona a menor escala en otras areas mineras. Aunque obviamente lo ideal sería que hubiera todavía más dinero, lo cierto es que las regalías e impuestos que se pagan son definitivos para las finanzas nacionales y para las de algunos municipios y departamentos.
La lista de utilidades no termina ahí. Dentro de los ricos yacimientos que hay se encuentran los de gas natural, cuya explotación para uso doméstico e industrial está revolucionando ciertas zonas del país. La sustitución de la energia eléctrica y la gasolina por el gas tiene un potencial enorme y es uno de los planes bandera de este gobierno. En el caso del consumo residencial, por ejemplo, desde agosto pasado hasta la fecha se han hecho 15 mil nuevas instalaciones domiciliarias en ciudades de la Costa Atlántica, frente a 40 mil que se habían realizado en los últimos diez años. Así mismo, el combustible se está utilizando para los vehículos de servicio público y hay grandes posibilidades de un resurgimiento de la pequeña y mediana industria gracias a esta forma de energía barata.
En los sitios donde no hay gas natural se está intensificando el uso del gas propano. En Bogotá un plan piloto en los barrios populares cubre ya a 22 mil familias, y se está comenzando la construcción de un gasoducto que traerá el combustible desde Apiay en el Meta, el cual debe estar terminado para comienzos de 1989. Adicionalmente, se está estudiando si vale la pena hacer un gasoducto para traer gas natural a Bogotá. Si la idea resulta viable se cree que para la próxima década todo el país, con excepción de los territorios nacionales, tendría o gas natural o propano como fuente de energía.
El éxito de esa iniciativa debería aliviar la presión sobre el gran dolor de cabeza del área: el sector eléctrico.
Después de los grandes proyectos de los años pasados que dejaron endeudado al país hasta el cuello, la idea ahora es la de salirse poco a poco del agua. Se han racionalizado las tarifas y se están adelantando las conversaciones para conseguir algo más de mil millones de dólares que faltaban. Con ese respiro, se desea prestarle atención al mejoramiento de redes, a los refuerzos de las líneas de transmisión y a aumentar la electrificación rural (de un 26% a un 40% de las zonas campesinas en los próximos 4 años).
Esa lista de temas, y algunos más, es la que tiene a su cargo el Ministerio de Minas y Energía, convertido hoy por hoy en uno de los puntos claves del gobierno. La magnitud del área y la importancia de las decisiones es tanta que no hay realmente mucho campo para improvisar. Es por esa razón que los conocimientos y el sentido común de Guillermo Perry están probando ser definitivos para un país que descubrió otra vez que buena parte de su futuro está en sacar bien los productos que tiene guardados bajo la tierra.-

CONTRALORIA Vs. OXY
Fue una denuncia que encajó perfectamente dentro del ambiente futbolístico que vivió el país la semana pasada, con ocasión de la Copa América.
En un informe de 42 páginas dado a conocer el miércoles, la Contraloría General de la República sostuvo repetidamente que la Occidental Petroleum Company le había metido al país varios goles en desarrollo de las obras y negociaciones sobre la explotación y el transporte del petróleo de Arauca. Ese fue tan sólo el episodio más reciente que ha circundando el pozo petrolero más rico del país. Con reservas por casi mil millones de barriles, el éxito de Cravo Norte ha sido definitivo para asegurar la entrada del país dentro de la comunidad de los exportadores de petróleo.
Claro que esa entrada se hizo a costa de muchas irregularidades, según la Contraloría General.
Entre otras acusaciones, el máximo órgano de control fiscal del país sostiene que "Ecopetrol delegó en Occidental, su socio y operador del contrato de asociación, toda la responsabilidad para la contratación de las obras de construcción de los oleoductos Caño Limón-Río Zulia, Río Zulia-Coveñas y Terminal de Coveñas, mediante licitaciones privadas que no reportaron economías ni mayor eficiencia operativa, sino que por el contrario, se tornaron onerosas para la empresa y la economía nacional". Como resultado de esa situación, la Contraloría dice que los sobrecostos de la obra de los oleoductos llegaron a casi 61 millones de dólares.
La piedra angular de esa polémica es la tubería de 491 kilómetros que conecta a Río Zulia, cerca a Cúcuta, con el puerto de Coveñas. En opinión de la Contraloría hay claras irregularidades en la adjudicación del contrato de construcción por valor de 466 millones de dólares a la compañía norteamericana Bechtel. Básicamente todo tiene que ver con que la Oxy "decidió" quién se ganaba el contrato con el argumento de que la compañía escogida tenía la mejor propuesta en cuanto a plazo y costo. De tal manera -sostiene la Contraloría- el papel de Ecopetrol se limitó a refrendar una decisión que ya estaba tomada. Tanta era la seguridad de la adjudicación que la Oxy compró la tubería el 20 de febrero de 1985, casi 2 meses antes de que la junta directiva de Ecopetrol le diera su bendición al oleoducto.
Pero lo peor no es eso. En opinión de la entidad fiscalizadora hay sobrecostos en el valor de la tubería utilizada, existía una firma que hacía el trabajo por casi 15 millones de dólares menos y el oleoducto se hizo 25 kilómetros más largo que los dos ya existentes en la zona.
Todo eso y varias cosas más. La Contraloría cuestiona las obras del puerto de Coveñas y el sistema para cargar el crudo. En el centro de la controversia está un tanquero comprado y adecuado por la Oxy por valor de 26 millones de dólares, cuya utilización no se justifica ni desde el punto de vista de costos ni de eficiencia.
Aparte de eso, se llama la atención sobre una supuesta elusión de impuestos para no pagar los costos de nacionalización de la maquinaria del puerto. También se insiste en la necesidad de revisar los impuestos que se pagaron (400 pesos) por la transferencia de acciones de la Oxy a Colcitco, subsidiaria suya, cuando ya supuestamente se sabía la calidad del yacimiento de Cravo Norte. Tiempo después, estas acciones fueron vendidas por mil millones de dólares a la Shell.
Ante la magnitud de tales denuncias, la Oxy se apresuró a entregar un comunicado de prensa en el cual afirmaba que "hemos cumplido con la ley". Ecopetrol, por su parte, anunció que contestaría los cargos que fueran de su competencia.
Los grandes implicados, sin embargo, resultaron ser los funcionarios de la administración pasada que tomaron las decisiones que hoy son materia de discusión. En declaraciones a la prensa, el ex ministro de Minas, Iván Duque Escobar, sostuvo que "los informes de la Contraloría buscan más publicidad que objetividad" y que "tanto los directivos de Ecopetrol, como quienes actuamos en el pasado en su junta directiva podremos explicar todas nuestras actuaciones".
Esas dudas son las que deben ser resueltas. Aunque diferentes expertos consultados por SEMANA dijeron que algunas de las afirmaciones de la Contraloría no son muy consistentes, hay otras que por lo menos dejan la incertidumbre sobre si otra vez Colombia se volvió a dejar golear en sus negociaciones con las compañías multinacionales.

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