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| 1/15/2001 12:00:00 AM

La supersister

La monja Tierney Truman creó con mucho éxito como rectora del Colegio Santa Francisca Romana un colegio para niños de escasos recursos.

Cuando al alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa lo aplaudieron por su propuesta de que los colegios del norte administraran a los del sur ya había alguien en la capital que llevaba 15 años ejecutando la idea.

Sister Tierney Truman, directora hasta hace dos años del colegio Santa Francisca Romana, ha demostrado con su colegio Anexo San Francisco de Asís que esta hermandad entre colegios de diferentes estratos es una idea que funciona.

La educadora de 60 años, que en lugar de hábito usa jeans y camiseta, nacida en Minnesotta, Estados Unidos, llegó a Colombia para quedarse un año por orden de la comunidad franciscana. Pero nunca se devolvió. Lleva 25 años en el país y no se quedó sólo en la dirección de un colegio bilingüe estrato seis, sino liderando un programa de educación para niños de estrato uno.

El proyecto empezó como parte del programa de alfabetización para las niñas de último año del ‘Santa Pacha’, que le daban clases por las tardes a unos pocos niños de barrios marginales de los cerros de Bogotá. Hoy el Anexo recibe más de 400 pequeños, desde primero hasta último grado, quienes pagan 10.000 pesos mensuales. El resto es subsidiado con recursos conseguidos por Tierney. A cambio reciben una educación que podría envidiar cualquier colegio privado. Los profesores son, en muchos casos, los mismos que los del Santa Francisca Romana y, además de las cuatro sedes en las que funciona, asisten tres veces semanalmente al Santa Francisca Romana para utilizar laboratorios, computadores, canchas deportivas y bibliotecas.

El bachillerato del Anexo es técnico-empresarial, por eso durante los dos últimos años los jóvenes además de aprender oficios como carpintería, ebanistería o panadería, deben hacer pasantías en alguna empresa de Bogotá. Un poco más de la mitad de los que se han graduado se han vuelto autosuficientes y muchos otros estudian becados en universidades como la Nacional, la Javeriana o la San Martín.

Actualmente Tierney está trabajando con las universidades Externado, la Sabana y el Bosque en el desarrollo de un programa que permita extender la preparación de los estudiantes dos años más para que se gradúen con un certificado universitario.

“No todo ha sido color de rosa, al principio los padres de las alumnas del colegio quisieron construir unos baños nuevos para que los niños del Anexo y sus hijas no usaran los mismos baños”, afirma Truman.

Hoy en día hay una relación muy especial entre los dos colegios. Cuando una niña vive con todas las comodidades y debe compartir con alguien de su edad que no tiene la posibilidad de comer bien todos los días se convierten en personas más justas y responsables. “Una cosa es saber que hay dos millones de desplazados en Colombia y otra muy distinta trascender la fría estadística de las cifras para entrar en relación de afecto con alguien. Muchas ‘pachas’ logran salir de la burbuja en la que viven”, asegura Tierney.

Para ella lo más importante del catolicismo es entender el sentido de hermandad. Para ella tener plata no hace a una persona mala; lo malo es cerrarle los ojos a la realidad en la que viven la mayoría. “Uno puede ir a misa todos lo días, confesarse y regalar mercados, pero si uno no logra comprometerse con los demás para construir un país mejor no hay religión que valga”, dice Tierney. Por eso su proyecto no pretende ser paternalista porque no aspira a quitar el hambre del momento. Su objetivo es abrirles un futuro digno y con oportunidades. Para ella, ese es el desafío de la religión cristiana hoy en día.

Como Sister Tierney hay muchos más que entienden que el futuro de Colombia ante todo depende en gran parte de la posibilidad de devolverles a los jóvenes la esperanza y para eso se necesita quien ayude a educarlos.
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