Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1990/10/01 00:00

LA VIDA ESCOLTA

El exceso de guardaespaldas ha llegado a extremos ridículos. ¿Será ya la hora del desmonte?

LA VIDA ESCOLTA

Cada vez que el presidente César Gaviria abandona e] Palacio de Nariño, seis vehículos del mismo color, de la misma marca, con las mismas placas, con el mismo número de carros de escoltas y con el mismo número de motocicletas, salen al tiempo del parqueadero del Palacio en rutas diferentes pero con un solo destino. En una de esas caravanas viaja el Presidente. Las otras son para despistar. Hacen parte del aparato de seguridad que se tiene montado para brindarle el mayor grado de protección a uno de los presidentes más amenazados de la historia contemporánea.
Desde el mismo momento en que el vehículo presidencial abandona el Palacio, un grupo de detectives, apostados con anterioridad en sitios estratégicos de la ruta, va informándole al conductor sobre cada uno de los detalles que ha de encontrar en el recorrido. Dentro del carro también viaja el jefe de seguridad, quien con mapa en mano, le indica al conductor si debe aumentar o disminuir la marcha. A la vez, alerta a sus hombres cuando se aproxima a algún sitio vulnerable y les avisa que en caso de emergencia se optará por una ruta alterna. En estos lugares, por lo general de mucho tráfico y casalotes abandonados, se ubican, también con anterioridad, francotiradores que en caso de un posible atentado refuerzan al grupo de contraataque -conformado por otros 20 hombres- que escolta al carro presidencial. Si llegara a presentarse un atentado, el jefe de seguridad lleva marcados sobre el mapa los hospitales más próximos a la ruta. Además, una ambulancia equipada para prestar los primeros auxilios y con dos médicos a bordo, hace parte de la caravana. Y dentro del grupo de escoltas, varios de ellos tienen el mismo tipo de sangre del presidente Gaviria. En total, cada vez que el Presidente se mueve, cien hombres lo acompañan.
Nadie duda de que el presidente de Colombia deba ser objeto de esta serie de precauciones. Más si se tienen en cuenta las recientes circunstancias que ha atravesado el país. Tres candidatos presidenciales asesinados han llevado a que el jefe del Estado colombiano sea más protegido incluso que el de los Estados Unidos.Igualmente las dos bombas contra el general Maza Márquez han producido la necesidad de un sistema de seguridad sin antecedentes para ese cargo. Antonio Navarro Wolf también está en esa franja, así como algunos jueces que se encargan de casos especiales, y uno que otro funcionario adicional.
Todo esto es lógico. Lo que no lo es, la escoltitis aguda que se ha institucionalizado en el país en los últimos cuatro años. Los excesos a los que se ha llegado son francamente ridículos. Tener escolta ha pasado de ser un requisito de seguridad a un símbolo de estatus . No son pocos los que hoy creen que para ser importantes hay que llevar detrás de sí una estela de automóviles con vidrios oscuros, motos de alto cilindraje y hombres armados hasta los dientes. Así como antes la aspiración de todo funcionario público era tener un carro con chofer, hoy no hay mando medio que no aspire a tener escolta.
Los ejemplos de lo absurdo en materia de seguridad abundan. Que lógica puede tener por ejemplo que todos los subsecretarios de la Alcaldía de Bogotá tengan guardaespaldas. O que a Norberto Morales Ballesteros, ex presidente de la Cámara, se le hayan adjudicado 13 automóviles blindados invocando razones de seguridad, la mayor parte de los cuales no han sido devueltos a la fecha. Y ni qué decir que el Concejo de Bogotá aprobó una partida presupuestaria a través del Fondo de Vigilancia y Seguridad, para la compra de relojes con micrófono incorporado (al estilo Dick Tracy) y de esferos también con micrófono (al estilo agente 86). Con el fin de grabar las posibles amenazas que se hagan a los funcionarios distritales.
Ciento setenta millones de pesos fueron gastados también por el Fondo de Vigilancia, en la adquisición de 493 chalecos antibalas a $350.000 cada uno. La mayoría de éstos se encuentran hoy arrumados en una bodega y la Contraloría Distrital ha iniciado un juicio de responsabilidad fiscal por la desaparición de varios de ellos.
Algunas de las anécdotas sobre seguridad que se escuchan son inclusive cómicas. Por ejemplo la del "Durán-Móvil". Durante la pasada campaña presidencial se le instaló al vehículo del entonces candidato Durán Dussán una bomba de alta presión capaz de expulsar a propulsión a chorro por el exosto aceite y llamaradas con el fin de cubrir una retirada ante un sorpresivo ataque. Lo único que le compite a esto es el vehículo comprado hace unos meses para el Ministerio de Hacienda que cuenta con un radar para la detección de explosivos.
Tal vez en su momento, la utilización de toda esta parafernalia de James Bond era justificable. Pero el hecho de que hoy todo esto suene ridículo significa que ha llegado el momento de revisar las cosas . El país ha vivido una situación de excepción y ésta, por definición, debe ser transitoria. Pero las cosas han cambiado y es necesario volver gradualmente a la normalidad. Para esto se necesita comenzar a desmontar la escoltitis que ha venido institucionalizándose, así como cambiar la nueva manera de pensar que ha generado esta escoltitis. Por ejemplo, circula la historia de un gobernador que no lo dejaron entrar al Puente Aéreo con el argumento de que si no llevaba escolta no podía ser el gobernador.
Están comenzando a registrarse los primeros signos de una reacción de la gente contra el estilo de vida que se ha enquistado como consecuencia de la escoltitis. El caso más reciente es el del Departamento de Tránsito y Transporte de Bogotá -DATT-: decidió ponerle un tatequieto a los abusos que los escoltas estaban cometiendo en nombre de la seguridad. A partir de ahora, cuando un escolta se pase un semáforo en rojo será sancionado como cualquier parroquiano. Y cada vez que cometan desafueros contra la integridad de las personas tendrán que responder por sus actos sin contar con ninguna consideración atenuante por ser escoltas. Igualmente, muchos edificios y entidades que antes permitían la invasión de hombres armados en sus recepciones, están prohibiendo esta práctica.

¿QUIEN PAGA?
Las implicaciones de la escoltitis aguda van mucho más allá de lo anecdótico.Concretamente tienen implicaciones presupuestarias importantes. No es sino pensar que el costo de la conformación de una escolta (incluyendo vehículo, armamento, comunicaciones, etc.) asciende a 18 millones de pesos para darse cuenta que la protección de miles de ciudadanos por parte del gobierno implica unas derogaciones muy cuantiosas. El costo promedio, por salario y prestaciones, de un guardaespalda oficial asciende a $150.000. Por lo tanto, cada vez que el Estado le asigna a alguien un carro con un chofer y tres escoltas, si se incluye el mantenimiento del vehículo y los extras, está costándole al contribuyente un millón de pesos al mes. Todos los días por lo menos cinco colombianos en promedio, por cuenta de una llamada, de un chisme o de un presentimiento, llaman al DAS para exigir protección. Ante la gravedad de la situación que se vivió en los últimos tres años el gobierno generosamente hizo lo que pudo y a miles de personas les brindó el servicio de escolta.
Menos del 3% de estas personas lo han devuelto una vez superada la crisis. Esto se ha traducido en miles de detectives dedicados a comprar leche y pan y a llevar a los niños al colegio por cuenta del erario público.
Y este derroche no se circunscribe a los organismo de seguridad. En Bogotá, para citar un caso, 27 concejales distritales cuentan, en principio, con dos escoltas cada uno. Ahora ha venido a descubrirse que en realidad se trata de auxiliares administrativos (gente de confianza, sin dotación y sin entrenamiento), con sueldo de $80.600 por persona, que obviamente no están en condiciones de prestar ningún tipo de seguridad. Esto le cuesta al Fondo de Vigilancia más de cuatro millones de pesos al mes y se trata simplemente de dos "mensajeros administrativos" que no representan nada diferente de una cuota burocrática.

¿CUANTOS QUEDAN?
Otra reflexión que muchas personas se están haciendo son las implicaciones para el grueso de la ciudadanía, de que un sector cuantitativamente importante de la fuerza pública esté dedicado a proteger a unos pocos. El DAS en la actualidad tiene el 70% de su personal dedicado a la seguridad personal. Cerca de dos mil agentes y 200 vehículos se encuentran siguiendo a alguien que, si bien hace uno o dos años pudo tener esa necesidad, es muy probable que hoy no la tenga. El director del protección del Das, coronel González Henríquez, considera que de la noche a la mañana se podría desmontar las escoltas para el 70% de los hoy protegidos sin que suceda absoluatmente nada. Sin embargo, como Colombia es un país de palancas, recomendaciones y padrinazgos, quitarle a cualquier persona la escolta se ha convertido en una decisión con las mismas implicaciones políticas que sacar a algún funcionario de cualquier embajada en el exterior. Y como si esto fuera poco, cuando se toca el tema los afectados con frecuencia envían cartas a la ProcuradurSa denunciando que las autoridades les han retirado la protección y responsabilizándolas de cualquier cosa que les suceda. Lo grave de esto es que el número de agentes disponibles y de detectives disponibles en Colombia para llevar a cabo investigaciones y ejercer labores de inteligencia sobre los múltiples casos reales en que se necesita, ha disminuido sustancialmente . Si el 70% de los detectives profesionales están sentados en un carro esperando que algún personaje salga de una fiesta, muchos se preguntan dónde están los que tienen que estar investigando los crímenes, los secuestros y las masacres que ocurren todos los días en Colombia.

Este problema se vuelve más evidente cuando se registra que en algunas fiestas el número de guardaespaldas, que espera abajo, supera al de los invitados.
Lo cierto es que la escoltitis ha llevado a situaciones anómalas como que de los 8.500 agentes que conforman la totalidad del pie de fuerza de Bogotá, 2.500 están dedicados a cuidar personas particulares . Quedan seis mil policías para proteger a cinco millones de personas, lo cual representa una de las tasas más bajas de policía por habitante en el mundo. A esto hay que agregar que cuando se hizo el estudio técnico para la creación de los CAI (Comandos de Atención Inmediata), se demostró que cada centro de esos requería para prestar un servicio eficiente, un oficial, un suboficial y 16 agentes para que se roten los tres turnos del día. Hoy esa cifra ha disminuido a un oficial, a un suboficial y seis agentes para los mismos tres turnos.
Aunque la sola presencia de la casita de madera le sigue brindado un apoyo sicológico muy importante al vecindario, el hecho es que para la eventualidad de un problema serio los CAI están desprotegidos.
Existen estudios que demuestran cómo cualquier aumento en el pie de fuerza se traduce inmeditamente en una disminución considerable de la criminalidad. Esto se confirma cada vez que ocurre un evento especial, como la visita de un jefe de Estado, cuando las autoridades en Bogotá aumentan el número de efectivos en mil agentes. Ese dia, sin excepciones, los niveles de violencia bajan ostensiblemente. Por esto la concentración de una parte importante del pie de fuerza en proteger a unas pocas personas es un asunto grave. El desplazamiento de esa policía cautiva al servicio normal en las calles, le representaría un beneficio a muchísimas más personas.
Hoy el gobierno presta seis tipos de protección a personalidades durante sus desplazamientos. Son las llamadas escoltas fijas que van desde la A, con un conductor, un escolta y un vehículo, hasta la F con 3 conductores, 11 escoltas, tres vehículos y dos motocicletas. La primera es normal para funcionarios públicos intermedios y la última es la usual para ministros e incluso el presidente (eso sí en circunstancias normales). Sin embargo, en todas estas categorías el número de escoltas y automotores varía de acuerdo con momentos, circunstancias e índices de peligrosidad que agobien al personaje.
Como cualquier ciudadano se consideraba con derecho a alguno de esto servicios la presión fue tal que el año pasado la escoltitis hizo crisis. Fue ahí cuando se dio el primer paso para controlar la situación y el gobierno se vio obligado a expedir el Decreto 512 que se conoce como el "Marco General de los escoltas" . por medio de esa medida fue creada la Dirección de Protección que a la vez maneja dos divisiones: una de seguridad de instalaciones y avanzadas, y la otra, de seguridad a las personas. Como para la época en que se expidió la norma la demanda por escoltas había llegado a niveles absurdos, las cosas habían alcanzado tal magnitud, la actividad de escolta del DAS fue sólo permitida para proteger a personalidades o funcionarios amenazados, siempre y cuando su posible muerte pudiera generar perturbaciones al orden público. En otras palabras no todo "perico de los palotes" que se sintiera en peligro por su categoría o por su forma de vida podía ser objeto de protección especializada. Incluso debió confeccionarse un "Manual sobre aspectos que deben regir durante el servicio de protección", el que incluye las funciones de la Dirección de Protección, las personalidades con derecho a escolta, la supervisión de la misión, empleo de armas, comportamiento ante el peligro y la organización de las escoltas.
Pero esta reglamentación formal no ha tenido mayor impacto en la vida diaria. Sin embargo, más y más personas reconocen que es conveniente que Colombia retorne a cierto tipo de normalidad en materia de seguridad personal.El narcoterrorismo, principal causa del pánico colectivo que llevó a este fenómeno, está por ahora suspendido. Y aunque nadie puede garantizar el futuro, es presumible que las condiciones que pusieron en peligro a tantas vidas en los últimos años, han cambiado en forma permanente. Delincuencia común siempre habrá en Colombia y mucha, pero eso existía en el pasado y se sabía manejar. Lo que produjo la ola de violencia irracional fue la guerra contra los Extraditables que introdujo en Colombia la modalidad del narcoterrorismo. La naturaleza de esa guerra ha cambiado. En consecuencia también deberían cambiar las medidas de excepción que se adoptaron para afrontarla.Como dice el refrán no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.

EL JAMES BOND DEL REGIMEN
Uno de los cargos de más responsabilidad en este gobierno es hasta ahora desconocido por la opinión pública Se trata de la Consejería para la Seguridad del Presidente, ocupada por Eduardo Mendoza, un abogado uniandino de 30 años. Pero en la práctica para quienes lo conocen se trata del James Bond del régimen.
Amigo personal del presidente Gaviria desde la época en que éste era ministro de Hacienda en el gobierno de Barco. Eduardo Mendoza era su secretario privado. Luego pasó a ser su jefe de seguridad cuando en agosto del año pasado César Gaviria inició su carrera hacia la presidencia de la República. Su responsabilidad y madurez profesional para manejar los momentos difíciles, que fueron muchos durante la campaña presidencial, fueron suficientes cartas de presentación para que hoy ocupe uno de los cargos más cercanos al jefe de Estado. Por eso, desde el 7 de agosto pasado vive las 24 horas metido en los predios del Palacio. Es el primer civil en la historia de Colombia al que le entregan la responsabilidad de la seguridad de un mandatario. Antes, estos cargos eran privilegio de los tenientes y coroneles del ejército o de la policía. Eduardo Mendoza llegó allí por simple goma. Porque le "encarreta" todo aquello que tenga que ver con la aventura, el peligro, el riesgo. Tal vez por estas razones su trabajo tiene éxito.
Todas las mañanas se encierra en su oficina durante varias horas para diseñar y perfeccionar las rutas que va a utilizar en los desplazamientos del presidente Gaviria. El fue quien se inventó lo de las seis caravanas. Cinco de ellas sólo sirven para engañar al enemigo. Eso lo aprendi durante las correrías de la campaña. Cuando todos los días recibía en promedio unas diez llamadas donde le sentenciaban que ese día iban a matar a Gaviria.
"Eso nos llevó a diseñar planes casi perfectos de seguridad para que el presidente pudiera cumplir con las giras políticas. Antes de emprender el viaje enviábamos adelante un grupo de los mejores escoltas que recogía toda la información sobre el sitio adonde íbamos a llegar. Ellos tenían la misión de levantar mapas del lugar, diseñar rutas de escape, ubicar los posibles sitios de donde pudieran realizar un atentado. Con esa información, nosotros montábamos el operativo de seguridad y en un avión Hércules cargábamos con toda la parafernalia que incluía carros blindados, ambulancias, armamento, un robot diseñado para desarmar explosivos y una estación de comunicación para contrarrestar cualquier interferencia de nuestras claves de seguridad", señaló a SEMANA, Eduardo Mendoza.
Pero quizás el momento más difícil que ha vivido Eduardo Mendoza desde que se responsabilizó de la seguridad del presidente Gaviria, fue el día de la posesión. Todos los días le llegaban cartas anónimas y lo llamaban para decirle que el Presidente no llegaría vivo al Palacio. Por eso Mendoza y su grupo se encerraron durante ocho días para diseñar todo el plan de seguridad que sólo terminaría cuando Gaviria pisara las puertas de su casa en Palacio. Se escogieron siete rutas. En cada una de ellas se ubicaron, con 24 horas de anterioridad, detectives del DAS que minuto a minuto informaban sobre el movimiento de cada zona. En el Congreso un grupo experto en explosivos permaneció durante dos días metidos hasta en el último rincón de cada uno de los salones.
"Cuando el presidente Gaviria ingresó en su casa en el Palacio, varios de nuestros hombres, curtidos en este oficio, soltaron las lágrimas. No podían creer que después de un año sometidos a tanta presión estuvieran culminando su misión", agregó Mendoza. Pero su labor apenas comienza. Para ello cuenta con más de un centenar de expertos escoltas. Muchos de ellos están en el exterior realizando cursos de entrenamiento porque el jefe de seguridad del Presidente considera que el éxito de una escolta está en saber huir de un átaque y no enfrentarlo.
Por eso la semana pasada inició un entrenamiento con los pilotos de los helicópteros. Maniobras de decolaje y aterrizaje con el fin de hacerlo en el menor tiempo posible. Pero en su primera práctica no le fue muy bien: las intrépidas maniobras del piloto dieron al traste con cuatro enormes materas que adorna la terraza de la casa presidencial.

EL CUADRO DE LOS ABSURDOS
-Cuando el Concejo de Bogotá aprobó la compra de equipo misceláneo para el Fondo de Vigilancia y Seguridad, se incluyó la adquisición de relojes con micrófono incorporado (al estilo Dick Tracy) y de esferos también con micrófono (al estilo Agente 86) con el fin de grabar las posibles amenazas hechas a funcionarios distritales.
-De 493 chalecos antibalas, cuyo costo promedio es de $350.000 cada uno, cincuenta fueron entregados por el Fondo de Vigilancia a los concejales. Al menos la mitad permanece arrumada en una bodega y la Contraloría Distrital ha iniciado un juicio de responsabilidad fiscal por la desaparición de algunos de ellos.
-El jefe de seguridad del entonces precandidato liberal a la presidencia Hernando Durán Dussán, tuvo la genial idea de que para contrarrestar un posible atentado contra el líder político, decidió instalar en el "Durán-Móvil" un sistema de protección que incluía una bomba de alta presión capaz de expulsar a propulsión a chorro por el exosto, aceite y llamaradas con el fin de cubrir una retirada exitosa ante un sorpresivo ataque.
-La seguridad del ministro de Hacienda no tiene nada que envidiarle al auto fantástico. El jefe de seguridad adquirió un radar para detectar explosivos que fue instalado en el interior del vehículo. De esta manera, ministro y guardaespaldas se desplazaban con mayor tranquilidad.
-Al ex presidente de la Cámara de Representantes, Norberto Morales Ballesteros, le fueron asignados 13 carros blindados para sus desplazamientos. Algunos de esos vehículos permanecen en talleres de Bucaramanga y la división de automotores del Congreso no puede dar razón de su paradero.
-Tres subsecretarios del alcalde mayor de Bogotá cuentan con escoltas, vehículos y motos sin que exista justificación alguna para hacer uso de ese mecanismo de seguridad.
-Ciento cincuenta millones de pesos fueron invertidos por el Fondo de Vigilancia y Seguridad de Bogotá para comprar cámaras fotográficas con teleobjetivo, equipo de planimetría, cámaras fotográficas con visor nocturno, micrófonos parabólicos, detector de micrófonos ocultos, cámaras miniaturas de video, grabadoras, analizadores electrónicos y miras telescópicas nocturnas. Este equipo prácticamente no se ha estrenado .
-Doscientos millones de pesos fueron destinados por el Fondo de Vigilancia para el programa de seguridad de los concejales y de
los funcionarios de la administración distrital para este año .

LOS SEIS TIPOS DE ESCOLTA
TIPO A
Composición:Un conductor, un escolta, un vehículo. Personaje:Funcionarios públicos,intermedios,secretarios.
TIPO B:
Composición:Un conductor,tres escoltas,un vehículo,y una moto. Personaje:Jueces penales,procuradores regionales.
TIPO C
Composición:UN conductor,cinco escoltas,un vehículo,y dos motos.
Personaje:Magistrados,directores de medios de comunicación.
TIPO D
Composición:Dos conductores,seis escoltas ,dos vehículos,y una moto.
Personaje:Jueces de orden público,concejales y testigos claves.
TIPO E
Composición:Dos conductores,ocho escoltas,dos vehículos,y dos motos.
Personaje:Alcaldes de ciudades principales,jueces especializados.
TIPO F
Composición:Tres conductores, once escoltas,tres vehículos y dos motos.
Personaje:Presidente de la Republica,director del DAS y ministros.

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