Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2002/04/22 00:00

Las 100 empresas más grandes de Colombia

En medio de una economía que ya no crece como antes los empresarios mejoran la rentabilidad de los negocios. Es un paso necesario pero no suficiente para encarar con éxito los años que vienen.

Las 100 empresas más grandes de Colombia

2001 fue un año que, en materia economica, ciertamente no dio la talla. Pero los empresarios del país se las arreglaron para obtener unos resultados bastante aceptables, a juzgar por los balances de las 100 compañías más grandes que se presentan en esta edición. Ante un entorno económico deteriorado los empresarios se apretaron el cinturón y tomaron todas las medidas necesarias para adaptarse a las nuevas reglas de juego.

No fue un año fácil. A lo largo de 2001 fueron desapareciendo los factores de crecimiento que habían impulsado la economía durante 2000. Las exportaciones, que habían sido el jalonador más claro del aparato productivo, empezaron a perder impulso y a crecer cada vez más despacio.

Los menores precios internacionales del petróleo afectaron negativamente el principal rubro de exportación del país, y también las ventas externas de Ecopetrol, que es la compañía más grande de Colombia. Algo similar ocurrió con el Fondo Nacional del Café, que continuó retrocediendo en el escalafón de las 100 empresas.

Pero los signos más preocupantes llegaron por el lado de las exportaciones no tradicionales. Es decir, aquellas distintas de café y petróleo. A medida que la economía de Estados Unidos empezó a sumergirse en la recesión las ventas de los industriales colombianos a ese país empezaron a desinflarse. También comenzaron a aparecer signos de desaceleración en la economía venezolana, que por fortuna no alcanzaron a traducirse en una reducción de las compras de productos colombianos, por lo menos durante 2001.

A todo esto se sumó la menor devaluación del peso, que a principios de 2002 se convirtió en revaluación. Fue algo que disminuyó la rentabilidad de los exportadores pero, por otra parte, disminuyó los gastos financieros de las compañías más grandes, que son las que suelen tener deudas en dólares.

En el frente interno los empresarios del país tampoco encontraron mucho espacio para crecer. A lo largo de 2001 el desempleo continuó muy alto y terminó el año en 17,9 por ciento. La inversión, de otro lado, siguió frenada por la incertidumbre y la inseguridad física. Todo esto se tradujo en una demanda interna bastante débil que afectó las ventas de las principales industrias.

Los empresarios tampoco tuvieron mucho margen de maniobra para incrementar los precios de los productos pues la inflación continuó bajando hasta situarse en 7,65 por ciento al cierre de 2001, la más baja en 30 años. La estabilidad de los precios, sin embargo, debe verse como una muy buena noticia. Primero, porque los consumidores salen ganando. Segundo, porque obliga a las empresas a volverse más eficientes al no tener el recurso de incrementar el valor de los productos. Tercero, y quizá más importante, porque tiene repercusiones sobre las tasas y los plazos a los que el sector financiero les presta plata a las empresas. De hecho, las bajas tasas de interés ayudaron mucho a que los resultados de las empresas fueran mejores.



Los resultados

En medio de una economía que sólo creció 1,6 por ciento en 2001, las 100 empresas más grandes del país consiguieron incrementar sus ventas totales en un 7 por ciento por encima de la inflación. Esto se logró pese a que las ventas externas cayeron en un 8 por ciento, una disminución que se explica en buena medida por el sector petrolero.

Lo más significativo es el aporte que hicieron las 100 empresas a la generación de empleo. En 2001 dieron trabajo a 201.000 personas, con un aumento sustancial frente al año anterior. No todas las compañías lograron crecer, pero las que lo hicieron abrieron puestos de trabajo suficientes para que, en el consolidado, se registrara una mejoría en este frente.

De otro lado, las utilidades operacionales de las 100 empresas sumaron 5,3 billones de pesos, con un aumento real de 15 por ciento frente a 2000. En los resultados finales también hubo una mejoría aún mayor. Las utilidades netas sumadas de las 100 compañías casi se duplicaron, aunque hay que tener en cuenta que el aumento parte de una base muy baja. El manejo que se le dio a los pasivos de las empresas influyó mucho en este resultado. También, entre 2000 y 2001, se redujo de 23 a 19 el número de compañías de la lista que arrojaron pérdidas netas.

Los balances fueron muy disímiles según el sector. Hubo algunos ramos de la industria, como la fabricación de automóviles, que fortalecieron su vocación exportadora y mostraron unas ventas espectaculares. Sectores como las telecomunicaciones, la salud, y algunos servicios públicos también incrementaron sus ingresos. Esto último se logró por una expansión de la cobertura de los servicios antes que por el crecimiento de la economía. Otro sector que estuvo muy dinámico fue el comercio, aunque el aumento en sus ventas no se tradujo en mayores utilidades.



Lo que sigue

De los datos de las 100 empresas se puede concluir que éstas se han adaptado exitosamente a una economía que ya no crece como antes. No sólo han aprendido a defenderse de la competencia externa sino que han empezado a salir a otros mercados y a insertarse cada vez más en la economía internacional.

Pero este es apenas el comienzo. En los años 90 los empresarios colombianos se enfrentaron, en forma demasiado súbita, con el reto de la apertura. De la misma manera, en los próximos 10 años, las compañías del país tendrán que encarar un reto quizás más exigente: el Area de Libre Comercio de las Américas, Alca.

Este acuerdo integrará las economías de Norte, Centro y Sur América en un solo mercado al eliminar las barreras arancelarias entre los países. Pero además de los aranceles y los tradicionales instrumentos de protección el acuerdo abarcará otros temas, que en el futuro serán más importantes. Las reglas de juego para la inversión extranjera, los derechos de propiedad intelectual, las normas antimonopolio, y, en fin, una serie de asuntos que serán determinantes para el futuro del sector empresarial.

Ante la realidad de una integración hemisférica mucho más profunda de la que hay ahora las empresas y la sociedad colombiana tendrán que emprender reformas de fondo que apunten a volver al sector productivo, y al país como un todo, más competitivos. El camino por recorrer es bastante largo. Para transitarlo exitosamente debe haber continuidad y coherencia de largo plazo en todas las políticas, y sobre todo en las áreas que tienen que ver con la productividad y la competitividad.

Por fortuna el Alca se ha anunciado con suficiente anticipación. Y, a diferencia de lo que fue la apertura hace 10 años, será gradual. Por eso los empresarios están a tiempo para prepararse. La experiencia de muchas compañías muestra que en la anticipación está buena parte del éxito.

En este informe SEMANA presenta las 100 empresas más grandes del país y analiza sus resultados desde diferentes ángulos. ¿Cómo han hecho para mantener resultados satisfactorios en medio de un entorno adverso? ¿Qué tan bien paradas están frente a la competencia externa?

Estas preguntas se abordan a lo largo de los tres capítulos del informe. En el primero se analizan los indicadores de tamaño y de eficiencia de las compañías. El segundo incluye una serie de análisis sectoriales en los cuales se exponen las principales tendencias que influyeron en el pasado y determinarán hacia el futuro los resultados de cada una de las ramas de la actividad económica. En el tercero se presentan las 50 empresas financieras y se analizan los indicadores de este sector, que es crucial para la economía y que por fin está dando señales de recuperación.

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