Especiales Semana

Las batallas

Estas confrontaciones fueron determinantes para la Independencia de la Nueva Granada. Muchos próceres escribieron su historia en cada una de ellas.

Carlos Eduardo Jaramillo
12 de julio de 2010

 
Boyacá
Este fue un combate de encuentro, una confrontación inmediata en el lugar donde las fuerzas contrarias convergen. La de Boyacá además no fue sólo una batalla, sino dos: la que se dio en el puente sobre el río Teatinos (hoy conocido como el Puente de Boyacá), entre la tropa realista al mando del coronel Francisco Jiménez y las patriotas del general Francisco de Paula Santander. La otra se dio a kilómetro y medio del puente, entre la retaguardia realista al mando del general José María Barreiro y las tropas patriotas comandadas por el general Antonio José Anzoátegui.

El encuentro se inició a las 2 de la tarde entre las tropas de vanguardia y retaguardia, con un total de 5.000 hombres en combate.

En la zona del puente, los realistas pasaron el río y se atrincheraron en la orilla opuesta, donde iniciaron una tenaz resistencia, al punto de que es allí donde se dio la mayor parte de las bajas. La acción culminó con un movimiento de la caballería patriota que logró vadear el río y tomar por la retaguardia a los españoles, quienes iniciaron el repliegue.

En el otro frente de lucha, la fuerza de Barreiro fue embestida por la caballería de Anzoátegui, que no sólo le impidió apoyar la vanguardia de Jiménez, sino que rompió y desordenó sus fuerzas. Le correspondió al coronel Juan José Rondón, al mando de los 300 jinetes del escuadrón Lanceros del Alto Llano, que se había lucido en el Pantano de Vargas, silenciar la artillería y encarar la caballería del enemigo utilizando la ya probada táctica de 'Vuelvan Caras'.

La batalla terminó a las 4 de la tarde del 7 de agosto de 1819 y en ambos combates la victoria de los patriotas fue neta. Bolívar llegó con su estado mayor cuando ya la suerte estaba echada y los realistas en franca desbandada. Fue el propio Libertador quien organizó la persecución de los derrotados. Los que no fueron hechos prisioneros marcharon hacia Honda, junto con el virrey Juan Sámano, que saliendo de Santa Fe se les une en el camino, y los otros hacia Popayán y Pasto, fervorosos reductos realistas.

Las bajas españolas sumaron 86, los heridos 30 y los prisioneros superaron los 1.600 entre los que se encuentra el propio general Barreiro. Los patriotas contaron 13 muertos y 53 heridos.

Con esta victoria los patriotas consolidaron su dominio en gran parte de la Nueva Granada y le dieron un giro definitivo a su campaña independentistas.

El Pantano de Vargas
Para el mes de julio el pequeño valle atravesado por la quebrada Varguitas, conocido como el Pantano de Vargas, se había tornado más fangoso por los constantes desbordes de su riachuelo. En este lugar se dio un combate sin vencedores ni vencidos: ganaron los errores tácticos.

Y todo comenzó mal con la salida de las tropas de Bolívar de los Corrales de Bonza, en un movimiento de flanco frente al enemigo, lo que contraviene la regla de oro napoleónica, que recomienda nunca hacer movimientos de flanco frente a un ejército en posición, como estaba el realista. El afán de Bolívar por sorprender al enemigo lo indujo a tomar el riesgo, con una fuerza que recién venía de padecer el calvario de Pisba y que no se podía dar el lujo de perder ninguna batalla. La reconocida incapacidad militar de Barreiro al no aprovechar esta y otras 'audacias' de Bolívar, les permitió a los patriotas evitar una derrota.

En su movimiento hacia Tunja, vía Toca, Bolívar pasó el río Sogamoso con barcas improvisadas, cuando sin saberlo las tropas españolas lo estaban esperando en formación de combate más adelante, sobre las alturas del Pantano de Vargas, paso obligado de Bolívar, que ya no podía retirarse.

Barreiro no atacó cuando las tropas del Liberador atravesaban el río y decidió más bien esperarlo sobre el pantano. El 25 de julio de 1819, cuando las tropas patriotas se encontraron con las realistas, Bolívar entró en desespero al saber que estaba ubicado en el peor sitio para dar batalla y que no tenía posibilidades de retirarse, consciente de que los riesgos tomados o los errores cometidos podrían ese día ponerles fin a sus sueños libertarios.

Los españoles, confiados en su victoria, esperaron que los patriotas hicieran el gasto tratando de desalojarlos de sus posiciones. Ya cuando las sombras de la tarde empezaron a envolver el campo, Barreiro decidió ponerle fin al combate con una lúcida carga de su caballería, que hizo que Bolívar exclamara: "Se nos vino la caballería y se perdió la batalla".

Fue entonces cuando el coronel Juan José Rondón le pidió al Libertador que le dejara hacer una "entrada" con los 300 jinetes del escuadrón Lanceros del Alto Llano, famosos por su astucia, valor y destreza en la monta y el manejo de sus largas lanzas de palma de abanico con la punta quemada.

Sin otra opción, Bolívar no sólo le permitió la carga a Rondón, sino que le ordenó: "Salve usted la Patria". El ataque se inició con su comandante seguido por 23 lanceros que estaban alerta, pero luego se les unió el resto del escuadrón, y logró quebrar la línea de la caballería realista. La lluvia torrencial que se desató impidió ya los fuegos de la infantería, por lo que, con la noche cayendo sobre el campo, el combate se suspendió y ambas fuerzas regresaron a los lugares de donde habían salido: los españoles a Los Molinos de Tópaga y los patriotas a los Corrales de Bonza.

Tacines
Antonio Nariño se ofreció a comandar una fuerza unificada para derrotar la amenaza realista que desde en el sur amenazaba la capital.

Victorioso hizo retroceder a las fuerzas de Juan Sámano, y las derrotó en Alto Palacé y Calibío y las obligó a retroceder hasta el cañón del Juanambú, donde Melchor Aymerich construyó una fortaleza considerada imposible de tomar.

A dos días de Pasto, Nariño logró flanquear las fortificaciones de Juanambú e instalarse en las goteras de la ciudad, en la hacienda Pajajoy, desde donde pidió al cabildo de la ciudad que se rindiera. Los españoles salieron hacia Quito dejando el mando a Pedro Noriega, que enardeció a los cívicos para que atacaran a un Nariño confiado en espera de la respuesta del cabildo. El 11 de mayo los pastusos lograron derrotar la avanzada de Nariño y la emprendieron luego contra el grueso de la fuerzas asentado en Tacines. La confusión entre los patriotas es total y pensando que sus propias fuerzas eran parte del enemigo, emprendieron la retirada dejando a Nariño aislado en el cerro de El Calvario con 200 hombres, que en la noche marcharon a Tacines para encontrar una desolación total.

Sin ayuda, hambriento y desesperado, después de tres días se entrega a Noriega. "¡ Pastusos mierdas!, si queréis al general Nariño, aquí lo tenéis", le dijo desde un balcón a la multitud que vociferaba en su contra. Trece meses pasó en la cárcel de Pasto, luego se le conmutó la orden de fusilamiento y se le trasladó a Quito para luego ser embarcado hacia la prisión de Cádiz, donde permaneció cuatro años.

Ayacucho
Después de la derrota realista en las pampas de Junín, en medio de los Andes peruanos. el Ejército español seguía siendo una gran amenaza. Las tropas libertadoras quedaron al mando del general Antonio José de Sucre, de lejos el general más completo de todos los oficiales con que contaban las filas bolivarianas. Sin embargo, Bolívar, ahora nombrado dictador del Perú, le ordenó evitar cualquier enfrentamiento que pudiera comprometer la suerte del Ejército bajo su mando.

El Virrey José de La Serna decidió que su prioridad era derrotar a Sucre, con lo que se inició un período del 'gato' y el'ratón' con un Ejército realista buscando el combate y uno republicano evadiéndolo. En esta guerra de movimientos se llegó hasta finales de noviembre de 1824, cuando Bolívar levantó sus restricciones y dejó bajo la entera responsabilidad de Sucre el comprometimiento de sus fuerzas en una batalla decisiva.

Sucre, sin que el enemigo lograra percibirlo, se ubicó frente a la pampa de Ayacucho con una fuerza de 6.910 hombres y, entre el 6 y el 8 de diciembre, copó las mejores posiciones del campo. Hasta allí llegaron las fatigadas fuerzas realistas en número de 9.310 hombres. El general José María Córdova cargó al centro con 2.000 hombres. Su disciplina y su contundencia desarticularon los 5.000 soldados que se le oponían y capturó la artillería que los españoles habían ubicado en su centro. En hora y media, el núcleo del poder español en el Perú estaba vencido.

Unos 1.800 muertos, 700 heridos y 2.552 prisioneros con sus bandera, armas y pertrechos, es el rédito de esta victoria.

En Ayacucho se resumió la experiencia patriota y el saber militar de 13 años de estar haciendo la guerra en todos los terrenos de la difícil geografía americana.

Bárbula
Si el 30 de septiembre de 1813 en el combate de Bárbula no hubiera muerto el coronel del Ejército de la Unión Atanasio Girardot, este habría sido un simple encuentro más en la larga lucha por la independencia, que seguramente no lo habría tenido mayor cabida en los registros históricos y mucho menos haría parte de nuestro himno nacional. Su muerte lo convierte en el primer mártir del santoral militar de las guerras de independencia. Así como la Revolución Francesa hizo de Jean Paul Marat su primer santo, Bolívar entendió que era fundamental para la guerra por la independencia y para la creación de un ejército, construir un perfil del enemigo y crear un discurso ideológico consecuente, así como una devoción nacional y unos santos con charreteras. Fue en la cumbre del Bárbula donde este erigió el primer altar para el santoral de la independencia.

El sitio de Cartagena
En agosto de 1815 el 'pacificador' Pablo Morillo llegó a Cartagena para someter a los rebeldes. Aisló y atacó la ciudad fortificada y los patriotas le montaron resistencia durante 106 días, pues, más que las balas, el hambre los derrotó. La leyenda dice que los cartageneros tuvieron que comer hasta ratas para sobrevivir. En febrero de 1816 Morillo hizo fusilar a seis líderes rebeldes. Y este fue el punto de partida de lo que se conoció como 'Régimen de terror'.

Pichincha
Esta batalla fue el 24 de mayo de 1822 y significó el principal avance en la liberación de Ecuador del dominio español. Este enfrentamiento se dio entre las tropas del mariscal Antonio José de Sucre y las del jefe realista José Aymerich. Esta victoria fue definitiva también para la liberación de Perú.

Maracaibo
Se libró el 24 de julio de 1823 y fue la batalla naval más importante de la Independencia. Marcó históricamente el momento más importante del general José Prudencio Padilla, quien derrotó al capitán realista Ángel Laborde y Navarro.

Carabobo
Tuvo lugar el 24 de junio de 1821 y significó la recuperación de Caracas y buena parte del territorio venezolano, que estaba en poder de los realistas. Dos años después, con la batalla de Maracaibo y la toma del Castillo San Felipe de Puerto Cabello, la independencia de ese país se confirmó. La tropas patriotas estuvieron lideradas por Simón Bolívar y las realistas por Miguel de la Torre. En esta batalla, José Antonio Páez fue el gran héroe, por lo que el Libertador lo nombró general en jefe de las tropas.

Junín
Ocurrió el 6 de agosto de 1824 y se caracterizó porque no hubo un solo disparo, pues toda se desarrolló con sables, bayonetas y lanzas. Fue fundamental para la emancipación de Perú. Bolívar lideró las tropas independentistas y José de Canterac, las realistas.