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| 3/16/2013 5:00:00 PM

Las inquietudes de los universitarios

Temas como la democracia, el racismo y otros de carácter histórico despiertan interrogantes entre los más jóvenes.

62) ¿Desde cuándo se le dice ‘puente’ al festivo en Colombia?

Se conoce así el paso directo del viernes al martes siguiente con tres días de descanso, como cruzando un puente. Hoy está reglamentado por el artículo 2 de la Ley 51 de 1983, más conocida como Ley Emiliani por Raimundo Emiliani Román, el senador de la república que la gestó.  La mencionada ley, promulgada en el gobierno de Belisario Betancur, reformó el Código Laboral. Los días festivos no excluidos expresamente pasarían a crear los conocidos puentes al desplazarse al lunes siguiente. Esta ley ha sido fundamental en el fortalecimiento del turismo en Colombia.

Germán Eduardo Cantor Molano, médico y bloggero, ha escrito sobre los festivos en Colombia y el efecto que tienen en la economía, el turismo y trabajo.

63) ¿Por qué en nuestra sociedad (laboralmente hablando) se cree que el joven no sabe y que el más viejo ya no funciona?

Eso no es necesariamente cierto. En general, Colombia es un país que valora más la experiencia profesional que una maestría en el exterior, a diferencia de países como Estados Unidos en donde la maestría tiene un peso enorme, y el hacerla significa un escalón salarial y laboral inmediato. En los últimos años, en Colombia hemos notado una tendencia a que las empresas valoren significativamente a aquellas personas “experimentadas” sobre todo para los cargos gerenciales y de juntas directivas. Justamente en las empresas extranjeras esto no sucede tanto. Por otro lado, percibimos que el joven tendrá oportunidades profesionales, siempre y cuando demuestre ganas y buena actitud.

Juan Camilo Escovar, gerente y consultor de Head Hunters Internacional.

64) ¿Por qué nos gusta sentarnos a 'arreglar el país' con blablablá, pero no salimos a votar?


Los seres humanos intercambiamos informalmente puntos de vista porque así nos hacemos una idea de cómo está evolucionando el clima de opinión, de tal modo que se nos facilite tomar prudente distancia o aproximarnos a la corriente social dominante superando el riesgo de sentirnos aislados o rechazados. De hecho, los colombianos somos altamente comunicativos, así que nos resulta fácil ubicarnos en esas zonas de confort interpersonal preocupándonos más por nuestro interés directo (éxito profesional o ánimo de lucro) que por votar o asumir responsabilidades políticas.  Y como tenemos una cierta tendencia a odiar a la clase política (aquella que, en teoría, subordina los intereses individuales al interés colectivo) calificándola como corrupta e incorregible, asumimos que un voto más o un voto menos no influirá en nada para corregir las deficiencias estructurales que padecemos.

Vicente Torrijos, profesor titular de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad del Rosario.

65) ¿Cuál es la razón por la cual los militares colombianos no son golpistas?

Factores cronológicos relacionados: 1) El antimilitarismo de las élites contribuyó a la disolución de la Gran Colombia y la salida de los generales venezolanos y su Ejército. 2) Las guerras civiles del siglo XIX fueron una forma de hacer política en un Estado casi inexistente. 3) En la segunda mitad de ese siglo las guerras se hicieron a nombre del bipartidismo induciendo a la población a adoptar una ideología sectaria de pertenencia a uno u otro partido y al surgimiento de los ‘jefes naturales’. 4) La profesionalización tardía del Ejército (1907-1945) llevó a que primara la obediencia a los ‘jefes naturales’. 5) Los únicos gobiernos militares (Rojas Pinilla y la Junta Militar) fueron inducidos por el bipartidismo. 6) La autonomía militar en el manejo del orden público y las prebendas gubernamentales mantuvieron satisfecho a ese grupo 7) La actual globalización sustentada en la democracia liberal volvió desuetos los golpes militares.

Francisco Leal Buitrago,  Ph.D. de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos.

66) ¿Por qué hay tanto racismo en un país mestizo?


Las palabras ‘indio’ y ‘negro’ y su asociación con la inferioridad fueron indispensables para masificar impunemente el trabajo forzado a partir del siglo XVI. Desde entonces han predominado pedagogías sistemáticas que entronizan otras ficciones inquebrantables. Una consiste en que las personas de pieles más oscuras son incapaces del raciocinio abstracto, pero tienen los cuerpos adecuados para enfrentar la inclemencia de climas cálidos y húmedos. Otra, en que el mestizaje disemina la democracia porque blanquea a esos seres inferiores y de esa manera los redime de sus supuestas limitaciones atávicas.

Jaime Arocha, miembro del Comité Científico Internacional Proyecto UNESCO La Ruta del Esclavo, Memoria, Resistencia y Patrimonio.

67) ¿Por qué en Colombia las personas (en su mayoría) viven del qué dirán?

La relación ejemplar entre los individuos se ha pervertido en una sociedad del espejo (narcisista). Reflejarse en los otros es una trampa de competitividad para continuar vigentes; de allí que se copien los estereotipos, se homogenicen los comportamientos, los sentimientos y las ostentaciones del yo. Ser aceptados en un grupo, una empresa, o una familia, obliga a tener en cuenta lo que crean los demás. Se excluyen las experiencias personales que arman el relato que le da sentido al deseo. ¿Dónde queda la reafirmación de los errores humanos como donadores de una verdad subjetiva y auténtica? Vivir del qué dirán es estar a tono con el control social y la manipulación del consumo. Deseamos todo el tiempo agradar, identificarnos, consentirnos; no estamos siendo educados para la polémica y la diferencia. 

Julio César Goyes Narváez, docente investigador del IECO, Universidad Nacional de Colombia.

68) ¿Por qué se acostumbra preguntar en qué colegio estudió alguien y por qué tiene tanta importancia? 


Cada región colombiana dispone de un cuestionario (una especie de examen de admisión) con el que —basados en prejuicios— evaluamos la ubicación de nuestros semejantes en el mapa social. En Medellín preguntan: “¿Cuáles son tus apellidos?”. En Bogotá y en Cali: “¿De qué colegio saliste?”. El interés, en los tres casos, obedece al odioso afán de situar a alguien en la escala subjetiva de preconcepciones genealógicas, económicas o de clase. Al vivir en una tierra de oportunidades desiguales —esquema que incluso algunos grandes marginados defienden— la pertenencia a una determinada institución académica equivale a un título nobiliario o a una acción en el exclusivo (y por tanto excluyente) club de los poderosos. Eso prueba nuestro provincialismo.

Andrés Ospina, escritor. 

69) ¿Por qué tenemos la tendencia a ponerle apodos a todo el mundo? 

En las sociedades ha estado presente el alias y el apodo. Hay que entender el alias como un denominativo que es asignado o asumido por un sujeto asociado a prácticas delictivas. El apodo, por el contrario, es asignado por un sujeto a otro y busca resaltar, por lo general, un defecto físico, una cualidad, una muletilla, un parecido con algo o con alguien, un vicio, una profesión, el lugar de procedencia, etcétera. La asignación de un apodo es, en muchos casos, un acto beligerante. En este caso, la elección de la palabra adecuada tiene como principal finalidad, por así decirlo, herir  a la persona. Aparte de la risa que provoque en los oyentes, se trata de despreciar de algún modo e incluso de despojar a la otra persona de la entidad de su carácter y de su papel social como sujeto. Es por este tipo de morbosidad que alimenta al asignante, y por el efecto que produce en su víctima asignada, que los seres humanos tenemos la tendencia a ponerle apodos a todo el mundo.

Orlando Villanueva Martínez, doctor en Historia y profesor titular de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. 

70) ¿Por qué al Ministerio de Defensa se le asigna un presupuesto más alto que al de Educación?


Es mejor hablar de gasto por sectores que por ministerios. Colombia ha mantenido niveles de gasto en defensa ligeramente superiores que en educación, pero los dos sectores han crecido a ritmos similares, fluctuando alrededor del 4 por ciento del PIB en las últimas décadas. Los niveles de gasto en defensa en el país podrían relacionarse con cómo se define la agenda de políticas públicas. Esta busca identificar un listado de lo que hay que hacer a partir de lo que demandan la sociedad, los ciudadanos y los grupos organizados, y de las contingencias que enfrenta el gobierno. Los últimos gobiernos han centrado sus agendas en el conflicto, por lo que no sorprende que este rubro se mantenga alto en presupuesto. Aun así, Sam Perlo-Freeman del Instituto de Estocolmo de Investigación para la Paz Internacional, mostró que no hay evidencia estadística de que en America Latina y Colombia el gasto en defensa haya sido históricamente mayor que en educación, o de que desplace el gasto social. Queda abierta la pregunta de si la clasificación del presupuesto refleja todos los gastos de cada sector.

Pablo Sanabria, Ph.D, profesor asistente de la Escuela de Gobierno Alberto Lleras Camargo en la Universidad de los Andes.
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