Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1986/02/24 00:00

LAS MAREAS TERRESTRES

¿Se enfría el norte y se calienta el sur? Una original teoría sobre volcanes y terremotos a vulcanología anda de moda.

LAS MAREAS TERRESTRES

Pero no sólo en Colombia, como muchos creen, ya que durante los últimos meses se ha desatado una actividad inusitada en cráteres ubicados en distintos puntos del planeta y hace pocos días llegó incluso a surgir, por primera vez en más de 70 años, una nueva isla en Polinesia fruto de una erupción. Pero los alcances del tema no se limitan a los problemas que se presentan en las zonas aledañas a un cráter. Las más avanzadas teorías vulcanológicas parecen encaminadas a demostrar que esta ciencia resulta muy importante para entender los cambios geológicos que ocurren en la Tierra, sus efectos inmediatos y su incidencia en el clima.
El profesor Iben Browning, un tejano de 67 años, físico, matemático, doctor en fisiología, genética, bacteriología y biofísica, inició sus estudios sobre los volcanes hace más de 30 años y fue esbozando una revolucionaria teoría que recientemente expuso de paso por Bogotá. Las bombas atómicas con las cuales trabajó durante las investigaciones que se desarrollaron en la Segunda Guerra Mundial y que él define como "volcanes diminutos", fueron el punto de partida de su estudio. Desde entonces se dedicó a investigar las erupciones volcánicas y la forma como éstas afectan la lluvia y el clima en general.
Browning ha hablado de las rnareas terrestres, fenómenos que pueden ser medidos con cierta exactitud en cuanto a su fuerza y que en épocas de gran intensidad desencadenan cambios geológicos como terremotos y erupciones volcánicas. "Las mareas terrestres se derivan de la interrelación de las fuerzas del Sol, la Luna y la Tierra. Varían de intensidad según su posición y se encuentran en su nivel máximo durante un eclipse, cuando la Luna está más cerca de la Tierra y a la vez más cerca al Sol en línea recta. Por otro lado está la corteza terrestre que tiene su propio crecimiento y los volcanes con su propia vida o presión interna", explica el profesor.
Trabajando con datos de hasta 4 mil años de antiguédad, Browning ha desarrollado úna fórmula que señala los años durante los cuales la fuerza de las mareas terrestres ha sido losuficientemente alta para provocar terremotos y erupciones alli donde la presión interna de la Tierra estaba lista para ser desalojada. "Es como tener un cañón cargado que sólo necesita una pequeña chispa para ser activado", añade el profesor.
Pero los resultados de sus investigaciones están lejos de permitir la predicción de terremotos o erupciones, ya que se trata de un trabajo que por ahora sólo conduce a hacer proyecciones y calcular probabilidades. Browning calcula con su fórmula las fechas en que las mareas terrestres alcanzan la potencia necesaria para desencadenar cambios geológicos, pero para él resulta imposible saber en qué lugar la presión de la Tierra está lista para que se produzca un terremoto o una erupción.
"Lo que no podemos desconocer es que en estos momentos, la Tierra está desarrollando una gran actividad interna --sostiene Browning--, pues para ello basta con hacer un pequeño inventario: el 19 de septiembre del año pasado se registró el terremoto de México, 30 días después hizo erupción un volcán en Kilauea-Hawaii, y el 13 de noviembre, aparte del Ruiz, hicieron erupción dos volcanes, uno en Nueva Guinea y el otro en la Unión Soviética. La mayoría de la actividad se está desarrollando en el hemisferio sur, en Nueva Zelandia, Indonesia y Suramérica".
Lo que Browning pretende demostrar es que la actividad vulcanológica de los últimos años marcha paralela a un proceso de enfriamierito del hemisferio norte. Esto haría que el período de cosecha en Canadá, la URSS y el norte de China, por ejemplo, sea cada vez más corto y, de seguir las cosas como van, es posible que en 20 años Canadá pierda la capacidad de cosechar lo suficiente para satisfacer sus necesidades y los otros países enfrenten una crisis que ya parece estar manifestándose. Por su parte, el hemisferio sur se calentaría y sus veranos se volverían más largos, prolongando las épocas de cosecha.
Sus inviernos se harían más cortos, pero también más fríos, con graves consecuencias, por ejemplo, para los cafetales brasileros. "Nos estamos acercando--anota Browning--a un período similar al que se presentó en 1600, cuando los europeos decidieron huir del frío de su continente, marchando hacia América y Africa".
La teoría de Browning tiene, claro está, muchos críticos. Pero incluso éstos reconocen que se trata de una contribución nada despreciable en la incesante búsqueda de los científicos por obtener un mayor conocimiento de los fenómenos físicos que sacuden permanentemente al planeta.--

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