Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1985/05/06 00:00

LAS "MENUDENCIAS" DEL SEXO

La revista Discover responde algunas de esas preguntas claves que usted nunca se había atrevido a hacer

LAS "MENUDENCIAS" DEL SEXO

¿Dentro de las varias especies de monos y el hombre, cuál posee el pene más largo? ¿Por qué? ¿A qué se debe que los hombres posean testículos más pequeños que los chimpancés? ¿Por que son más grandes los hombres que las mujeres? ¿A qué se debe que los humanos sean los únicos animales sociales que prefieren copular en privado? ¿Por qué no poseen las hembras humanas, a diferencia de otras hembras mamíferas, días de fertilidad fácilmente reconocibles, y por qué su receptividad sexual no está limitada a esos intérvalos?
Si su respuesta a la primera pregunta es el gorila, está equivocado. La correcta es el hombre. Y si usted dio respuestas inteligentes a las demás preguntas, publíquelas. Los científicos todavía están tratando de ponerse de acuerdo, para explicar los hechos más obvios de nuestra anatomía sexual y de nuestra psicología. Parte del problema es que sólo hasta hace muy poco los científicos empezaron a estudiar con seriedad el tema, y no sólo han encontrado problema para ser objetivos, sino que no pueden realizar experimentos controlados en prácticas sexuales humanas, como pueden hacerlo en otros campos como el consumo del colesterol o los hábitos del cepillado dental. Además, como nuestros órganos sexuales no existen en un ambiente aislado sino que son, en cierta forma, consecuencia de los hábitos sociales que a su vez han sido determinados por la manera como a lo largo de la historia hemos obtenido nuestra alimentación, si deseamos en realidad comprender por qué la sexualidad humana ha llegado a ser como es, debemos comenzar por examinar la evolución de nuestra dieta y de nuestra sociedad.
A partir de las preferencias vegetarianas de nuestros ancestros monos evolucionamos hasta convertirnos en carnívoros sociales: pero en lugar de desarrollar las garras y los colmillos como los tigres y leones, desarrollamos el cerebro, para cazar con ayuda de la perspicacia. Por otro lado, actuando en grupos coordinados, los humanos protegen a sus hijos hasta que estos puedan "bandearse" solos. En contraste, los pequeños monos se las arreglan para procurarse su propio sustento tan pronto como son destetados.
El sistema social que hemos desarrollado para acomodar nuestros hábitos simiescos de crianza nos parece normal, pero es bizarro para los estándares del simio y virtualmente único entre los mamíferos. Los orangutanes adultos son esencialmente solitarios, los gibones viven en parejas separadas y monógamas, los gorilas en harenes poligámicos, normalmente dominados por un solo macho adulto, y los chimpancés son básicamente promiscuos, mientras que las sociedades humanas, al igual que sus hábitos alimenticios se asemejan mucho a los de los leones y lobos. Vivimos en tribus formadas por muchos machos y hembras adultos que hacen parejas monógamas, aunque son todavia parcialmente poligamas la mayoría de las tribus cazadoras sobrevivientes.
¿Cómo moldea esta organización social los cuerpos de hombres y mujeres? Hay que considerar el hecho de que los hombres adultos son en promedio, cerca de un 8 por ciento más altos y un 20 por ciento más pesados que las mujeres de su edad. Si un zoólogo extraterrestre se encontrara con una tipica pareja humana, podria deducir que se trata de una especie medianamente polígama. En los mamiferos, mientras mayor es la ventaja del tamaño corporal del macho sobre la hembra, mayor el tamaño de su harén. Los gibones machos y hembras son del mismo tamaño, y son monógamos, los gorilas machos pesan casi el doble que las hembras, y poseen harenes compuestos por entre tres y seis hembras. En las especies monógamas, cada macho puede ganarse una hembra, de manera que los machos no necesitan descollar por su tamaño. Pero sólo unos pocos machos puede conseguir las hembras entre las especies muy poligamas. De ahí que, mientras mayor el harén, más feroz será la competencia entre los machos.
Los machos y hembras de las especies polígamas tienden a poseer diferencias más marcadas en sus características sexuales secundarias, que también juegan un importante papel para atraer a la pareja y dominar a los rivales. Por ejemplo, los gibones machos y hembras parecen iguales desde cierta distancia, mientras los gorilas machos son fácilmente reconocidos por sus cabezas en forma de cresta y por sus espaldas de pelo plateado. Los humanos se encuentran en el intermedio. También nuestra anatomía revela una ligera inclinación por la poligamia.
Las diferencias físicas externas entre hombres y mujeres no son tan marcadas como las que existen entre gorilas y orangutanes, pero el zoólogo extraterrestre podría distinguir hombres de mujeres por el vello facial y corporal de los primeros, así como por sus largos penes, y los senos de las mujeres que son abultados, incluso antes de su primer embarazo, en lo que somos únicos entre los primates.
En cuanto a los genitales en sí mismos: el peso combinado de los testículos en el hombre promedio es de cerca de una onza y media, en contraste con una onza y cuarto que pesan los de un gorila de 450 libras.
Pero los machos humanos no tienen nada de qué enorgullecerse: sus testículos se ven opacados por los de un chimpancé de 100 libras, que tienen un peso de cuatro onzas. ¿Por qué están tan bien dotados los chimpancés?
Para llegar a la respuesta, existe una teoría según la cual los machos de las especies que copulan más frecuentemente necesitan testículos más grandes, y aquellos de las especies promiscuas, en las que varios machos copulan rutinariamente en rápidas secuencias con una hembra, necesitan testículos especialmente grandes (la razón: el macho que introduce la mayor cantidad de semen tiene la mejor oportunidad de fertilizar el huevo).
¿Y qué de los pequeños testículos del gorila? De hecho, sus modestos testiculos son perfectamente adecuados para sus modestas necesidades. Aun para un macho con un harén de varias hembras, el acto sexual es un raro placer: ocurre solamente pocas veces al año. Esto se debe a que la gorila hembra no reasume su actividad sexual hasta tres o cuatro años después de haber dado a luz, y aun entonces es receptiva solamente un par de días al mes, hasta que vuelve a quedar embarazada.
La vida sexual de un orangután macho puede ser apenas ligeramente más activa. Pero el chimpancé macho vive en el equivalente simiesco de un Nirvana sexual. Tiene oportunidades casi diarias de copular. Eso, más su necesidad de aventajar a otros machos en la producción de semen en orden de fertilizar a la hembra libertina, explica su necesidad de grandes testiculos. Los machos humanos, en cambio, se las arreglan con unos testículos medianos, pues el hombre promedio copula con mayor frecuencia que el gorila y el orangután, pero con menor frecuencia que el chimpancé.
Así como parece haber una explicación sobre el tamano de los testículos de diferentes especies, no hay una teoría adecuada para explicar el tamaño del pene. En promedio, el pene erecto alcanza una extensión de 3.12 cmts. en el gorila, 3.75 cmts. en el orangután, 7.5 cmts. en el chimpancé y 14 cmts. en el hombre. Su apreciación visual también varía: el pene de un gorila es difícilmente distinguible aun cuando está erecto, debido a su color negro, mientras que el de un chimpancé resalta ampliamente sobre el espacio de piel blanca del que emerge. El pene fláccido no es ni siquiera visible en el mono. ¿Por qué necesita el macho humano un pene que es más largo y conspicuo que el de cualquier otro primate? ¿No representa él un desperdicio evolucionario, un gasto de protoplasma que podría haberse invertido, para poner un ejemplo, en expandir la corteza cerebral o en mejorar los dedos?
Los biólogos normalmente replican citando factores distintivos del coito humano a los que ellos suponen que puede ayudar un pene largo: el uso frecuente de la posición del misionero --o cara a cara--, o la variedad acrobática a la que recurren los humanos en el acto sexual, y la duración supuestamente prolongada de los coitos. Pero ninguna de las anteriores explicaciones sobrevive a un cuidadoso escrutinio. La posición cara a cara es también una de las preferidas por los orangutanes y los chimpancés pigmeos, y ocasionalmente también es utilizada por los gorilas. Los orangutanes mezclan la técnica de copulación cara a cara con la dorso-ventral (a la canina) y las posiciones oblicuas.
Lo que es más, copulan colgados de las ramas de los árboles, algo que rivaliza o que incluso sobrepasa nuestros ingeniosos y con frecuencia exigentes giros. Y en lo que respecta la duración del acto sexual humano, los estudios demuestran que el coito dura un promedio de cuatro minutos entre los hombres, más prolongado que en el caso de los gorilas (un minuto), de los chimpancés (ocho segundos), y apenas una fracción del tiempo que se toman los orangutanes (15 minutos) .
Una popular teoría alternativa para explicar el tamaño del pene, es la de que éste ha evolucionado como un órgano de exhibición, semejante a la cola del pavo o a la melena del león. Esta explicación conduce a otro interrogante: ¿Qué tipo de exhibición, y para hacerla ante quién?
Orgullosos antropólogos machos responden sin ninguna duda: una exhibición para atraer a las mujeres.
Es dificil decidir si esta respuesta es correcta, o sólo una visión optimista de los hombres. Muchas mujeres confiesan que se sienten más aíraidas por la voz, las piernas, los hombros o las nalgas de un hombre, que por su pene.

Otro posible papel de un pene grande es el de que sirve como término de comparación en una competencia de estatus con otros hombres. Esta explicación está sustentada por el arte fálico que los hombres crean para los hombres, y por la obsesión generalizada de ellos por el tamaño de su pene. La evolución del pene humano fue limitada por el tamaño de la vagina: un pene podría dañar a una mujer si fuera significativamente largo. Sin embargo, es posible imaginar lo que sería un pene de un macho humano si no existiera esta limitación y si los hombres pudieran diseñarse a si mismos. Se parecería a las fundas del pene utilizadas como atuendo cotidiano por los hombres en algunas áreas de Nueva Guinea. Estas fundas o falocarpios varían en largo --hasta 24 cmts.--j diámetro --hasta 10 cmts.--, forma--curvo o recto--, y decoración, porque pueden llevar piel o penachos. Cada hombre tiene varios de diferentes tamaños y formas. Los antropólogos occidentales interpretan el falocarpio como algo que se utiliza por modestia o por recato. Pera podría alegarse, entonces, que constituye la más inmodesta exhibición de la modestia.
Si estos aspectos de la anatomía se xual humana son complejos, también lo son nuestras actividades sexuales que deben ser consideradas extravagantes en cualquier estándar normal de los mamiferos. La mayoría de éstos son sexualmente inactivos la mayor parte del tiempo. Copulan solamente cuando la hembra está en calor, esto es, cuando está ovulando y por consiguiente puede ser fertilizada. Los mamiferos hembras aparentemente "saben" cuando están ovulando, porque solicitan copulación en estas oportunidades, exhibiendo sus genitales frente a los machos. Pero muchos primates hembras van más allá: el área alrededor de la vagina, y en algunas especies las nalgas y los senos, se hinchan y se vuelven rojos, rosados o azules. Esta advertencia visual de la disponibilidad de la hembra, afecta a los monos machos de la misma forma como el afiche plegable central dt Playboy afecta a los hombres.
El ciclo humano sexual es diferente. La receptividad de la mujer es más o menos constante a todo lo largo de año, y el proceso de ovulación es en cubierto. De ahi que el hombre no tenga ni la más remota idea sobre cuáles de las mujeres que lo rodean están ovulando. Inclusive la misma mujer debe aprender a reconocer sensaciones asociadas con la ovulación pero su "ritmo" le hace trampas, aut con la ayuda de termómetros y registros sobre la calidad del moco vaginal. Además, el reconocimiento de momento de la ovulación está basada en conocimientos modernos registrados en los libros más que en el innato sentido de la disponibilidad sexual que guía a los mamiferos de otras especies.
La encubierta ovulación de la mujer, la constante receptividad y un breve período de fertilidad en cada ciclo menstrual aseguran que la mayoría de los contactos sexuales tengan lugar en un momento no propicio para la concepción. Peor aún, la duración de la menstruación varía más entre las mujeres, o de ciclo a ciclo en una mujer determinada, que entre la mayoría de los otros mamíferos. Como resultado de esto, aun las jóvenes parejas que hacen el amor con mayor frecuencia y sin anticonceptivos, sólo tienen el 28% de probabilidad de concebir en cada ciclo. Los criadores de animales se desplomarían si una de sus vacas más costosas tuviera tan baja fertilidad.
En estos días de aumento del crecimiento de la población, una de las tragedias más paradójicas es la insistencia de la Iglesia Católica en que el acto sexual tiene la concepción como su único natural propósito y que el método del ritmo es el único apropiado para el control natal. Estas pretensiones serían válidas para las gorilas y la mayoría de los otros mamiferos, pero no para los humanos. En ninguna especie, excepto en el hombre, está tan poco relacionada la copulación con la concepción, o es tan inapropiado el método del ritmo como anticonceptivo.
Como una forma de alcanzar la fertilización, el sexo es para los hombres una inmensa pérdida de tiempo. Si las mujeres hubieran tenido un notorio ciclo de ovulación como los otros mamíferos, nuestros ancestros hubieran podido dedicar mucho más tiempo a cazar mastodontes que a la caza sexual. En este sentido, el problema más ardientemente debatido en la evolución de la reproducción humana es el de por qué la especie llegó a tener encubierto el periodo de ovulación y qué tanto bien nos hacen las relaciones sexuales que no producen la concepción.
Una paradoja relacionada con esto es la de la copulación encubierta.
Promiscua o monógama, todos los otros animales que viven en comunidad tienen sexo en público. Las gaviotas se aparean en medio de la colonia, una chimpancé hembra puede aparearse consecutivamente con cinco o más machos en presencia de cada uno de ellos. ¿Por qué somos los únicos en preferir fervientemente la privacidad?
Hay por lo menos seis teorías diferentes para explicar el origen de la ovulación oculta y la copulación en la intimidad: antropólogos tradicionales sostienen que la ovulación visible y la copulación en público serían un obstáculo para la vida social. ¿Cómo hubieran podido los hombres de las cavernas adelantar el trabajo de equipo necesario para cazar mamuts, si hubieran tenido que estar peleando por los favores públicos de una mujer de las cavernas en periodo de ovulación? Otros antropólogos tradicionales afirman que lo oculto cimenta las relaciones entre un hombre particular y una mujer. Una mujer permanece sexualmente atractiva y receptiva de tal manera que puede satisfacer sexualmente al hombre en cualquier momento, ligándola a ella, y recompensándolo por su ayuda en la crianza de los hijos. Una tercera teoría de antropólogos modernos sostienen que las mujeres, en la mayoría de sociedades de cazadores, aunque tienen muy poco que decir en relación con la selección de marido, siendo constantemente atractivas podían seducir privadamente a un hombre superior, para asegurar sus genes para sus hijos.
Por otra parte, una pareja de biólogos, hombre y mujer, afirman que si el hombre pudiera reconocer los signos de la ovulación, podría usar ese conocimiento para fertilizar a su mujer y luego salir libremente a "echarse unas canas al aire" el resto del tiempo. Por consiguiente, las mujeres desarrollaron una ovulación que pasa desapercibida, para obligar a los hombres al matrimonio, explotando la paranoia masculina sobre la paternidad. Una socio-bióloga feminista dice que las mujeres desarrollaron una evolución encubierta para manipular a los hombres, confundiendo el asunto de la paternidad. Una mujer que dispensa sus favores ampliamente se gana así muchos hombres para que la ayuden a alimentar (o al menos para impedir que maten) a su hijo, ya que muchos nombres pueden suponer que son ellos los padres del niño. Finalmente, viene la teoría de una zoóloga según la cual, con 7 libras y media, un bebé recién nacido promedio pesa cerca del doble de un gorila recién nacido, mientras que una madre gorila supera con creces el peso promedio de la mujer. Porque el recién nacido es más grande en relación con su madre es que el nacimiento humano es tan excepcionalmente doloroso y peligroso. Antes del advenimiento de la medicina moderna, las mujeres frecuentemente morían durante el parto, mientras no se ha oído lo mismo en relación con una gorila o chimpancé.
Una vez que los humanos desarrollan suficiente inteligencia para asociar la concepción con la copulación, las mujeres en período de ovulación pueden decidir no tener relaciones sexuales durante ese tiempo, con el fin de ahorrarse el dolor y el peligro de un alumbramiento. Pero tales mujeres dejarán menos descendientes que aquellas que no puedan detectar su período de ovulación. Así, donde los antropólogos hombres vieron la ovulación encubierta como algo desarrollado por las mujeres para los hombres (teorías 1 y 2), esta teoría lo ve como un truco que desarrolló la selección natural para engañar a las mujeres .
¿Cuál de las teorías es la correcta? Los biólogos no lo saben con exactitud. Solamente en años recientes la ovulación encubierta, tanto como los interrogantes en torno a los testiculos y al tamaño del pene, han comenzado a recibir atención. Muchas de nuestras explicaciones han avanzado escasamente, quedándose en el nivel de especulaciones de coctel.

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