Jueves, 30 de octubre de 2014

| 1990/05/21 00:00

LAS MUJERES, EL PAIS Y EL MUNDO

LAS MUJERES, EL PAIS Y EL MUNDO

LA MUJER EN LA PLUMA
¿Existieron realmente Penélope, Helena de Troya y Sherezade; Cleopatra, Ana Karenina y Catalina La Grande; Emma Bovary, Margarita Goutier y Mata Hari?
Aunque la respuesta parezca obvia, la literatura se ha encargado, a traves del tiempo, de poner en duda la seguridad de los aficionados a la historia. En primera instancia, la resolución mas sensata seria afirmar que tanto Helena de Troya, como Cleopatra, Catalina la Grande y Mata Hari, tuvieron su lugar en la historia, mientras que las demas fueron fruto de la inspiración de los escritores.
Pero, ¿no es cierto que el Quijote de Cervantes y el Hamlet de Shakespeare lograron desprenderse de sus autores hasta mas alla de la simple fantasia para entrar a formar parte de una realidad independiente?
La literatura tiene la ventaja de ofrecer esos caminos. Posee la factibilidad de refutar la evidencia de que sus personajes son solo eso, personajes, y llega a convertirlos en seres independientes de su amos, los autores.
Cuando los personajes son femeninos, la regla se confirma aun más.
La existencia de Helena de Troya, por poner un ejemplo sencillo, estuvo en duda hasta no hace mucho tiempo y su permanencia en la historia de la humanidad ha sido mas literaria que historica.
Desde el angulo contrario, es dificil negar la independencia existencial de Ana Karenina -clásica por excelencia de la literatura universal-, o no reconocer la influencia de la personalidad de Emma Bovary en la mujer (o el hombre) que se acerque a su lectura.

En el ámbito latinoamericano, ¿se puede rechazar la vitalidad e importancia histórica de Ursula Iguaran, primera mujer sobre la tierra macondiana y madre de toda la estirpe Buendia en Cien años de soledad?
Lo cierto es que no solo las grandes mujeres de la humanidad han desbordado la historia con sus cualidades y proezas. Los personajes femeninos de la literatura cobran a veces mayor grandeza, porque gozan del privilegio, segun lo afirma Milan Kundera, de "desvelar aspectos desconocidos de la existencia".
Por eso, cuando se trata de reconocer el talento, la sensibilidad y la rebeldia de mujeres como Ana Karenina, la desafortunada protagonista de la novela que lleva el mismo nombre, o como Emma Bovary, personaje principal de Madame Bovary, la admiración resulta excitante a la vista de cualquier lector.

PASIONES SEMEJANTES
Interpretada alguna vez en el cine por Jennifer Jones, por alla en los comienzos de la década del cincuenta, no cabe duda de que una de las personalidades mas intrincadas ha sido la de Madame Bovary, la rebelde jovencita nacida de la pluma de Gustave Flaubert.
Su necedad, esa que la supo acompañar hasta su desdichado lecho de muerte, fue el fruto de una pasión desaforada por rebelarse contra la ética preconcebida de la sociedad de su epoca. El adulterio cometido, sus mentiras, sus delitos e inclusive su suicidio, permanecen como un reclamo justo de una mujer que ha luchado en desventaja. Sufre de un incurable materialismo, prefiere los placeres del cuerpo a los del alma, respeta los sentidos y su instinto, quiere gozar, no se resigna a reprimir sus exigencias sensuales. En las palabras de Mario Vargas Llosa, "Emma quiere vivir y romper los mitos... su historia es una ciega, tenaz, desesperada rebelión contra la violencia social que sofoca ese derecho".
Del mismo modo, Ana Karenina enfrenta las desventajas de ser una mujer en la Rusia del siglo pasado, con un destino preestablecido: convertirse en ama de casa, mujer y madre de los hijos del marido que le hubiera tocado en suerte.
Y le toco Karenin, un personaje insípido, que no le exige mayor cosa que su fidelidad. Y alli es donde Ana sucumbe. Se entrega al hombre prohibido con la pasión única de la mujer.
Rosa Montero comenta en un breve analisis de la novela de Tolstoi, que es en la mujer donde "se da con mayor intensidad y abundancia el arrebato pasional porque ella no ha tenido, a diferencia de los hombres, muchas opciones de vibrar mas alla de las puramente pasionales" Ese es el pecado de Ana, pero valga la pena correr el riesgo. Cuando su amante Alexis sugiere la posibilidad de estudiar arquitectura, ella lee todo libro alusivo al tema y llega inclusive a saber mas que el, en un intento por demostrar que su inteligencia, su voluntad y su fuerza de caracter, son superiores a las de muchos hombres.

Ana Karenina y Emma Bovary guardan su semejanza en la fuerza magnetica, en la vitalidad y la fascinación, en el ansia de libertad. Cada una llego a poseer tal independencia existencial, que sus autores no aguantaron la presión de dejarlas libres. Por un lado Flaubert siempre consideró que sus novelas debian existir por si solas, y por el otro, Tolstoi, que en un principio quiso hacer de Ana un personaje antipatico e intrascendente, sucumbio ante su personalidad y la convirtió en el nucleo de su novela.

DEL LADO DE ACA
Pero la literatura latinoamericana tambien guarda sus mitos femeninos.
La pluma de sus mas insignes representantes, al igual que la prosa europea, exalta ese eterno femenino imposible de evitar. Jorge Isaacs inmortalizo a Maria, Eugenio Díaz a Manuela y Jose Marmol a Amalia. De manera similar, Jose Eustasio Rivera logro transformar la mentalidad latina de la debilidad de la mujer, con uno de los personajes principales de La Voragine: Alicia, quien no dudo un solo instante en abandonar su riqueza y su privilegiada posicion social para huir de su forzado matrimonio y aventurarse en las selvas colombianas con Arturo Cova.
Por su parte, La Maga, amante de Oliveira en la novela Rayuela-de Julio Cortazar-, es un personaje casi indescifrable, ignorante en apariencia pero con toda la sabiduría existencial que el propio Oliveira envidia. Una vez mas la sombra femenina envuelve la obra y hace que esta gire en torno a ella.

Tal vez el ejemplo mas palpable sea el de Ursula Iguaran, nucleo sobre el cual se desarrolla la historia de Macondo en Cien años de soledad, de Gabriel Garcia Marquez. En medio de las siete generaciones de Buendía que poblaron el territorio macondiano, la figura de Ursula sobresale como eje y motor de toda la estirpe. Ella decide quien es y quien no es puro en su progenie, es la unica que mantiene la lucidez en los momentos de total alucinación, es el sinónimo de la cordura y de la razón. Tanto así, que la familia debe su coherencia -y su propia existencia a la figura de "La Gran Abuela". Cuando esta muere a la edad de 100 años, el futuro de los Buendía se torna incierto y la profecía de Melquiades sobre la maldición de la familia comienza a ser una realidad.
Solo la perspicacia de Ursula es capaz de detectar los motivos reales que se esconden detras de las aventuras de sus hijos. Ella retiene la historia, su habilidad para contar y recordar los hechos es la que hace posible la conservacion de la raza. Y ella, en ultima instancia, perdona o condena los actos por encima de cualquier miembro de la familia.

El crítico inglés Gordon Brotherston, resume así la trascendencia de Ursula Iguaran en la novela: "Macondo padece la vigilancia estricta y la influencia de la matriarca Ursula, cuyo ideal de familia se parece mucho al que rinde tributo la tradición en Colombia y en otros paises conservadores latinoamericanos". En pocas palabras, la novela subsiste porque detras de ella se esconde Ursula, la madre de todos, la creadora de la estirpe macondiana.
Ella, junto con las demas protagonistas de la historia de la imaginación literaria, justifica de por sí el hecho irrefutable de que la fascinacion y el misterio femeninos guardan un lugar de privilegio dentro del mundo real y fantasioso del hombre, sin el cual las posibilidades de exploración de la existencia serían demasiado pocas.

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