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| 6/21/2009 12:00:00 AM

Las sobrevivientes

La crisis financiera que vivió Colombia a finales de la década de los 90 arruinó muchos hogares y quebró bancos y empresas. Pero también hubo gente y compañías que, con confianza y trabajo, se levantaron de las ruinas.

Es muy probable que este año el crecimiento de la economía colombiana sea cero, o incluso, como señalan los pronósticos más pesimistas, que el Producto Interno Bruto (PIB) termine con una contracción del 1 por ciento.

Cualquiera que sea el resultado que se obtenga al final de 2009, no tendrá punto de comparación con lo vivido hace 10 años, cuando el PIB cayó 4,6 por ciento con gravísimas consecuencias.

Muchas compañías grandes, medianas y pequeñas se vieron al borde del abismo y varias de ellas quebraron; el sector de la construcción se arruinó y en varios años no volvió a edificar ni un metro cuadrado; algunos hogares perdieron su vivienda y sus ahorros; y más de 20 entidades financieras (bancos, compañías de financiamiento comercial, banca cooperativa, banca pública, corporaciones financieras) cerraron sus puertas.

La crisis que se concentró en la banca contagió a toda la economía. Las cifras son dramáticas. En el año 2000, cuando los vientos de la recesión seguían soplando con fuerza, 316 compañías acudieron a la Ley 550, un salvavidas creado por el gobierno para darle la mano al sector empresarial y evitar que sucumbiera con los miles de empleos. Un año después, entraron a buscar este mismo rescate 284 sociedades, y en 2002 la crisis obligó a tomar el mismo camino a 187 más.

En total, durante ocho años, desde el momento más severo de la crisis hasta sus últimos coletazos, 1.305 empresas colombianas que generaban más de 90.000 empleos debieron acudir a esta fórmula salvadora para tratar de salir a flote.

El balance final de este período tan crítico en la historia económica del país (1998-2001), muestra que 573 compañías lograron salvarse al realizar acuerdos con sus acreedores, emprender planes de reestructuración e ingeniárselas para mantenerse en el mercado.

Infortunadamente, 456 empresas tuvieron que ser liquidadas porque fracasaron las negociaciones con sus acreedores y definitivamente el oxígeno no les alcanzó. Algunas otras compañías encontraron en el mecanismo de las fusiones la tabla salvadora para mantenerse a flote.

Una década después de aquella terrible crisis, la situación es diferente. El sector bancario está mucho más sólido. Las medidas que se tomaron para la recuperación surtieron efecto. Todas las instituciones financieras fueron obligadas a capitalizarse, la regulación bancaria se extremó, se adoptaron nuevos sistema de provisión y cubrimiento (reservas ante eventuales impagos de los deudores) y los banqueros aprendieron su propia lección: mayor cautela y prudencia a la hora de otorgar créditos.

Después de aquella crisis, los constructores cambiaron la cartilla que orientaba sus negocios y adoptaron como regla de oro la preventa. Las firmas de construcción que sobrevivieron a esos años difíciles hoy son compañías fortalecidas, muchas han traspasado fronteras en busca de nuevos mercados para diversificar el riesgo.

Ciertamente, hay grandes diferencias con la crisis actual. La de los años 90 tuvo su epicentro en Asia y contagió a los países emergentes, pero no se trasladó a los países desarrollados como la que vive el mundo hoy día.

Y a pesar de que la actual es mucho más profunda, es evidente que a Colombia le ha ido mejor que hace una década. La principal razón, dice Roberto Steiner, de Fedesarrollo, es que hoy los fundamentales de la economía colombiana (se refiere a los principales indicadores macroeconómicos) son más positivos. Por ejemplo, los déficit interno y externo, en aquel momento eran muy críticos. Hoy no están en una situación grave. Pero, además, en los años 90, las empresas y el gobierno se encontraban en una posición mucho más vulnerable. La deuda externa de los sectores privado y público en aquellos años mostraba un franco crecimiento, a diferencia de hoy, que están en descenso.

Otro elemento diferenciador entre los dos episodios tiene que ver con las reservas internacionales del país. En los años 90 eran insuficientes, pero en este momento están en situación muy holgada. A esto hay que agregar que la inflación dista mucho de estar en los niveles de hace una década, y la tasa de cambio ahora flota libre, lo que permite al Banco de la República aplicar su política monetaria. En la crisis de los 90, para defender la banda cambiaria, las tasas de interés se fueron al techo y estrangularon al sector privado.

Hoy, mientras en el mundo muchos presencian atónitos los estragos que ha dejado la peor crisis económica en 80 años, a Colombia parece irle mejor.

Si bien los coletazos de la crisis no han sido propiamente una caricia, tampoco han significado una catástrofe, como sí ha ocurrido en otras economías en donde como castillos de naipe han caído los grandes íconos del mundo empresarial.

Alquería, larga vida

Alquería fue una de tantas compañías que no parecían resistir en pie la difícil situación de finales de los años 90. Sin embargo, hoy es una empresa renovada, fortalecida y pujante, que sólo mira el futuro. Atrás quedaron las dificultades gracias a la tenacidad de sus directivos.

Hace unos pocos meses, la empresa Productos Naturales de la Sabana Alquería recibió una condecoración que habla por sí sola: el premio Ave Fénix. Lo entregó la Universidad del Rosario, con el aval de la Superintendencia de Sociedades, en reconocimiento a esta compañía que en medio de una crisis tan severa como la de finales de los 90 demostró con tenacidad que se puede levantar de las cenizas.

Alquería fue la primera empresa, de las más grandes del país en ventas, en salir anticipadamente de la reestructuración económica. Su caso fue estudiado por el Banco Mundial y expuesto en el exterior como ejemplo a seguir.

En los años 90, Alquería diseñó un ambicioso plan de crecimiento que paradójicamente casi la lleva al abismo. La empresa se endeudó para adquirir maquinaria y sostener el ritmo de expansión que tenía en marcha. Pero desafortunadamente, los planes llegaron en un mal momento. A partir de 1998, la economía comenzó a dar signos preocupantes, las tasas de interés se dispararon y las empresas, entre ellas Alquería, sintieron cómo una soga al cuello les apretaba hasta asfixiarlas. Los intereses del crédito se volvieron impagables.

Corría febrero del año 2000 cuando Alquería decidió buscar el amparo de la Ley 550 como última medida salvadora. Con acreencias por más de 35.000 millones de pesos, la mejor opción era un acuerdo de reestructuración. La decisión fue acertada.

Cinco años después, en febrero de 2005, Alquería canceló anticipadamente las obligaciones derivadas del acuerdo de Ley 550 por medio de la contratación de un crédito sindicado, el cual fue por un monto mayor al requerido para el prepago de esta obligación.

Alquería salió a flote fortalecida. Los parámetros de eficiencia operacional, las políticas de buenas prácticas y la mayor solidez mostraron una compañía reconstruida y con nuevas estrategias, desarrollos tecnológicos y planes. Para Carlos Enrique Cavelier, presidente de la empresa desde 1993, quien ha sido protagonista directo de esta historia empresarial, la fórmula para salir a flote no es otra que la dedicación, el arduo trabajo y la constancia del equipo.

Hace cuatro años, con el nuevo aire, Alquería adquirió la compañía Productos Lácteos Andina. Esta operación fue estratégica, ya que se estaba ubicada en el Valle del Cauca, con una participación importante del mercado, así como una red de proveedores y distribución consolidada. Gracias a esto, la empresa logró una operación más eficiente en cuanto a la distribución y costos de ventas, y mejoró su participación de mercado en esta región del país.

Son muchos los sueños que se han hecho realidad para esta compañía. En el sector lechero se destaca su proyecto 'larga vida', para el cual convirtió su planta de ultra-pasteurización en la más moderna y con mayor capacidad de los países del Pacto Andino. Después de salir nuevamente a flote, Cavelier decidió que era necesario avanzar en un proceso de consolidación más allá de su territorio natural, la Sabana de Bogotá, para establecer operaciones propias en otras regiones del país como Valle, Antioquia y Santander. Alquería sigue realizando inversiones para optimizar y modernizar su operación. Además de su posicionamiento en la leche entera, ha logrado liderar en leches especializadas como el caso de la deslactosada.

Pero el mayor reto reciente ha sido su alianza con el gigante Danone. El resultado de esta operación ha sido un notable crecimiento de las ventas, de los márgenes de utilidad y del número de clientes. En la actualidad Alquería es uno de los productores más importante de Colombia. Genera más de 3.500 empleos directos e indirectos, con la alianza con Danone ascienden a 4.000.
 
* Periodista de SEMANA
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