Lunes, 16 de enero de 2017

| 1998/03/02 00:00

LAS TRAVESURAS DEL NIÑO

Durante nueve días SEMANA recorrió el río Magdalena a lo largo de ocho departamentos para comprobar los estragos del fenómeno climático de fin de siglo.

LAS TRAVESURAS DEL NIÑO

El fenómeno de 'El Niño' ha logrado cosas que hasta hace muy poco tiempo parecían imposibles. Por ejemplo, que en Calamar, a unos cuantos kilómetros de Cartagena, en pleno corazón del Canal del Dique, las personas atraviesen caminando el río Magdalena como si, en lugar de ser el río más importante del país, se tratara de un arroyo insignificante. Hasta hace poco la imagen de un hombre parado en la mitad del río, con el agua a la cintura, tenía más de realismo mágico que de realismo puro.Hoy en día, gracias al fenómeno de 'El Niño', esa escena es posible. Una de las personas que diariamente atraviesan el río es Jorge Luis Paniagua, tripulante del remolcador 'Luis Fernando', una de las 12 embarcaciones que desde hace un mes se encuentran encalladas en el Canal del Dique. El buque está cargado con 18.000 barriles de hidrocarburos los cuales deben ser llevados hasta Barrancabermeja para ser refinados. "Nosotros hacemos un viaje normal de ida y regreso en dos semanas. Pero sabe Dios hasta cuándo vamos a permanecer aquí", dijo Paniagua a SEMANA. El Canal del Dique es considerado el más profundo de los canales naturales del país. En años anteriores tenía capacidad para embarcaciones de gran calado y era la ruta obligada para los buques que iban del interior del país a Cartagena. Las imágenes de los turistas saludando a los ribereños desde la proa de los barcos hoy son postales herrumbrosas casi borradas por el paso del tiempo, que sólo sirven para adornar los viejos caserones que se encuentran a lo largo del río. Una de esas postales es la del legendario 'David Arango', en cuya cubierta se llevaron a cabo célebres tertulias intelectuales en los años 40. Pero no sólo en el Canal del Dique se encuentran varadas las embarcaciones. Otros remolcadores están atracados en las distintas riberas del Magdalena. Curiosamente uno de ellos lleva el nombre del fundador de la navegación fluvial a vapor en el país en la segunda década del siglo pasado: Juan Bernardo Elbers.SEMANA realizó un recorrido de nueve días a lo largo del río, desde Honda hasta Barranquilla, pasando por ocho departamentos, y pudo comprobar que 'El Niño' está matando lentamente al que fuera considerado el mar interior del país, el 'Gran río de la Magdalena', como lo bautizaron los conquistadores. De las 1.020 millas que tiene el río un poco más de la mitad podrían considerarse como aptas para la navegación. Hay sectores, por ejemplo los correspondientes al sur de Bolívar, en los cuales los playones dificultan inclusive el paso de embarcaciones pequeñas. Frente a Morales los pescadores juegan fútbol a la hora de la siesta en una playa inmensa que salió frente al pueblo, también en la mitad del río. El director de la Corporación Autónoma Regional del Río Magdalena, Víctor Bacca, califica la situación de "gravísima". El funcionario es de los que piensan que si las cosas continúan así y el verano se intensifica las operaciones de navegabilidad de carga y pasajeros se verán mucho más afectadas en muy corto tiempo. Puerto Berrío, El Banco y Magangué, anteriormente considerados puertos prósperos, hoy son pequeñas ciudades atrofiadas en su desarrollo, caóticas y dominadas por temperaturas que sobrepasan los 42 grados centígrados."Este verano no sólo va a acabar con el río: también va a terminar por matarnos a todos", dijo a SEMANA Inocencio Aisland, un campesino de Mompox que se muestra impotente ante la inclemencia del tiempo.
Desolación
Uno de los departamentos donde con más rigor se está sintiendo el fenómeno de 'El Niño' es Atlántico. El paisaje es desolador. Sus tierras, antes fecundas y fértiles, parecen inmensas sabanas de polvo en las que sólo sobreviven el trupillo y el cactus, plantas propias de los desiertos. Las ciénagas y aljibes se secaron. Los pozos profundos que surtían de agua a los municipios del departamento también. En Campo de la Cruz, uno de los pueblos con más alto índice de crecimiento del departamento y que cuenta con 40.000 habitantes, el ganado se está muriendo de sed en los potreros. Sus habitantes realizan marchas de ollas vacías frente a la alcaldía municipal. Su acueducto surte de aguas a los municipios de Manatí, Candelaria y Suan. Cerca de 150.000 personas se benefician de su servicio. El secretario general de la alcaldía, Jorge Marenco, se muestra pesimista sobre el futuro. "Esto apenas comienza y sólo tenemos reserva de agua para los próximos 15 días. Nos vimos obligados a establecer un racionamiento de agua durante 12 horas diarias", dijo a SEMANA el funcionario. La motobomba que tomaba agua del río y que servía para regar los cultivos de las cinco microempresas del municipio un día amaneció en el aire, puesto que las aguas del río se alejaron varios metros. Las tres cooperativas lecheras que compraban el producto a los ganaderos del pueblo están a punto de cerrar. "Durante las buenas épocas nosotros producíamos hasta 20.000 litros de leche diarios. Hoy en día hay familias que no entregan ni un litro de leche a las cooperativas", dijo Atenor Meneses, un ganadero de la región. Si las cosas siguen como van, una crisis de incalculables proporciones amenaza con azotar a la región. Son miles de familias que empiezan a padecer hambre y sed sin que hasta el momento se alcance a divisar una solución en el corto y mediano plazo. Esta vez la situación es mucho más complicada. A diferencia de ocasiones anteriores, cuando el propio hombre podía encontrar la solución, ahora la suerte depende de los caprichos de la naturaleza. Y lo que parece demostrar el fenómeno de 'El Niño' es que las consecuencias de dichos caprichos son casi siempre fatales.
Un 'Niño' mojado
La semana pasada en algunos departamentos del país el fenómeno de 'El Niño' pasó del intenso verano al torrencial aguacero. Así ocurrió, por ejemplo, en Santander, donde cerca de 10.000 habitantes de Bucaramanga, Girón y Floridablanca resultaron damnificados por fuertes lluvias. Paradójicamente hasta hace ocho días esa era una de las regiones más afectadas por la sequía, junto con la Costa Atlántica, Tolima y Huila. En Colombia el fenómeno de 'El Niño' se había caracterizado por el fuerte verano. No obstante, en algunos países de la costa Pacífica de América del Sur el hecho predominante había sido los torrenciales aguaceros. De acuerdo con estudios realizados por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) es muy probable que 'El Niño' continúe hasta mayo de este año. En el caso de Colombia la característica más importante seguirá siendo el verano, especialmente en la zona noroccidental. Pero en algunas regiones del país el fenómeno seguirá teniendo dos caras, tal como sucedió la semana pasada en Bogotá, donde mientras en un sector de la ciudad caía un torrencial aguacero, no muy lejos de allí, los cerros de matorrales secos eran consumidos por el fuego.

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