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| 6/18/2011 12:00:00 AM

Leer y no agredir

Jóvenes estudiantes de un colegio estigmatizado por la violencia invitan a los adultos a leer las obras que ellos mismos escriben sobre lo que viven día a día.

Cuando Lina María Álvarez llegó en 2008 a dictar clases al colegio José Miguel de Restrepo en Copacabana, Antioquia, encontró una situación preocupante. Hacía un año un joven enfurecido de celos había asesinado a otro en uno de los corredores: a los jóvenes no les importaba levantarse de su silla para ir a darse golpes con un compañero o con un profesor en plena clase.

“Esta situación se volvió un reto para mí, porque tenía que demostrarles a los muchachos que es mejor leer y escribir que ser violento”, comenta la profesora de Lenguaje. Pero su método no era el más apropiado. Como un profesor cualquiera, ella tenía la costumbre de recetar libros de famosos escritores, de esos que tanto aburren a los adolescentes. Al ver que eran pocos los resultados, prefirió aplicar las teorías de David Perkins, un académico de Harvard que habla de las Escuelas Inteligentes, que consiste en enseñarles a los estudiantes a usar el conocimiento de las clases en su vida cotidiana.

Lina María aplicó aquella teoría y, en vez de poner a sus alumnos a leer los clásicos de la literatura, prefirió invitarlos a escribir sobre sus problemas y sus vivencias. Así, sus alumnos de sexto grado empezaron a cogerle gusto a la escritura y hasta se divertían leyendo lo que sus compañeros escribían en las clases de Español. “Logré que los muchachos escribieran sobre lo que los rodea. Esto permitió que mejoraran la comprensión y la redacción”, explica la profesora Lina María.

Con este proyecto, los alumnos identificaron sus problemas más frecuentes: en sus hogares había violencia intrafamiliar, los padres tenían poco compromiso con la educación de sus hijos y muchos jóvenes terminaban tomando los malos caminos de las drogas y la violencia.

A lo largo de estos tres años, sus alumnos han escrito diez libros en los que hablan de estos temas y de sus posibles soluciones. El proyecto fue bautizado por los mismos muchachos como ‘Peques’, que traduce ‘Pequeños escritores’. Pero ¿qué hacer con los libros impresos? Fue entonces cuando nació el programa ‘La lectura toca tu puerta, déjala entrar’. “Conseguí un carrito de mercado, y en los horarios de clase empecé a salir con mis alumnos por los barrios de Copacabana. Tocamos puertas de las casas para recomendar las lecturas”, explica la profesora.

Qué gran paradoja. Los estudiantes de un colegio que cargó con el estigma de la violencia durante años ahora llegaban a las casas a entregarles libros a los adultos para invitarlos a leer sus propias historias.
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