Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1988/12/12 00:00

LENTEJUELAS Y ASPIRINAS

LENTEJUELAS Y ASPIRINAS

Los indomables atuendos se convirtieron en algunos momentos en una excusa para que las reinas pudieran tomarse un descanso. A pesar que algunas de ellas mostraban un impetuoso espíritu rumbero, las plumas y arabescos que les colocaban en la cabeza las hacía renunciar a cualquier pretensión de "mover la colita". El peso y los malabares que permanentemente tenían que hacer para entrar a un ascensor o para pasar por una puerta hizo que la mayoría de las candidatas tuvieran que estar pidiendo aspirinas y tylenol para tratar de resistir un poco más y calmar el dolor de cabeza. "Menos mal que ésta no es una prueba de atletismo porque sino ya me habrían descalificado por estar dopada" dijo la candidata de Bolívar después de contar que se había tomado por lo menos tres calmantes.
Los vestidos de fantasía obligaron a varias a "alzarse la bata" y más de una tuvo que en un momento determinado del baile, renunciar a parte de sus atuendos y quedarse con el gorro y el bikini. Las que tenían vestido que no se podía desarmar, o que no tenía bikini, tuvieron que aguantarse toda la noche con su carga y se vieron en calzas prietas cada vez que había que levantar su vestido para poder pasar entre las mesas y las sillas. En el desfile de la fiesta bautizada "Carnaval de Río" del Club Cartagena, la que se llevó las palmas fue la señorita Quindío. Con un traje llamado "Trópico", en línea trompeta con base en pagget negro y bordado en lamé, lentejuelas y pedrerías, acompañado de exóticas guacamayas y mariposas.
Aunque el principal comentario fue el de que las luces y el colorido de los vestidos durante toda la jornada habían logrado un espectáculo impresionante, fue criticado el peso de los atuendos. Las plumas y los espejos del vestido de la señorita Antioquia que lo adornaban en azul eléctrico con blanco, la elevaron por un momento y su defecto de estatura quedó completamente al margen. El traje de la señorita Bogotá, llamado "Colibrí", bordado en hojas en tonos borcal, azules, morados y verdes, del cual se desprendían en la parte posterior unas plumas en forma de cascada formando una especie de cola, diseñado por Alfredo Barraza, dejaron a un lado la poca simpatía que había mostrado hasta ese momento la candidata de la capital.
Los vestidos lograron también un efecto que en algunos momentos fue criticado por expertos reinófilos. Tanta belleza en los atuendos tiende a opacar la belleza de las candidatas. "Unos inmensos vestidos que cubren toda la niña y que prácticamente no la dejan mover, no puede ser una prueba de belleza, será prueba de equilibrio", comentó uno de los diseñadores. Lo peor es que no se ven por ninguna parte las reinas. En medio de un puñado de plumas hermosas, de pronto se ve una carita de una niña completamente asustada y cuidadosa de que no se le vaya a caer el adorno que lleva en la cabeza o de que no le vaya a pisar su vestido y quede en el aire en cualquier momento.
El traje de la niña de Caldas llamado "Apoteosis en Río" estaba ligeramente adornado con canutillos, mostacillas y piedras, y en la espalda llevaba alas de mariposa adornadas con plumas blancas y negras. Esta confección del diseñador Abilio Soares, le daba cierto aire angelical que, combinada con sus facciones de virgen de altar, se llevó todas las miradas tiernas que inspiraron la noche del Club Cartagena. Al final de la semana la señorita Caldas comenzó a sonar como una de las favoritas, sin embargo algunos decían que la boca era muy grande y que no le favorecía.
Aunque los trajes que se exhibieron en la noche del Club Cartagena, no estuvieron exentos de críticas, se llevó a cabo la premiación y la ganadora fue la señorita Cauca, con un traje llamado "Estrella carioca" elaborado en blanco, negro y plateado, totalmente bordado en lentejuelas, canutillos, strass y perla. Ceñido totalmente al cuerpo en corte de sirena y con una amplia falda que terminaba en boas de plumas de gallo africano. Complementado con un adorno en pedrería con cuatro astas y abanicos de plumas de avestruz y de faisán.
El segundo vestido ganador, porque no se premia a la reina sino al vestido en este desfile, fue Quindío y el tercer puesto le correspondió a Magdalena. Este último estaba rebordado en tonos boreal y se destacaban los colores azul, morado y negro. El nombre que llevaba era "Fantasía carioca" y estaba complementado con una capa elaborada en lágrimas y mostacillas. La falda de tul también bordada en boreal. Para esta confección se utilizaron por lo menos 4 mil perlas.
El principal problema en este desfile fue el de la señorita Tolima, quien tuvo que abandonar muy temprano el Club Cartagena con el vestido en la mano porque no se lo aguantó. Su edecán debió sacarla por una puerta diferente porque la candidata no quiso pasearse sin el vestido por medio del salón. La que también se quitó el vestido y quedó únicamente con el adorno de la cabeza y una especie de bikini fue la del Valle, pero ella no tuvo problema en andar por todo el Club sin su vestido de fantasía y terminó robándose el show.

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