Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2001/01/08 00:00

¿Líderes o mandones?

En Colombia muchos sueñan con llegar bien alto pero para dar órdenes a los demás.

¿Líderes o mandones?

Colombiano que no quiera ser presidente es porque es ecuatoriano”. Esta frase, que pertenece al repertorio humorístico del ex presidente Ernesto Samper Pizano cuando estaba en campaña, refleja de cuerpo entero la mentalidad de un país donde es muy frecuente que se confunda el concepto del liderazgo con el sueño de “llegar bien alto y triunfar para poder dar órdenes”.

Quienes sueñan con llegar algún día “a los destinos más altos de la patria” como la ‘primera magistratura’ piensan ante todo en el honor y el prestigio que esto significa y, si les queda alguito de tiempo, en la responsabilidad que esto implica.

Prueba de ello fueron las caricaturescas horas que duró la Presidencia del excelentísimo ex presidente doctor don Carlos Lemos Simmons, quien invirtió la mayor parte de su mandato en su natal Popayán recibiendo en un besamanos el homenaje de “las fuerzas vivas de la hidalga ciudad colonial”, que agregaba así un nombre más a su “ya extensa lista de ilustres próceres que rigieron los destinos manifiestos de la nación”.

Tiene que ser así. Semejante himno al arribismo y a la prosopopeya es el resultado de un país que se desvive por la doctoritis, los abolengos, los honores, los disfraces de prócer. Al fin y al cabo el sueño de todo padre de familia estándar, sin importar demasiado su condición social, es que su hijo sea doctor. Bueno, regular, malo, frustrado, en camino, lo que importa es que sean doctores o, más importante aún, que algún día les digan doctor como a Turbay, como a Serpa.

Cómo nos encanta a los colombianos que las secretarias, los meseros y los porteros de los edificios nos digan doctor…

Esa concepción del liderazgo que trae como resultado el circense mandato de Lemos (uno entre tantos otros mucho más nefastos) la analizó en una graduación de estudiantes universitarios llamados a ser líderes del Valle del Cauca el entonces ministro de Minas, Luis Carlos Valenzuela, quien señaló que en Colombia se confunde elitismo con arribismo. Es la cultura de “aprovechar el cuartico de hora”, ya sea para figurar, para devolverles favores a los amigos o, sencillamente, para robar. Lo que caiga: la empresa, el país, el suegro, el cuñado.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.