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| 10/28/2006 12:00:00 AM

Los alemanes

Decir que a ellos les debemos la cerveza no es una exageración, pero tampoco es su único aporte. La destreza alemana también se impuso en la educación, la minería y la navegación.

Carlos Ardila Lülle, Rudolf Hommes, Aura Cristina Geithner, Hellmuth Bellingrodt, Antonio Navarro Wolff y también todos los portadores de apellidos como Hoenisgbergh, Siegert, Held, Greiffenstein, Simmonds, Bayer y Strauss descienden de inmigrantes alemanes. Nos hemos familiarizado con ellos, olvidando que su presencia se debe a un selectivo proceso de inmigración vivido por el país en los dos últimos siglos.

Al barón Alexander von Humboldt se debe una de las exploraciones científicas más fructíferas del territorio nacional, el primer mapa completo del río Magdalena y un plan para mejorar su navegabilidad. Un compatriota de éste, el empresario Juan Bernardo Elbers, realizó los primeros intentos por establecer la navegación a vapor por el Magdalena, además de proveer a los ejércitos patriotas importantes sumas de dinero, pertrechos y barcos durante la campaña que culminó con la Batalla de Boyacá y la toma de Cartagena.

Por la misma época, el teutón Jacobo Wiesner encontró unos yacimientos de hierro en Pacho, Cundinamarca, y estableció en 1824 la primera ferrería del país con el propósito de producir artículos. La laboriosidad y la destreza alemanas también se expresaron en la minería y la industria artesanal del occidente colombiano. Fueron ingenieros como Carlos Greiffenstein, Reginaldo Paschke, Enrique Haeusler y los hermanos Reginaldo y William Wolf, los encargados de desarrollar los diferentes talleres y altos hornos de las primeras fundiciones, donde además dieron formación empírica a los ebanistas, los mineros, los mecánicos y los fundidores colombianos.

Además, Paschke y Wolff, en compañía de un experto fabricante de porcelana a quien trajeron de Berlín en 1881, se convirtieron en los fundadores de la Compañía Cerámica Antioqueña, la cual, luego de sucesivas transformaciones, se convirtió en Locería Colombiana S. A., hoy una de las divisiones de la organización Corona.

Uno de los alemanes que más honda huella han dejado en la cultura nacional ha sido Geo von Lengerke. A él se debió el despertar comercial, financiero e industrial de Bucaramanga, Girón, Socorro, Cúcuta y otros municipios santandereanos, a mediados del siglo XIX.

Después de él llegó a esa región una nutrida y prominente colonia alemana a montar bancos y a abrir almacenes, industrias, caminos y clubes sociales. Por varias décadas, los alemanes dominaron en la actividad comercial, dedicados a la importación de bienes manufacturados y a la exportación de riquezas naturales. Particularmente, Lengerke se dedicó a la exportación de quina y, gracias a su actividad, se abrió un camino hacia el Magdalena. Este y otros caminos, construidos por él para el desarrollo de sus negocios, son las rayas del tigre a las que se refiere Pedro Gómez Valderrama en su novela.

Fue también gracias a los alemanes que se instituyó en Colombia la costumbre de departir entre amigos en torno a unas 'polas'. En el origen de algunas grandes fábricas colombianas de cerveza, hubo presencia de capitales, mano de obra y técnica aportada por los germanos. 'Pola' fue una de las marcas más populares de la empresa Bavaria, fundada por Leo y Emil S. Kopp, en 1889. Pilsen, la que más caló entre los antioqueños, era producida por la Cervecería Antioqueña Consolidada (origen de Cervunión), que fue administrada en sus primeros años, entre 1902 y 1907, por el alemán Carlos Bimberg. Por su parte, Ricardo Goerke puso en funcionamiento la Cervecería de Cali, en 1914.

La colonia alemana de Barranquilla fue una de las más influyentes, por cuanto sus obras fueron decisivas para el desarrollo del Caribe. A ella se debe la construcción del ferrocarril que conectaba la ciudad con el puerto de Sabanilla, varias compañías de navegación, comercio, seguros, un colegio, un club y un famoso establecimiento donde se consumía cerveza y salchichas.

Más importante aun, la colonia alemana fundó una de las primeras empresas de aviación comercial del mundo, la Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aéreos (Scadta), fundada en 1919, cuya razón social se convirtió en Avianca al ser nacionalizada, durante la Segunda Guerra Mundial. El capital inicial de la empresa fue aportado por Werner Kemmerer, Alberto Tietjen y Stuart Hosie, entre otros. Posteriormente, se unieron a esta sociedad algunos capitalistas, personal técnico y pilotos venidos directamente de Alemania. Tres de ellos fueron condecorados con la Cruz de Boyacá: Guillermo Schnurbusch, Peter Paul von Bauer y el coronel Herbert Boy.

Tan importante como lo anterior han sido las invaluables contribuciones de los alemanes a la cultura nacional. En primer lugar, viajeros y científicos como Alfred Hettner, Emil Grosse y Robert Scheibe-Vater enriquecieron el conocimiento de nuestra geografía y recursos naturales. En segundo lugar, fue fundamental el papel desempeñado por las tres misiones pedagógicas alemanas contratadas por el gobierno nacional (1872, 1924 y 1965) y la destacada labor docente llevada a cabo por científicos alemanes en nuestras universidades.

Brillan con luz propia el geógrafo Ernesto Guhl; el historiador Gerhard Masur; el pedagogo Fritz Karsen; los físicos Franz J. Mehr y Juan Herkath, y los economistas Rudolf Hommes (padre) y Hermann Halberstädter. Por último, en el campo de las artes plásticas, resulta de obligada mención los pintores Guillermo Wiedemann, Leopoldo Richter y Edwin Graus, quienes se interesaron por los colores del trópico y la raza negra.

La presencia germana es palpable en empresas que aún persisten, como Avianca, Bavaria y Locería Colombiana, o en su notable descendencia. Y no lo es menos en sus aportes a la cultura y la comunidad científica, gracias al reconocimiento de nuestra geografía y recursos naturales, la capacitación de nuestros artesanos, el desarrollo del sector educativo y las artes plásticas.
 
*Autor del libro ‘Los extranjeros en Colombia’. Investigador de la Udea.
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