Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/09/07 00:00

LOS AÑOS MARAVILLOSOS

Seis personajes hablan sobre diversos aspectos de la vida y la formación de Andrés Pastrana en su época escolar y universitaria .

LOS AÑOS MARAVILLOSOS

Rafael Santos
Compañero en el Colegio San Carlos
Yo tuve una amistad cercana con Andrés desde cuarto de bachillerato, cuando teníamos unos 16 años y Andrés era hijo del Presidente de la República. Compartíamos algunas cosas en común: nos fascinaban los toros y no nos gustaba estudiar.
En Palacio organizábamos unas simulaciones de corridas espectaculares. Tomábamos las toallas y poníamos a los soldaditos a hacer de toros. En el colegio éramos maquetas para matemáticas, trigonometría, física. Nuestros amigos Jaime Ruiz y Carlos Isaza nos tuvieron que ayudar mucho en las tareas y trabajos. Jaime siempre acababa primero y nos soplaba las respuestas en los exámenes. Eramos absolutamente indisciplinados y ellos nos echaron la mano en muchas ocasiones. Los curas no lo trataban en forma especial por ser hijo del presidente.
Los curas eran bestiales, les importaba cinco que fuera el hijo de presidente. Andrés era muy dormilón y vivía lejos, en el Palacio de San Carlos, y siempre llegaba tarde. Entonces me decía a mí, "no chino no coja bus, yo paso por usted", entonces ya éramos dos los que llegábamos tarde y el regaño era compartido.
Andrés sabía echarse en el bolsillo a los profesores. Al de química lo invitaba a Palacio para que nos ayudara a pasar el año. El los invitaba con la excusa de que quería que le explicara algún tema en el que estaba flojo. Pero en la mitad de la clase les decía: "Bueno, ya. Ahora vamos a jugar pool" y hasta ahí llegaba la química.Una vez, a raíz de una amenaza, a Andrés le asignaron un Cadillac negro blindado que parecía un tanque. Creo que era el mismo que usaba Rojas Pinilla. Nos tocaba ir con ese carro a todas partes. En esa época no se usaban los guardaespaldas, solo teníamos a un chofer de unos 60 años que era adorable por su obediencia. Agarraba para donde Andrés le dijera. Aunque era una vergüenza para nosotros andar en ese tanque, era nuestro medio de transporte para el colegio, la casa, las visitas a las amigas y una que otra visita al profesor de educación física que se llamaba Julián Idárraga.
Una vez nos fuimos para Santa Marta con Palomo Linares y un guardaespaldas. Nos quedamos en el Irotama. Cuando vimos que el guarda se había quedado dormido le pusimos en cada dedo de los pies un fósforo y les prendimos candela. Imagínese cómo sería la despertada del pobre. Nos gustaba hacer pegas terribles a la gente. No era deportista pero era muy bueno para echar chistes. En los círculos literarios con el profesor Leopoldo Cabrera, Andrés pensó que el género humorístico servía para esas clases, entonces empezaba a echar un chiste pero terminaba declamándolo... Andrés echando cuentos es de lo mejor que yo he conocido porque cambia la voz, hace ademanes. Incluso hoy cuando lo veo todavía me echa un chiste o dos.
En materia de novias no éramos muy exitosos. Es que éramos muy zanahorios y tímidos. A veces recurríamos al argumento de que Andrés era el hijo del presidente pero sin mucho éxito. Yo no le quitaba las novias a él. Nosotros las compartíamos porque andábamos en el mismo grupo con la misma gente y las mismas viejas y cuando Andrés se aburría de una yo me la cuadraba y así. Pero nunca peleamos por una mujer.

Padre Sebastián Schmidt
Profesor de religión en el Colegio San Carlos
Era un muchachito más bien callado, con su grupo de amigos de toda la vida. Un poco tímido, por lo menos en clases. Su participación en las actividades escolares era mínima. No era un gran estudiante pero siempre estuvo muy alerta de no perder un año. Era muy bueno en aptitud verbal y muy regular en matemáticas. Era menos indisciplinado que muchos, porque tenía la tendencia de englobarse en las clases. Habrpia podido sacar mejores calificaciones pero Andrés era más bien práctico. Hacía el esfuerzo necesario para no perder las materias.
En el colegio era simplemente uno de los muchos muchachitos que había. Eran 32 alumnos en la clase y Andrés no sumó ni restó, simplemente estaba ahí. Por su forma de ser no se podía predecir mayor cosa en cuanto a lo que iba a ser su futuro.
Sin duda alguna uno de los factores que lo hizo ser un poco retraído fue el que su papá llegó a ser un hombre muy importante. Tan pronto terminó bachillerato empezó a florecer el Andrés que conocemos hoy, una persona emprendedora, con mucha energía. Seguramente en eso encontró en su papá un gran mentor.

Carlos Reyes
Profesor de historia, geografía y cívica e instituciones políticas en el Colegio San Carlos
Cuando uno llegaba a una clase siempre había un corrillo alrededor de Andrés. Siempre estaba contando chistes. Tenía un repertorio inmenso, sobre todo de toreros. En todos lados hacía chistes y en el recreo en la cafetería todos se sentaban a oírle los cuentos. Vivía rodeado de muchos amigos. Cuando tenía oportunidad de parrandearse la clase con un chiste o un apunte lo hacía. El no era de esos muchachos que se dedicaban al estudio. Entregaba sus tareas a tiempo, aunque a veces llegaba a última hora a copiarlas. El no era de los que le dedicaban tiempo a esas cosas.
Los religiosos discutían con él para que se quitara la ruana con la que llegaba a clase. En esa época hacía mucho frío. Algunos compañeros suyos llegaban también con su ruana pero el único que no se la quitaba era Andrés. Era una ruana blanca, toda fea. Una vez entraba a clase se la ponía y se arropaba como si fuera a dormir. Finalmente los padres tuvieron que prohibir que todos usaran ruana en los salones.
Andrés tenía chinas por montones. En esa época en el San Carlos había muchas actividades como grupos de teatro, campeonatos deportivos o bazares. Las niñas de otros colegios llegaban a hacer barra o a participar de los eventos y Andrés siempre iba muy bien acompañado de muchachas, siempre con su ruana. Era un conquistador y le iba muy bien con las mujeres.

Marco Gerardo Monroy
Profesor y actual decano de derecho en la Universidad del Rosario
Andres era una persona inquieta. Fue un buen estudiante aunque no era el mejor de su clase. Pero en derecho no necesariamente los estudiantes que sacan cinco en todo son los que tiene la mayor proyección de liderazgo. Al contrario. En derecho se toma en cuenta el liderazgo, la capacidad de relacionarse con los demás y la proyección que tienen el estudiante. Ahí es donde estuvo la fortaleza de Andrés Pastrana. Lo que sí se veía era que tenía la madera. Claro que uno no se imaginó hasta dónde iba a llegar.
Yo no le veía litigando porque no tenía el perfil de ese tipo de abogados, que es el que confronta las tesis de otros, una persona que sostiene una idea, la combate, que tiene la paciencia de esperar 10 años un proceso. El no encajaba en ese tipo de abogados.

Luis Carlos Sáchica
Profesor en la Universidad del Rosario
En 1974 le di clases de derecho constitucional colombiano. Era un muchacho alegre, simpático, integrado con sus compañeros. Era del tipo de estudiante que se nota por su temperamento vivaracho. No usaba ningún privilegio y jamás hizo gala de los que tenía.Fue una persona cumplida, que rendía lo que rinde un estudiante normal y, sobre todo, que se supo rodear muy bien. Desde ese entonces se rodeaba de los mejores y trabajaba en equipo. Sabía perfectamente quién servía y quién no. Sabía conocer a la gente y esa es una de sus grandes virtudes. Además desde aquel entonces siempre ha sido una persona que no suscita resistencia. Es alguien a quien uno le llega fácil y él le llega muy fácil a uno.

Fernando Cano
Compañero de clase en la Escuela de Gobierno en Harvard 1990-1991
Había un grupo grande de colombianos y Andrés Pastrana estaba muy bien posicionado. En la clase había gente muy interesante, como José María Figueres, que después fue presidente de Costa Rica. Era un grupo lleno de políticos jóvenes y se respiraban ansias de poder. Pastrana, al igual que los demás, aprovechaba para hacer sus contactos. Le fascinaba acercarse a los personajes que le dictaban clase. Yo creo que no sólo sacó juguito a eso sino a las relaciones públicas.
Preguntaban mucho por Colombia porque era la época difícil de la guerra contra el narcotráfico. Pastrana hablaba mucho del tema. Pero la realidad era que lo que impresionaba a los demás era la situación del país y no la persona.

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