Domingo, 23 de noviembre de 2014

| 1992/12/28 00:00

¿Los dìas contados?

Tras la intentona del viernes queda la pregunta de hasta dónde resistirá Carlos Andrés Pérez en Venezuela.

¿Los dìas contados?

EL INTENTO DE GOLPE DE LA SEMANA PASAda en Venezuela dejó la sensación de un país envuelto en una crisis insuperable. A diferencia del 4 de febrero, esta vez los golpistas contaron con aviones que sembraron el terror en Caracas y dieron al incidente características cinematográficas. Pero después de los hechos, quedo claro que la opción militar había perdido una oportunidad irrepetible. El movimiento fue relativamente pequeño, destinado a provocar mediante la TV la insurrección general convocada por un jefe encarcelado, el coronel Hugo Chávez Frías.
Pero aunque hubo efectivamente levantamientos, se limitaron a los sectores mas pobres como el barrio Veintitrés de Enero.
Al final el presidente Perez no salió necesariamente más debilitado, pero con la conciencia de que desde ahora favor de que termine su mandato.
Desde la intentona del 4 de febrero el fantasma de un golpe militar nunca dejó del todo de pesar sobre Venezuela. Pero desde mediados de año y virtualmente hasta la noche del jueves, la sensación popular mayoritaria era que lo peor había pasado. Con las elecciones locales de diciembre a la vuelta de la esquina comenzaría la temporada electoral de cara a las presidenciales de 1993, y si eso no era suficiente, la inminente temporada navideña congelaría las cosas hasta el año entrante. Si en octubre no pasaba nada, decían las consejas populares, ya no pasaría nada este año.
Pero aunque en ese mes efectivamente no sucedió nada, en realidad el tema había estado adquiriendo casi imperceptiblemente una fuerza renovada. Hace un par de semanas, el periódico El Mundo de la cadena Capriles afirmó que la Dirección de Inteligencia había abortado un intento de golpe militar y que en la acción habían caido varios oficiales sediciosos y un lote importante de armas. La presidencia de la república negó todo, pero los periódicos siguieron dandole cuerda al tema.
Por eso al comenzar noviembre los rumores habían vuelto a adquirir fuerza y todos los indicios apuntaban de nuevo al hombre que desde febrero estaba preso en el Fuerte Tiuna: el golpista teniente coronel Hugo Chávez Frías. La popularidad de Chávez había ido en descenso con el paso del tiempo, pero desde finales de agosto había vuelto a tomar fuerza por cuenta de una entrevista televisiva grabada por el periodista y político José Vicente Rangel. La censura gubernamental impidió que el reportaje saliera al aire, pero la difusión que recibió en los medios escritos regresó a Chávez a las primeras planas del país.
Por otro lado, algunas acciones dirigidas contra personajes símbolo de la corrupción volvieron a poner el nombre "Movimiento Bolivariano" en boca de los venezolanos. Primero fue una granada contra la casa de Blanca Ibañez, la secretaria y hoy segunda esposa del ex presidente Jaime Lusinchi, actualmente exiliada en Costa Rica, y después un atentado contra Antonio Rios, ex presidente de la Central de Trabajadores de Venezuela (CTV). Un "comandante Zacarías", de un "Movimiento Bolivariano de Liberación", dejó en claro que las banderas contra la venalidad habían sido recogidas.
En las últimas semanas un nuevo incidente, esta vez sin violencia, volvió a alborotar el avispero. Pedro Pablo Aguilar, diputado del Copei (el partido social cristiano en la oposición) lanzó inesperadamente en un programa de televisión la tesis de que podrían aprovecharse las elecciones locales de diciembre para incluir un referendo sobre el recorte del período presidencial de Pérez. Para asombro de todo el mundo, Aguilar presentó formalmente su idea al Senado y la sustentó diciendo que el presidente no había cumplido sus promesas de cambio hechas al calor del golpe de febrero. Con ello consiguió que se aprobara una exhortación al presidente para que obrara de conformidad. La previsible negativa de Pérez produjo dos efectos importantes. Por un lado, dejó la sensación en el país de que se habían cerrado todos los caminos políticos para el cambio institucional, algo que recogió oportunamente el ex presidente copeyano Rafael Caldera. Por el otro, generó la idea de que Pérez estaba ya al otro lado.
En esas condiciones, el golpe significó una gran sorpresa para buena parte de la población, pero ahora es claro que los golpistas de noviembre, al contrario de los de febrero, ya no tenían el pmpo a su favor y habían escogido el último momento que les parecía viable.
En el interior de los cuarteles, desde el 4 de febrero la situación nunca dejó de ser complicada. Aunque parezca increible, esta es la hora en que ninguno de los golpistas ha sido juzgado, por que el gobierno no sabe qué hacer con ellos. Algunos políticos incluso pedían que el presidente hiciera uso de su facultad de amnistía, entre ellos el joven y carismático alcalde de Caracas Claudio Fermín, candidato de AD a la reelección, quien decidió alejarse de la figura de Pérez para no perder sus opciones.
El otro prablema que sigue pesando es el de los ascensos. Cuando el general Ochoa Antich dejó el uniforme para convertirse en canciller, una de sus últimas gestiones fue la elaboración de un proyecto de ascensos, pero no se ha puesto en práctica ni ese ni ningún otro. Aunque el golpe fue protagonizado por oficiales de graduación baja y media de la Fuerza Aerea, no se descarta que algunos grupos de soldados y suboficiales del Ejército y la Marina estuvieran dispuestos a sumarse si las cosas salían bien, y en ello podría haber tenido que ver el problema de los ascensos.
Aunque dejó de ser militar poco después del golpe de febrero, Ochoa Antich sigue siendo un elemento fundamental del ambiente castrense y una pieza clave de los hechos de los últimos meses. Ochoa fue nombrado como canciller no porque dominara el tema de las relaciones exteriores, sino para superar la crisis interna. Sus declaraciones de la época del golpe, cuando fustigó a la clase dirigente por su inacción, se justificaban en esa epoca porque se ganó para el gobierno algunas de las banderas de los alzados y de paso la simpatía de estos. Pero el ex general siguió con sus declaraciones cuando ya comenzaban a sonar demasiado lanzadas. Recientemente dijo en la capital norteamericana que si no había cambios en el manejo del país, habría violencia. En otro incidente más reciente, Ochoa declaró en una entrevista a un periódico italiano que "si en Venezuela no hay cambios. recurriremos a la violencia ". La cancillería atribuyó todo a errores en la traducción y sostuvo que Ochoa nunca había querido decir eso. Pero la discusión quedó abierta y el opositor Diario de Caracas premió a Ochoa con un "SI" en su sección equivalente al "Sube y Baja" de SEMANA.
Todas esas premisas parecieron establecer el ambiente sicológico previo al intento de golpe del viernes pasado, pero dificilmente son las causas más importantes. La verdadera razón de la reciente intentona está no sólo en el propio presidente Pérez, sino en la inacción de la clase política venezolana, que consciente o inconscientemente dejó a un lado la solución de los problemas de fondo del país, para poner en primer término sus intereses personales y de oportunidad.
Lo cierto es que desde el 4 de febrero, el escenario político venezolano se convirtió en la feria del desprestigio y la perdida de legitimidad. El ex presidente Rafael Caldera asumió en febrero la posición de reconocer las razones del golpe y recogió por lo tanto la bandera contra la corrupción y las malas condiciones económicas de los venezolanos. Pero su verdadera intención era ganar, como en efecto ganó, la popularidad necesaria para aspirar a la presidencia, siempre que se recortara el mandato de Pérez. La razón era clara: Un hombre de 77 años no tiene mucho que esperar de los votantes jóvenes, y si tuviera que aguardar hasta finales del año entrante, su popularidad ya habría sido superada por la de su contendor en Copei Eduardo Fernandez.
Por otro lado, Pérez asumió varios mecanismos que con el paso del tiempo han ido desvirtuandose.
Primero, reunió poco después de febrero un Consejo Consultivo compuesto por personajes de todas las extracciones politícas, con el objeto de proyectar los cambios que eran necesarios para devolver al país a la normalidad. El organismo produjo un documento de 30 páginas con recomendaciones y el presidente salió en la TV para prometer su puesta en práctica. Pero muchas de esas medidas requerían el consenso y la aprobación del Parlamento, y se fueron disolviendo en medio de las pugnas personalistas de sus miembros. Para la muestra, el Consejo examinó un proyecto de reforma constitucional que se cayó cuando Caldera vinculó su aprobación al recorte del período, lo que fue rechazado por los oficialistas con el apoyo de la facción copeyana de Eduardo Fernández.
Segundo, recibió la colaboración del Copei en su gobierno, pero al hacerse evidente que la permanencia de la oposición era impracticable, la reemplazó con el nombramiento del general Ochoa. Hoy sin embargo el canciller está desgastado por su falta de tacto, sobre todo a nivel internacional, y sus días en el ministerio parecen contados.
Tercero, congeló las tarifas de los servicios públicos, pero las volvió a subir en julio cuando pensó en forma equivocada que las cosas se habían aquietado definitivamente.
Como telón de fondo, los medios de comunicación le dieron un cubrimiento exagerado y casi siempre parcial a las denuncias que sin ningún recato se hacían los políticos entre sí. Si el alzamiento de febrero había sido contra la "cogollocracia" de la clase dirigente, el espectáculo que dieron los políticos a lo largo del año no hizo más que convencer más a los venezolanos de que ese problema había que cortarlo por lo sano.
A la pregunta de si el presidente Pérez podrá terminar su mandato, la respuesta acertada parece ser la afirmativa. Por un lado,los esfuerzos por sacarle del cargo anticipadamente por medios legales fracasaron junto con los proyectos de reforma constitucional que fueron negados en el Congreso.
En esas condiciones, la opción militar quedaba como la única alternativa y según parece, el sector golpista de las Fuerzas Armadas hizo su pregunta intentona en la última oportunidad posible. Adentrado el mes de diciembre y con el presidente encaminandose al fin del período, es muy cuestionable que haya un nuevo intento. A ello hay que agregarle que el respaldo no parece ser lo suficientemente amplio y que si en dos intentonas no hubo éxito, es porque definitivamente los golpistas carecen de la capacidad de armamento y logística necesaría para tener éxito.
Por encima de todo ello esta la personalidad del presidente y su concepción del papel histórico que le tocó jugar. Pérez es un hombre criado políticamente bajo el gobierno de Rómulo Betancourt, quien inició el periódo actual de democracia tras la dictadura de Pérez Jiménez. Como ministro del Interior de Betancourt, Pérez hizo frente a 11 golpes de estado que señalaron en el la conciencia indeleble de que la defensa de las instituciones democráticas esta por encima de todo. En esas condiciones es altamente improbable que renuncie por iniciativa propia, y esa parece ser la única salida a una situación que, por otra parte, ha sido personalizada en el sin muchas bases reales. En cualquier caso, el segundo golpe del año en Venezuela resulta muy grave para Colombia, en un momento en el que la integración de los dos países se proyecta como la solución para las economías de cada uno de ellos. La confianza y la estebilidad de las reglas del juego son básicas para el proyecto integracionista, y bastaría con que alguien al otro lado de la frontera quiera solucionar los problemas internos echandole la culpa al país vecino, para que todas las proyecciones se vengan al suelo como un gran castillo de naipes.-

Un líder desde la sombra
EL PERSONAJE más impactante de último alió en Venezuela ha sido, sin lugar a dudas, el teniente coronel de la Fuerza Aérea Hugo Chávez Frías, un hombre testarudo y de convicciones firmes que parece haber dirigido desde su celda en el Fuerte Tiuna la segunda intentona golpista del año. Los comentaristas ya mencionan a Chávez como el único hombre capaz de levantar aviones de combate desde un calabozo de castigo.
Chávez es un hombre aficionado al béisbol, a cantar coplas, a tocar el arpa y las maracas. Pero, por paradójico que parezca, detrás de esta personalidad extrovertida se esconde el prototipo del militar duro. Se trata de un brillante conductor de tropas, una especie de "rambo" de izquierda, a quien sus camaradas apodan el "Centauro del Llano". Quienes lo han conocido durante la carrera militar lo describen como un hombre de carácter recio y de una frialdad sin límites.
Este nieto de "Maisanta", el último hombre a caballo de la historia venezolana, nació en Barinas hace sólo 38 años. Su vida familiar la comparte con su esposa, Nancy, y con sus dos hijos. Ingresó a la Escuela Militar, de donde se graduó en 1975, donde se destacó como uno de los cinco mejores hombres de armas. Al poco tiempo se convirtió en el comandante de Elorza, la región apurena de los llanos, donde los indios lo consideraban un dios.
Mas tarde pasó a la guarnición de Miraflores, donde conoció de cerca los pormenores de la vida dentro del Palacio Presidencial. Pero su difícil temperamento le valió el traslado a Maracay, mientras se llevaba a cabo una investigación sobre su conducta. Luego asumió la comandancia del Batallón de Paracaidistas y unos años más tarde realizó el curso de Estado Mayor de la Academia Militar, del que se graduó con honores.
En 1988, Chávez organizó el llamado Movimiento Revolucionario Bolivariano 2000, del cual se dice que desde sus inicios ha venido fraguando un golpe para derrocar el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Es el mismo hombre que realizó la intentona golpista al gobierno venezolano el pasado 4 de febrero y que hoy ejerce una influencia inevitable en los hechos que ensombrecen la democracia del hermano país.

Un inspirador de buena fe
ARTURO USLAR Pietri es una institución en Venezuela. De 86 años, Uslar Pietri es un autor de novelas, ensayos y cuentos que está en la brega política desde 1936, cuando fue ministro del gobierno de Eleazar López Contreras hasta 1941 y más tarde de Isaias Medina Angarita hasta 1945. Candidato a la presidencia en 1963, Uslar Pietri tiene una trayectoria y una solvencia que le convierten en una especie de faro moral para el país.
Con la independencia que le dan sus credenciales, Uslar ha sido uno de los críticos más implacables de la forma como se hace política en Venezuela y ello le ha valido que algunos le consideren el inspirador intelectual de los golpes de este año y de la campaña para la renuncia del presidente Carlos Andrés Pérez. Nunca ha tenido pelos en la lengua para decir que el presidente debería hacerse a un lado para permitir la salvación del país.
En ello el anciano pensador no parece diferenciarse de quienes erróneamente atribuyen a Pérez responsabilidades que no le corresponden sólo a él. Pero el análisis de su libro "Golpe y Estado en Venezuela" (que acaba de aparecer en Colombia) ilustra con claridad el tipo de problemas que atraviesa la democracia del país.
Allí Uslar analiza "los grandes errores del régimen democrático", desde su instauración en 1958 tras la caida del dictador Marcos Pérez Jiménez. Entre ellos señala el "Pacto de punto fijo", un acuerdo programático entre los partidos tradicionales Acción Democrática (AD), el social cristiano (Copei) y Unión Republicana Democrática. Para el autor "esa especie de pacto constitucional creó una situación ambigua y ocasionó que en Venezuela no haya oposición real". La corrupción generalizada nació porque "se creo una masa amorfa progubernamental, con unos partidos que se alternaban en el gobierno pero en el fondo seguían participando de los beneficios del Estado, sobre todo los ilícitos". Esa "falta de alternativa" es, para Uslar, una de las principales causas de la intentona de febrero (y por consiguiente de la semana pasada) "cuando un grupo de oficiales que no eran dictatoriales, sino querían limpiar y poner orden", trató de apoderarse del poder. Más claro no canta un gallo, así tenga 86 años.

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