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| 9/21/1998 12:00:00 AM

LOS DIAS CONTADOS

El escándalo sexual de Clinton está apenas por comenzar. Las posibilidades de que se caiga son relales.

puede que me equivoque. Pero tengo la impresión de que el presidente Bill Clinton se va a caer. En Colombia, el asunto Lewinsky sigue siendo un chiste que solo es considerado como prueba de la cruda dimensión del ridículo al que pueden llegar los escándalos en Estados Unidos. Sin embargo yo, que en mis ratos libres soy una devoradora de información, he llegado a concluir que pocos en este país entienden el proceso que apenas se está iniciando en Estados Unidos. La Confesi_ Lo único que es seguro es que cuando se dirigió a los norteamericanos el lunes pasado, para finalmente aceptar que sí tuvo una "conducta indebida" con Monica Lewinsky, él esperaba que su calvario terminaría con una comprensión colectiva de las tradicionales debilidades hormonales de los hombres. Pasó exactamente lo contrario. Ese día, en lugar de terminar, su calvario comenzó. Ni el fiscal especial Kenneth Starr se sintió satisfecho con la declaración de Clinton (no consideró que Clinton se hubiera humillado lo suficiente) ni tampoco la opinión pública de Estados Unidos. Veamos qué fue lo que dijo Clinton: "Sí tuve una relación no apropiada con la señorita Lewinsky. De hecho, fue un error. Engañé a la gente, incluyendo a mi mujer. Lo lamento profundamente. Sólo les puedo decir que actué motivado por varios factores. Primero, por un deseo de protegerme a mí mismo, pero también preocupado por proteger a mi familia. Esto ha ido demasiado lejos, ha costado demasiado, y ha herido a demasiada gente inocente. Este asunto queda ahora entre yo y las dos personas que más quiero, mi mujer y mi hija, y nuestro Dios".
La furia de Mónica
Aunque en un comienzo algunos analistas pensaron que Clinton había logrado el malabarismo de reconocer una relación sexual con la Lewinsky sin mencionar la palabra 'sexo', cuando la opinión masticó más a fondo las declaraciones del Presidente sacó tres conclusiones: que en ningún momento pidió perdón, que no lamentaba sus actos sino que éstos hubieran sido descubiertos, y que si ahora aceptaba decir la verdad era para protegerse a sí mismo, a su familia, pero sobre todo, porque el fiscal Starr le estaba pisando los talones. Una de las más indignadas era la propia Monica Lewinsky, la gordita de 25 años con cara de colegiala de internado que ha producido tal tramacazo en el ambiente político de Estados Unidos, que ya se habla de la segunda revolución sexual del siglo XX: no en vano el sexo oral, que desde siempre en la historia de la humanidad hasta hace apenas tres meses era un tema tabú, hoy se discute en la mesa del desayuno en muchos hogares alrededor del mundo. La palabra 'semen' es ahora el motivo de grandes discusiones intelectuales. Un vestido manchado resiste tantos análisis politológicos como El Capital de Marx. Y en Estados Unidos, los sicólogos más consultados se han especializado en la modalidad de asesorar a los padres para explicarles a sus hijos, con el menor grado de mentira posible, qué es aquello de lo que están acusando al Presidente.
Monica quedó realmente herida con las declaraciones de Clinton. Ella, que estaba locamente enamorada del Presidente, no pudo entender cómo éste no le pidió excusas, y además consideró que fue totalmente evasivo en cuanto a la dimensión de la relación que compartieron. Por este motivo, en su nuevo encuentro con el fiscal Starr, aceptó ser más gráfica que nunca sobre los detalles de los encuentros con Clinton. En otras palabras, lo contó todo. Y su testimonio fue clave para los investigadores en su afán de establecer las discrepancias entre su versión y la del Presidente.
La emboscada
En realidad, la historia había comenzado en enero de este año, cuando Clinton fue objeto de una emboscada del fiscal Starr. A raíz de que Paula Jones, una de las mujeres menos agraciadas del planeta, acusara al Presidente de haberla acosado sexualmente unos años atrás, cuando ella era recepcionista de un hotel, Clinton fue llamado a testificar en este caso, y hasta ahí la cosa parecía sencilla: sólo tenía que negar la acusación de la Jones, y listo: era su palabra contra la de una modesta secretaria. Pero Clinton no estaba ni remotamente preparado para el interrogatorio que Starr le tenía preparado. Estaba basado en una serie de preguntas relacionadas con un supuesto affair que durante 18 meses había sostenido con una joven becaria de la Casa Blanca. Clinton quedó frío al oír las primeras preguntas: "¿Conoce usted a Monica Lewinsky? ¿Ha mantenido algún tipo de relación sexual con ella?". El Presidente, que estaba bajo juramento por el caso Jones, se vio súbitamente enfrentado a la situación de tener que hablar sobre una aventura sexual que hasta ese momento creía secreta. Y consideró que no tenía más alternativa que la de decir la frase que meses después estaría colgándole la soga al cuello: "No. No he tenido una relación sexual con la señorita Lewinsky". Esta declaración fue la base para montarle al Presidente de Estados Unidos una investigación por perjurio, y fue el detonante de todo el enredo jurídico en el que se debate en la actualidad.
Las grabaciones
Para el momento de la emboscada, Starr estaba armado de munición hasta los dientes. La pregunta sobre el affair Lewinsky no era, de ninguna manera, una pregunta casual. Ya tenía desgrabadas, con todos sus reveladores detalles, las grabaciones que la amiga de Monica, Linda Tripp, una ex funcionaria de la Casa Blanca, había venido haciendo pacientemente de conversaciones mantenidas entre las dos en el bar del Hotel Ritz Carlton en Pentagon City, Washington. Lo que dichas conversaciones revelaban, ya que habían sido grabadas inmediatamente después de los encuentros de Monica con Clinton, era la historia completa y 'en caliente' de las preferencias sexuales del Presidente de Estados Unidos, con pelos y señales.
Un testigo directo
Pero a Starr le apareció, como sacado de un cubilete, un testigo directo de los hechos que fue determinante en la decisión de Clinton de confesar su mentira.Una noche Harold Ickes, ex jefe de personal de la Casa Blanca, llegó en horas de la noche a la Oficina Oval, donde sabía que estaba encerrado el Presidente. En vista de que el teléfono sonaba sin que nadie lo contestara, decidió entrar, y encontró a la pareja en plena actividad. El chiste de los norteamericanos, al enterarse del episodio, era perfecto para la ocasión. Ickes se habría disculpado con Clinton diciéndole: "Perdón, señor Presidente, estaba cumpliendo con mi oficio". A lo que Clinton respondió: "Tranquilo, que ella también".
Sexo, según Starr Pero Starr, conociendo la habilidad de Clinton, comenzó por leerle al Presidente la definición que, para efectos judiciales en ese preciso caso, se había decidido que debía entenderse como relación sexual: "Contacto con los genitales, el ano, la ingle, el busto, el muslo interior o las nalgas de cualquier persona con el intento de provocarle o satisfacerle el deseo sexual". Y no es fácil imaginarse al Presidente de Estados Unidos sometido a un interrogatorio en el que se utilizan los anteriores términos. También le preguntaron si había estado solo con Monica en la Casa Blanca, y respondió que no se acordaba. Tampoco se acordaba si le había enviado regalos. Y ante la pregunta de si había intentado conseguirle un puesto en las Naciones Unidas, Clinton respondió que eso lo había hecho su secretaria personal, "que le tenía gran cariño a Lewinsky". Aunque las respuestas demostraban la habilidad de Clinton para manejar casos difíciles, el hombre estaba perdido. Las grabaciones de las conversaciones de Monica con Linda Tripp revelaban que aunque Clinton no se acordaba, había estado solo con ella en el Salón Oval de la Casa Blanca 37 veces, la había llamado por teléfono 74 veces, y en total, el affair había durado 18 meses.
Lo que resulta increíble es que Clinton hubiera negado la relación sexual con Monica, sobre la base de que el tipo de sexo que practicaba con ella no se encuadraba en la descripción sexual de Starr, ya que ésta no mencionaba las palabras 'boca' ni 'mano'. Por eso cuando meses más tarde Starr volvió a tener a Clinton declarando bajo juramento, le pidió que fuera más explícito en el tipo de relaciones que había sostenido con Lewinsky. Clinton aceptó entonces que las modalidades de la relación sexual habían sido tres, oral, manual y telefónica. Pero que igual, no encuadraban en la definición de actividad sexual, porque en sus encuentros con la becaria él era totalmente pasivo: "Ella lo hacía todo".Desaparecen los regalosEn su última declaración, concedida a Starr a mediados de la semana pasada, ya herida por la forma como Clinton la trató en su alocución, Monica reveló un nuevo y comprometedor detalle: que el Presidente, ante la inminencia del escándalo, la había hecho devolver todos los regalos que le había enviado, como un libro de poemas y una camiseta del famoso veraneadero cercano a Washington, Martha's Vineyard. Para tal efecto la señora Currie, secretaria personal de Clinton, la había llamado y le había dicho: "Escuché que tienes algo para mí". Monica asumió que se trataba de los regalos, y los devolvió.La clave de la corbataLuego surgió el episodio de la corbata dorada y azul de 130 dólares, que Monica le regaló al Presidente con la petición de que la usara cuando estuviera pensando en ella. Para Starr, el hecho de que Clinton utilizara la corbata el primer día en el que Monica acudió a declarar ante el Gran Jurado, era una señal cifrada para la becaria, con el objeto de influir sobre su testimonio. Aunque Clinton negó el hecho, su valet personal también ha sido citado por Starr, con el objeto de que explique la forma como Clinton escogió la corbata que iba a ponerse ese día en particular. (Prometo que esta anécdota es verídica, y no ha sido inventada por mí).

Los cargos
La historia de los encuentros sexuales, la devolución de los regalos y el detalle de la corbata completaron la evidencia de Starr para acusar formalmente al Presidente de Estados Unidos de tres cargos: perjurio, obstrucción de justicia e inducción al falso testimonio. Para ello prepara un explosivo informe de 400 páginas que presentará en siete semanas ante el Congreso norteamericano. Por lo pronto, es claro que en octubre el Senado y la Cámara tendrán que ponerse a discutir un tema insólito: el de si esas preferencias sexuales de Clinton constituyen, sí o no, relación sexual. Y como el informe es público, será discutido exhaustivamente en todos los periódicos y noticieros de televisión. Es en ese momento cuando comenzará el problema más grande de Clinton. El informe será evaluado con el objeto de establecer si contiene hechos materia de un impeachable offense. Si el Congreso resuelve que sí, el Presidente será juzgado, y podrá ser destituido si así lo resuelven las dos terceras partes del Senado y de la Cámara. Hablan los mediosPor ahora, no hay prácticamente ningún miembro del Congreso que considere que la vida sexual de Clinton sea un motivo para destituirlo de su cargo. Pero cada vez son más los congresistas que creen que cuando se haga público el informe de Starr al Congreso, con detalles jamás revelados en la historia sobre las preferencias y prácticas sexuales secretas de un mandatario, se paralizará la administración pública en Estados Unidos. Si hasta ahora sólo se conoce el 5 por ciento de las intimidades de la relación Clinton-Lewinsky y ya se ha producido un revuelo de alcances internacionales, ¿qué sucederá cuando se conozca el ciento por ciento? Ya se comenta en Estados Unidos de un problema de ingobernabilidad como del que se hablaba en Colombia cuando Fernando Botero confesó. Y aunque por ahora Clinton se sostiene, e incluso cuenta con la autoridad para ordenar un ataque aéreo contra Sudán y Afganistán, con el argumento de darle un golpe al terrorismo, la clase dirigente norteamericana y varios medios de comunicación ya comienzan a manifestar su indignación por las dimensiones procaces que ha tomado este episodio. A finales de la semana pasada ya habían editorializado en su contra el New York Times y el Washington Post. Y la revista Time, con un lenguaje muy duro y directo, lanzó a la calle la tercera edición especial que ha hecho en los últimos 70 años. Sobre la alocución presidencial en la que Clinton reconoce que mintió, Time comenta: "Es cierto, como lo dice Clinton, que lo que sucede en la habitación de un Presidente no es asunto de nadie, y lo es solamente de él. Sólo que en sus declaraciones, Clinton se saltó la bobadita de que la conducta que admitió haber tenido no ocurrió en su habitación sino en la Oficina Oval, con una empleada novata, un acto lo suficientemente indigno como para ser causal de destitución de una persona de cualquier cargo que ejerza". En términos parecidos escribieron los dos más famosos columnistas norteamericanos, David Brother y George Will: ambos le pidieron la renuncia al Presidente. Las opciones de StarrDe los congresistas, por ahora apenas unos 10 están en el cuento de la destitución. Pero es muy probable que una vez salga el informe de Starr se produzca la desbandada, y aunque puede no ser lo suficientemente grande como para poner de acuerdo a las dos terceras partes del Congreso en la destitución del Presidente, muy seguramente lo será para que la situación política de Clinton se vuelva inmanejable. El hecho claro es que, una vez terminado su informe, el fiscal Starr tiene dos opciones. Mandárselo al Congreso con una acusación formal contra el Presidente, o sin ella. Si lo acusa formalmente, puede haber condena o exoneración, pero lo único que no puede no haber es juicio de destitución, que no llegó a tener ni siquiera Richard Nixon por el caso Watergate. Así, Clinton se convertiría en el segundo presidente en 160 años (el otro fue Andrew Jackson, en 1822) en ser juzgado formalmente por el Congreso de su país.Pero la razón más pesada por la que Clinton podría caerse de su cargo no es la de haber sido infiel, o la de haber mentido. John Kennedy fue mucho más mujeriego que Clinton, y si nos remontamos al caso Irán-Contras, Reagan fue mucho más mentiroso. La razón consiste más bien en que se ha judicializado la vida sexual del Presidente, que permitirá un manoseo inusitado de la Presidencia de Estados Unidos como institución, y del mandatario como persona. Gracias a ello Clinton se ha ganado la imagen de pervertido, y cuando salga a la luz pública el informe final de Starr, el país se verá sometido a un bombardeo de detalles íntimos del mandatario que muy probablemente no lograrán tolerar ni él, ni su esposa, ni la opinión pública. Las cartas de ClintónPero el Presidente todavía tiene tres cartas en la mano, que podrían evitar que finalmente tenga que abandonar el cargo. La primera son las encuestas. Antes de su alocución, el 70 por ciento de los norteamericanos consideraba que Clinton ha sido un buen presidente. Aunque esta aceptación se redujo considerablemente después de confesar su mentira, las cifras económicas siguen ayudándole. El desempleo, en 2 por ciento, es uno de los más bajos de la historia, la inflación está controlada, la bolsa sigue subiendo y la prosperidad de los norteamericanos se huele de costa a costa. Son las encuestas, finalmente, las que han impedido que los opositores republicanos le metan más acelerador al proceso contra Clinton: temen que el resultado se les devuelva, de llegar a provocar la destitución de un Presidente tan popular.
La segunda carta es la posibilidad de que en lugar de un proceso que culmine con su destitución, el Congreso opte por un voto de censura contra el Presidente, que solo requiere una mayoría del 50 por ciento del Congreso. Esto le permitiría a Clinton seguir en el cargo, con apenas un tirón de orejas en su hoja de vida.
La tercera carta es la investigación que por financiación ilegal de su campaña se adelanta contra el vicepresidente Al Gore. La fiscal Janet Reno está pensando en nombrar un fiscal especial, de la categoría de Starr, para investigar a Gore. La posibilidad de que caiga Clinton y no exista vicepresidente para reemplazarlo no es tan remota. En tal caso le correspondería el turno al actual presidente de la Cámara, Newt Gingrich, que entre la opinión norteamericana produce más terror que una nueva guerra del Vietnam. La opci_n travestiPero un famoso periodista de los clásicos talk-shows norteamericanos le ha sugerido a Clinton una última salida: la fórmula del travesti. Según ella, Clinton debería decir que el vestido es suyo, y si se lo pone y le coincide la talla, el Presidente de Estados Unidos podrá demostrar, como desde un principio lo dijo la señora Hillary Clinton, que todo este asunto sexual no es sino un complot político de la derecha.

La emboscada:Cuando Clinton fue llamado a declarar bajo juramento sobre Paula Jones, cuál no sería su sorpresa cuando no le preguntaron por ella sino por Monica Lewinsky, de quien hasta ese momento nadie sabía de su existencia. Ese interrogatorio a quemarropa fue el que lo hundió "Se entiende por relación sexual cuando entre dos adultos hay contacto con los genitales, el ano, la ingle, el busto, el muslo interior o las nalgas de cualquier persona con el intento de provocarle o satisfacerle el deseo sexual" las últimas semanas todo el mundo ha invertido su atención en la suerte del Presidente Bill Clinton, pero yo, como mujer, estoy pensando más en la pobre Hillary.
Lo último que supimos de ella fue cuando apareció en la televisión tomada de la mano de su hija Chelsea, quien a su vez tenía cogida la mano de su padre, el Presidente, cuando se dirigían a tomar el avión que los llevaría a sus vacaciones en la famosa zona veraniega de Martha's Vineyard, que viene siendo algo así como el Anapoima criollo. Tendría que ser uno ciego para no ver la especie de corrientazo que le pasó por la espalda a Hillary cuando Clinton la tocó con su mano, en el momento en el que iban a ingresar a la cabina de la aeronave. Comenzaban las vacaciones más interesantes de las que hayamos podido oír hablar en la historia. Pobre Hillary. A pesar de que tiene fama de ser una de las mujeres más frías y ambiciosas de la historia, y hasta se dice que por cuenta de cada infidelidad de Clinton le saca dos o tres cargos en el gabinete para colocar sus propias fichas, sicólogos entrevistados por estos días en la televisión gringa sostienen que el matrimonio no resistirá ésta, quizás la más dura prueba, que mujer pública alguna haya soportado en la historia.
Lo más cerca en el termómetro de los escándalos lo pudo haber vivido el príncipe Andrés, cuando su esposa Fergie apareció en una fotografía top-less, dejándose besar el dedo gordo del pie por un amigo: todos pensamos en ese momento que la monarquía inglesa no sobreviviría, y ahí está.
¿Dama ingenua?
La pregunta que a estas horas se hacen todos los norteamericanos es: ¿Cuándo supo Hillary? La revista Time, en su más reciente edición, la responde: apenas el fin de semana pasado. Para el sábado, Hillary había desaparecido de escena, y su oficina emitió un comunicado en el que se decía que ese no era precisamente el mejor día de la señora Clinton. Según lo afirma la misma revista de manera bastante descarnada, Clinton había encontrado más fácil mentirle a 269 millones de norteamericanos que decirle la verdad a una sola persona: Hillary. Pero aceptando que la señora Clinton solo supo el fin de semana pasado, la pregunta que sigue es la de cómo una mujer tan inteligente, la brillante abogada de Yale, tardó tanto en aceptar una verdad que ya casi todo el resto del país daba hacía tiempos por cierta. Una posibilidad es que Hillary podía estar considerando que lo que se decía de su marido era un imposible físico, pues el Presidente de Estados Unidos vive prácticamente sometido a un arresto domiciliario, y a la vigilancia permanente y cercana del servicio secreto. Pero por otro lado, Hillary sencillamente no podía creer que su esposo le hubiera dado semejante papayazo a su peor enemigo, el fiscal especial Kenneth Starr, que lleva cuatro años investigando sus negocios, su actividad profesional y sus amigos para probar que los Clinton son culpables del famoso escándalo financiero de Whitewater.Familia que reza unida...
Sin embargo, esta singular mujer, que ya en el pasado, y ante otros episodios de adulterio de su esposo, había dado muestras de una absurda fortaleza, volvió a sacarla del bolsillo. El domingo por la noche invitó a la Casa Blanca al religioso más conocido del país por tener su púlpito en vivo y en directo en la CNN, el reverendo Jesse Jackson, para que todo el país se enterara de que la familia presidencial había decidido hacer prácticamente en público lo que normalmente se hace en privado: rezar. Según el reverendo, Chelsea aseguró que "quiere a su padre, y que soportará el episodio". De Hillary dijo que "aunque herida y humillada, apoya a su hombre y permanece a su lado". Ante este espectáculo un observador político aseguró que los Clinton habían sacado nuevos pies y manos de su propia miseria. Pero el tamaño de 'muñecón bandido' que ha terminado siendo el presidente de Estados Unidos hace que lo que Hillary está viviendo no tenga precedentes. Porque, a simple vista, el adulterio tiene matices, y es muy probable que dependiendo de ellos la estabilidad matrimonial colapse o se mantenga.Grado uno: a Hillary su mejor amiga le cuenta, en el máximo de los secretos, que su marido le es infiel. Grado dos: a Hillary le cuentan el chisme de que en Washington, toda la sociedad murmura que su marido le es infiel. Grado tres: uno o varios noticieros o periódicos revelan la noticia de que una señora alega haber mantenido relaciones sexuales con Clinton. Grado cuatro: todos y cada uno de los canales de televisión y de los periódicos norteamericanos le revelan al mundo los detalles precisos, con hora, tiempo, lugar, acción y omisión de la forma como Clinton mantuvo relaciones sexuales con una o varias mujeres. Grado cinco: todo lo anterior, añadido al hecho de que Clinton, bajo juramento, niega haber mantenido relaciones sexuales extramatrimoniales. Grado sexto: todo lo anterior, más el hecho de que Hillary resuelve creerle a su esposo, y declara ante el país que todo es "una conspiración de la derecha". Grado séptimo: Hillary hace el oso. Su esposo acepta ante el mundo entero que mintió, y que "sí mantuvo una relación inapropiada" con Monica Lewinsky. Y estamos a punto de pasar al grado octavo: el fiscal especial Kenneth Starr envía, al Congreso de Estados Unidos, una explicación detallada de cómo encuadra la relación Clinton-Lewinsky en la descripción oficial de lo que, para el caso Clinton, judicialmente se ha sentado jurisprudencia de lo que debe ser entendido como una relación sexual. Transcribo entre comillas: "Contacto con los genitales, ano, ingle, busto, muslo interior o nalgas de alguna persona, con la intención de despertar o satisfacer el deseo sexual de esa persona".
El día en el que el fiscal especial Starr tenga lleno de detalles este informe ante el Congreso, el mundo habrá traspasado una de las barreras sexuales más notables de la historia. Pero, sobre todo, Hillary Clinton tendrá en sus manos la decisión más difícil de su vida: la de tumbar, o la de mantener en su cargo, no a un esposo cualquiera, sino al Presidente de Estados Unidos.El presidente de Argentina, Carlos Menen, salió de su esposa Zulemita cambiando las guardas de la Casa Rosada, y no pasó nada. El presidente Alberto Fujimori destituyó a su china para reemplazarla por la chinita, su hija, y no pasó nada. El presidente Nelson Mandela salió de su loquita Winny, que lo había esperado (de manera muy activa) 20 años mientras pagaba pena de cárcel como disidente, y no pasó nada.Pero si Hillary Clinton llega a soltar en este momento al Presidente de Estados Unidos, se rompería el que actualmente es su principal soporte nacional, que es el de la lógica anglosajona puritana que lleva a pensar a un obrero gringo de Oklahoma: si a la señora del Presidente de Estados Unidos no le importa que su marido le sea infiel, ¿por qué me va a importar a mí? n Una cosa es saber que el marido tiene una amante y otra que le cuenten por televisión sus costumbres sexuales ¿Inhabilitado? En pocos días se abrirá una investigación al vicepresidente Al Gore por irregularidades en la pasada campaña presidencial. Esto lo inhabilitaría para reemplazar al Presidente
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