Domingo, 26 de febrero de 2017

| 2003/12/21 00:00

Los héroes de Colombia

El diccionario define al héroe como una persona que se distingue por sus acciones extraordinarias o su grandeza de ánimo. Estos son algunos de los colombianos, debe haber muchos más, que durante 2003 fueron héroes en medio del conflicto armado.

Los héroes de Colombia

En medio del horror

El carro bomba que explotó dentro de las instalaciones del club El Nogal el 7 de febrero fue colocado de tal forma que hiciera colapsar la sede y causara el mayor número de víctimas posible. Por fortuna esto no sucedió. Sin embargo 36 personas murieron en el atentado y otras 167 resultaron heridas. Hubieran podido ser más. No fue así porque la mayoría de los 250 empleados que trabajaban esa noche en el club reaccionaron en forma oportuna para atender a los sobrevivientes y sacarlos de las ruinas humeantes. Eso salvó a centenares de personas. Los simulacros de evacuación mensuales y la instrucción que les dio un experto canadiense dieron fruto en esa jornada dantesca.

Solidario hasta el final

Diego Salazar Peláez, un quindiano de 63 años radicado en el municipio vallecaucano de Dagua, estaba con su esposa en la taberna de El Nogal cuando explotó la bomba. Quedó herido pero con aliento suficiente para tratar de encontrarla en medio del humo y la oscuridad. No la halló a ella, pero en cambio se topó con un niño aturdido. Se lo amarró a la cintura y lo sacó a la calle. Este gesto le salvó la vida al menor, mientras que la suya se apagó tres días después en la Clínica Shaio.

El olfato de Dalí

Dalí, un labrador dorado de 6 años, le había indicado a Camilo Gómez, coordinador del programa de perros de búsqueda y rescate, la localización de los cuerpos de seis personas en las ruinas de El Nogal. Sin embargo el perro no estuvo tranquilo sino hasta cuando le indicó a su dueño y a los demás miembros del equipo de rescate el lugar exacto donde había un sobreviviente. Se trataba de María Camila García, una niña de 12 años, que fue rescatada el sábado en la mañana y se convirtió en un símbolo de esperanza después de una noche de horror.

El heroísmo de vivir

El teniente de artillería Elber Rodríguez, de 27 años, regresó de la muerte el 3 de marzo. Ese día, mientras dirigía a su pelotón en un patrullaje por los Montes de María, pisó una mina quiebrapatas. Herido y sintiendo que flotaba en el vacío creyó oír una voz que le preguntaba: "¿Quiere irse? ¿Quiere quedarse?". Y se quedó para superar los estragos que dejó la explosión en su cuerpo. El teniente Rodríguez perdió las piernas, el brazo derecho, un ojo y algunos dedos. Apenas recuperado encabezó el desfile militar del 20 de Julio. Ahora está en pleno proceso de recuperación, aprendiendo a manejar las modernas prótesis que le pusieron, preparándose para ingresar a la universidad el próximo año y demostrar que sus sueños de vivir no se quedaron en el campo de batalla.

Cuestión de vida o muerte

El 18 de julio Martín Giraldo, de 35 años, amenazó con hacer estallar una granada y suicidarse en plena vía pública si no le entregaban 10 millones de pesos. Después de cuatro horas de negociaciones con las autoridades Giraldo fue acorralado por personal de la Policía y el Cuerpo Técnico de Investigaciones. En ese momento el suicida le quitó la espoleta a la granada y la tiró al suelo. En cuestión de segundos el agente Jorge Muñoz García reaccionó, recogió el artefacto y lo lanzó lejos. La explosión afectó a tres personas pero la rapidez con la que actuó el agente Muñoz les salvó la vida a seis de sus compañeros y al propio Giraldo.

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