Viernes, 31 de octubre de 2014

| 2012/09/01 00:00

Los mejores líderes 2012

Los 10 ganadores premiados por Semana, Fundación Liderazgo y Democracia y Telefónica.

Rodrigo Uprimny, Ian Raisbeck (en representación de su tío Rodolfo Llinás) Fernando Tamayo, Sergio Fajardo, Alberto Espinoza, Slow, Goyo y Tostao de Choc Quib Town, Rosa Amelia Hernández, Antonio Celia, Raúl Cuero y Radamel García (en representación de su hijo Falcao). Foto: DANIEL REINA ROMERO/SEMANA

Líderes que saben lo que hacen
 
El mensaje que deja el premio a los mejores líderes de Colombia es que la educación es la gran apuesta para el cambio social. Desde grandes políticos como Jorge Eliécer Gaitán, intachables funcionarios públicos como Rodrigo Lara Bonilla, e intelectuales y humanistas como Héctor Abad Gómez o Alfredo Correa De Andreis, Colombia es quizá el país donde más líderes han sido asesinados. No obstante, a pesar de la violencia, el país sigue produciendo centenares de ellos en todos los rincones de su territorio.

Así lo constataron SEMANA y la Fundación Liderazgo y Democracia –con el apoyo de Telefónica– este año durante la segunda edición del premio a los mejores líderes, cuyo jurado seleccionó a 20 finalistas y diez ganadores, que fueron reconocidos el martes 28 de agosto.

La reflexión del jurado –cuya composición es plural en lo político, profesional y regional– no se hizo con juicios de valor arbitrarios, sino con una metodología concebida por el Centro de Liderazgo Público de la Universidad de Harvard y adaptada a las necesidades del premio. El jurado evalúa la visión del líder, el objetivo que busca y la fórmula que aplica para lograrlo. También la manera como el líder encarna los valores de su visión, su consistencia y coherencia, su decencia, su compromiso con el bien común y su capacidad para inspirar a otros a seguirlo.

Y evalúa los resultados, porque el líder público no es quien aplica una solución técnica a un problema, sino el que logra que los ciudadanos y las comunidades cambien sus comportamientos. Los grandes retos del liderazgo público están en influir en la cultura de la sociedad, en sus valores, y en lograr que las comunidades no solo tomen la decisión de cambiar, sino que recorran el difícil camino de la transformación social.

Los líderes reflejan no solo el estado de ánimo de la opinión pública, sino los asuntos sociales más urgentes y las tendencias que se están desarrollando. El año pasado, por ejemplo, fueron candidatizados varios dirigentes del campo de la seguridad. Este año, en cambio, hubo más nominaciones de líderes preocupados por el tema de la paz. También como resultado de los acontecimientos, en esta oportunidad entre los finalistas hay menos políticos que el año anterior.

Pero el premio no se limita a hacer una radiografía del liderazgo público sino que contribuye a señalar caminos. El mundo va cada vez más hacia una democracia de líderes, en que los partidos pierden capacidad de convocatoria y las instituciones capacidad de imposición. Hoy no bastan ni la autoridad ni el poder militar: se requiere legitimidad, es decir, que los ciudadanos acompañen las decisiones de sus dirigentes.

La selección de este año tiene un mensaje importante: que los esfuerzos del país deben ir hacia la educación. Finalistas y ganadores tienen como rasgo común que trabajan con el saber y la cultura. Se destacan por ejemplo científicos de talla mundial como Rodolfo Llinás y Raúl Cuero, o el fundador de Profamilia Fernando Tamayo, quien contribuyó a transformar la demografía del país. Otros le han apostado fuertemente a la educación como el gobernador de Antioquia Sergio Fajardo, que ha demostrado que sí se pueden crear políticas incluyentes en este campo, y los empresarios Antonio Celia, que lidera el más ambicioso programa para mejorar la calidad de la educación básica en la costa, y Alberto Espinoza cuya labor ha sido conectar la experiencia de los empresarios con la de los maestros y rectores.

Otros han señalado caminos desde la cultura y el deporte como los integrantes del grupo musical Choc Quib Town, cuya apuesta por unir tradición y modernidad y visibilizar el Pacífico los ha convertido en verdaderos innovadores; o el futbolista Falcao García, cuyo ejemplo de tenacidad y disciplina brilla en el escenario deportivo mundial. También están quienes han contribuido a mejorar las políticas del país, desde una ética del debate y la investigación y el debate como Rodrigo Uprimny o desde la movilización social como la líder campesina Rosa Amelia Hernández.

En una sociedad fuertemente fragmentada en lo político y segregada en lo económico, tanto los ganadores como los 20 finalistas se han planteado el conocimiento como un factor de integración, de movilidad, de equidad social.

Ellos son hombres y mujeres que se han preparado en la academia y fuera de ella, para ser los mejores en su campo. Todos, a su manera, se han untado del barro de los problemas sociales. Desde las barriadas marginadas de Medellín, Cartagena o Buenaventura, pasando por los desplazados, los colegios públicos, las zonas de conflicto, las minorías sexuales, étnicas o políticas.

Son grandes científicos, deportistas excepcionales, artistas exitosos, políticos de futuro promisorio o empresarios emprendedores, no es por sus talentos personales que se les reconoce como líderes, pues ese talento bien pudiera ser usado para la competencia individual o el envanecimiento personal, y ese no es el caso que merece el reconocimiento. Más bien han convertido el saber y el talento en instrumentos de transformación social, apuestan por cerrar la brecha entre los que tienen y no tienen acceso a los avances de la ciencia, el arte y la cultura. Encarnan valores que en sí mismo son transformadores.

Por un lado, la tenacidad. Muchos tuvieron que ir contra la corriente para sacar adelante sus iniciativas, romper el estatus quo, o en todo caso, no amilanarse ante las dificultades. A veces, incluso empezar una y otra vez de cero. La tenacidad en un contexto social como este es altamente transformadora.

Saben trabajar en equipo. Cada uno de ellos ha pulverizado aquel concepto tan arraigado de que cada colombiano puede ser un gran genio en lo individual, pero que colectivamente no funciona. Por el contrario, estos hombres y mujeres lo han hecho todo inspirando a otros, apoyados a veces en otros, reconociendo a otros, y por eso aunque este premio destaca sus méritos personales, muchos de ellos se atribulan ante el reconocimiento, porque consideran que tras sus logros siempre ha habido grupos de trabajo.

Viven de frente y no de espaldas a los grandes problemas del país. Por eso se han metido en la Colombia profunda, en la marginada, en la que todavía se debate entre las violencias del siglo XX y los desafíos del siglo XXI.

Son portadores de un legado de país, pero también le han dado valor agregado al pasado, y en ese sentido son unos innovadores.

Son revolucionarios porque sus proyectos les han cambiado la vida a muchos colombianos. Casi todos trabajan directamente por y con las nuevas generaciones, ya que son ellas quienes podrán reescribir la historia de Colombia, ya no desde los paradigmas de la violencia, como le ha tocado a esta generación, sino desde el humanismo y la sabiduría. Han logrado que en sus campos de trabajo la historia avance a zancadas; han luchado por convertir a los colombianos en ciudadanos contemporáneos y cosmopolitas y por preparar a Colombia para actuar con competencia en un mundo globalizado.

Este grupo de colombianos son el ejemplo de un país posible, un país mejor, donde la acción colectiva se base en la creación y el saber, y en una ética pública transparente.

Quizá junto a la desigualdad de oportunidades y al rezago en el campo del conocimiento, la otra gran talanquera de Colombia ha sido la falta de una ética pública razonable. El fondo del debate es cómo lograr que los valores que estos líderes representan se conviertan en el capital social de las nuevas generaciones. Ningún país puede abdicar de su anhelo de convertir los esfuerzos individuales –como los que se destacan aquí– en políticas, en paradigmas renovadores de la sociedad. Esta es la tarea pendiente.
 
El Jurado
 
César Gaviria Trujillo
Expresidente de la República y exsecretario de la OEA

Alejandro Santo Domingo
Director de Valorem S.A, de la Fundación Mario Santo Domingo y miembro del directorio SABMiller PLC

General Oscar Naranjo
Exdirector de la Policía Nacional

Noemí Sanín Posada
Exministra, exembajadora y excandidata presidencial

Alejandro Santos
Director Revista Semana

Humberto de la Calle Lombana
Exvicepresidente de la República y columnista de El Espectador

Elena Echavarría Olano
Exembajadora y presidenta del Consejo Directitvo de la Fundación Liderazgo y Democracia

Julia Salvi
Presidenta de la Fundación Salvi Colombia y Fundadora del Festival Internacional de Música de Cartagena

Fernán González S.J
Investigador y exdirector del Cinep

Juan Luis Mejía
Exministro de cultura, rector de la Universidad Eafit

Hermana Alba Stella Barreto
Directora de la Fundación Paz y Bien. Finalista de Los Mejores Líderes de Colombia 2011

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