Viernes, 20 de enero de 2017

| 1997/03/03 00:00

Los sobrevivientes

Las tres principales textileras del país estuvieron a punto de cerrar sus puertas y declararse en concordato. ¿Cómo han enfrentado la crisis?

Los sobrevivientes

Los últimos no han sido los mejores años para ellas. Por el contrario, los vientos de tormenta por poco las destruyen. Las tres principales textileras del país Coltejer, Fabricato y Tejicóndor han pasado las duras y las maduras en estos tiempos de crisis. Esta es la historia de cómo consiguieron sobrevivir.
Coltejer
Con casi un siglo de existencia, Coltejer puede contar los pasos que ha dado la industria textil en Antioquia. Nació en una época en la que en el país reinaba la desestabilización económica por las reiteradas guerras civiles del siglo pasado. Parecía, en realidad, una quijotada de don Alejandro Echavarría, su fundador.Desde entonces ha enfrentado los altibajos propios de la actividad. Altos, como en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, que permitieron que la actividad textilera en Colombia fuera un gran negocio. Bajos, como la primera crisis que afrontó en 1978, que por poco la lleva a la quiebra. En aquel entonces el grupo económico Ardila Lülle tomó el control accionario de la empresa. Cuando soplaron los vientos de la apertura, en 1992, las directivas fueron conscientes de la competencia que estaba por venir y exigieron del gobierno medidas para mejorar la competitividad. Pero cada día se hizo más evidente lo difícil que sería no perder mercados, no sólo por la reducción del incentivo exportador sino por el incremento de las importaciones y, en especial, por la manera como se desbocó el contrabando. Viendo lo que ocurría y con el fin de fortalecerse, la empresa se propuso intensificar las exigencias en productividad y modernización, reducir costos y mejorar los sistemas de atención al cliente, con respuestas más rápidas y cupos más reducidos. Además se propuso modernizar sus procesos administrativos, segmentando mercados y simplificando la estructura administrativa. Para 1995, si bien el país pasaba por un buen momento económico el PIB creció 5,3 por ciento, la industria textil estaba seriamente afectada por la desorganización del mercado interno de telas. "El contrabando abierto y técnico y las masivas importaciones a precios de dumping hacían que la producción de textiles se volviera un calvario", según René Gómez, presidente de la textilera. A esto se sumó el que los precios internacionales de fibras como el algodón y los filamentos sintéticos tocaron techo y el que los gastos financieros registraron un inusitado crecimiento, lo que generó para el sector el peor año de su historia. Como consecuencia de esto Coltejer como las otras textileras vio reducir notoriamente los márgenes de utilidad. En ese momento la empresa textil hizo énfasis en la reorganización administrativa y se propuso generar un cambio en la cultura corporativa. En ese año se produjo el cierre de Textiles Telaraña, filial de la compañía, el cual se sumó a los de Polímeros Colombianos y Coltiendas, que habían ocurrido tiempo atrás. Además se reorientó la empresa a la confección de prendas como alternativa de acercamiento al consumidor. Con ello la empresa ha logrado sobrevivir. No obstante, los problemas del contrabando, la baja en la demanda, el dumping y la subfacturación no han desaparecido. Y las medidas que ha tomado el gobierno siguen siendo insuficientes. "Las acciones que se han tomado, en especial contra el contrabando, han sido un poco tardías. Cuando empezó a operar el Bloque de Búsqueda el mercado estaba inundado de telas", señaló Gómez. La esperanza es que este año las cosas cambien y se recupere la competitividad del sector.
Tejicóndor
En la asamblea de accionistas de marzo de 1993 el entonces presidente de Tejicóndor, Abel Pérez Gil, comunicó con pesar que 1992 quedaba en la historia de la compañía como el año negro. Esta cruda realidad no sólo respondía a los precarios resultados logrados por Tejicóndor, sino a que el destino le jugó una mala pasada. En el momento más crítico un voraz incendio acabó con 3.500 metros de construcción, 70 telares, toneladas de telas y todo el sistema de apertura de la planta de sintéticos. Pero no hay mal que por bien no venga. Estas circunstancias adversas aceleraron un programa de modernización, que se llevó a cabo en dos años con una inversión de 13.824 millones de pesos, el cual incluyó la planta de hilados y tejeduría y la reconstrucción de la totalidad de la planta física que había sido destruida por el incendio.En 1992 la empresa logró que el 87 por ciento del personal se acogiera a la fórmula de la Ley 50. Con ello la compañía rebajó sensiblemente el costo de las prestaciones sociales, que era uno de los puntos más críticos para continuar con la modernización. Para el año siguiente Tejicóndor vendió parte de un terreno de más de 50.000 metros cuadrados, por un valor de 14.500 millones de pesos. Con el producto de esta venta se cancelaron créditos por 3.029 millones y pasivos financieros por 6.000 millones. Las circunstancias adversas de 1995 obligaron a Tejicóndor a suspender los programas de modernización de maquinaria. La política de la empresa era recuperar los márgenes de utilidad, trasladando sus incrementos de costos a los precios de venta, pero lamentablemente las condiciones del mercado hicieron que no se alcanzara el nivel de ventas presupuestado. Esto, sumado a los altos costos financieros, hizo que la compañía liquidara el período con pérdidas por 10.817 millones de pesos. Así mismo sufrió el agobio de una cartera que aumentó en 20,4 por ciento. Durante el año pasado Tejicóndor se propuso, como alternativa al decrecimiento de la demanda en el país, conquistar nuevos mercados internacionales, logrando colocar en el exterior un 24 por ciento de su producción, especialmente en países como Venezuela, Ecuador, Chile, Italia, Centroamérica y Estados Unidos. Se ha propuesto, además, reducir los costos de mano de obra, que siguen siendo un punto neurálgico en su actividad.
Fabricato
Pese a las difíciles circunstancias de orden público, inseguridad y racionamiento energético que afrontaba el país en 1992, Fabricato entregó ese año un balance satisfactorio para la compañía. Sin embargo el futuro era incierto por la apertura y la entrada en vigencia de los tratados de libre comercio con México y Chile, que estaban a punto de ser firmados. Frente a esa situación Fabricato empezó un proceso de modernización que le permitiera afrontar las amenazas de la competencia mundial y la globalización de los mercados. Durante ese año hizo inversiones por 20 millones de dólares, empleados en el montaje de una moderna planta de tejeduría para telas livianas, en el ensamblaje de una moderna teñidora y en el acondicionamiento de 12 telares en la unidad de driles. Paralelamente, la empresa invirtió en el mercado de la telefonía celular, con otros inversionistas del sector privado y público, al vincularse a la compañía EPM-Celular S.A. En 1992 adquirió acciones de Fatexcol, Tablemac, Setas Colombianas y Fabrisedas. Ese año las ventas netas llegaron a 125.914 millones de pesos; las exportaciones prácticamente no crecieron con respecto al año anterior, situándose en 22,9 millones de dólares, y las utilidades netas se ubicaron en 9.499 millones de pesos.El panorama para 1993 no era el mejor. El proceso de apertura económica se aceleró, reduciendo los gravámenes arancelarios y desmontando los sistemas de control aduanero en un momento crítico para este sector, no sólo a nivel interno sino también a nivel internacional. A esto se sumaba el comportamiento de la tasa de cambio, con una revaluación acumulada del 23 por ciento, que afectó gravemente la competitividad del producto nacional. Para enfrentar esta delicada situación Fabricato se propuso una agresiva política de austeridad y reducción de costos. En 1993 las ventas netas fueron de 134.363 millones de pesos, con un crecimiento de apenas el 6,7 por ciento con relación a 1992. Las utilidades netas fueron de 735 millones de pesos, bastante bajas con respecto a lo mostrado durante el año anterior. El pasivo se incrementó de 62.441 millones de pesos en 1992 a 101.915 millones en 1993. No obstante el año más crítico fue 1995. Al sector textil lo seguía afectando el proceso de revaluación, con el consiguiente castigo al esfuerzo exportador. La estrechez del mercado nacional generó a las empresas una significativa acumulación de inventarios, que agravó el panorama. Frente a esta situación Fabricato dirigió todas sus baterías a la exportación, que incrementó en un 74,5 por ciento. En 1995 las ventas mostraron un crecimiento del 11,4 por ciento, siendo de 163.399 millones de pesos. No obstante la empresa perdió 7.885 millones de pesos. El año pasado la compañía se propuso recomponer su oferta textil y de confección, buscando incorporar productos diferenciados de mayor valor agregado y más baja intensidad de competencia a nivel internacional. Serán productos dirigidos a un segmento medio y alto que le permitirán a la empresa recuperar los costos de producción en Colombia. Paralelamente, la compañía continuó con su agresiva política de austeridad y reducción de costos. Sigue estudiando la estructura de la organización para lograr un mejor aprovechamiento de los recursos humanos, físicos y administrativos, así como la simplificación de los procesos internos. Con estas premisas, y los cambios que tienen que darse a nivel de la política cambiaria, Fabricato espera mejorar sus resultados en el año que comienza.

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