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| 12/3/2005 12:00:00 AM

María Concepción Loperena de Fernandez

El movimiento independentista que gestó en Valledupar el 21 de mayo de 1810, fue el primero de la Nueva Granada.

Afines del siglo XVIII imperaban en el Virreinato de la Nueva Granada la servidumbre y el esclavismo. La Costa Atlántica albergaba el 21,1 por ciento de la población, que tenía como medios de producción las haciendas esclavistas, algunas con plantaciones y otras más con ganados. Había gran proporción de mestizos libres, 57 por ciento en Santa Marta, 63,4 por ciento en Riohacha, 65,1 por ciento en Cartagena y 23 por ciento en Valledupar que, según Fray Juan de Santa Gertrudis, eran campesinos y pescadores. En ese contexto socioeconómico nació en Valledupar el 12 de febrero de 1875, María Concepción Loperena Ustáriz de Fernández de Castro, 'la heroína vallenata', hija de don Pelayo Loperena (español) y de María Josefa Ustáriz, nacida en la Jagua del Pedregal. Los archivos históricos dejados por la 'heroína vallenata' permiten colegir que entre los diferentes movimientos de insurrección, el gestado en Valledupar por ella y otros ciudadanos el 21 de mayo de 1810 fue el primero entre los pueblos que conforman a la actual Colombia. El alcalde encargado de Valledupar le dijo al día siguiente al virrey: "?Es conveniente enviar fuerza pública para restablecer a las autoridades legítimas y volver por los fueros legales. No se sabe hasta hoy quién estimula a este pueblo para que desconozca a la autoridad real. Todos los días aparecen pasquines que dicen: 'abajo el rey, viva la libertad'". Ese hecho fue poco conocido en la historia del país nacional por el aislamiento de la ciudad, pues para comunicarse con la capital Santa Marta, debía en primera instancia hacerlo por Riohacha y luego tomar la ruta del mar. Ella más adelante rubrica el acta de independencia de Valledupar, que fue un escrito de proclama dado por instrucciones de Simón Bolívar y solemnizado con la lectura que ella hizo del mismo ante una multitud, el 4 de febrero de 1813. Esa participación en el movimiento revolucionario le trajo como consecuencia la persecución por parte de sus enemigos realistas, circunstancia que prende más el corazón de la heroína cuando envía un contingente de voluntarios y otros recursos tomados de sus haciendas de la Jagua del Pedregal para ayudar a la causa libertadora, especialmente un lote de 300 caballos y mulas que son entregados a Bolívar días antes de la batalla del Pantano de Vargas y Boyacá, que fueron las batallas que le dieron la libertad a Colombia en 1819. Bolívar, en mensaje dirigido a Santander, hace un reconocimiento emocionado a las virtudes republicanas de la heroína vallenata. Después de la emancipación de España, ella orienta su ideal de servicios al campo de la educación. Durante el régimen republicano pide al general Santander, que ocupaba el cargo de Presidente encargado, la creación de un establecimiento de enseñanza, que más tarde lo convierte en realidad para corresponderle a la heroína. Lo hace mediante el decreto ejecutivo del 17 de mayo de 1824, por el cual se crea el Colegio de Primeras Letras, que toma como modelo educativo el método lancasteriano y funciona en el convento Santo Domingo de Valledupar hasta 1840, cuando fue clausurado por el presidente José Ignacio de Márquez. Concepción Loperena murió en Valledupar, a los 70 años, el 21 de diciembre de 1835, dejando un legado de valores que la patria colombiana resaltó y creó el Colegio Nacional Loperena, monumento nacional, como un homenaje a la memoria a esa inolvidable mujer. *Historiador

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